Guerra y paz, de Lev Tolstói






Título: Guerra y paz
Autor: Lev Tolstói
Traductora: Gala Arias Rubio
Editorial y año: Debolsillo, 2012 (1869)

Con la campaña napoleónica contra Rusia como trasfondo -Austerliz, Borodino o el incendio de Moscú- entre los años 1805 y 1813, Guerra y paz cuenta la historia de dos familias de la nobleza rusa, los Bolkonski y los Rostov, protagonistas de un mundo que empieza a escenificar su propia desaparición.


Hace unos años elaboré una lista con los grandes clásicos de la literatura universal cuya lectura un día, tarde o temprano, debía abordar. Uno de los títulos que esquivaba con más facilidad al releer la enumeración, dado su número de páginas, era Guerra y paz, una novela a la que no me atrevía a dar una oportunidad. Ahora, tras armarme de gran valor -no en vano la edición de Debolsillo cuenta con casi 1200 páginas-, puedo tachar el libro de Lev Tolstói. Mi experiencia con la obra del autor ruso ha sido agridulce, ya que las dos partes en las que uno puede separar la novela me han llevado a albergar sentimientos encontrados, aunque estoy orgulloso de mí mismo por haberla terminado.

A principios del siglo XIX, Napoleón amenaza con convertirse en amo y señor de Europa. Tras lograr incontables victorias militares, el emperador encuentra un serio oponente en Rusia, país en el que el zar Alejandro no duda en mostrar su rechazo al general corso. La aristocracia rusa tampoco duda en entrar en el ejército, tanto para demostrar su propio valor como para derrotar a Napoleón, y las familias Bolkonski y Rostov no son ninguna excepción. El príncipe Andréi Bolkonski y Nikolai Rostov se encuentran entre los soldados que participan en las batallas de Austerlitz o Borodino, y ellos, junto a sus conocidos y familiares, forman el elenco que protagoniza el enfrentamiento entre rusos y franceses.

Guerra y paz puede fácilmente dividirse en dos partes bien diferenciadas, las dos que dan nombre a los dos sustantivos que forman el título. En cuanto a la paz, asistimos a una crónica de la sociedad rusa del momento, en especial de la sociedad aristocrática. Las relaciones que unen a las diferentes familias, las acciones que llevan a cabo -movidos, en gran medida, por el interés- y las reuniones sociales en las que los personajes departen sobre varios temas de rabiosa actualidad me han parecido brillantes. El autor, por otro lado, hace gala de una asombrosa maestría con los personajes, a quienes dota de perfiles detallados que perduran a lo largo de toda la obra. Además, la novela comienza con un tono agradable, ameno, que me sorprendió y me encantó a un tiempo, y bebí las primeras páginas con ansiedad.

Cuando empieza la guerra, sin embargo, se trunca parte del ritmo de la novela. Las descripciones que hasta el momento se alzaban como el aderezo perfecto de la narración se convierten, en mi opinión, en el principal lastre, puesto que rompen el equilibro entre ambientación y acción. Asistimos a una recreación muy -demasiado, quizá- precisa de las principales contiendas militares, la cual, acompañada del relato de la vida diaria en el ejército, menos interesante para mí, añade un tono denso y lento al libro. Cabe mencionar, también, el ingente número de personajes que desfila por la novela; tantos nombres acaban por apabullar al lector, quien padece la dificultad de reconocer a todos los soldados, generales, condes, príncipes... Es una pena que perdiera la amenidad que caracteriza a la paz.

Guerra y paz es un clásico en el que encontramos reflexiones sobre el amor, la amistad o el matrimonio que bien podrían haber surgido de la pluma de un escritor contemporáneo; de ahí que sea una obra que sigue gozando de vigencia en pleno siglo XXI. Es cierto, asimismo, que Lev Tolstói podría haber imprimido el tono ágil de la primera parte en todos los capítulos, y de ese modo yo como lector habría disfrutado más de la lectura. Para terminar la reseña quisiera lanzar una queja acerca de la presente edición. No me gusta criticar a mis colegas de profesión, pero la traducción de Gala Arias Rubio necesita una urgente revisión, tanto desde el punto de vista sintáctico como ortotipográfico. Hay errores graves que no quiero encontrar en ningún libro, pero menos aún en un clásico de estas características, así que ojalá desde Debolsillo decidan pulir el texto para ofrecernos una versión mejor.

La memoria del agua, de Margaret Leroy


  



Título: La memoria del agua
Autora: Margaret Leroy
Traductora: Matuca Fernández de Villavicencio
Editorial y año: Plaza & Janés, 2008

Grace es una madre soltera que lucha por sacar adelante a su hija de cuatro años. Sin embargo, Sylvie no es una niña como las demás: Sylvie es especial. Se niega a llamar «mamá» a su madre y se dirige a ella por su nombre de pila. Además, tiene una fobia cuyo origen nadie puede explicar: la sola visión del agua le produce un pánico visceral e incontrolable. Hasta que un día, al ver en una revista una fotografía de Coldharbour, un pequeño pueblo costero irlandés, Sylvie afirma: «Esta es mi playa». Grace está desconcertada. ¿Por qué lo dice si jamás ha estado en ese lugar? Grace no puede hacer otra cosa: viajará a Coldharbour con su hija y desentrañará el inquietante misterio que está marcando su existencia, aunque para ello tenga que caminar sobre la difusa línea que separa la vida de la muerte…


A nadie sorprendo si afirmo que los lectores nos movemos por impulsos. Son estos los que nos llevan a comprar una novela de la que jamás hemos oído hablar pero que nos llama poderosamente la atención, como si existiera alguna suerte de conexión entre aquel libro y nosotros. Esos actos irreflexivos pueden proporcionarnos gratas sorpresas o grandes decepciones, aunque ahí reside la gracia de leer estas obras: uno no sabe qué le depararán las páginas. Al ver La memoria del agua en una librería no pude reprimir la fuerza magnética que me dirigía hacia la novela de Margaret Leroy, y me alegro inmensamente de haber cedido a la tentación, porque se trata de una lectura tan apasionante y original como tristemente desconocida. Esa es la razón por la que hoy hablo de ella: ¡no os la perdáis!

La vida de Grace es muy difícil. Ser madre soltera ya es de por sí bastante complicado, y en su caso la situación se agrava por el extraño comportamiento de Sylvie, su hija. No solo no las une la típica relación entre madre e hija, ya que esta se niega a llamarla «mamá», sino que la pequeña presenta una extraña fobia al agua. Grace hace todo cuanto puede para seguir adelante, pero todo se va al traste cuando Sylvie ve por casualidad una fotografía de un pueblo irlandés llamado Coldharbour. La niña no duda en reconocer la playa que aparece en la imagen; una playa que, según ella, es la suya. Es entonces cuando empieza la peligrosa travesía de Grace hasta Irlanda para entender por qué su hija conoce un lugar en el que nunca ha estado.

Inquietante. Ese es el adjetivo que describe La memoria del agua. Ya por la sinopsis me esperaba una historia misteriosa y atractiva, pero los frutos son mejores, si cabe. Margaret Leroy me ha sorprendido tejiendo una trama turbadora cuya atmósfera nos engulle sin remedio. Cuando uno se adentra en las páginas de la novela, queda atrapado en un ambiente intenso y trepidante que resulta irresistible y escalofriante a un tiempo. El ritmo de la acción, además, es salvaje pero elegante, asfixiante pero calmado; aunque parezcan palabras contradictorias, al término del libro esa es la impresión que produce su lectura. Si no bastaba con la emoción que desprende, una vez dentro de la historia es totalmente imposible abandonarla hasta llegar al final esclarecedor en el que, ¡por fin!, se desvela todo. 

La intriga, por otro lado, no es el único elemento sobresaliente. La autora nos invita a reflexionar, con un gusto exquisito, acerca de la frontera entre la vida y la muerte, entre el ayer y el hoy, lo cual no es óbice para seguir a las protagonistas en su necesaria búsqueda en pos de la verdad. Las cuestiones que se plantean en el libro nos ayudan a empatizar todavía más con Grace, la madre, dado que compartimos la ansiedad y la desesperación que siente ella al observar lo que le sucede a Sylvie, tan inexplicable para ella como para nosotros. Los dos personajes, por otro lado, ofrecen grandes dosis de humanidad y realismo, y el estilo de la autora, muy ágil y agradable en todo momento, hace justicia a la originalidad del argumento. 

Escapa a mi entendimiento por qué unas novelas se convierten en grandes éxitos de ventas y otras, en cambio, permanecen en la sombra. La memoria del agua, con unos ingredientes novedosos y emocionantes, ha pasado bastante e injustamente desapercibida, y desde mi humilde rincón quiero darle la publicidad que se merece. Margaret Leroy ha hilvanado, con gran maestría, una historia diferente y excitante que nos mantiene en vilo hasta el desenlace, como debe lograr toda novela de misterio que se precie. Si deseáis embarcaros en un viaje inquietante y diferente, aquí os propongo una apuesta literaria interesantísima. Dadle una oportunidad; no creo que os defraude.


La grieta, de Doris Lessing






Título: La grieta
Autora: Doris Lessing
Traductora: Paula Kuffer
Editorial y año: Lumen, 2007

Imaginen una costa escarpada, donde las olas del mar lamen unas rocas antiguas; ahí, tendidas entre el agua y la piedra, yacen unas hembras que nunca han conocido varón. Tienen su propio lenguaje y sus ritos ancestrales, pero viven en un mundo sin tiempo, sin dueño, y es la luna quien las fecunda. Dejemos ahora que una de ellas se aleje de la costa y se adentre en un valle hasta descubrir a unos seres extraños, parecidos a las hembras pero con el pecho liso y un pedazo de carne en forma de blando punzón bailando entre las piernas... Así es como un patricio romano intenta describir los primeros días de vida en la tierra, una época de la que le han llegado unos pocos testimonios deslavazados. El hombre se pregunta cómo aprendieron a convivir nuestros ancestros e imagina sus primeros encuentros, las peleas, los reproches, el deseo de tocar y penetrar cuerpos nuevos, hasta llegar a ese primer gesto de ternura que nos definió para siempre como seres humanos.


Los premios Nobel de Literatura y yo no nos llevamos bien. Es un hecho. Cuando leo una novela de un autor al que han entregado el galardón, mi opinión del libro en cuestión suele ser negativa. Así me ha sucedido con Camilo José Cela, Hermann Hesse o William Golding, por citar tres de los más célebres. El premio me permite conocer a escritores para mí desconocidos y no deja de ser curioso cómo la mayoría de estos no casa con mis gustos como lector. Perseverante -o terco- que es uno, siempre intento elegir aquellas novelas que más me llaman, como La grieta, de Doris Lessing, a ver si rompo la maldición, pero no hay manera. No, el libro del que os hablo hoy me ha aburrido tanto que en un par de horas lo habré olvidado del todo, lo cual dice muy poco en favor de la historia y del estilo de la autora.

Nos encontramos en una tierra inhóspita y desconocida, con el mar como frontera. Allí, unos seres femeninos, a modo de habitantes de la mítica Lesbos, jamás han conocido varón, puesto que es la Luna quien las fecunda. Una de las hembras emprende un viaje hacia el interior y encuentra a unos seres parecidos a ella pero con dos diferencias: tienen el pecho plano y entre las piernas les cuelga un trozo de carne blanda. Todo ello no es más que la imaginación de un patricio romano, quien intenta ofrecer una descripción de los primeros días de vida en nuestro planeta. El autor nos conduce, a través de la narración, al desarrollo de las uniones entre los seres, al inicio de los enfrentamientos, al despertar sexual de nuestros antepasados y al nacimiento de las emociones y sentimientos humanos.

La maldición no tiene intención alguna de remitir. De nuevo, mi acercamiento a un premio Nobel me deja con una sensación de profundo tedio y gran indiferencia. A pesar de que el argumento de La grieta me parecía muy interesante, dado que en cierto modo Doris Lessing se propone contar el comienzo de las relaciones humanas, la evolución de la historia no hace justicia al atractivo y a la originalidad de la sinopsis. Nos encontramos ante un relato inestable, con un ritmo lento y denso. Si bien el comienzo resulta esperanzador y prometedor, al cabo de unas pocas páginas la novela pierde frescura y se convierte en una sucesión de párrafos inconexos que nos alejan, aún más, de los protagonistas. Estos, además, se nos antojan tan irreales y extraños que no podemos sentir ninguna empatía para con ellos.

El estilo de la autora no me ha convencido porque una y otra vez da vueltas en torno a las mismas ideas; tantas repeticiones entorpecen la lectura y hartan al lector. Me da la impresión de que formula preguntas cuya respuesta sabe que no conoce y, por esa razón, evita esbozar un relato directo y divaga una y otra vez. A lo largo del libro, por otro lado, se intercalan párrafos que protagoniza el patricio romano y que nada tienen que ver con la historia principal. Esos cambios no responden a ninguna motivación concreta y son, para mí, la prueba de que a la escritora se le fue de las manos la novela, de que no supo cómo hilvanar, continuar ni finalizar la trama, como si la única manera de llegar a una salida fuera escribir y escribir sin brújula ni meta u objetivo definidos. Una narración verdaderamente caótica.

Ay. No me gusta ni me parece fácil redactar una reseña sobre una novela que me ha gustado tan poco, pero me parece tan útil como necesario, ya que de lo contrario los blogs estarían únicamente repletos de opiniones favorables y no reflejarían la realidad. En mi opinión, La grieta es una lectura olvidable en la que Doris Lessing se ha dejado llevar, en demasía, por un planteamiento original que no ha sabido aprovechar. Admito mi admiración por la idea de la que parte la novela, pero también expreso mi decepción por el desarrollo falto de coherencia y cohesión que experimenta el argumento. Aunque eso nunca se sabe, me cuesta valorar la posibilidad de dar una nueva oportunidad a la autora, dada la apatía que me ha transmitido este libro.

Las sirenas del invierno, de Barbara J. Zitwer






Título: Las sirenas del invierno
Autora: Barbara J. Zitwer
Traductora: Ana Belén Fletes Valera
Editorial y año: Planeta, 2012

Joey Rubin es una joven arquitecta y decoradora que vive en Nueva York. Su adicción al trabajo la ha llevado a descuidar tanto sus antiguas amistades que al único ser a quien se siente realmente unida es a su perra Tink. Pero su vida dará un vuelco cuando Joey viaja a la campiña inglesa para supervisar la reforma de la vieja mansión donde el mismísimo J. M. Barrie escribió Peter Pan. Cuando Joey llega al pequeño pueblo se siente totalmente desubicada. Pero su mundo vuelve a tener sentido cuando conoce a las chicas del Club Femenino de Natación J. M. Barrie, un grupo de octogenarias que, además de la amistad que mantienen desde jóvenes, comparten una curiosa pasión: bañarse todos los días del año en las aguas de un lago cercano al pueblo. Estas sirenas de carne y hueso, cargadas de historia y de humanidad, ayudarán a Joey a descubrir el verdadero sentido de la vida y la importancia de la auténtica amistad.


En mi primer año como bloguero, la suerte me ha sonreído en un par de ocasiones y he ganado algunos libros en los sorteos que organizan otras páginas. La novela de la que os hablo hoy llegó a mi estantería precisamente de ese modo. De no haber sido el afortunado, sin embargo, muy probablemente la habría comprado, ya que Las sirenas del invierno me llamó la atención tanto por la sencillez y la elegancia de su portada como por la ternura que desprende la trama. La primera novela de Barbara J. Zitwer me ha conquistado gracias a las cinco ancianas que acompañan a la protagonista, quienes personifican la amistad misma a través de una conexión especial con muchas décadas de antigüedad.

La pasión que siente Joey por su trabajo de arquitecta y decoradora roza la obsesión. Esa es la principal razón por la cual la joven se siente bastante sola en Nueva York, ciudad de la que tan solo disfruta en compañía de Tink, su perrita. Su entrega profesional la lleva a viajar a Inglaterra para ser la responsable de la remodelación de la casa donde James M. Barrie escribió Peter Pan. Una vez en el pueblecito inglés, la soledad que siente Joey se ve desterrada al conocer a cinco mujeres de avanzada edad que forman un club de natación con una extraña tradición: darse un baño todos los días en un lago cercano. La amistad que une a este curioso grupo ayudará a Joey para replantearse los pilares de su propia vida y poner rumbo hacia un nuevo puerto más feliz.

La tranquilidad que desprende el resumen de la trama me sedujo desde el primer momento, y tras terminar la lectura puedo afirmar que ese no es más que uno de los numerosos aspectos en los que la novela me ha complacido. Las sirenas del invierno, cuyo título ya me parece bello y acertado, es una bonita oda a la amistad, a las segundas oportunidades y también, aunque en menor medida, al amor. La relación que une a las cinco ancianas es tan sincera, tan pura y brillante, que no podemos sino empatizar con ellas y desear ser Joey para, así, adentrarnos en ese círculo. Barbara J. Zitwer nos regala los magníficos perfiles de seis mujeres diferentes que encuentran, en esas mismas diferencias, los porqués de mantenerse unidas a través del tiempo. ¡Cómo me gustaría conocerlas!

La autora utiliza el viaje de Joey como mero pretexto, de manera que la reforma de la casa de James M. Barrie pasa a un segundo lugar. Las descripciones de la mansión, no obstante, así como de los principales paisajes del libro -el lago o los bosques colindantes-, son casi cinematográficas, por lo cual resulta muy sencillo confeccionar una imagen de los lugares por los que pasean las protagonistas. Todo ello, añadido al ritmo ágil y ameno con el que se desarrolla la historia, nos permite paladear una novela agradable, simpática y tierna que ofrece la brisa refrescante que todo lector necesita, en un momento dado, para volver a deleitarse con uno de los placeres más completos de todos: la buena lectura.

Presentar personajes bien delineados y que se ganen nuestra simpatía es más difícil de lo que parece, aunque escritoras como Barbara J. Zitwer nos den a pensar que es sumamente sencillo. Es improbable que olvide a las cinco octogenarias de Las sirenas del invierno, las cuales son, para mí, el punto fuerte de la novela. A través de ellas, y de sus vivencias personales, la autora nos regala un brillante elogio de la amistad, un canto honesto y desnudo de florituras que os gustará por la naturalidad con que está narrado y por la emoción que transmiten sus protagonistas. Si os apetece zambulliros tanto en un lago gélido como en una gran novela, este libro es, sin duda, una elección muy adecuada.

Hotel California, de Anna Casanovas






Título: Hotel California
Autora: Anna Casanovas
Editorial y año: Esencia, 2012

Olivia Millán acaba de perder a su abuelo, quien le deja como herencia el hotel California, un destartalado establecimiento en la Costa Brava. Aunque aceptar su última voluntad implica una condición: Olivia deberá asumir la dirección del mismo junto con un reputado ejecutivo del sector, un tal Álex Martí. El mismo día en que debe presenciar la lectura del testamento, Álex ha de viajar a San Francisco para recuperar a una mujer de la que se ha enamorado, y sólo podrá hacerlo si Marc, su gemelo, se hace pasar por él... Marc acepta el cambio de identidades a regañadientes y acude al hotel California dispuesto a encontrar el modo de salir cuanto antes de ese embrollo, aunque después de ver a Olivia decide que si el destino se ha atrevido a darle una nueva oportunidad, él va a aferrarse a ella con uñas y dientes.


Con la publicación de Hotel California empieza una triste despedida. Es la penúltima novela de la saga sobre los hermanos Martí, una serie inolvidable que ha encumbrado a Anna Casanovas como una de las mejores escritoras de la novela romántica contemporánea en nuestra lengua. Tras Nadie como tú, A fuego lento y Dulce locura, llega esta vez la historia de los gemelos Martí, Álex y Marc, quienes protagonizan una divertida y entrañable confusión de identidades. La novela no decepcionará a los seguidores de la autora catalana, aunque, como ya digo, se trate del principio del fin de la narración de una familia de hermanos que a mí me han robado el corazón desde la primera entrega.

Álex y Marc son idénticos. Poca gente es capaz de reconocer quién es quién, hecho que decide aprovechar Álex cuando debe personarse en dos lugares al mismo tiempo: por un lado, en San Francisco, en busca de la mujer a la que quiere; y, por otro, en un hotel de la Costa Brava para presenciar la lectura de testamento del antiguo dueño. Olivia, la nieta de este, no soportará la presencia de Álex, aunque ella no sepa que en realidad es Marc, el otro hermano. Cuando la nueva propietaria del hotel y él deben trabajar codo con codo para sacar adelante el negocio, y mientras Álex hace lo imposible por recuperar a su amor en Estados Unidos, comienza el juego que el destino les tiene preparados a los cuatro.

Leer a Anna Casanovas es siempre un inmenso placer principalmente por dos motivos: por su estilo y por sus personajes. Más allá de la emoción que siempre acompaña a sus historias, la autora sabe cómo aprovechar su innata habilidad narrativa para ofrecernos novelas que destacan por la cercanía con que percibimos a los protagonistas. En Hotel California encontramos, una vez más, un elenco de personajes bien perfilados, humanos, reales, que sin duda podríamos ver por la calle o llegar a conocer. El aplauso que merece su creadora es aún mayor cuando en este género tendemos a hallar parejas que rozan la perfección, tanto exterior como interior. El halo de realidad que rodea a los gemelos los vuelve inolvidables y permite que empaticemos con ellos con asombrosa facilidad.

Ya he comentado, por otro lado, la admiración que siento por el estilo de la autora, y no es para menos. Con tono desenfadado, ameno y simpático, desgrana la historia a través de capítulos cortos que aún imprimen mayor ritmo a la historia. Las ironías y los toques de humor que salpican la narración son, como siempre, una auténtica delicia y resultan el aderezo perfecto para los fuertes sentimientos que albergan los personajes y que estos nos transmiten ya desde el inicio del libro. La novela es tan corta como intensa, aunque sí es cierto que como lector me habría gustado asistir a un desglose más pormenorizado. De todos modos, no puedo evitar esbozar la sonrisa de rigor al terminar la lectura y tener la sensación de que, una vez más, la escritora ha sabido conmoverme.

Si de mí dependiera, haría que los padres de la familia Martí tuvieran mil hijos, no solo seis, para así alargar la serie durante muchos años. Como, desgraciadamente, no puede ser, veo cómo Hotel California es la antesala del fin, la penúltima historia en la que leeré a protagonistas con el mencionado apellido. Un apellido que ya forma parte de la novela romántica y que ha sabido seducir y emocionar a muchos lectores. Me queda el consuelo de que Anna Casanovas seguirá publicando, de manera que el adiós no será tan amargo ni supondrá el final de la ya consolidada carrera literaria de una de mis escritoras favoritas del género.

Los vigilantes de los días, de Alberto Granados






Título: Los vigilantes de los días
Autor: Alberto Granados
Editorial y año: Espasa, 2011

Cuando el periodista de la CNN Richard Cappa llega a México para preparar unos reportajes de carácter cultural, se ve inmerso en una tenebrosa trama manejada por un millonario que ha hecho negocio satisfaciendo los más bajos instintos de los poderosos del mundo..., hombres sin escrúpulos dispuestos a todo para dar rienda suelta a sus perversiones. Desde Ciudad Juárez al D. F., pasando por Teotihuacán, Alberto Granados consigue en su primera novela que el lector palpe y saboree México: un país bellísimo y salvaje, lleno de contrastes, en el que las sangrientas tradiciones y leyendas prehispánicas son el telón de fondo de una siniestra intriga.


Si hay una cultura que este año, en 2012, ha renacido y visto cómo vuelve a captar la atención de la gente, esa es la maya. Más allá de ciertas predicciones apocalípticas cuya veracidad escapa a nuestro poder, lo cierto es que el pueblo maya ha dejado una impronta imborrable en México y servido como inspiración para un gran número de obras literarias. Los vigilantes de los días, la ópera prima de Alberto Granados, echa mano de la antigua civilización para formar los cimientos de una apasionante novela de intriga que me ha tenido en vilo durante toda la lectura. La mezcla entre pasado y misterio difícilmente podría dar un mejor resultado.

Richard Cappa es un periodista de la CNN propenso a meterse en problemas. Cuando Barack Obama viaja a México de visita oficial, Richard y sus compañeros preceden al presidente para organizar una serie de reportajes que muestren la naturaleza del país a sus compatriotas estadounidenses. Lo que en principio debía ser una escapada tranquila a un país conocido por Richard se convierte en una carrera contrarreloj para desentrañar un misterio relacionado con las antiguas tradiciones mayas y una macabra reunión a la que el reportero asistirá sin querer. El plan que destapa, sin embargo, está tramado por un empresario multimillonario que no permitirá que un simple «gringo» le arruine el negocio y hará todo lo posible por alejar a Richard de sus intereses, al precio que sea.

De Los vigilantes de los días me llamó la atención la ambientación en México; y no tanto por adentrarse en la cultura maya como por la descripción del país en la actualidad. Ni que decir tiene que la inclusión de datos y explicaciones sobre la antigua civilización añade un valor de atractivo a la novela, pero la verdadera belleza reside en México en sí como escenario del argumento. Alberto Granados demuestra un gran conocimiento de la nación y desgrana, con total maestría, parte de su pasado. Las descripciones, así como los dibujos que encontramos a lo largo de la novela, son el vehículo perfecto para ayudarnos a imaginar que estamos junto a Richard. Yo, como lector, me he sentido transportado a un país que no conozco, lo cual no es sino una prueba fehaciente de la destreza narrativa del autor.

En cualquier novela de intriga que se precie, la acción debe ser intensa, absorbente y adictiva, y así es en el libro que os recomiendo hoy. Con un ritmo trepidante que atrapa desde la primera página, la narración ofrece altas dosis de emoción y entretenimiento que sabrán satisfacer al lector más exigente. Los personajes, por otro lado, se alzan como personas reales con problemas e inquietudes que los devuelven a un plano más terrenal y accesible y que los despojan del halo de divinidad que suele acompañar a los protagonistas de la gran mayoría de las novelas del género. Por último, quiero referirme al estilo del autor. Limpio y directo, el tono de la obra recoge, sobre todo en los diálogos, expresiones mexicanas que aún nos facilitarán más, si cabe, nuestro viaje al país.

Una buena novela de misterio está formada por un argumento atractivo e inquietante que consiga mantener la atención del lector en todo momento, por un desarrollo bien expresado que suponga la evolución natural de la trama y por un final que haga las veces de clímax literario en el que veamos cómo se atan todos los cabos. Los vigilantes de los días reúne las cualidades anteriores y, además, propone una inteligente recreación del México maya y del México actual. Alberto Granados se ha ganado mi admiración con su primera obra de ficción y no puedo más que recomendárosla abiertamente e invitaros a recorrer el país para que os adentréis en una intriga que os dejará con la boca abierta. Ya lo veréis.

La viola de Tyneford House, de Natasha Solomons






Título: La viola de Tyneford House
Autora: Natasha Solomons
Traductor: Mariano Antolín Rato
Editorial y año: Alianza, 2012

Primavera de 1938, Viena ha dejado de ser un lugar apacible tras la llegada al poder de los nazis. La única salida es marcharse, pero no es fácil. Elise Landau lo consigue por medio de un anuncio de trabajo: en la mansión isabelina de Tyneford, en la lejana Inglaterra. Hija de un escritor y de una cantante de ópera, mimada desde su infancia, Elise tendrá que trabajar de camarera. Ella, que siempre tuvo servicio en casa, no sabe cocinar, ni dar brillo a la plata, ni cera a los suelos, ni servir el té. Tampoco se maneja bien en inglés. En Tyneford se enfrentará a los celos y las envidias, a las humillaciones clasistas, pero también descubrirá el amor. Sus únicos lazos con su hogar son las cartas de su hermana y una viola en la que su padre escondió un manuscrito antes de partir. La guerra se acerca, el mundo está cambiando y Elise también.


En contra de la fascinación que despierta la Segunda Guerra Mundial en muchos lectores, a mí esta contienda me suscita tan solo pavor. Es uno de los pocos períodos históricos que no me interesan, y esa es la razón por la cual no suelo adentrarme en novelas ambientadas en esta época. En la sinopsis de La viola de Tyneford House, sin embargo, encontré un ingrediente que me llamó la atención: Natasha Solomons traza un dibujo vívido y diáfano que busca, simplemente, retratar la vida social inglesa, con la guerra como mero telón de fondo. La distinción entre clases y los lazos que unen a los personajes me han embebido de tal manera que hoy os invito a recorrer los parajes británicos.

Con el ascenso político de los nazis, no solo los judíos alemanes están en el punto de mira: en Austria también son foco de humillaciones y vejaciones de todo tipo. A fin de huir de una situación cada vez más delicada, el matrimonio Landau decide enviar a Elise, la hija menor, a Inglaterra como sirvienta de una acomodada familia. La joven no solo no sabe inglés, sino que, además, en Viena ha estado siempre rodeada de lujo y bienestar, por lo que le costará asimilar el cambio de estatus social. Elise deberá aprender a ser una buena doncella, aunque al principio en su nuevo hogar nada será fácil. En Tyneford, no obstante, también hay lugar para la familia, la amistad, el recuerdo y, cómo no, el amor.

Ya he señalado el aspecto que, en mi opinión, es más loable de La viola de Tyneford House: la elegancia con que la autora deja a un lado el conflicto bélico para, así, describir, con naturalidad y calma, la vida en una mansión inglesa. Sería inverosímil, claro, que en ningún momento se citara el principio del conflicto, pero Natasha Solomons ha sabido dar más importancia al día a día de Elise, lo cual me parece más que acertado; ya contamos con un amplio abanico de opciones, dentro de la novela histórica, para conocer todos los detalles del auge de Hitler, de las decisiones de Churchill y del infierno que vivieron los judíos. Me ha complacido leer por una vez, pues, una obra que da prioridad a las personas.

Los personajes, como digo, son el centro absoluto de la novela. La voz de la historia es la propia Elise, una mujer fuerte que sabe afrontar los reveses del destino. A su alrededor gira un excelente número de secundarios que la acompaña en su existencia, pero el peso del argumento recae en sus hombros. Las descripciones de la casa en la que sirve, por otro lado, son minuciosas y ayudan a formarse una imagen precisa del entorno que ya no abandonaremos hasta el final. No puedo terminar la reseña sin comentar que el libro se basa en la historia de la tía abuela de la autora, quien tuvo que escapar de Viena y fue a parar a Inglaterra. El hecho de no ser capaces de identificar el umbral a partir del cual lo que leemos sucedió tal como está narrado ha originado, durante mi lectura, un irresistible halo de magia y emoción.

Cuando uno lee La viola de Tyneford House, la visita de una familia aristocrática o la organización de un baile en el salón de la casa resultan más apasionantes que la invasión de Polonia o el mismísimo desembarco de Normandía. Ese es, para mí, el mayor acierto de la novela. Natasha Solomons nos regala una recreación íntima y sincera que hará las delicias de quienes buscan una reproducción fiel de la situación que vivieron tantas familias. No debemos olvidar que millones de personas, alejadas de los combates, sufrieron la ansiedad de ignorar qué sucedía con los suyos. Esta vez resulta más enriquecedor ponerse al otro lado y abandonar el campo de batalla para acceder a la vertiente más humana y dura de cualquier guerra.

Drácula, de Bram Stoker






Título: Drácula
Autor: Bram Stoker
Traductor: Mario Montalbán
Editorial y año: Debolsillo, 2011 (1897)

Jonathan Harker viaja a Transilvania para cerrar un negocio inmobiliario con un misterioso conde que acaba de comprar varias propiedades en Londres. Después de un viaje preñado de ominosas señales, Harker es recogido en el Paso de Borgo por un siniestro carruaje que le lleva, acunado por el canto de los lobos, a un castillo en ruinas. Tal es el inquietante principio de una novela magistral que alumbró uno de los mitos más populares y poderosos de todos los tiempos: Drácula. La fuerza del personaje ha eclipsado a lo largo de los años la calidad, la originalidad y la rareza de la obra de Bram Stoker, sin duda una de las últimas y más estremecedoras aportaciones a la literatura gótica anglosajona.


Hace 165 años nació Bram Stoker, uno de los autores más influyentes de todos los tiempos. A pesar de haber publicado una docena de novelas y decenas de cuentos, su nombre ha pasado a la historia de la literatura por ser el creador de uno de los personajes más célebres. En Drácula aparece por primera vez el famoso conde, una de las figuras más explotadas en todas las disciplinas artísticas. La lectura del libro original me parece obligada para todos aquellos a quienes fascina el mito de Drácula. Ya os anticipo que a mí la historia me ha gustado pero también decepcionado en algún aspecto. Si bien no me arrepiento en absoluto de haberla leído, creo que la novela tiene puntos bastante débiles.

Cuando Jonathan Harker recibe un aviso que lo urge para visitar Transilvania y así cerrar un trato con un conde muy misterioso, quien ha comprado inmuebles en la capital inglesa, poco se imagina que ha dado el paso que lo llevará a una aventura tan terrorífica como peligrosa. El castillo del conde Drácula hará las veces de una inquietante prisión en la que Harker empezará a inquietarse. Al darse cuenta, por fin, de la naturaleza y carácter de su anfitrión, Jonathan recurrirá a quien haga falta para poner fin a la amenaza que se cierne sobre su propia vida y sobre la de las personas a quienes más quiere.

A estas alturas no descubro nada nuevo si hablo de Drácula. La novela de Bram Stoker ha sabido permanecer en un estado de actualidad para conquistar a lectores a lo largo de más de cien años. El propio personaje de Drácula se alza como un ejemplo en el que muy claramente percibimos la destreza del autor. La ambigüedad que reina en la primera parte de la obra es esencial y maravillosa, y envidio a los que vivieron en la época en la que se publicó, porque llegar a conocer quién era el conde debió de causarles una emoción tan palpitante como inefable. Los personajes de Jonathan Harker y Mina, además, suponen el contrapunto de realidad y humanidad que necesita la historia, así que agradezco a Stoker que no se dejara llevar en todo momento por el halo de fantasía que envuelve el argumento de la novela.

Me ha sorprendido, por otra parte, la escasa trama romántica, y veo que las diferentes adaptaciones cinematográficas han sacado partido de un elemento que no aparece en el libro. También quisiera mencionar el ritmo del libro. Al tratarse de una novela escrita a modo epistolar, esperaba encontrar en ella una amenidad y una agilidad que verdaderamente he echado de menos. La lectura se me ha antojado tediosa y aburrida en numerosas ocasiones, y mentiría si dijera que no he hecho amago de abandonarla. Una vez superado el tramo más farragoso, nos adentramos en la parte más emocionante para llegar a un final que a mí me ha parecido apresurado y, por qué no decirlo, hasta risible. Quizá albergaba unas expectativas demasiado altas y la culpa es solo mía, quizá...

A pesar de los de las carencias que he encontrado, recomiendo leer Drácula por varios motivos. En primer lugar, para acercarse al texto original de Bram Stoker que supone el comienzo de un mito fascinante e inmortal -nunca mejor dicho-. En segundo lugar, para dejarse rodear del ambiente gótico y lúgubre que protagoniza la novela. Y en tercer lugar, para realizar un viaje curioso e inolvidable a una región que debe mucho al escritor irlandés. Qué sería de Transilvania sin la sensación de que tras cualquier seto puede aparecer un personaje tan tétrico y alarmante. Ahora que lo pienso, no sé si me apetece ir...

Juegos de letras, de Elizabeth Noble






Título: Juegos de letras
Autora: Elizabeth Noble
Traductora: Mar Vidal
Editorial y año: Roca, 2007

Natalie y Tom son dos amigos desde que eran apenas unos niños, pero sólo amigos. Ahora a sus treinta y tantos años, Nat ve cómo su vida se desmorona: después de una larga relación ha roto con su novio; desprecia su trabajo; siente que las distancias con los suyos se van haciendo más y más grandes. En tales circunstancias, Tom reaparece para invitarla a probar un juego diferente, un divertimento para olvidarse de todos sus males. Le propone redescubrirse pasando los siguientes veintiséis fines de semana con él: cada uno diferente, cada uno con un tema original a partir de una letra del alfabeto: A de alpinismo, B de ballet, C de canoa...


La novela romántica es uno de mis géneros preferidos porque me lleva a protagonizar historias de amor únicas e inolvidables que fuera de la literatura difícilmente podría vivir. Es, además, el género perfecto para arrancar emociones gracias a la fuerza que transmiten las pasiones de sus personajes. El libro que os traigo hoy ha sabido conquistarme a través de una de las relaciones más bonitas que he leído hasta la fecha. Hablo de Juego de letras, de Elizabeth Noble, una verdadera declaración que baila al son de la amistad y del amor verdadero.

Nathalie y Tom son grandes amigos. Hace tantos años que se conocen que bien podría decirse que son casi hermanos. Cuando el novio de Nathalie la abandona de pronto, Tom le propone un juego tan curioso como divertido: hacer, juntos, planes que respeten el orden alfabético; esto es, veintiséis citas en las que llegarán a conocerse más y mejor. Es, por supuesto, un juego peligroso, porque no está solo en riesgo su amistad, sino también la posibilidad de que ocurra algo entre ellos. ¿Y si todos quienes los rodean tienen razón y están hechos el uno para el otro? Para lograr la victoria habrá que apostar sin miedo, aunque en el juego tiene cabida todo tipo de situaciones que, quizá, no surtan el efecto esperado.

En novela romántica resulta harto complicado innovar y salirse del corsé que perfila las historias de «chico conoce a chica», o viceversa. Elizabeth Noble ha sabido dar una vuelta de tuerca a la típica relación partiendo de la gran amistad que une a Nathalie y Tom. Juegos de letras propone, gracias a la originalidad del argumento, una forma diferente de presentar la evolución que experimenta una historia de amor. El juego alfabético me ha parecido delicioso y, como lector, ansiaba, una y otra vez, conocer qué plan los esperaba en la siguiente letra. El planteamiento, por tanto, responde con éxito a la ansiedad con que uno desea descubrir el siguiente paso que dará la pareja.

Como requiere cualquier obra del género, los sentimientos de los protagonistas están narrados con gran detalle. Además, los dilemas que provoca el paso de la amistad al posible amor son reales como la vida misma, y es imposible no llegar a empatizar con los dos personajes. Por otro lado, en la novela he encontrado también un par de tramas secundarias no menos interesantes y emocionantes que me han llamado la atención porque tratan temas muy poco comunes con una sensibilidad extrema. El ritmo del libro es en todo momento el adecuado y la autora ha logrado que el lector no pierda la emoción, antes al contrario: cuanto más avanzamos, más queremos seguir adelante hasta llegar al final, brillante y emotivo.

Juegos de letras me ha parecido una novela magnífica a consecuencia de la realidad que emana de sus páginas. A menudo resulta difícil creerse ciertos argumentos, y Elizabeth Noble ha sabido desarrollar la historia con un gusto exquisito que la colma de verosimilitud. La obra no es sino un canto a la amistad, al amor, a las cosas más importantes que tenemos a nuestro alrededor. En un mundo cada vez más insensible, creo que es necesario que nos detengamos a reflexionar sobre las emociones más puras del corazón humano; para ello, no hay camino mejor que el que nos invitan a recorrer las novelas románticas bien tejidas, como la que ha inspirado esta entrada.

El lejano país de los estanques, de Lorenzo Silva






Título: El lejano país de los estanques
Autor: Lorenzo Silva
Editorial y año: Destino, 2001 (1998)

El cuerpo desnudo de una joven austriaca pende atado de las manos en un chalet mallorquín. Ni los signos de violencia, ni la pestilencia de una muerte estival ocultan su inquietante belleza. En Madrid, la Guardia Civil confía el caso al experimentado sargento Rubén Bevilacqua, o «Vila» para sus compañeros, ex-psicólogo desempleado para quien Jung era sólo un aficionado, y a la inexperta agente Virginia Chamorro, cuya eficacia policiaca será puesta a prueba por primera vez. De incógnito entre nudistas teutones, turistas desenfrenados y mafiosos locales, Bevilacqua y Chamorro se adentrarán en el reverso oscuro de una apacible urbanización mallorquina tratando de desentrañar los últimos días de la joven asesinada.


El premio Planeta de este año ha caído en las manos de unos de los grandes escritores contemporáneos de novela negra. De este modo, la pareja protagonista de su famosa serie policiaca, Bevilacqua y Chamorro, pasa a formar parte de un selecto grupo de encumbrados investigadores. Dado que yo todavía no había leído a Lorenzo Silva, me ha parecido más acertado adentrarme en el primer libro en el que aparecieron los célebres agentes; de ahí ha surgido mi lectura de El lejano país de los estanques, una novela que atrapa tanto por la trama como por el estilo del autor.

En el chalet de una lujosa urbanización mallorquina aparece, colgado de un travesaño, el cadáver de una joven turista austriaca. La policía local se ve incapaz de esclarecer los hechos que llevaron al crimen, así que recurren a Madrid. De allí saldrán Bevilacqua, un sargento de la Guardia Civil, y Chamorro, una agente aún inexperta. Esta curiosa pareja se internará en el ambiente nocturno de Mallorca para lograr comprender quién y cómo llevó a cabo el homicidio. Lo que a priori podría parecer un caso claro y sencillo acaba convirtiéndose en un complicado engranaje que gira alrededor de la figura de la muerta, cuyos turbio carácter y excepcional belleza a nadie dejaban indiferente.

No deja de asombrarme, cuando leo una novela de misterio, la maestría con que los autores son capaces de hilvanar una investigación policial. No solo ofrecen un relato pormenorizado sobre los pasos que los investigadores van siguiendo, sino que juegan al despiste con el lector a base de giros argumentales y pistas falsas. Todo lo anterior sucede en El lejano país de los estanques, libro en el que Lorenzo Silva deja claras sus innatas habilidades como narrador de novela negra. Ya comenté una vez que a menudo me confunden las historias de este tipo, porque soy incapaz de obtener conclusiones por mí mismo ni de ver venir la resolución final, pero esta vez el autor lo ha suplido con unos ingredientes magníficos que me han conquistado sin remedio.

El estilo del autor, en primer lugar, me parece extraordinario. La prosa, rica e impecable, y los diálogos, frescos y naturales, favorecen en todo momento a la agilidad de la novela y al ritmo de acción, el cual no decae en ningún momento. No puedo obviar, por otro lado, el magnetismo que irradia la pareja protagonista; no en vano se han convertido ya en personajes de culto. Tanto Bevilacqua como Chamorro entrañan, en sendas formas de ser y de ver su profesión de militares, un factor de originalidad que los aleja de los moldes con que suelen estar tallados la mayoría de policías o detectives. El escenario del caso, por último, es un enclave novedoso que aporta un toque muy especial.

Una vez he terminado El lejano país de los estanques, comprendo a la perfección el buen número de críticas favorables que rodea la saga policiaca de Lorenzo Silva. No me sorprende, pues, que la séptima entrega de la serie se haya alzado con el famoso galardón. Estoy convencido de que desde Planeta han tenido a bien reconocer tanto la influencia del escritor madrileño como los elementos tan interesantes que forman parte de sus libros. No me parecería inverosímil verme leyendo La marca del meridiano cuando le llegue el turno, aunque entonces hayan pasado unos cuantos años.

El reino del azahar, de Linda Belago






Título: El reino del azahar
Autora: Linda Belago
Traductora: María Alonso Gómez
Editorial y año: Temas de Hoy, 2012

Róterdam, 1850: la pequeña Julie Vanderberg pierde a sus padres en un trágico accidente y su tío se convierte en su tutor legal, pero lo hace con el único propósito de quedarse con la sustanciosa herencia. Cuando Julie cumple los dieciocho años, este, asediado por las deudas, concierta un matrimonio con un colega de negocios, Karl Leevken, al que pretende pagar con la dote de su sobrina. Así, Julie se encuentra atada a un hombre al que casi no conoce, pero que le resulta encantador y carismático. Solo unos días después de la apresurada boda, ella le sigue rumbo a la colonia holandesa de Surinam, en Sudamérica, donde Karl regenta una próspera plantación de caña de azúcar y donde descubrirá su verdadero carácter.


En los últimos meses hemos asistido al renacimiento de un género. No es tanto un nuevo género como una nueva etiqueta con la que clasificar aquel grupo de novelas, a caballo entre las históricas, las de aventuras y las sagas familiares, en que los protagonistas emprenden un viaje a un país desconocido y exótico en busca de una vida mejor o, cuando menos, diferente. Son las llamadas «novelas paisaje» -me niego a mantener el anglicismo-. Una de las últimas apuestas de este tipo de libros es El reino del azahar, de Linda Belago, que nos propone una magnífica descripción de Surinam en plena época colonial; un brillante retrato que nos traslada a un país cuya existencia muchos desconocían.

La tragedia se cierne sobre Julie. Tras perder a sus padres, la joven pasa a depender de su tío, quien la ingresa en un internado para deshacerse de ella. Años más tarde, cuando Julie cumple dieciocho, no sabe qué camino tomar en la vida, y su tío aprovecha la ocasión para urdir un magnífico plan: casarla con un socio a quien le debe una buena suma de dinero. Así, la herencia de la joven se convierte en la moneda de cambio. Tras convertirse en la esposa de Karl, Julie viajará a Surinam, donde su marido posee una plantación de azúcar. Cuál será la sorpresa cuando descubrirá que su esposo no solo no es quien ella pensaba, sino que no tiene intención alguna de facilitarle las cosas a su mujer.

Creo que la expresión «novelas paisaje» es un auténtico acierto, porque resume a la perfección la esencia de esas historias: en estas nos encontraremos con un entorno alejado de nosotros y maravillosamente descrito, de manera que es muy fácil visualizarse en cualquier rincón del mundo con gran facilidad. Linda Belago lo ha logrado, con creces, en su ópera prima, El reino del azahar, en la que el propio país de Surinam se alza como un personaje más, tan bien perfilado como el resto. Tanto las plantaciones como la frondosidad de la selva o Paramaribo, la capital, son unos escenarios únicos y bellísimos que no dudaríamos en visitar. De hecho, la admiración que siente la autora por el país suramericano traspasa la historia y nos invita a perdernos por unas tierras que se nos antojan majestuosas y dignas de ver.

En la novela también encontramos, cómo no, ingredientes históricos, que en este caso se centran, sobre todo, en la esclavitud. Las consecuencias que se desprenden de este hecho, legal a la sazón, son parte fundamental del argumento y nos ayudan a realizar el viaje en el tiempo. Las relaciones personales, por otro lado, son otro de los aspectos más apasionantes de la historia y nos llevan a avanzar la lectura con mucho interés. El estilo ágil de la autora y la edición cuidada y elegante de Temas de Hoy nos lanzan a un final trepidante y muy emocionante que sin duda supone el reluciente broche de oro con que se termina la narración del periplo de Julie.

El reino del azahar es una novela recomendable por un buen número de razones. Ya he expuesto algunas de ellas, las que me parecen más destacables; no quiero continuar enumerándolas para no extenderme demasiado y para, así, dejaros algún elemento de sorpresa si finalmente os animáis a leer el libro. Tan solo me queda añadir que a partir de ahora el nombre de Linda Belago no solo me será familiar, sino que pasará a ocupar un lugar de honor en mi biblioteca con su primera novela y con las nuevas con que nos deleitará en un futuro. Se lo ha ganado a pulso.

Dublinesca, de Enrique Vila-Matas






Título: Dublinesca
Autor: Enrique Vila-Matas
Editorial y año: Seix Barral, 2010

Samuel Riba se considera el último editor literario y se siente hundido desde que se retiró. Un día, tiene un sueño premonitorio que le indica claramente que el sentido de su vida pasa por Dublín. Convence entonces a unos amigos para acudir al Bloomsday y recorrer juntos el corazón mismo del Ulises de James Joyce. Riba oculta a sus compañeros dos cuestiones que le obsesionan: saber si existe el escritor genial que no supo descubrir cuando era editor y celebrar un extraño funeral por la era de la imprenta, agonizante ya por la inminencia de un mundo seducido por la locura de la era digital. Dublín parece tener la llave para la resolución de sus inquietudes.


No sorprendo a nadie si afirmo que Enrique Vila-Matas es uno de los escritores españoles contemporáneos más influyentes. Tanto en narrativa como en ensayo, todas sus obras cuentan con una legión de seguidores nada desdeñable. Su pasión por el Ulises de James Joyce -no en vano es miembro de la Orden del Finnegans, una organización dedicada a venerar el citado libro- lo llevó a publicar Dublinesca, una novela que hace las veces de un homenaje personal al autor irlandés. La primera vez que leo a Vila-Matas ha desembocado en un éxito relativo.

El mundo de la edición literaria ya no es lo que era. Samuel Riba se acaba de retirar y ve cómo el tedio y la monotonía dominan sus días. Cuando un sueño le induce a pensar que la ciudad de Dublín debe centrar su vida en el futuro, Riba emprende un viaje a la capital irlandesa para huir de una existencia vacía y deprimente y esclarecer los motivos por los cuales ha tomado esa decisión. Una vez allí, tiene en mente celebrar un funeral por la era de la imprenta y reflexionar, largo y tendido, acerca de la relación que une a editores y escritores. Una reflexión profunda y muy sorprendente.

Llevaba tiempo queriendo abordar alguna novela de Enrique Vila-Matas. El hecho de que Dublín, ciudad que me tiene enamorado, sea uno de los escenarios principales de Dublinesca me ha lanzado a las páginas del libro. Este primer contacto con el autor ha sido muy satisfactorio en cuanto a su prosa. He descubierto una narración irónica, muy crítica, que une descripción y meditación de una manera impecable y muy ágil. Los personajes, por otra parte, están bien descritos, y no puedo obviar las reflexiones que nos regala el autor sobre el paso a la edición digital, que me han parecido acertadísimas. Nunca está de más cuestionarse el futuro de la literatura echando la vista atrás.

No obstante, ni que decir tiene que habría disfrutado mucho más de la novela si hubiera leído el Ulises. He pasado por alto un buen número de referencias porque aún no me he atrevido con Joyce, y ese sentimiento de frustración por desconocimiento me origina una rabia inmensa. A lo largo del libro, además, el autor echa mano, para mí desmesuradamente, de nombres y citas de autores que entorpecen la lectura y que suponen un alto en el camino que nos desconecta de la historia de Riba. Así, cuesta llegar a empatizar con los personajes, ya que muy a menudo nos alejamos de ellos en momentos muy interesantes por culpa de las menciones a otras obras.

Creo, me culpa, que no es una buena elección para empezar con la bibliografía de Enrique Vila-Matas. Si bien me ha conquistado la prosa del autor, la devoción que este siente por Joyce, y que -todavía- no comparto, ha imposibilitado que degustara la novela como se merecía. Quienes ya sean fieles a las obras del escritor barcelonés encontrarán en Dublinesca una suerte de lección para aprender historia de la literatura de la mano de un devoto «joyceano». Quienes aún no hayan leído a Vila-Matas hallarán un bonito paseo por las bellísimas calles de Dublín que, quizá, no les acabe de llenar del todo. Tengo claro, eso sí, que no será la última vez que recurra a él, porque su estilo me ha encantado.

El puente de los judíos, de Martí Gironell






Título: El puente de los judíos
Autor: Martí Gironell
Traductor: Manuel Manzano
Editorial y año: Debolsillo, 2009

En 1316, un constructor de Perpignan recibe el encargo de reconstruir el puente de Besalú (Girona). Pero en la construcción del puente fortificado se cruzan los intereses de los habitantes del pueblo y el conde que gobierna la zona, con los del conde del Ampurdán, rival suyo, y que trata de impedir que la ciudad pueda ser defendida adecuadamente. El papel de la comunidad judía de Besalú, que colabora con los cristianos en la defensa de la ciudad, las intrigas y traiciones de algunos conciudadanos, partidarios del enemigo, y la aventura personal del constructor, son la esencia de esta apasionante novela, un inesperado fenómeno de ventas tanto en catalán como en castellano.


Martí Gironell es uno de los rostros más reconocibles de la parrilla televisiva catalana. Ha colaborado en varios programas de TV3 y, desde 2009, su nombre ha ganado celebridad gracias a la literatura. El puente de los judíos es la ópera prima del escritor, una novela histórica ambientada en Besalú, su ciudad natal. Se trata de una primera apuesta bastante digna que cuenta tanto con elementos interesantes como con puntos débiles que, a buen seguro, no son más que pequeñas dificultades que el autor sabrá enmendar -y quizá lo ha hecho ya- en sus nuevas obras.

El puente de Besalú requiere de una urgente remodelación. Para llevar a cabo la reconstrucción, el conde de la ciudad llama a un maestro de obras lombardo, quien acudirá a la localidad acompañado de su hijo Ítram. El puente poco a poco vuelve a ser lo que era en medio de rivalidades entre los municipios colindantes y durante su transformación asistiremos al relato de cuanto sucedió durante la construcción original y a la indignación de Ítram al conocer las condiciones de vida en que se halla el pueblo de Jezabel, la muchacha judía de quien se enamora.

Cuando leo un libro que me entretiene pero que no me llena del todo, me gusta empezar destacando los aspectos positivos: El puente de los judíos es una estupenda recreación de la vida de las gentes en Besalú. Martí Gironell demuestra el ingente trabajo de documentación que ha desplegado antes de escribir la novela, y es que esta derrocha historia por cada una de sus páginas. La prosa del autor, además, es impecable y ágil, de manera que el viaje por las tierras gerundenses resulta emocionante. La historia de amor que centra parte del argumento, por otro lado, es bonita y tierna, y nos lleva a preguntarnos por qué siempre nos obcecamos en cuanto nos separa en lugar de valorar cuanto nos une.

Ya he avanzado, sin embargo, que algunos elementos no me han convencido. En primer lugar, la novela adolece de un exceso de información histórica que, aunque interesante, densifica y entorpece la lectura. No creo que haga falta torpedear con nombres y cifras para dejar claro hasta qué punto uno se ha documentado. En segundo lugar, el ritmo es demasiado acelerado; todo sucede con tal velocidad que cuesta interiorizarlo, y quizá el libro habría dado más de sí con una mayor extensión. Y por último, no me convence, como lector de novelas históricas, que en estas se incluya algún trazo de fantasía que, en mi opinión, resta credibilidad al conjunto. Es, creo, un recurso innecesario en este caso.

Aunque El puente de los judíos no ha sido exactamente lo que me esperaba, no puedo negar que es una novela amena que ha sabido elegir un enclave histórico novedoso y alejado de las grandes ciudades que suelen servir como escenario de la mayoría de libros del género. Sin duda habrá que tener en cuenta el nombre de Martí Gironell, ya que su estreno en literatura ha resultado aceptable y original. Si os apetece viajar a la Besalú del siglo XIV, este es vuestro libro.

Peter Pan, de James M. Barrie






Título: Peter Pan
Autor: James M. Barrie
Traductora: Nazaret de Terán Bleiberg
Editorial y año: Alianza, 2010 (1911)

Como todas las creaciones que pulsan los resortes más escondidos del ser humano, la figura de Peter Pan, el niño que no quería crecer, no ha cesado de agigantarse en el imaginario del hombre moderno desde que en 1911 James M. Barrie publicara en forma de narración la obra de teatro que siete años antes había alcanzado ya inmenso éxito en Londres. Animado por personajes de una capacidad de sugestión que poco tiene que envidiar a la del propio Peter Pan –como Campanilla, Wendy o el capitán Garfio-, el magistral relato concebido por Barrie participa tanto del cuento de hadas como de la novela de aventuras, la crónica de piratas y la leyenda popular, y encarna verazmente sueños infantiles nunca del todo olvidados.


Con la perspectiva de los años las películas de Disney ya no parecen tan ingenuas y adorables como pensábamos de niños. Tenemos que agradecer a la compañía, sin embargo, que nos propusiera versiones de grandes clásicos que ya han calado en nuestra alma y que jamás nos abandonarán. Una de las adaptaciones más aclamadas y queridas es la de Peter Pan, la novela de James M. Barrie que vio la luz hace 101 años. Personajes como el propio protagonista o Campanilla y el país de Nunca Jamás han pasado a formar parte de la cultura y es interesante ver cómo los describe el autor original en una obra que mezcla géneros y que encierra un bonito mensaje.

Los Darling son un matrimonio inquieto que se preocupa mucho por Wendy, John y Michael, sus tres hijos. Una plácida noche, por la ventana de la habitación de los niños se cuela Peter Pan en busca de su sombra. Cuando Wendy se despierta y se lo encuentra llorando en el suelo, decide ayudarlo, aunque la muchacha no sabe que ahí dará comienzo la mayor experiencia de sus vidas. Y es que Peter Pan no solo les enseñará a volar, sino que los llevará al país de Nunca Jamás, donde los niños no crecen. En tan curioso lugar los tres chiquillos correrán aventuras junto a Campanilla y al capitán Garfio, dos de las personalidades más representativas de la isla. Pero ¿podrán volver a casa? ¿Querrán?

Ha pasado mucho tiempo, quizá demasiado, desde que vi por última vez la película de Disney. Quizá esa sea la razón por la cual me he llevado una sorpresa agridulce leyendo la novela de James M. Barrie. Aunque en esencia la historia es la misma, he encontrado numerosos elementos que no recordaba y que en parte me han aguado la lectura, ya que yo llevaba otra idea del argumento de Peter Pan. Como digo, es más que probable que mi decepción se deba al tiempo transcurrido, de manera que no quisiera que la desilusión centrara toda mi opinión, porque la novela me ha gustado y leerla me ha parecido un ejercicio sugestivo y refrescante, como intentaré exponer a continuación.

El propio personaje de Peter Pan y el halo de ensoñación que lo rodea recaban la atención del lector desde el primer momento. La idea de un niño que no quiere crecer y que lo afirma rotundamente es tan sorprendente como innovadora y original y me lleva a aplaudir el ingenio del autor. El país de Nunca Jamás, por otro lado, no es sino la ejemplificación de un paraíso infantil repleto de aventuras y también peligros, y creo que el nexo que une aquel mágico lugar y el protagonista de la novela es brillante. No puedo omitir el tono ágil con que está escrita la historia y la moraleja que podemos extraer de la odisea de Wendy y sus dos hermanos. Es, sin duda, un clásico que todos debemos leer para conocer el origen de uno de los mitos más fascinantes de todos los tiempos.

Siempre he defendido, y siempre defenderé, la necesidad de acudir a los textos originales en los que se presenta a personajes que ahora ya forman parte de la cultura de referencia. Conocerlos de primera mano es imprescindible. En Peter Pan he descubierto, con otros ojos, las causas y consecuencias de las andanzas de los protagonistas por Nunca Jamás, aunque en ese caso abrigaba unas expectativas que poco tenían que ver con la novela en sí. El libro de James M. Barrie demuestra el poder de imaginación de quien lo escribió y también deja claro por qué, cien años después, aún se trata de una lectura recomendable.

Los días del arcoíris, de Antonio Skármeta






Título: Los días del arcoíris
Autor: Antonio Skármeta
Editorial y año: Planeta, 2011

Nico ha visto cómo se llevaban a su padre delante de toda la clase y sabe que tiene que hacer dos llamadas y esperar. Lo llamaban el plan Baroco. Su enamorada, Patricia Bettini, hija de un conocido publicista, le acompaña y, sin apenas darse cuenta, impulsa a su padre a escuchar las voces de la gente y participar en una auténtica rebelión. Juntos y con un acto imaginativo, lleno de humor, abren el camino a la libertad. Una novela de padres e hijos, maestros y discípulos que se las ingenian para devolver los colores y la música a una capital gris.


La literatura hispanoamericana goza, en la actualidad, de la merecida celebridad que le aportó el buen número de autores y novelas brillantes cuyo nacimiento vio la luz a mediados y finales del siglo XX. Son numerosas las voces literarias que merecen nuestra atención y aplauso, ya que saben dirigirnos allende los mares, en busca de tierras tan «exóticas» como interesantes para nosotros. Uno de los autores más influyentes es Antonio Skármeta; desde su éxito El cartero de Neruda, cualquier libro que tiene a bien publicar suscita bastante repercusión. Con Los días del arcoíris ganó el premio Planeta - Casamérica, un galardón que sin duda supo fijarse en el optimismo que derrocha la historia.

A finales de la década de los 80, Pinochet está al mando de Chile. Tras quince años de gobierno, el dictador decide dar un paso hacia la democracia y convoca un plebiscito para conocer la opinión de la población sobre el régimen. Mientras quienes intentan derrocar al régimen hacen campaña por el «No a Pinochet», detienen a un profesor de filosofía. Nico, su hijo, debe hacer todo lo que esté en su mano para lograr el regreso de su padre, y para ello contará con Patricia Bettini, su querida, la hija del encargado de defender el movimiento contrario al dictador. Música, literatura y esperanza se unen a través de un camino difícil, pero necesario, en pos de un futuro democrático.

Siempre que un autor decide ambientar una novela en un período en el que reinaron el horror y la injusticia social, el resultado tiende a ser tan descriptivo como trágico. Antonio Skármeta se ha alejado, con gran acierto, de la perspectiva pesimista que dominaba su país y nos regala un fantástico canto a la libertad, a la prosperidad, con cierta dosis de humor incluida. Sería inverosímil, claro, que en Los días del arcoíris todo fuera del color de rosa, y en la novela también hay momentos duros y cruentos, pero el tono de la historia es diferente y hace gala de una energía y una vitalidad encomiables.

La narración, por otro lado, es impecable, si bien debo mencionar el gran número de chilenismos que figuran -naturalmente- en el texto. Todos esos giros propios del país del autor nos ayudan a situarnos allá en compañía de los protagonistas, pero también es cierto que pueden provocar cierta dificultad de lectura. Los personajes, sin embargo, son el aderezo perfecto que necesitaba la historia. Ejemplifican un modelo de ilusión y optimismo que tiene como objetivo dar por finalizada la etapa que vivía la sociedad chilena y conducir los pasos hacia un mañana más luminoso y feliz. El autor, por supuesto, ha sabido plasmar esos sueños en la novela con gran maestría.

La historia de Chile, en especial la época que protagoniza Los días del arcoíris, cuenta con momentos de gran crueldad que aún hoy requieren de resoluciones jurídicas. Agradezco a Antonio Skármeta que nos acerque a ese período sin dejarse llevar por el camino fácil, sin incluir en el libro situaciones excesivamente dramáticas -aunque verídicas- que habrían destruido la esencia de la novela. Echar la vista atrás y destacar tan solo los actos más perversos no es tan difícil; abandonar la tristeza y desesperación de una década complicada y oscura para, así, ofrecernos un relato de ilusión y color es, en mi opinión, elogiable, fresco y digno de ejemplo.
  

La última canción, de Nicholas Sparks






Título: La última canción
Autor: Nicholas Sparks
Traductora: Iolanda Rabascall
Editorial y año: Roca, 2010

Cuando su madre la obliga a pasar las vacaciones con su padre en un pueblo de Carolina del Norte, Ronnie Miller una adolescente de 17 años, no puede imaginarse una tortura peor. Hace tres años que sus padres se separaron, pero ella nunca lo superó. Su padre, concertista y profesor de piano, vive alejado de todo en una casita cerca de la playa, donde Ronnie y su hermano pequeño irán a pasar las vacaciones. En este entorno idílico, Ronnie descubrirá la importancia de los diferentes tipos de amor que pueden poblar la vida de una persona: el que existe entre padres e hijos, el amor por la música y el más importante para ella, el primer amor por un chico.


Hay autores capaces de construir historias memorables y emotivas. Otros nos trasladan a un romance único y espectacular que todos querríamos vivir. Aún hay un último grupo que nos regala libros que siempre recordaremos. Y, después, está Nicholas Sparks, uno de los mejores escritores contemporáneos. Sus novelas son un disparo directo y certero al corazón de los lectores, quienes no pueden sino albergar los mismos sentimientos que los personajes de los libros; tal es el magnetismo y la grandeza de estos. En La última canción el autor vuelve a ponernos las emociones a flor de piel a través de un romance especial que lleva, cómo no, su propio sello personal, tan fastuoso como siempre.

Ronnie es una joven de 17 años que vive con su madre y su hermano en Nueva York. Cuando debe pasar las vacaciones con su padre en un pequeño pueblo, todo su mundo se viene abajo. Presa de una ira y una impotencia sin parangón, Ronnie está dispuesta a aislarse de todos los que la rodean para intentar que el verano pase cuanto antes. En el pueblo de su padre, sin embargo, la aguardan numerosas sorpresas: el poder de la amistad, el enorme vínculo que une a padres y a hijos y la fuerza del primer amor. Acompañada por su hermano Jonah, Ronnie emprenderá un largo camino tras el cual volverá distinta y con un sinfín de nuevos sentimientos que jamás habría imaginado experimentar.

Nicholas Sparks es uno de mis autores preferidos. Todas las novelas que he leído de él han sabido conmoverme gracias a las maravillosas tramas que nos ofrece y a las cascadas de emociones que desprenden sus historias. La última canción es una novela que empieza con un ritmo tranquilo y sencillo, pero que poco a poco revela el toque mágico del autor en un romance tierno, real y arrebatador. El amor que protagonizan Ronnie y Will estremece y asombra por la naturalidad con que está descrita la evolución de la pareja y la frescura de unas emociones jóvenes pero no por ello menos embrujadoras. Creo que cualquier lector puede llegar a sentirse identificado con ellos porque todos hemos sentido, sentimos o sentiremos lo mismo.

Los personajes que pueblan las novelas de Sparks son siempre cercanos y están descritos con una precisión reservada a los mejores escritores. El libro que os presento hoy vuelve a contar con unos perfiles maravillosos que harán las delicias de los lectores más exigentes en ese aspecto. No quisiera terminar la reseña sin añadir un pequeño apunte: a este autor le encantan los argumentos dramáticos, así que debéis tener en cuenta, si decidís leer alguna de sus novelas, que a lo largo de las páginas, y en especial en los finales, cuanto sucede en ellas os impactará hasta el punto de derramar lágrimas. Y no un par o tres, no: llantos notables por los cuales jamás olvidaréis las obras de este buen hombre.

Ardía en deseos de traer a Nicholas Sparks al blog y difícilmente habría podido encontrar una novela mejor. Me gusta recomendároslo porque así rompemos, de golpe, dos tópicos absurdos y arcaicos: que las novelas románticas solo las escriben las mujeres y que solo las leen las mujeres. Él es uno de los grandes del género y yo, uno de sus mayores seguidores. La última canción es una elección excelente para iniciarse en la bibliografía de este escritor. Se trata de una novela apasionante y muy emocionante que sabrá tocaros la fibra y que os transportará a un rincón idílico para presenciar un romance singular y emotivo. No olvidéis los pañuelos, eso sí... Los necesitaréis, vaya si los necesitaréis.

La sonrisa etrusca, de José Luis Sampedro






Título: La sonrisa etrusca
Autor: José Luis Sampedro
Editorial y año: Destino, 2002 (1985)

Un viejo campesino calabrés se instala en casa de uno de sus hijos, en la ciudad de Milán, para tratar la enfermedad que está acabando con él. Allí descubre su último amor, su nieto, un niño de trece meses llamado Bruno en el que volcará toda su ternura. En Milán vive también su última pasión: la que siente por una mujer, Hortensia, que cubre con su luz los últimos momentos de una vida que, en su acabamiento, puede también sentir su propia plenitud.


No todas las novelas envejecen bien. Hay unas cuantas, sin embargo, que con los años se vuelven más y más grandes, de manera que cautivan a lectores a lo largo de varias décadas a un ritmo tranquilo pero sin interrupciones. Medio lustro falta para celebrar el trigésimo aniversario de la primera publicación de La sonrisa etrusca, de José Luis Sampedro, una novela que, cual botella de vino, se ha crecido con el paso del tiempo. Es de los pocos libros del cual casi todo el mundo guarda un buen recuerdo con cariño; y no es para menos, porque es una novela adorable.

Cuando una enfermedad lleva a nuestro anciano protagonista a instalarse con su familia, poco se iba a imaginar él que allí encontraría un buen motivo para luchar y seguir adelante: Bruno, su nieto. El afecto que gradualmente se va apoderando del corazón del viejo hará que los días sean menos grises; la vida, menos prescindible; y la familia, un nexo más fuerte. Gracias a Bruno, el abuelo de este afrontará el final de su camino de otra manera, una manera que hasta lo conducirá a conocer de nuevo el amor. Nadie se esperaba que el anciano se encariñara de ese modo con su nieto, y el pequeño sacará lo mejor de una persona que ya se había resignado a permanecer impasible ante su propio fin.

Ni que decir tiene que ternura es el sentimiento que despierta la lectura de La sonrisa etrusca. Una ternura sencilla pero absoluta, natural pero sorprendente, que no hace sino despertar nuestro lado más sensible. La relación que une a nieto y abuelo es maravillosa. José Luis Sampedro ha escrito la historia de una superación, de una vertiginosa evolución que tiene lugar en el último trayecto en la vida del protagonista. Presenciar el cambio que modifica el carácter del viejo gracias a la feliz e inocente influencia del pequeñín es una experiencia única y entrañable. Un acto de amor tan profundo como insondable que nos recuerda la fuerza que desprenden los sentimientos llevados al extremo.

La novela, por otro lado, también encandila con los contrastes que la forman. Hombre y mujer, viejo y niño, ciudad y campo..., todas esas contraposiciones ayudan, más si cabe, a comprender la esencia de la historia, a viajar al entorno que protagoniza el libro y a empatizar con el anciano. Debo citar, además, la magistral prosa del autor. Sampedro es un narrador excepcional y sabe llegar a los lectores a través de un lenguaje simple pero a la vez preciso y unos diálogos espontáneos y frescos. El autor demuestra su gran habilidad de plasmar emociones reales y vívidas y de perfilar a unos personajes inolvidables con los que cualquiera de nosotros querría entablar una buena amistad.

Cuando valoraba leer La sonrisa etrusca, emprendí una búsqueda para ver qué pensaba la gente de esta novela. Cuál fue mi asombro al constatar que había unanimidad entre todas aquellas personas que ya la habían degustado. A pesar de albergar las expectativas de encontrar una historia maravillosa, José Luis Sampedro me ha emocionado con su sensibilidad y con la relación entre abuelo y nieto. Así pues, me sumo al grupo de quienes opinan que este libro es totalmente imprescindible y que cualquier lector que disfrute con las buenas obras debe, tarde o temprano, adentrarse en esta. Estadísticamente hablando, es muy poco probable que os defraude.

Una familia feliz, de David Safier






Título: Una familia feliz
Autor: David Safier
Traductora: Lidia Álvarez Grifoll
Editorial y año: Seix Barral, 2012

La familia Van Kieren está al borde del caos. La librería de la madre, Emma, está en la bancarrota; el padre trabaja demasiado; la hija adolescente no aprueba ni una asignatura, y al hijo pequeño la chica que le gusta lo humilla. Para colmo, después de una fiesta, una bruja hechiza a los Van Kieren y los condena a convertirse en el personaje del que van disfrazados: de repente son una vampira, Frankenstein, la momia y el hombre lobo. Para romper el hechizo, este singular cuarteto partirá en busca de la bruja por medio mundo. Y en el camino se encontrará con un montón de monstruos auténticos: vampiros, lagartos gigantes y turistas alemanes en viaje organizado. Pero por mucho que busquen, los Van Kieren no podrán dejar de ser monstruos hasta que vuelvan a creer en la felicidad familiar.


Una buena amiga te deja un libro. Lo lees. Te encanta. Se lo devuelves y vas a una librería a comprarlo; tanto te ha gustado. Seguro que habéis vivido la situación que acabo de describir. La última vez que me sucedió fue con una novela para mí desconocida de un autor cuyo nombre también ignoraba por aquel entonces: Maldito karma, de David Safier. El autor me ganó con su ópera prima, y después de esta llegó el turno a Jesús me quiere y a Yo, mi, me... contigo, libros de los que también obtuve una opinión muy positiva. Su última apuesta, Una familia feliz, es una novela tan divertida como las anteriores que revela la espectacular evolución que ha experimentado Safier como escritor.

Si hay alguna familia cuyos miembros estén a años luz unos de otros, esa es la Von Kieren. Emma, la madre, regenta una librería que tiene los días contados; Frank, el padre, dedica sus días exclusivamente al trabajo; Ada, la hija, no sabe qué hacer con su vida; y Max, el hijo, quiere a una chica que lo ridiculiza a menudo. Los cuatro acuden a una fiesta vestidos de monstruos (vampiresa, Frankenstein, momia egipcia y hombre lobo respectivamente) para salvar el negocio de Emma. A la salida, sin embargo, una bruja los hechiza y los convierte en los monstruos de quienes van disfrazados. Así se quedarán hasta que todos sepan encontrar, de nuevo, la felicidad familiar.

La originalidad de los argumentos de David Safier no tiene igual. Las cuatro novelas que hasta ahora han visto la luz en español ponen de manifiesto la destreza tanto imaginativa como narrativa del autor, quien sabe aprovechar las tramas diferentes y atractivas que nos propone. Una familia feliz vuelve a encumbrarlo como un escritor ingenioso, inteligente y cómico que sabe divertirnos a través de escenas hilarantes, surrealistas e irreverentes que no hacen más que ganarse nuestra admiración y nuestras sonrisas. La historia, como no podía ser de otra manera, se aleja de cualquier planteamiento previsible y se dirige hacia unos derroteros inmejorables e inolvidablemente graciosos.

Uno de los aspectos en que mejor se aprecia la habilidad del autor es el elenco de personajes que protagoniza sus obras. Esta vez, la familia Von Kieren le permite dar voz a cuatro protagonistas diferentes que, a pesar de cuanto les sucede, ejemplifican un modelo de personas reales y cercanas con cuyos problemas rápidamente nos sentimos identificados. En la historia, Safier ha tenido el brillante detalle, una vez más, de incluir a personalidades -tanto humanas como literarias- que todos conocemos y que todavía añaden un mayor grado de humor a la novela. Por último, el libro cuenta con una interesante y acertada reflexión acerca de la familia; una crítica incisiva que construye un mensaje final brillante y necesario.

David Safier es un autor que, claramente, va a más en sus novelas. Con cada nuevo libro que nos presenta corrige y mejora los elementos que, en los anteriores, quizá nos pudieron haber chirriado -a mí no tanto, los cuatro me han encantado-. Una familia feliz es una lectura simpática y agradable que nos recuerda que la vida se vive mejor con humor. ¡Olvidemos primas de riesgo, rescates a la banca y sepamos dedicarnos tiempo a nosotros! Me atrevo a afirmar que Safier es un escritor imprescidible en los tiempos que corren. Nadie mejor que él para dejar a un lado las absurdidades que nos rodean a todos y afrontar los días con una sonrisa tan amplia como esperanzadora.