Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James






Título: Cincuenta sombras de Grey
Autora: E. L. James
Traductoras: Pilar de la Peña Minguell y Helena Trías Bello
Editorial y año: Grijalbo, 2012

Cuando la estudiante de Periodismo Anastasia Steele recibe el encargo de entrevistar al exitoso y joven empresario Christian Grey, queda impresionada al encontrarse ante un hombre atractivo, seductor y también muy intimidante. La inexperta e inocente Ana intenta olvidarle, pero pronto comprende cuánto le desea. Cuando la pareja por fin inicia una apasionada relación, Ana se sorprende por las peculiares prácticas eróticas de Grey, al tiempo que descubre los límites de sus propios y más oscuros deseos.


A estas alturas, pocas deben de ser las personas ajenas al boom que ha supuesto la publicación de la trilogía que empieza con Cincuenta sombras de Grey. No tanto por la historia que encierra como por la espectacular campaña de promoción que ha llevado a cabo la editorial Grijalbo. Terminada la primera novela de E. L. James, tan sólo puedo decir que se trata de un argumento inolvidable y sorprendente que merece todo el esfuerzo que se ha hecho para darlo a conocer. Es, probablemente, la primera vez que una novela erótica con tanta carga sexual se ve rodeada de una publicidad tan clara y yo, como lector, me alegro de que la literatura colabore en la destrucción de tabúes, como en este caso.

Anastasia es una estudiante de Periodismo que, por azar, entrevista a Christian Grey, un multimillonario joven y exitoso que lleva las riendas de una importante empresa. Cuando la arrebatadora belleza de un rostro apolíneo y un cuerpo hercúleo la hechiza de forma instantántea, Ana está lejos de comprender la especial relación que Christian le planteará: roles de amo y sumisa. Al conocer las extrañas preferencias sexuales de Grey -sadomasoquismo y dominación-, Anastasia deberá decidirse por la opción más sensata, la que le dicta su subconsciente, o por la opción más arriesgada, la que le ordena su corazón. El embrujo que sienten los dos los llevará a una situación insostenible en la que alguien deberá claudicar y aceptar, o no, las normas.

Cincuenta sombras de Grey es una novela erótica, así que quien aborde su lectura debe estar preparado a asistir a la narración de cuantiosas escenas sexuales, algunas de las cuales adquieren niveles muy altos y serios de provocación. A pesar de la importante presencia erótica en la historia, cabe destacar que hay una trama, y muy interesante, más allá de las prácticas de Grey y Anastasia. No se trata de una correlación aleatoria de sexo, sino que esos momentos responden a la evolución de una relación novedosa y diferente. Debo resaltar, por otra parte, el curioso equilibro que ha conquistado E. L. James: con un lenguaje directo, sin tapujos de ningún tipo, consigue no sonar vulgar. Esa mezcla de precisión, detalle y naturalidad me parece interesante.

Dejando a un lado el interés que pueda suscitar la cuestión de la sumisión, el elemento más elogiable de la novela es el propio personaje de Christian Grey. Es una persona gris -como bien indica su apellido- que cuenta con un pasado misterioso y con una forma de ser inestable que no deja, en ningún momento, de descolocarnos con sus palabras y acciones. Es un personaje con un perfil complejo que hará las delicias de aquellos que agradecen y aplauden el trabajo de los escritores en cuanto a construcción de los protagonistas. El estilo de la autora, por último, es fresco, sencillo, adictivo y ofrece un sentido del humor muy agradable que ameniza la lectura hasta la última página, a la que llegamos con una rapidez asombrosa.

Ha llegado un punto en el que, por suerte, todos los lectores podemos animarnos a leer la novela que nos apetezca sin importarnos, ni tener en cuenta, a quiénes está presuntamente dirigida. Y es que el libro Cincuenta sombras de Grey se ha convertido en un fenómeno dentro de un público femenino y/o medianamente adulto. Aquí tenéis la opinión de alguien que no pertenece a ninguno de esos dos grupos y que, de todos modos, ha disfrutado con la historia de E. L. James. No sé si me lanzaré a seguir con la trilogía, porque ya sabéis que huyo de sagas y no me gusta que los autores dividan las historias en más de un volumen, pero no lo descarto del todo.

El hombre invisible, de H. G. Wells






Título: El hombre invisible
Autor: H. G. Wells
Traductor: Julio Gómez de la Serna
Editorial y año: Alianza, 2002 (1897)

Griffin, protagonista de la novela, es un joven científico con aspiraciones de lograr algo revolucionario en el campo de la ciencia. Tras largas y penosas experimentaciones, consigue obtener un producto capaz de hacer invisibles a objetos, animales y, por fin, también a personas. Él mismo realiza el experimento de hacerse invisible y da resultado. Pero es precisamente entonces cuando comenzarán sus verdaderos problemas. Lo que en un principio pensó que iban a ser ventajas se convierte en una cadena de inconvenientes, tan difíciles de salvar, que sólo encontrarán su desenlace con el propio fin de su invisibilidad y de su vida.


A lo largo de los siglos, la humanidad ha compartido sueños que a todos nos encantaría cumplir. Volar, viajar al futuro -o al pasado-, leer los pensamientos de los demás, mover cosas con la mente... Una de las quimeras más recurrentes tiene que ver con la invisibilidad. ¿Qué haríamos, o qué no haríamos, si nadie pudiera vernos? H. G. Wells retrató las posibles consecuencias de la transparencia corporal en El hombre invisible, una historia que ahonda en una de las cuestiones más planteadas y deseadas por el ser humano. Si, además, recordamos que la obra se publicó hace más de cien años, no podemos sino rendirnos ante la imaginación del autor.

Griffin es un científico que, tras muchos años de estudio, ha logrado comprender, y practicar, la invisibilidad corpórea. Se utiliza a sí mismo como cobaya y cuál es su sorpresa al ver -o no ver, mejor dicho- que ha alcanzado su objetivo: se ha vuelto invisible. Lo que a priori podría parecer un estado anhelado, gracias al cual podría cometer las acciones que le vinieran en gana, se revela como un problema de difícil solución. Cuando llega a un pueblecito inglés para continuar con su investigación, no se imagina que los habitantes de la localidad terminarán descubriéndolo y dando a conocer su secreto. Un secreto que, ya conocido por todos, despertará los instintos más bajos y menos humanos de Griffin, con un resultado imprevisible.

Cuesta comprender y asimilar que esta novela viera la luz a finales del siglo XIX. Si la hubieran editado este año, el asombro habría sido similar, ya que la historia llama la atención por sí misma. En El hombre invisible, H. G. Wells se sirve de uno de los deseos más cotizados por el hombre para edificar una trama que demuestra un gran realismo, a pesar de la clara inverosimilitud con la realidad. Y es que la novela retrata, con una exactitud y un detalle milimétricos, los efectos que derivarían de la invisibilidad de una persona. La alegría y los planes de futuro pronto se van al traste para dar lugar a situaciones incontrolables capaces de enervar al más calmado. Viendo lo que le sucede a Griffin, creo que ya no me apetece pasar tan desapercibido...

Las causas del estado del joven científico, que se nos antojan necesarias antes de comenzar la lectura, acaban perdiendo fuerza y uno se sorprende viendo cómo los porqués que explica el autor resultan algo tediosos e interrumpen el ritmo de la obra. La magnitud del punto de partida de esta historia es tan interesante que como lectores esperamos conocer el futuro, no tanto el pasado. La prosa, por otro lado, es muy agradable y llana, y debo aplaudir la maestría del autor en cuanto al protagonista: lo describe tan bien, ofrece un perfil tan riguroso, que llegamos a sentir odio y simpatía por él a lo largo de su periplo. Siempre me ha parecido difícil introducir un personaje gris, ni blanco ni negro, así que en ese aspecto este libro es extraordinario.

A nadie le cabe duda, a estas alturas, de que H. G. Wells es uno de los escritores que más ingenio demostró con sus novelas. Títulos como La máquina del tiempo o, por supuesto, El hombre invisible dan fe de las capacidades narrativas e imaginativas del autor británico. Esta historia que os traigo hoy es un clásico interesante desde distintos puntos de vista, aunque habría ganado mucho con el resumen, o quizá la omisión, de aquellos pasajes lentos y opacos. A pesar de ello, es una lectura que recomiendo, sobre todo por el hecho de que a todos, en según qué situaciones, nos gustaría ser invisibles. ¿Verdad que sí?

Kamikaze, de Iván Escobar






Título: Kamikaze
Autor: Iván Escobar
Editorial y año: Temas de Hoy, 2012

Nada podía salir mal. Todo estaba listo para el atentado: doscientos cincuenta gramos de amonal; un avión con trescientos treinta y dos pasajeros; un hombre dispuesto a hacerse estallar en pleno vuelo por su patria… Solo un detalle no estaba dentro del plan previsto… ¡Que el terrorista suicida se enamorase y se hiciese amigo de sus futuras víctimas! Todo empieza cuando el vuelo donde Slatan iba a inmolarse se cancela por una tormenta de nieve. A partir de ahí, el terrorista suicida se ve obligado a convivir en un hotel de montaña con sus futuras víctimas hasta que la tormenta amaine y puedan volver a embarcar. Pero esos tres días se convertirán en un infierno para el asesino: le tocará hacer de canguro de unos niños, cantar en un karaoke, conocer a su mejor amigo y enamorarse perdidamente de una chica.


No es muy frecuente, pero a veces, al examinar los boletines de novedades de las editoriales, encontramos una novela que llama la atención por dos motivos: porque propone un argumento muy interesante y porque no se parece en nada a ninguna otra que hayamos leído o conocido. Es lo que me sucedió con Kamikaze, la ópera prima de Iván Escobar. La trama me intrigó hasta el punto de albergar unas expectativas quizá desproporcionadas; unas expectativas que, sin embargo, se cumplen con creces, ya que esta novela es un auténtico dechado de destreza literaria.

Slatan es un joven de Karadjistán invadido por un odio inconmensurable hacia los rusos, quienes durante años han masacrado injustamente al pueblo karadjo. Ese rencor acumulado y arraigado en el alma de Slatan lo lleva a convertirse en un terrorista dispuesto a sacrificarse en aras de un futuro mejor, y diferente, para los suyos. Cuando el vuelo al que embarca es repentinamente cancelado por una tormenta de nieve, el joven verá cómo todos sus planes se hacen añicos. Junto al resto de los pasajeros que subieron al avión, Slatan es alojado, de manera provisional, en un modesto hotel de montaña. Allí pondrá a prueba su resistencia personal y la barrera que lo separa del mundo, ya que el amor y la amistad se empeñan en llegar a su desalmado corazón.

Si algo resulta atractivo en Kamikaze es la originalidad del argumento. El libro cuenta con ingredientes llamados a atraer a los lectores, y terminada la lectura puedo afirmar, sin riesgo a equivocarme, que es una obra única, emocionante, realista, sensible, de rabiosa actualidad, que no dejará indiferente a nadie. Iván Escobar sabe cómo lograr que uno se conmueva al leer la historia sin recurrir a elementos histriónicos o fuera de lugar. La naturalidad está presente en todos los capítulos y ahí reside su grandeza: describen la vida misma, con todos sus aspectos negativos y también aquellos que nos ayudan a enfrentarnos al presente con optimismo.

Además, el autor no deja escapar la oportunidad de incluir una inteligente crítica en contra de la sociedad en la que vivimos. Debo añadir que esas reflexiones, con las que es imposible disentir, empastan a la perfección con el tono de la novela, de manera que ésta se alza como retrato y denuncia a un tiempo. Si a todo lo anterior le añadimos el estilo fresco y directo del autor y los maravillosos personajes que acompañan a Slatan en su particular búsqueda de gloria, y de sí mismo, tenemos motivos de sobra para afirmar que estamos ante un obra extraordinaria, puro sentimiento recogido en una historia inolvidable y especial.

Siempre que acabo un libro que me llega tan hondo acuden a mi mente numerosas razones por las cuales me gustaría agradecer al autor su dedicación al escribirlo: por regalarme una trama maravillosa, presentarme a unas personas que ya viven conmigo, hacerme sentir emociones sin límite o transportarme a enclaves tan desconocidos como maravillosos. Si bien en Kamikaze podría basarme en todos esos argumentos, hay uno que destaca sobre los demás, y con él quiero terminar la reseña y dirigirme directamente al autor. Gracias, Iván Escobar, por demostrar que en literatura hay mucho que decir y muchas historias, tan brillantes como ésta, que inventar e imaginar.

Donde termina el arco iris, de Cecelia Ahern






Título: Donde termina el arco iris
Autora: Cecelia Ahern
Traductor: Borja Folch
Editorial y año: Vergara, 2005

Rosie y Alex han forjado una tierna amistad desde que eran unos niños traviesos, una amistad que dura hasta su rebelde adolescencia. Cuando empiezan a disfrutar de las alegrías de las noches en la ciudad, de sentimientos y sensaciones desconocidos hasta el momento, el destino, por primera vez, decide separarlos. La familia de Alex deja Dublín para viajar a Boston, y será... para siempre. Rosie se siente terriblemente perdida sin Alex y sólo el tiempo le hará comprender que sus vidas deben seguir caminos muy diferentes. Cuando años más tarde Rosie decide mudarse a Boston para reencontrarse con Alex, recibe una noticia que cambiará definitivamente su vida.


La novela romántica es uno de mis géneros preferidos porque es capaz de llegarme al corazón, de lograr que me emocione con argumentos arrebatadores e inolvidables. Si tuviera que decir el nombre de una escritora cuyas novelas siempre saben cómo transmitirme el amor de los protagonistas, sin pensarlo citaría a Cecelia Ahern. Donde termina el arco iris fue el segundo libro de la autora irlandesa y el tercero que leo de ella, y como sucediera con Posdata: Te amo y Si pudieras verme ahora, la historia me ha dejado sin palabras -aunque no lo parezca-. Haré un esfuerzo por verbalizar mis impresiones, pero no será fácil; nada fácil.

Alex y Rosie se conocen desde que eran unos niños. La amistad que los une rompe cualquier tipo de barreras y tanto él como ella saben que se tendrán mutuamente por la eternidad. Cuando Alex abandona Dublín y se traslada a Boston, sin embargo, parece que será complicado mantener el contacto tan asiduamente como antes, y las vidas de ambos experimentarán muchos cambios a consecuencia de la separación. El destino, no obstante, está decidido a jugar con ellos y les ofrecerá la oportunidad de luchar por el amor verdadero. Sólo falta que se atrevan a decir que sí y a renunciar a cuanto tienen para emprender la anhelada búsqueda.

No puedo sino rendirme a la maestría de Cecelia Ahern. La manera tan real como intensa con que consigue que afloren mis propias emociones es admirable. En Donde termina el arco iris ha vuelto a construir una historia maravillosa que he terminado de leer, y no me da pudor admitirlo, con lágrimas en los ojos. Los sentimientos de los protagonistas están descritos con un tono tan sensible y mágico que resulta imposible permanecer impasible ante tal derroche de habilidad narrativa. Esta autora tiene un don especial para conseguir que la fuerza del amor abandone las páginas de la novela: el lector ama y sufre, ríe y llora junto a Alex y Rosie. Si no estáis hechos de piedra, os conmoverán.

Pero la destreza de Ahern no reside, únicamente, en su forma de narrar; es una escritora muy completa y los personajes de sus libros cuentan con un perfil detallado y magnífico. La pareja protagonista y todas las personas que las acompañan a lo largo de sus vidas están exentos de irrealidad, banalidad y superficialidad. Asistimos a todas las situaciones que viven como si les conociéramos de verdad y pudiéramos coger el teléfono para hablar con ellos. Y es, que además, la novela no tiene narrador, sino que está compuesta íntegramente por cartas, conversaciones de chat, correos electrónicos, mensajes de texto y postales. Esta presentación tan original nos acerca, aún más, a los personajes; parecía inconcebible y resulta que no lo es.

¿Conocéis la sensación agridulce que invade a uno al terminar una novela y separarse definitivamente de unas personas que nos han encantado? ¿Y la desazón que nos embarga al cerrar un libro que habríamos deseado interminable? Todo lo anterior, y mucho más, es lo que se ha apoderado de mí al poner fin a la lectura de Donde termina el arco iris, de Cecelia Ahern. No estoy seguro de haber sabido hacer justicia a esta espléndida historia ni explicar el magnetismo que irradian las páginas. Sólo puedo deciros una cosa: leedla.

La princesa prometida, de William Goldman






Título: La princesa prometida
Autor: William Goldman
Traductora: Celia Filipetto
Editorial y año: Martínez Roca, 2004 (1973)

La bella Buttercup jura amor eterno a Westley, que parte en busca de fortuna y es asesinado por unos piratas. La doncella, obligada, se promete al príncipe Humperdinck de Florín, un bellaco al cual sólo le interesa la caza. El mejor esgrimista, el hombre más inteligente y el más fuerte del mundo son contratados por los enemigos de Florín para raptar a Buttercup. En la huida, sufren la incansable persecución de un encapuchado que los retará uno a uno en su propio terreno.


Cuando nos encontramos ante una novela que ambiciona mezclar distintos géneros a la vez, puede haber dos resultados diferentes: que el autor se revele como un maestro tejedor o como un aprendiz aún inexperto. No me equivoco si afirmo que William Goldman bucea en la primera categoría, puesto que nos presentó una historia inolvidable en La princesa prometida. Aventuras, fantasía, historia y amor convergen en el libro que alejó al autor del grupo de escritores mediocres y que le reservó una plaza entre los mejores del siglo XX.

Florín es un reino europeo cuyo monarca sufre graves problemas de salud. En vista del próximo fallecimiento, el príncipe tiene que casarse para heredar el trono, y la elegida será una de las mujeres más bellas del planeta. Cuando ésta deja atrás a un amor irracional y desmedido para ser princesa, no sabe que está plantando la semilla de una aventura espectacular en la que personas muy peculiares -entre las cuales hay un español, un turco y un siciliano- desempeñarán un papel decisivo. El matrimonio que hay celebrar contará con la intervención del curioso trío y las consecuencias serán sorprendentes e inesperadas.

El aspecto que más llama la atención de La princesa prometida es la originalidad del autor en cuanto a la manera de contar la historia. No quiero revelar detalles relevantes, así que sólo diré que al leer esta novela debéis formar parte de la magia que la envuelve y permitir entablar un diálogo sincero, inaudito y brillante con el autor. El estilo de Goldman, además, es agradable, irónico y fantástico en su sencillez, de manera que la lectura atrapa por el argumento y, sobre todo, por la forma natural y distinta con que asistimos al relato.

Los personajes son, sin duda alguna, el elemento en el que claramente percibimos la maestría del autor. Éste imprime a cada uno de ellos una personalidad única que les da credibilidad; es imposible adentrarse en el libro sin sentirse identificado, en alguna ocasión, con cuanto piensan y hacen los protagonistas. Aquí quisiera detenerme y aplaudir al escritor inglés por el personaje de Íñigo, el español. No sólo huye de tópicos y ensalza las cualidades del joven como espadachín, sino que es capaz de trasladarnos a Florín para que, de la mano de nuestro paisano, veamos que por fin alguien nos señala con respeto y no recurre a estereotipos ofensivos.

La princesa prometida es una novela de fantasía épica. Y de aventuras. Y es una novela romántica. Y también histórica. Incluye, en fin, elementos de una gran variedad de géneros con una naturalidad envidiable. William Goldman ha sabido cómo apostar por su destreza narrativa a través de una voz personal y fresca y de una presentación tan atípica que se alza como el sello de identidad de la novela. Me atrevo a recomendárosla a todos, independientemente de vuestros gustos y preferencias literarios; seguro que en este libro encontraréis algún componente que os encandilará. ¡Aceptad el reto, no seáis cobardes!

La hija del Nilo, de Javier Negrete






Título: La hija del Nilo
Autor: Javier Negrete
Editorial y año: Espasa, 2012

En el año 48 a. C., una jovencísima Cleopatra comparte el trono de Egipto con un hermano al que aborrece. Muy lejos de allí, en Grecia, se decide el futuro de la república romana, encarnado en el enconado enfrentamiento de sus dos generales más carismáticos: Pompeyo y Julio César. Alejandría se convierte en el escenario de este decisivo episodio en el que, finalmente, acabarán encontrándose los intereses y las pasiones de Cleopatra, una mujer dotada de una inteligencia excepcional y que gobierna con mano firme en un mundo de hombres, y de César, el estratega y político más brillante de su tiempo, decidido a convertir Roma en la ciudad más poderosa del mundo.


Son pocos los autores que logran explotar distintos géneros con un resultado excelente. Javier Negrete es, sin duda, uno de ellos. Tras hacer gala de gran imaginación y de un vasto conocimiento de la mitología griega en Señores del Olimpo, demostrar ser un magnífico narrador de las Guerras Médicas en Salamina o sorprender con un thriller apasionante e íntimamente relacionado con su dominio de la Historia en Atlántida, nos deleita de nuevo con La hija del Nilo, una trepidante novela acerca de Cleopatra y de Julio César, dos nombres tan inmortales y universales como emblemáticos y evocadores. ¡Bienvenidos a las Dos Tierras!

La joven Cleopatra se erige como reina de Egipto rodeada de intrigas y traiciones de aquellos que no aceptan que sea una mujer, en solitario, quien lleve las riendas del país. El general Julio César se encuentra inmerso en una cruenta guerra contra Pompeyo y decide echar mano de cuanto haga falta para vencer a su adversario. El destino de ambos se cruzará en Alejandría, ciudad de luz, sabiduría y amor; este extraordinario escenario será testigo del nacimiento de una alianza tan necesaria como inaudita, aunque no serán pocos los que harán lo posible por conseguir que la faraón y el cónsul no lleguen a cumplir su sino.

El nombre de Javier Negrete es sinónimo de calidad y en La hija del Nilo este hecho queda de manifiesto una vez más. Además de volver a probar sus espléndidas dotes narrativas, el autor es tan osado al escoger un período ampliamente excavado en literatura que no podemos sino aplaudir la vuelta de tuerca y el nuevo enfoque que nos propone. Todos conocemos el alcance de la pasión que unió a César y a Cleopatra, de manera que el autor huye, muy sabiamente, del romanticismo que desprende la pareja para retratar, con el rigor histórico de siempre, las causas -a veces desconocidas o ignoradas- que supusieron la consagración del mito.

El autor relega, pues, a un segundo plano al amor para centrarse en los años previos al esperado encuentro y ofrecer, así, una fiel reconstrucción de los hechos que los condujeron a necesitarse mutuamente. El estilo del autor, sin embargo, irrumpe con fuerza para dotar a ambos personajes de una forma de ser definida que ayuda a empatizar con ellos -no sólo con la reina y el general, ojo- y a presenciar, in situ, uno de los momentos históricos más emocionantes y trascendentales. Las descripciones de Alejandría, por último, permiten que paseemos por la mágica ciudad de la mano de quienes conocieron la famosa biblioteca o el faro.

Si debiera destacar algún rasgo concreto de La hija del Nilo me decantaría, muy probablemente, por el savoir faire y el buen gusto de Javier Negrete. El libro cumple el objetivo de adentrarse en una época de la que nada nos impacta ya y, al mismo tiempo, nos regala una nueva perspectiva que resalta no tanto cuando Cleopatra y César estuvieron juntos como qué ocurrió en los años y meses anteriores. Un punto de vista interesante y bien llevado a lo largo de una novela histórica inteligente de uno de los mejores escritores españoles de nuestro tiempo. Si aún no habéis leído nada de él, ¡corred a poner remedio a tamaña temeridad!

39 + 1, de Sílvia Soler






Título: 39 + 1
Autora: Sílvia Soler
Editorial y año: Planeta, 2006

Si en tu pastel de cumpleaños han puesto o van a poner pronto 39 + 1 velas, éste es tu libro. Su protagonista es una mujer con un trabajo «apasionante», tres hijos -un adolescente y dos niñas pequeñas-, un ex marido y un marido, suegros, padres y hermanos, amigas íntimas, unos kilos y unas arrugas de más y mucho sentido del humor. Ília odia el carnaval y los consejos de la esthéticienne, le encanta ir de compras y cotillear con sus amigas, y se estresa con las fiestas de Navidad y las visitas al ginecólogo. En cambio, le importa un bledo no saber hacer croquetas.


En una época en la que el mercado editorial se centra en investigaciones criminales, secretos que cambiarán el mundo o aventuras más que espectaculares, a veces a uno le apetece salir del camino que marcan las novedades literarias y detenerse en un área de servicio para pasar un rato agradable con una novela entretenida y simpática. Es lo que sucede con la novela 39 + 1, de la escritora Sílvia Soler, un libro que hará las delicias de cualquier lector que desee una lectura divertida para huir de las malas noticias de los informativos.

Ília es una madre de familia con tres hijos y muy pocas ganas de hacerse mayor. Cuando se acerca su cumpleaños, su día a día desembocará en una serie de situaciones cómicas en las que contará con la compañía de sus tres mejores amigas, cuyos propios problemas pasarán a formar parte de la vida de Ília. Será entonces cuando descubrirá una información muy relevante: todo es muy distinto, y menos triste y aterrador, si tú mismo esbozas una sonrisa sincera y todos cuantos te rodean hacen otro tanto.

Esta novela suele englobarse dentro del género chick-lit, esa famoso subgénero de la novela romántica que pretende describir la vida diaria de una mujer con grandes dosis de humor. Eso es, precisamente, lo que encontramos en 39 + 1: diversión, simpatía, «buen rollo» en general. El estilo de la autora es fresco, desenfadado, ameno; sin duda el tono que requería la historia. De hecho, algunos de los diálogos y de los comentarios de la autora son hilarantes y arrancan sonrisas, y hasta carcajadas. ¡Avisados quedáis!

A pesar de los ecos evidentes que proceden de la serie americana Sexo en Nueva York, Sílvia Soler se aleja del glamour de Carrie, Samantha y compañía y presenta a unos personajes humanos y cercanos, muy bien definidos. Las cuatro mujeres protagonizan anécdotas que todos podríamos llegar a vivir, y ahí reside la gracia, y el gran acierto, de la novela: la verosimilitud con la realidad, que tan a menudo se desvanece en literatura, incluso cuando un autor pretende conseguirla. Las aventuras que pueblan las páginas son reales, suceden, no se nos antojan fuera de lugar ni contexto, y ello contribuye a meterse de lleno en la historia.

El mejor resumen que podría hacerse de esta novela es el subtítulo que la acompaña: «la edad en la que una mujer sabe que el hombre de su vida es ella misma». Que nadie piense, no obstante, que Sílvia Soler ha escrito 39 + 1 únicamente para ellas; yo he disfrutado como un enano con Ília y sus locas amigas. Alegría, optimismo y mucha ironía se mezclan en un libro cuyo principal objetivo es entretener y divertir mediante la vida de una mujer normal y corriente. ¿A quién no le apetece una lectura de este tipo de vez en cuando?

Los clanes de la tierra helada, de Jeff Janoda

  




Título: Los clanes de la tierra helada
Autor: Jeff Janoda
Traductora: Dolors Gallart
Editorial y año: Roca, 2011

Islandia, siglo X. Thorolf y Thorbrand, dos familias rivales, dominan el territorio del país. Thorolf y su hijo Arnkel son dueños del fiordo de Swan y del gran bosque Crowness, mientras que Thorbrand y sus seis hijos poseen las tierras interiores. Un día, unos esclavos de Thorolf roban el heno de Ulfar Freedman, ex esclavo de Thorbrand -liberado por él y dueño de un gran terreno fértil en heno para el pasto de su rebaño-. El incidente provoca el enfrentamiento entre los clanes.


Cuando se publica una novela histórica que se aleja de los períodos tan explotados y manidos en literatura, los amantes de este género narrativo estamos de enhorabuena. Los clanes de la tierra helada, la ópera prima de Jeff Janoda, nos sitúa en la Islandia de finales del siglo X, un enclave tan desconocido como exótico en el que se libraron importantes batallas entre los clanes de los jefes más poderosos. ¡Bienvenidos a la isla del frío!

De entre todos los gothar, los jefes de los clanes islandeses, destacan Snorri y Arnkel, dos de los más influyentes y los que cuentan con más clientes como apoyo. Thorolf, el padre de Arnkel, y los hijos de Thorbrand, uno de los principales seguidores de Snorri, se enzarzan en una pelea por controlar unas tierras que ambos bandos reclaman como suyas. Es entonces cuando comenzará una batalla, tanto legal y verbal como física y brutal, por hacer valer los intereses de cada cual y conseguir la ansiada victoria sobre los rivales.

Hay varios elementos que hacen de Los clanes de la tierra helada una novela histórica interesantísima. En primer lugar, como ya he comentado, el escenario. Las descripciones de Islandia son una auténtica maravilla y nos permiten identificar los paisajes más significativos de la isla; son el mapa perfecto que nos ayudan a ubicar a los diferentes clanes y entender a qué se deben las diferencias que los separan. Jeff Janoda logra, por otra parte, transmitir bien lo que significa vivir en esa tierra gracias a la cantidad de datos que aporta en cuanto a costumbres y vida diaria. Las creencias acerca de fantasmas y elfos, por ejemplo, o la necesidad de una ruta comercial marítima son dos aspectos que nos permiten asimilar las acciones de los protagonistas.

Los personajes, no obstante, son el gran acierto de la novela. El autor los humaniza, los presenta como personas que aciertan y se equivocan, que traicionan y aman, más allá de la supuesta bondad o maldad que anide en sus almas. En la novela, además, encontramos una serie de términos antiguos que dan color a la historia y que, a pesar del desconcierto inicial, terminamos absorbiendo y leyendo como si se tratara de palabras de nuestro propio lenguaje. La narración, por último, es ágil e imprime un buen ritmo de lectura.

No quisiera terminar esta reseña sin resaltar que en Los clanes de la tierra helada no encontraréis un argumento adictivo, a pesar de que hay subtramas apasionantes; se trata de un excelente retrato de cómo debieron de vivir las gentes en la Islandia de finales del siglo X. Jeff Janoda nos convida a viajar a la isla del frío para que conozcamos, de primera mano, las tradiciones que imperaban allí y las luchas por el poder, no tanto para atraparnos con una acción trepidante. Dicho lo cual, tan sólo me queda animaros a aceptar la invitación del autor; yo accedí a iniciar la expedición y el resultado ha sido, como veis, magnífico.

Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez






Título: Platero y yo
Autor: Juan Ramón Jiménez
Editorial y año: Alianza, 1997 (1917)

Los dos iban juntos a todas partes, o a casi todas, y, mientras tanto, charlaban de las cosas sencillas y profundas de la vida, de las cosas del corazón. Era el hombre el que hablaba, claro, pero el burro lo escuchaba con cariño, atentamente. Los dos vivían en un pueblo de Andalucía, caminito de Huelva, que se llama Moguer. En aquel lugar, la mayor parte de las casas son bajas y blancas y tienen geranios y claveles en todas las ventanas. Es un lugar alegre, y el aire huele a pinos y a mar, a limoneros y naranjos en flor. El hombre se llamaba Juan Ramón Jiménez y era poeta. El burro se llamaba Platero, y, de tanto oír a su dueño, también acabó siéndolo.


Si pensamos en poetas españoles, sin duda Juan Ramón Jiménez es una de las figuras más eminentes; no en vano su fama cruzó las fronteras y le valió el premio Nobel de literatura en 1956. Sus poemas forman ya parte de la cultura de nuestro país y una de sus obras, Platero y yo, se ha convertido en uno de los clásicos más recordados, citados y elogiados del siglo XX. El propio Platero es ya una referencia reconocible, hecho que da fe de la inmortalidad de esta novela lírica del autor onubense.

Platero es el burro tranquilo y adorable que acompaña al narrador durante sus días en el pueblo de Moguer, Huelva. Esta localidad protagoniza la novela y en ésta se encuentran detallados muchos de sus lugares más emblemáticos, así como algunos de las personalidades que allí destacan. Amores, amistades, traiciones, lazos familiares, profesiones..., el narrador nos envolverá con sus palabras para que lleguemos a conocer Moguer y a los habitantes del pueblo.

Vaya por delante, en primer lugar, que no soy amante de la poesía, y ésa es la razón principal por la cual no he conseguido conectar con la prosa de Juan Ramón Jiménez. La narración es muy bella y rica en descripciones musicales, la pluma del autor es indudablemente exquisita, pero a mí no ha terminado de casarme con la novela Platero y yo. Es inevitable que un poeta sea fiel a su propio estilo incluso cuando abandona el género en el que se siente más cómodo, aunque hay lectores, como yo, a quienes les pueda parecer demasiado elaborado, un tanto onírico quizás, de manera que ha formado una barrera que he debido anular para poder adentrarme en el libro. Y lo cierto es que, desgraciadamente, no he sabido eliminarla del todo.

Nadie puede negar, sin embargo, la ternura que desprende la historia de Platero. El burro y el narrador se presentan como dos personajes entrañables que desde el primer momento se ganan nuestro cariño. He echado en falta, por último, más continuidad en la novela: da la impresión de que los capítulos -a excepción del final, claro está- pueden leerse en cualquier orden y que son retazos algo aislados unos de otros; por ello, me ha costado asimilar la unión entre las diferentes partes y no he logrado ver la historia como algo completo.

Es la primera vez que escribo la reseña de un libro que no ha terminado de convencerme pero que, aun así, quiero recomendar. Sí, porque como he comentado ha sido mi falta de pasión por la poesía la que me ha llevado a tener esta opinión de Platero y yo, y estoy segurísimo de que esta novela lírica de Juan Ramón Jiménez sabrá emocionaros y llegaros, aunque no haya sucedido conmigo -desde aquí entono el mea culpa-. Por lo tanto, no dudéis en leerla y conocer así a un personaje inolvidable que os robará el corazón.

El jardín de los hechizos, de Sarah Addison Allen





Título: El jardín de los hechizos
Autora: Sarah Addison Allen
Traductora: Ana Alcaina
Editorial y año: Martínez Roca, 2012

Queridos lectores:

Las leyendas de Bascom, un pueblecito de Carolina del Norte, en Estados Unidos, nunca fallan: los hombres de la familia Hopkins se casan con mujeres más mayores, las Clark son buenas amantes y todas las Waverley tienen alguna rareza. Se rumorea incluso que el manzano de su jardín predice el futuro, y que las flores comestibles que allí crecen pueden producir misteriosos efectos en quienes las consumen.

Mi novela está ambientada en este pueblo donde las leyendas se cumplen y la magia es algo cotidiano. Y ahora que lo pienso, El jardín de los hechizos es como el mismo Sur de los Estados Unidos. Somos un poco raros, ya lo sabemos. Sentaos a la mesa con nosotros y os contaremos la historia…


En el mundo editorial, la perseverancia es una máxima que deben hacer suya los autores que sueñan con llegar a publicar. Dicen que el que la sigue la consigue, y Sarah Addison Allen da fe de ello. Tras recibir el rechazo de varias editoriales, decidió escribir una novela personal, destinada a sí misma, una historia que no pensaba enseñar a nadie. Así nació El jardín de los hechizos, y desde aquí no puedo sino agradecer a la autora su constancia, porque nos ha regalado un libro dulce e inolvidable.

Bascom es un pueblecito de Carolina del Norte lleno de leyendas. Una de las familias más emblemáticas, e incomprendidas, son los Waverley, en especial las mujeres, por sus cualidades especiales. Claire, Sydney y Evanelle han visto cómo la genética les ha transmitido unos dones únicos que deben entender y aprovechar, a pesar de las consecuencias que pueden acarrear. Estas tres mujeres se enfrentarán a varios contratiempos que alterarán sus vidas, aunque a simple vista todo parezca mucho más inofensivo de lo que es en realidad.

Las protagonistas femeninas de El jardín de los hechizos cuentan con unas personalidades únicas; sus habilidades son tan curiosas que leer cuanto les sucede es una aventura y un auténtico placer. Allen ha logrado retratar a una familia singular, peculiar, cuyos miembros no comparten ningún rasgo con los personajes que solemos leer en literatura. Desplegar tanta maestría al perfilar a los personajes y ofrecernos una historia original y fresca, con un elenco tan bien elegido, es ciertamente admirable. Elogiable, de hecho.

Por otra parte, el halo de magia que rodea las situaciones que se cuentan en la novela es lo que la vuelve irresistible y deliciosa. Se trata de una fantasía que, además, está acompañada de una alegre naturalidad gracias a la cual asistimos al relato sin extrañarnos por esas pinceladas mágicas; hasta nos parecen reales y normales. Los dones sobrenaturales de las protagonistas las llevan a pasear con elegancia y nos conducen a nosotros a leer el libro con una sonrisa en los labios. El estilo de la autora, por último, es muy ágil, aporta un ritmo constante a la historia y desemboca en un final apoteósico que es, sin duda alguna, el que debía ser.

Debo reconocer que con El jardín de los hechizos me he llevado una grata sorpresa. A pesar de sentirme inexplicalmente atraído por la novela, no sabía a ciencia cierta qué podía encontrar en ella. Me ha asombrado la facilidad con que he sido capaz de familiarizarme con unos personajes tan surrealistas como entrañables, y es una verdadera pena que el libro sea un tanto corto. Ojalá las novelas de Sarah Addison Allen vean la luz en nuestro país, porque esta ópera prima da el pistolezado de salida a la carrera de una escritora muy, muy interesante.