Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley






Título: Frankenstein o el moderno Prometeo
Autora: Mary Shelley
Traductora: Silvia Alemany Vilalta
Editorial y año: Debolsillo, 2010 (1818)

El doctor Frankenstein se deja llevar por su pasión por la filosofía natural y el progreso científico al margen de su ética o su moral. Cuando ve el horrible engendro al que ha dado vida a partir de la materia muerta, y se da cuenta de su error, ya es demasiado tarde. La criatura en realidad tiene sentimientos humanos y descubre el amor por la vida y los otros seres vivos, pero tras sufrir la soledad, el rechazo y el odio debido al horror que inspira en los demás, se irá «deshumanizando», buscará venganza y reclamará del doctor Frankenstein que asuma su responsabilidad como creador.


La literatura y la cultura popular están unidas mediante un camino de doble sentido. En ocasiones, la primera se sirve de la segunda para establecer los cimientos de ciertos argumentos de novelas. Otras veces, en cambio, la segunda recibe referencias que provienen de la primera y que pasan a formar parte del mundo de nombres y mitos que nos rodea. Uno de los personajes más célebres de todos los tiempos es Frankenstein, la criatura que creó el científico de mismo nombre. Mary Shelley relató los acontecimientos que vivieron ambos en Frankenstein o el moderno Prometeo, una lectura intemporal que hace las veces de una interesante reflexión acerca de la ciencia y la moral humana.

Victor Frankenstein lleva años estudiando filosofía natural. Ansía averiguar aquello que origina la vida de los seres, y para ello no duda en codearse de los profesores más eminentes de ese campo. Cuando descubre la manera de insuflar vida a una criatura de su propia creación, despierta lo que se convertirá en su mayor pesadilla. El monstruo encontrará el desprecio de su creador y vagará por pueblos y ciudades en busca de comprensión. Nadie parece entenderle, sin embargo, y pronto la maldad echará raíces en su alma. Victor y él volverán a verse en una delicada situación que comprometerá el futuro de ambos y que desembocará en una serie de desgracias de gran magnitud.

A menudo rechazamos una lectura porque ya conocemos de antemano su argumento o desenlace, y siempre he defendido que debemos acudir a las fuentes originales para desentrañar los entresijos de aquella historia que creemos conocer. Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley, presenta un relato sobrecogedor e increíblemente actual a pesar de los casi doscientos años que han transcurrido desde su primera publicación. En el texto de la autora inglesa hallamos el nacimiento de uno de los personajes más representados en literatura y en otros medios artísticos. Vale la pena, pues, acercarse a la narración que tuvo la genialidad de construir una historia tan inolvidable.

Los dos personajes principales captan, desde el primer momento, nuestra atención por la especial relación que los une. Cabe decir que, al terminar la novela, Frankenstein no me parece tan tierno ni me inspira la compasión que sentía por él antes, ni Victor es un ser despreciable que merece toda mi antipatía. Tanto uno como el otro se ganan unos sentimientos encontrados. El relato, por otro lado, resulta demasiado lento y pesado. Las aventuras de esta singular pareja se me han hecho horriblemente largas, lo cual no deja de ser curioso dada la relativa brevedad de la obra. El estilo de la autora, además, no ayuda a agilizar el ritmo y se pierde en descripciones innecesarias y tediosas que producen cierto aburrimiento. Es una lástima, porque la original historia de la criatura merece nuestro elogio.

Pese a la densidad con que Mary Shelley cuenta la vida del científico y de su creación, es recomendable leer Frankenstein o el moderno Prometeo, cuando menos por la influencia que ha demostrado en los géneros de terror y de ciencia ficción. Podría ser una novela más amena y ágil, sí, pero las implicaciones del personaje de Frankenstein hacen de este libro un clásico imprescindible. Debéis armaros con algo de paciencia, pero estoy seguro de que os apetecerá -si no lo habéis hecho ya- conocer de primera mano cómo pensaba y qué sentía uno de los protagonistas más emblemáticos de la historia de la literatura.

La forma del agua, de Andrea Camilleri






Título: La forma del agua
Autor: Andrea Camilleri
Traductora: María Antonia Menini Pagès
Editorial y año: Salamandra, 2004 (1994)

Salvo Montalbano tiene cuarenta y cinco años, conserva una novia en Génova y es comisario de policía del pequeño pueblo de Vigàta, en Sicilia. Un conocido político y empresario aparece muerto semidesnudo en el interior de su coche en un arrabal donde reinan la prostitución y la droga. Todo apunta a que ha fallecido de un ataque al corazón después de haber mantenido relaciones íntimas con una persona desconocida. Sin embargo, el comisario Montalbano no se fía, y armado con su natural olfato para los comportamientos extraños se propone descubrir la trama sexual y política que se esconde tras el presunto crimen.


Es bastante frecuente que los escritores de novela negra construyan toda una saga de novelas alrededor de sus carismáticos personajes. Holmes, Poirot, Marlowe o Carvalho son algunos de los nombres más universales que todos conocemos. A la anterior lista se une Montalbano, el comisario que protagoniza numerosos libros de Andrea Camilleri. La primera entrega en la que aparece el policía siciliano es La forma del agua, una novela entretenida, aunque quizá demasiado corta, cuya lectura resulta perfecta en una época calurosa y estresante como la actual.

Cuando encuentran el cuerpo de un famoso político en una zona frecuentada por prostitutas y drogadictos, la gente piensa en archivar el caso. Una intuición le dice a Salvo Montalbano que esa muerte por causas naturales esconde una trama mucho más compleja de lo que parece. Siguiendo sus corazonadas, y echando mano de su experiencia como policía, el comisario pronto encuentra incoherencias que desmontan la principal teoría. La sociedad italiana, sin embargo, desea pasar página y a Montalbano le costará ordenar una investigación a base de intuiciones, sin pruebas tangibles. Será entonces cuando preparará trampas en las cuales caerán personas muy importantes e influyentes...

Un ávido lector de novela negra seguramente sea capaz de ordenar las pistas que regalan los autores y de extraer conclusiones a medida que avanza la lectura. Yo no soy así; de hecho, cualquier novela de este tipo me descoloca y me sorprende, de ahí que otros géneros sean mis preferidos. Andrea Camilleri ha tejido una historia que a mí se me antoja lejana porque no he podido seguir las investigaciones de Montalbano. Con ello no quiero decir que no haya disfrutado con La forma del agua, sino que me cuesta tanto meterme en la piel de los protagonistas de novela negra que no logro acompañarles en sus deducciones. Mea culpa. Aun así, ha habido aspectos de este libro que me han encantado.

En primer lugar, el propio personaje de Montalbano. El autor es capaz de presentar a un comisario bastante real, con los problemas típicos que tenemos todos, sin las idealizaciones que suelen divinizar a policías. El estilo de la narración, en segundo lugar, es fresco y ameno, de manera que pronto llegamos al final. La novela, por otro lado, cuenta con un humor un tanto especial y sarcástico que a mí me ha parecido irresistible. Quizá el problema del libro sea su extensión: al ser tan corto, da la impresión de que le falta profundidad. No olvidemos, sin embargo, que es la primera entrega de una extensa saga, así que en cierto modo es normal, y comprensible, que tan solo siente las bases de la serie y que se dedique a presentar, con una claridad meridiana, los hechos.

No puedo obviar que, como he comentado, cualquier novela negra debe hacer un esfuerzo especial para conseguir superar la barrera que me separa del género. Aunque La forma del agua se ha quedado a medio camino, no me cabe duda de que Montalbano me invitará a mejores aventuras. Si buscáis un libro ligero, entretenido y con el ritmo adecuado para pasar un rato agradable, sin más pretensiones, anotad este de Andrea Camilleri; si, en cambio, os apetece una lectura más profunda y, quizá, menos «olvidable», dirigid vuestros pasos hacia otra dirección. Tal vez el comisario pueda ser vuestro anfitrión literario, pero yo no puedo pronunciarme al respecto, ya que acabo de conocerlo.

La artillera, de Ángeles de Irisarri






Título: La artillera
Autora: Ángeles de Irisarri
Editorial y año: Suma de Letras, 2008

Agustina de Aragón, la condesa de Bureta, Manuela Sancho, Casta Álvarez, María Lostal, María Agustín y la madre Rafols sobrevivieron en una ciudad en la que el cronista Casamayor escribió que los atacantes “más parecían Nerones que franceses”, en la que el último muerto dejaba enseguida de ser último en una sucesión aterradora. Estas mujeres y otras, y otros muchos hombres, sin nada que llevarse a la boca y rodeados de muertos, pues la peste hizo acto de presencia en Zaragoza en lo más crudo del invierno y del combate, quedaron inscritas con letras de oro en la Historia de España por sus heroicos hechos en defensa de la libertad.


En los últimos años, la novela histórica ha experimentado un auge imparable. Los lectores demostramos tal sed de conocimiento de nuestro pasado que hemos presenciado el nacimiento de las carreras literarias de numerosos y prometedores autores. Una de las damas del género, que ha sabido mantenerse en la primera fila durante décadas, es Ángeles de Irisarri. El rigor que acompaña sus novelas la ha situado en lo alto del pedestal. En 2008, aprovechando el bicentenario del Levantamiento del dos de mayo, publicó La artillera, un homenaje a los zaragozanos que hicieron frente al ejército francés de Napoleón y José Bonaparte; un enclave y un momento que merecen nuestra atención.

La ciudad de Zaragoza se llena de alegría al enterarse de la revuelta que comenzó con el alzamiento, en el Madrid de 1808, de los españoles en contra de los franceses. Los aragoneses harán lo posible por perseguir la misma meta: expulsar a los galos de España. Una viuda, una condesa, dos hermanas catalanas, un par de prostitutas, una tendera y una religiosa -por nombrar algunas- verán cómo sus vidas quedan irremediablemente alteradas por el sitio de los franceses, si bien algunas de ellas no dudarán en tomar cartas en el asunto y en participar activamente en la defensa y resistencia. Las consecuencias de la guerra, sin embargo, pronto empezarán a pasar factura a la ciudad de Zaragoza, y solo la Virgen del Pilar sabe cómo y cuándo se pondrá fin a un enfrentamiento heroico e inolvidable, pero no por ello más justo y clemente.

La artillera podría definirse como una novela coral. En ella se describen las vidas del variopinto elenco de personajes femeninos, y ahí reside, en mi opinión, el punto débil de la historia, ya que cuesta -cuando menos los primeros capítulos- identificar a las protagonistas y seguir el hilo de sus hazañas. A pesar de que estas son muy interesantes, atar todos los cabos que conlleva una narración dividida entre un buen grupo de mujeres no es tarea fácil. Debo decir, no obstante, que a todo se acostumbra uno, y el telón de fondo se descubre como un escenario único y extraordinario, cuya recreación clama por nuestro aplauso más sincero. Ángeles de Irisarri demuestra orgullo de ser zaragozana y en la novela plasma, con gran detalle, la manera en que sus paisanos encararon el ataque de los franceses.

Y es que el magnífico trabajo de documentación que hay detrás de las páginas de este libro está presente en cada capítulo, en cada párrafo, en cada frase, en cada coma. Leer a la autora significa trasladarse a la capital aragonesa y vivir, codo con codo, con las gentes que dieron lo mejor de sí para jurar fidelidad al rey Fernando VII y rechazar la soberanía gala. Si a ello le añadimos el estilo personal y muy peculiar de la prosa, reconocible a leguas, y el esfuerzo que ha hecho Irisarri por unir prosa arcaizante y natural a un tiempo y diálogos frescos, nos encontramos ante una opción muy adecuada para viajar doscientos años atrás en el tiempo y sentir, en carne propia, las emociones que desataron la Revolución francesa y la Guerra del francés.

El período histórico en el que se centra La artillera es verdaderamente apasionante. Agradezco a Ángeles de Irisarri que me haya permitido conocer, muros adentro, cómo se enfrentaron los zaragozanos a las fuerzas de los hermanos Bonaparte. Asimismo, estoy convencido de que otro tipo de narración -sin la pluralidad de voces y personajes de la historia- me habría acercado aún más a los acontecimientos que protagonizan el libro. No me cabe duda de que en el futuro encontraré novelas de esta escritora que me llegarán aún más, ya que pienso continuar indagando entre sus obras. Vosotros también deberíais; si sois -como yo- amantes de la novela histórica rigurosa y de calidad, claro.

La raza número 4, de Raquel Barco






Título: La raza número 4
Autora: Raquel Barco
Editorial y año: Roca, 2011

La vida de Eve Swan y Abel Simmons se cruza por segunda vez cuando el padre de Abel es asesinado y en uno de sus bolsillos aparece la foto de Eve. Abel desoye los consejos de Nick Parker, el teniente encargado del caso, y decide investigar por su cuenta. Para ello necesitará la ayuda de la mujer que lo odia por considerarlo el responsable de haber pasado cinco años en la cárcel. Pero Peter escondía más secretos en el sótano de su casa: documentación y fotografías que les dan a entender que todo es mucho más complejo de lo que parece a simple vista. Muertes sin resolver, leyendas y mitos sobre la Atlántida e Hiperbórea; mapas tan ancestrales como el Piris Reis o el Oronteus Fineaus; civilizaciones perdidas y dos antiquísimos objetos que han sido buscados a lo largo de la historia serán sólo una mínima parte de las piezas del puzle que deberán encajar para resolver la razón de su existencia y la de todo el planeta.


Siempre es grato ver que hay autores que se lanzan, con gran tino, a abandonar el género en el que más cómodo se sienten para ofrecernos una historia diferente a aquellas a las cuales nos han acostumbrado. La escritora Raquel Barco, conocida como Jezz Burning -nombre con el que ha cosechado mucho éxito gracias a una saga de romántica paranormal-, abandona su seudónimo para firmar con su propio nombre La raza número 4, una apuesta muy interesante que la adentra en el mundo de los thrillers fantásticos. Una novela intensa y emocionante sobre civilizaciones perdidas que no os atrapará desde la primera página.

La vida de Eve Swan da un vuelco cuando vuelve a encontrarse con Abel Simmons, el abogado que defendió la acusación por la que la joven acaba de cumplir una condena de cinco años de cárcel. El reencuentro, sin embargo, obedece a razones en principio carentes de sentido: el padre de Abel es asesinado y en uno de sus bolsillos aparece una fotografía de Eve. Desoyendo los consejos de Nick Parker, el teniente que lleva el caso, Abel decide investigar por su cuenta y para ello necesita la ayuda de Eve. Aunque colaborar con el culpable de su injusta condena es lo último que desea, las extrañas pistas que acuden a su encuentro la obligarán a aliarse con Abel para desentrañar el oscuro misterio que envuelve esa muerte. 

A pesar de que los primeros capítulos resultan una desconcertante avalancha de información y personajes, poco a poco salen a la luz los lazos que los unen y se revela la trama compleja y magnífica que protagoniza La raza número 4. Raquel Barco nos regala una lectura absorbente con unos personajes bien dibujados que no hacen sino aumentar el interés que suscita la historia. La relación que une a Eve y Abel, por otra parte, es uno de los mayores atractivos del libro; llena de altibajos e ironías, la autora logra describirla en todo momento con gran naturalidad, y esta se encuentra tanto en los diálogos como en las extraordinarias aventuras que viven.

En la novela, además, se refleja el gran esfuerzo que ha hecho Barco en la fase de documentación en cuanto a temas tan variados como la religión, la literatura, la simbología o la Historia. Con un estilo muy ágil y ameno, consigue insertar en la trama, con maestría, los datos que aporta sin que por ello mengüe en absoluto la emoción que despiertan las vidas de los protagonistas. Todos los elementos que forman el argumento harán las delicias de los lectores que buscan una novela impredecible que pueda y sepa desconcertarlos una y otra vez. Por último, pese al hecho de incluir la fantasía que conlleva hablar de civilizaciones perdidas, la escritora catalana ha hecho un evidente esfuerzo por sumar credibilidad a lo que cuenta y cuida todos los detalles, sin dejar cabos sueltos.

Son muchos los ingredientes que componen la historia de Eve y Abel, y al terminar de leerla uno no puede sino rendirse a la destreza de la autora. Quien desee sumergirse en un libro apasionante y muy bien escrito encontrará, en La raza número 4, la lectura que estaba buscando. La primera incursión de Raquel Barco en un género no romántico le vaticina una carrera literaria imparable que nos deleitará con episodios soberbios y bien pensados e hilados. En la calurosa época que vivimos, ¿os apetece zambulliros en una novela refrescante y adictiva? ¡Seguro que sí!

Bajo las estrellas, de Ana Iturgaiz






Título: Bajo las estrellas
Autora: Ana Iturgaiz
Editorial y año: Vergara, 2012

Navarra, 1296. La pequeña Margheritte, hija de un orfebre de la villa de Estella, escucha junto a otro muchacho, Gabriel, una extraña conversación que ninguno de los dos comprende. Once años más tarde, nada tienen en común. Margheritte se ha quedado sola y, después de descubrir que tiene familia en Francia, ha decidido reunirse con ella llevando consigo lo único que posee: una tablilla esmaltada y un anillo de plata. Pero alguien poderoso está tratando de hacerse con las joyas… Gabriel, que se ha convertido en un trotamundos, es perseguido por la Guardia Real por defender a los monjes templarios que lo cuidaron de pequeño y que han sido detenidos por orden del infante de Francia, recién coronado rey de Navarra. Es entonces cuando sus destinos vuelven a cruzarse.


Un premio literario puede ser el trampolín perfecto que lance a un autor a la popularidad y cualquier galardón, además, goza de la confianza de la editorial que lo concede. Bajo las estrellas, de Ana Iturgaiz, es la novela finalista del premio Vergara - El Rincón de la Novela Romántica, que organiza la editorial del mismo nombre. Gracias a las favorables críticas del jurado nos llega la ópera prima de una escritora con mucho potencial que, sin duda alguna, desempeñará un papel muy interesante en el devenir del género romántico, ya que en su primer libro ha sabido situarnos en un enclave novedoso. Es una autora a la que debemos seguir la pista.

Mar es la hija de un orfebre y vive en un pequeño pueblo de la Navarra de finales del siglo XIII. De pequeña asiste de escondidas, junto a un chico llamado Gabriel, a una conversación de la cual la escondía su familia. Cuando años más tarde muere su padre, la joven se verá obligada a abandonar su villa y dirigirá sus pasos hacia Francia, en donde la recibirá una pariente acaudalada. Por el camino, sin embargo, volverá a encontrarse con Gabriel y a ambos los rodeará un gran peligro: las joyas que escondía el padre de Mar, y que esta recuperó, parecen reclamar la atención de alguien muy poderoso que hará lo posible por hacerse con ellas, aunque para ello deba acabar con la vida de la pareja.

Ya era hora de que una escritora de novela romántica escogiera un período histórico distinto a la Regencia inglesa para ambientar sus historias. Ana Iturgaiz se zambulle en pleno Medievo español para demostrar que el pasado de nuestro país cuenta con momentos que bien merecen una novela. La ambientación es excelente y leyendo las aventuras de Mar y de Gabriel uno viaja en el tiempo y observa cómo se vivía en aquella época y qué hechos marcaron las vidas de los españoles. Los protagonistas de Bajo las estrellas, además, cuentan con un perfil totalmente verosímil con su tiempo: la autora hace que sus acciones resulten creíbles y ha logrado huir de personajes actuales vestidos con ropas de hace setecientos años. Vale la pena destacar un esfuerzo necesario que no todos los escritores tienen en cuenta.

El resultado de la mezcla entre romance e historia, sin embargo, me parece un tanto desequilibrado. En el libro pesa más la recreación del siglo XIII/XIV que la relación que une a Mar y a Gabriel. Si bien como lector me apasiona conocer detalles de un período del que poco conozco, cuando me dispongo a leer una novela romántica espero que el amor sea más vivo, que haya más pasión en las páginas y que los sentimientos de los protagonistas me lleguen, y debo confesar que en este caso no ha sido de este modo. Aun así, a pesar de la falta de ardor de la pareja, la narración cuenta con un tono fresco y, al mismo tiempo, arcaizante que consigue dejar un buen sabor de boca.  

Siempre es emocionante ver que hay premios que consagran a novelistas que apuestan por rasgos nuevos y diferentes. En Bajo las estrellas presenciamos el nacimiento de la carrera literaria de Ana Iturgaiz, quien ha sabido verter su conocimiento del pasado de España en una primera novela sugestiva y bastante innovadora. Estoy convencido de que en el futuro esta autora sabrá sorprendernos con historias aún mejor escritas e hilvanadas que esta, la cual la ha lanzado al grupo de escritoras de novela romántica que todos queremos y admiramos. Apuntad y recordad su nombre, porque seguro que guarda numerosos ases en la manga que nos dejarán a todos pasmados.

Memorias de un amigo imaginario, de Matthew Dicks

  
  



Título: Memorias de un amigo imaginario
Autor: Matthew Dicks
Traductora: Victoria Alonso Blanco
Editorial y año: Nube de Tinta, 2012

Max solo tiene 8 años y no es como los demás niños. Él vive para adentro y cuanto menos le molesten, mucho mejor. No le gustan los cambios, las sorpresas, los ruidos, que lo toquen y que le hagan hablar por hablar. Si alguien le preguntara cuándo es más feliz, seguro que diría que jugando con sus legos planeando batallas entre ejércitos enemigos. Max no tiene amigos, porque nadie lo entiende y todos, hasta los profesores y sus propios padres, quieren que sea de otra manera. Solo me tiene a mí, que soy su amigo desde hace cinco años. Ahora sé que Max corre peligro y solo yo lo puedo ayudar.  El problema es que Max es el único que puede verme y oír. Tengo mucho miedo por él, pero sobre todo por mí. Los padres de Max dicen que soy un "amigo imaginario". Espero que a estas alturas tengas claro que no soy imaginario.


En los difíciles tiempos que corren, me parece sorprendente, encomiable y hasta esperanzador ver que hay gente que sigue apostando por proyectos con ilusión y muchas ganas. Nube de Tinta es el nuevo sello editorial del grupo Random House Mondadori y nace con la ambición de publicar historias que nos lleguen al corazón y que sepan remover nuestra conciencia. Es un objetivo arduo de cumplir, cierto, pero una de las primeras novelas del sello, Memorias de un amigo imaginario, de Matthew Dicks, es, sin duda alguna, la mejor elección que podrían haber hecho, puesto que se trata de un libro especial, dulce y muy, muy emotivo. Una joya que desde aquí os animo a disfrutar.

Max es un niño diferente: no le gusta la compañía de la gente, vive para sus adentros y le cuesta saber cómo reaccionar ante las situaciones. Su momento de mayor tranquilidad lo encuentra en soledad, o con la compañía de Budo, su fiel amigo imaginario. A pesar de lo que opinan los demás, a Max no le importa ser así y a su manera es feliz, aunque todo el mundo se empeñe en hacerle cambiar para convertirlo en alguien «normal». Cuando un día su vida da un vuelco y corre un grave peligro, Budo es el único capaz de ayudarle. El problema es que nadie puede verle ni oírle, tan solo Max, y con ese obstáculo añadido no será fácil encontrar la manera de salvar a su amigo.

Ternura. Extraordinaria ternura. Ese es el sentimiento que desprende la lectura de la novela de Matthew Dicks. Memorias de un amigo imaginario cuenta una historia dura, amarga en ocasiones, pero con una sensibilidad extrema que la aleja del dramatismo por el que podría haberse dejado llevar. Partimos de una base un tanto delicada, sí, pero el autor se despoja de cualquier intento de tocar la fibra de los lectores a toda costa. El buen gusto de la prosa y la naturalidad del relato ayudan a adentrarse en la historia sin acercarse a una recreación morbosa, y ciertamente innecesaria, de los pasajes más crudos. Es, en mi opinión, el modo más adecuado de presentar las aventuras de Max, ya que lo que requiere este argumento es el tacto que, con gran maestría, demuestra Dicks.

Se trata de una trama viva, llena de sentimiento, pero el aspecto más destacable es la pareja protagonista. Max y Budo son dos de los personajes más fantásticos que he conocido en literatura y resulta imposible rechazar su invitación para entrar en nuestro corazón y para permanecer en nuestra memoria durante años y años. La narración en primera persona, además, nos ayuda a empatizar aún más con este curioso dúo y nos permite conocerlos mejor. Las últimas ciento cincuenta páginas, para terminar, ofrecen un ritmo tan apasionante que es la primera vez, en muchos meses, que me mantengo pegado a una novela hasta altas horas de la madrugada para llegar a saber cómo termina. Y, ahora, solo de pensar en el final ya vuelvo a emocionarme...

Memorias de un amigo imaginario es un libro delicioso que no podéis dejar escapar. La ópera prima de Matthew Dicks me ha conmovido hasta el punto de leerla con un nudo en el estómago y con lágrimas en los ojos. Si tuviera que pensar en una historia atractiva, magnífica y original para dar comienzo al catálogo de una nueva editorial, difícilmente hallaría una candidata superior a esta. Max y Budo se han ganado mi cariño y mi admiración, y despedirme de ellos ha sido una tragedia y un suplicio. No quisiera despertar en vosotros unas expectativas demasiado altas, aunque quizá ya sea algo tarde...; espero, pues, que la reseña sirva para que os lancéis y acabaréis agradeciéndomelo, ya lo veréis.

El corazón del océano, de Elvira Menéndez





Título: El corazón del océano
Autora: Elvira Menéndez
Editorial y año: Temas de Hoy, 2010

La Corona de Castilla envía a América la primera caravana de mujeres de la historia, ochenta doncellas escogidas entre las mejores familias de hidalgos que han visto menguada su riqueza por la crisis que asola el reino en pleno siglo XVI. Con la esperanza de dar un vuelco a sus fortunas, todas ellas embarcan rumbo al Río de la Plata para contraer cristiano matrimonio con los conquistadores y tener descendencia, así como dar ejemplo de virtud y buenas costumbres a los indígenas. Pero, durante la travesía, tendrán que sortear todo tipo de fatalidades: ataques piratas, tormentas, la peste, el inesperado desencuentro con los pobladores de las nuevas tierras, la convivencia en un mundo hecho a la medida del hombre... Todo ello hará que solo algunas damas lleguen hasta su destino.


El libro que protagoniza la reseña de hoy lo tiene todo: un título atractivo, una portada preciosa y un argumento sugestivo. La sorpresa es aún mayúscula cuando, después de leerlo, nos damos cuenta de que lo anterior, y mucho más, tiene cabida en una de las mejores novelas en español de los últimos años. La escritora Elvira Menéndez ha logrado, en El corazón del océano, la comunión de dos de los géneros más apasionantes -la novela histórica y la de aventuras- en una magnífica historia narrada con un estilo espléndido y con unos personajes maravillosos. Como veis, solo puedo contar alabanzas de esta novela; ¡he disfrutado tantísimo de su lectura...!

Carlos V ha concebido un plan muy inteligente: enviar al Nuevo Mundo a un grupo de mujeres jóvenes y aristócratas para que, más allá del océano, entablen relación con los conquistadores y den comienzo a una estirpe de alcurnia y de gran pureza. Durante el viaje capitaneado por Mencía de Calderón, una de las muchachas, llamada Ana de Rojas, se enamora de Alonso, quien ha partido de España huyendo de un oscuro pasado. El amor, sin embargo, será tan solo uno de los problemas que deberá encarar la expedición, al cual se unirán los piratas, las enfermedades incurables y el contraste que supondrá, a las jóvenes, verse rodeadas de un mundo diseñado por y para los hombres; un mundo hostil y alejado de casa que las obligará a demostrar más valentía y arrojo que muchos de los conquistadores españoles.

Cabe destacar, en primer lugar, el interesante punto de vista que ofrece Elvira Menéndez en El corazón del océano. Los protagonistas, en su mayoría femeninos, pugnan por hacerse oír y valer en el siglo XVI, una época en la que sus tareas no solían alejarse de las paredes de las casas. El estilo de la autora, además, es impecable y muy astuto: de forma amena, y en parte didáctica, asistimos a un relato de los acontecimientos históricos que sucedieron en el momento en el que se ambienta el argumento. El importante y evidente trabajo de documentación que precede las páginas encantará a los amantes de la Historia sin que se sientan torpedeados con datos innecesarios que lentificarían el ritmo, y la narración entretenida y trepidante gustará a todo aquel que sepa apreciar el buen hacer de un escritor.

Ensalzados ya el argumento y la prosa, debo ahora elogiar el aura especial que envuelve a los personajes. Los hay que nos roban el corazón desde el principio; otros, en cambio, sorprenden por su evolución a lo largo de la novela; y aún hay unos últimos que suponen el bando al que dirigir nuestras antipatías e inquinas. Sin tener en cuenta los sentimientos que podamos albergar para con ellos, está claro que detrás de todos hay un magno esfuerzo por presentar personas reales y verosímiles con el momento histórico en el que les tocó vivir. No puedo terminar sin citar las notas a pie de página que encontramos en el libro. Creo que incluirlas ha sido un acierto y afirmo, sin temor alguno a equivocarme, que son la guinda del pastel y que otorgan más perfección a la trama. Una delicia, en definitiva.

El curioso elenco de personajes protagoniza bailes de lujo y jornadas de penurias, relaciones de amor y de odio, lealtades y traiciones, todo ello sazonado con diálogos en ocasiones hilarantes que arrancarán numerosas sonrisas. A nadie le escapará que este es uno de aquellos casos en que uno no puede, o no sabe, comentar elementos negativos, porque sencillamente no los ha encontrado. El corazón del océano devuelve un aire fresco, y quizá necesario, a la literatura contemporánea en español y desde aquí espero la nueva apuesta de Elvira Menéndez, una autora que ha sabido abordar la complicada empresa de redactar una soberbia novela histórica de aventuras. O una excelente novela de aventuras históricas. El nombre poco importa cuando se trata de una obra perfecta e inolvidable.

Sal de vainilla, de Ada Parellada






Título: Sal de vainilla
Autora: Ada Parellada
Traductor: Josep Escarré
Editorial
y año: Planeta, 2012
Àlex es un cocinero de gran talento, pero su premiado restaurante, cuya peculiaridad reside en que no cocina con productos procedentes originariamente de América, está cada día más vacío. Es brusco, algo excéntrico y de pocas palabras. Annette es una joven canadiense que aterriza casi por azar en el restaurante de Àlex, sin experiencia en cocina pero con un máster en antropología alimentaria bajo el brazo. Es dulce, enérgica y en su cabeza siempre bullen mil ideas.  Son polos opuestos, sin embargo hay algo que ambos comparten: un oscuro pasado. Recetas, cazuelas y aromas aderezan la vida de los protagonistas: dos corazones rotos que encontrarán entre fogones el condimento de su propia felicidad.

Cuando uno se dispone a escribir una novela, a menudo echa mano tanto de sus experiencias personales como de su propia profesión. Unir literatura y un munto apasionante como la cocina y la gastronomía no es solo un acierto, sino que se convierte en un auténtico placer para todos los sentidos. Sal de vainilla, la ópera prima de la cocinera Ada Parellada, presenta una historia entrañable sobre las segundas oportunidades que a veces nos regala la vida. Un argumento tan universal como atractivo que se alza como un plato que hay que paladear y disfrutar.

Àlex es un chef conocido tanto por su destreza culinaria como por su tempestuosa forma de ser y sus extravagancias. Annette es una mujer canadiense que llega a Cataluña en busca de trabajo y estabilidad. Cuando la joven entra a trabajar en el restaurante de Àlex, ninguno de los dos apuesta por la mezcla de personalidades y culturas, pero la necesidad los llevará a aceptarse y a acostumbrarse el uno al otro. El precario estado del negocio, sin embargo, se revela con toda su crudeza y Annette hará lo posible por dar un toque novedoso e ingenioso al local. La valentía de la canadiense chocará con el hieratismo del cocinero catalán, aunque pronto aparecerá en escena un tercer elemento que amenazará la situación de ambos y que los obligará a tomar cartas en el asunto.

Nadie mejor que una profesional del sector para describir las emociones que se viven en la cocina. El estilo ameno de Ada Parellada nos acerca a un sinfín de recetas y de consejos culinarios que hacen las veces de un condimento perfecto para la novela. Sal de vainilla relata la convivencia de dos personajes maravillosos que, más allá de sus peculiaridades, cuentan con un pasado un tanto misterioso que los ha moldeado irremediablemente. Tanto Àlex como Annette encuentran, junto a las cazuelas y los cuchillos, un lugar para expresarse. Las dificultades lingüísticas de Annete -con el catalán en el libro original-, por otro lado, añaden un tono humorístico y resultan divertidas y, cómo no, comprensibles.

La dulzura de la amistad, la acidez de la desconfianza, el sabor salado de la vida, el regusto agrio de la traición y el gusto exquisito del amor se dan encuentro en la novela. Es inevitable percibir los olores de los manjares que protagonizan algunas de las escenas; tal es la precisión con que están descritos. La autora ha conseguido transmitir su pasión por la cocina de un modo simpático y directo a través de una trama interesante y a ratos enigmática que guarda algún as bajo la manga que, sin duda, sabrá desconcertaros y atraparos aún más. Si a todo lo anterior le añadimos la espléndida ambientación en un pueblo catalán, inmerso en una cultura y unas tradiciones fantásticas, ya no queda lugar para rechazar esta historia.

En numerosas ocasiones he oído opiniones de gente que critica a aquellos que, con una carrera profesional a sus espaldas, deciden probar suerte con una novela. A mí no me importa tanto quién ha escrito los libros que leo como cuál es el resultado y de qué manera me entretienen, y este libro me ha conquistado por todos los diferentes ingredientes que lo componen. Si los colegas de Ada Parellada nos sorprenden con libros tan bien hilvanados como Sal de vainilla, auguro un futuro muy prometedor a esta fusión literaria. Si además de disfrutar con la lectura aprendemos lecciones de cocina, el deleite es ya doble y la sensación final, de total satisfacción.


Nota: pido disculpas a la autora y a los que comentasteis esta reseña. Por un error de Blogger, se eliminó la original y se han perdido todos los mensajes que habíais escrito. He tenido que volver a subirla. ¡Lo siento mucho!

La casa mágica de la señora Asworth, de Eva Pérez Rodríguez

  
  



Título: La casa mágica de la señora Asworth
Autora: Eva Pérez Rodríguez
Editorial y año: Espasa, 2012

Aquel aburrido verano en que Katia entró a trabajar en la librería El Dragón Rojo no podía imaginar que su vida iba a cambiar para siempre. Cuando la campanilla de la librería sonó para anunciar la entrada de aquella mujer de mediana edad, algo intangible -la magia- se coló por la puerta. De la mano de la señora Asworth, Katia descubrirá que los libros que tan secretamente guarda en el sótano Victoria, la dueña de la librería, son en realidad canales de poder que enlazan nuestro mundo con Araldor, un universo paralelo regido por la magia, sumido ahora en un terrible caos. Katia tendrá que ayudar a la señora Asworth a restaurar el equilibrio en Araldor, evitando al mismo tiempo que el mundo de los humanos se vea afectado.


En la anterior reseña comenté que afortunadamente los distintos géneros y el público ideal de estos han dejado de tener una importancia vital, ya que todos podemos disfrutar de cualquier libro. Este hecho se pone de manifiesto, de forma muy evidente, en cuanto a la literatura juvenil, con la cual muchos nos deleitamos habiendo superado el umbral de edad de destino. La casa mágica de la señora Asworth, la primera novela de Eva Pérez Rodríguez, nos invita, con el candor y la alegría típicos de esta clase de historias, a viajar a un mundo fantástico lleno de magia. ¡Araldor os espera, preparaos a vivir una experiencia única!

Katia es una joven madrileña que entra a trabajar, durante los meses de verano, en la librería El Dragón Rojo. Un buen día acude a la tienda la señora Asworth, una mujer muy misteriosa, quien introducirá a Katia en un universo paralelo, en el reino de Araldor, cuya magia está amenazada. Junto a la señora Asworth, la joven conocerá qué leyes rigen ese mundo y cuáles son los canales de poder que lo unen con el nuestro. Cuando esos puentes empiezan a ser destruidos, Katia emprenderá una apasionante aventura acompañada por unos personajes muy peculiares. Todos deberán enfrentarse a alguien que desea destruir Araldor y adueñarse de la fuente de magia, poniendo en peligro también la vida de los humanos. La emoción está servida.

De vez en cuando me apetece leer una novela juvenil, porque de este modo siento que rejuvenezco, la ingenuidad de apodera de mí, soy capaz de mirar el mundo con otros ojos y con una ilusión nueva y agradable. La casa mágica de la señora Asworth me ha permitido adentrarme en un reino único y fascinante que ya echo de menos. Eva Pérez Rodríguez nos regala una historia magníficamente hilada y desarrollada que nos hace soñar con personas, poderes, lugares y objetos maravillosos que todos querríamos encontrar y conocer. Por otro lado, la propia señora Asworth se alza como un personaje emblemático que atrapa desde su primera aparición, y junto al resto forma un elenco de lujo, muy dispar y bien perfilado.

Me parece interesante destacar un elemento concreto de esta novela: la cercanía del argumento. Dado que transcurre en Madrid, citando por tanto lugares que conocemos, supone el contrapunto perfecto, una mágica manera de confrontar realidad y fantasía. La narración de la autora, además, cuenta con un ritmo constante que agiliza la lectura y que no decae en ningún momento, aunque nuestro viaje termina, por desgracia, demasiado pronto. No puedo obviar, por último, el bonito mensaje que uno puede extraer de la odisea de Katia; valores como la amistad, el amor y la lealtad brillan por sí mismos, y no está de más que, alguna vez y de este modo tan directo, recordemos qué es lo que de verdad importa.

La mezcla entre novela juvenil y fantástica suele dar grandes resultados, puesto que se trata de dos géneros que encajan perfectamente: uno de ellos permite abandonar la visión adulta, un tanto seria y quizá agria, para experimentar las tramas increíbles que inventa el otro. En La casa mágica de la señora Asworth se da esta combinación a través de una historia muy entretenida y fresca. Eva Pérez Rodríguez ha sabido llamar la atención de los más jóvenes con su prosa desenfadada y de los más mayores con su inteligente imaginación. Quiero lanzar, para resumir así mi opinión, una pregunta: ¿cuándo volveremos a Araldor? ¡Que sea pronto!