El puente de los judíos, de Martí Gironell






Título: El puente de los judíos
Autor: Martí Gironell
Traductor: Manuel Manzano
Editorial y año: Debolsillo, 2009

En 1316, un constructor de Perpignan recibe el encargo de reconstruir el puente de Besalú (Girona). Pero en la construcción del puente fortificado se cruzan los intereses de los habitantes del pueblo y el conde que gobierna la zona, con los del conde del Ampurdán, rival suyo, y que trata de impedir que la ciudad pueda ser defendida adecuadamente. El papel de la comunidad judía de Besalú, que colabora con los cristianos en la defensa de la ciudad, las intrigas y traiciones de algunos conciudadanos, partidarios del enemigo, y la aventura personal del constructor, son la esencia de esta apasionante novela, un inesperado fenómeno de ventas tanto en catalán como en castellano.


Martí Gironell es uno de los rostros más reconocibles de la parrilla televisiva catalana. Ha colaborado en varios programas de TV3 y, desde 2009, su nombre ha ganado celebridad gracias a la literatura. El puente de los judíos es la ópera prima del escritor, una novela histórica ambientada en Besalú, su ciudad natal. Se trata de una primera apuesta bastante digna que cuenta tanto con elementos interesantes como con puntos débiles que, a buen seguro, no son más que pequeñas dificultades que el autor sabrá enmendar -y quizá lo ha hecho ya- en sus nuevas obras.

El puente de Besalú requiere de una urgente remodelación. Para llevar a cabo la reconstrucción, el conde de la ciudad llama a un maestro de obras lombardo, quien acudirá a la localidad acompañado de su hijo Ítram. El puente poco a poco vuelve a ser lo que era en medio de rivalidades entre los municipios colindantes y durante su transformación asistiremos al relato de cuanto sucedió durante la construcción original y a la indignación de Ítram al conocer las condiciones de vida en que se halla el pueblo de Jezabel, la muchacha judía de quien se enamora.

Cuando leo un libro que me entretiene pero que no me llena del todo, me gusta empezar destacando los aspectos positivos: El puente de los judíos es una estupenda recreación de la vida de las gentes en Besalú. Martí Gironell demuestra el ingente trabajo de documentación que ha desplegado antes de escribir la novela, y es que esta derrocha historia por cada una de sus páginas. La prosa del autor, además, es impecable y ágil, de manera que el viaje por las tierras gerundenses resulta emocionante. La historia de amor que centra parte del argumento, por otro lado, es bonita y tierna, y nos lleva a preguntarnos por qué siempre nos obcecamos en cuanto nos separa en lugar de valorar cuanto nos une.

Ya he avanzado, sin embargo, que algunos elementos no me han convencido. En primer lugar, la novela adolece de un exceso de información histórica que, aunque interesante, densifica y entorpece la lectura. No creo que haga falta torpedear con nombres y cifras para dejar claro hasta qué punto uno se ha documentado. En segundo lugar, el ritmo es demasiado acelerado; todo sucede con tal velocidad que cuesta interiorizarlo, y quizá el libro habría dado más de sí con una mayor extensión. Y por último, no me convence, como lector de novelas históricas, que en estas se incluya algún trazo de fantasía que, en mi opinión, resta credibilidad al conjunto. Es, creo, un recurso innecesario en este caso.

Aunque El puente de los judíos no ha sido exactamente lo que me esperaba, no puedo negar que es una novela amena que ha sabido elegir un enclave histórico novedoso y alejado de las grandes ciudades que suelen servir como escenario de la mayoría de libros del género. Sin duda habrá que tener en cuenta el nombre de Martí Gironell, ya que su estreno en literatura ha resultado aceptable y original. Si os apetece viajar a la Besalú del siglo XIV, este es vuestro libro.

Peter Pan, de James M. Barrie






Título: Peter Pan
Autor: James M. Barrie
Traductora: Nazaret de Terán Bleiberg
Editorial y año: Alianza, 2010 (1911)

Como todas las creaciones que pulsan los resortes más escondidos del ser humano, la figura de Peter Pan, el niño que no quería crecer, no ha cesado de agigantarse en el imaginario del hombre moderno desde que en 1911 James M. Barrie publicara en forma de narración la obra de teatro que siete años antes había alcanzado ya inmenso éxito en Londres. Animado por personajes de una capacidad de sugestión que poco tiene que envidiar a la del propio Peter Pan –como Campanilla, Wendy o el capitán Garfio-, el magistral relato concebido por Barrie participa tanto del cuento de hadas como de la novela de aventuras, la crónica de piratas y la leyenda popular, y encarna verazmente sueños infantiles nunca del todo olvidados.


Con la perspectiva de los años las películas de Disney ya no parecen tan ingenuas y adorables como pensábamos de niños. Tenemos que agradecer a la compañía, sin embargo, que nos propusiera versiones de grandes clásicos que ya han calado en nuestra alma y que jamás nos abandonarán. Una de las adaptaciones más aclamadas y queridas es la de Peter Pan, la novela de James M. Barrie que vio la luz hace 101 años. Personajes como el propio protagonista o Campanilla y el país de Nunca Jamás han pasado a formar parte de la cultura y es interesante ver cómo los describe el autor original en una obra que mezcla géneros y que encierra un bonito mensaje.

Los Darling son un matrimonio inquieto que se preocupa mucho por Wendy, John y Michael, sus tres hijos. Una plácida noche, por la ventana de la habitación de los niños se cuela Peter Pan en busca de su sombra. Cuando Wendy se despierta y se lo encuentra llorando en el suelo, decide ayudarlo, aunque la muchacha no sabe que ahí dará comienzo la mayor experiencia de sus vidas. Y es que Peter Pan no solo les enseñará a volar, sino que los llevará al país de Nunca Jamás, donde los niños no crecen. En tan curioso lugar los tres chiquillos correrán aventuras junto a Campanilla y al capitán Garfio, dos de las personalidades más representativas de la isla. Pero ¿podrán volver a casa? ¿Querrán?

Ha pasado mucho tiempo, quizá demasiado, desde que vi por última vez la película de Disney. Quizá esa sea la razón por la cual me he llevado una sorpresa agridulce leyendo la novela de James M. Barrie. Aunque en esencia la historia es la misma, he encontrado numerosos elementos que no recordaba y que en parte me han aguado la lectura, ya que yo llevaba otra idea del argumento de Peter Pan. Como digo, es más que probable que mi decepción se deba al tiempo transcurrido, de manera que no quisiera que la desilusión centrara toda mi opinión, porque la novela me ha gustado y leerla me ha parecido un ejercicio sugestivo y refrescante, como intentaré exponer a continuación.

El propio personaje de Peter Pan y el halo de ensoñación que lo rodea recaban la atención del lector desde el primer momento. La idea de un niño que no quiere crecer y que lo afirma rotundamente es tan sorprendente como innovadora y original y me lleva a aplaudir el ingenio del autor. El país de Nunca Jamás, por otro lado, no es sino la ejemplificación de un paraíso infantil repleto de aventuras y también peligros, y creo que el nexo que une aquel mágico lugar y el protagonista de la novela es brillante. No puedo omitir el tono ágil con que está escrita la historia y la moraleja que podemos extraer de la odisea de Wendy y sus dos hermanos. Es, sin duda, un clásico que todos debemos leer para conocer el origen de uno de los mitos más fascinantes de todos los tiempos.

Siempre he defendido, y siempre defenderé, la necesidad de acudir a los textos originales en los que se presenta a personajes que ahora ya forman parte de la cultura de referencia. Conocerlos de primera mano es imprescindible. En Peter Pan he descubierto, con otros ojos, las causas y consecuencias de las andanzas de los protagonistas por Nunca Jamás, aunque en ese caso abrigaba unas expectativas que poco tenían que ver con la novela en sí. El libro de James M. Barrie demuestra el poder de imaginación de quien lo escribió y también deja claro por qué, cien años después, aún se trata de una lectura recomendable.

Los días del arcoíris, de Antonio Skármeta






Título: Los días del arcoíris
Autor: Antonio Skármeta
Editorial y año: Planeta, 2011

Nico ha visto cómo se llevaban a su padre delante de toda la clase y sabe que tiene que hacer dos llamadas y esperar. Lo llamaban el plan Baroco. Su enamorada, Patricia Bettini, hija de un conocido publicista, le acompaña y, sin apenas darse cuenta, impulsa a su padre a escuchar las voces de la gente y participar en una auténtica rebelión. Juntos y con un acto imaginativo, lleno de humor, abren el camino a la libertad. Una novela de padres e hijos, maestros y discípulos que se las ingenian para devolver los colores y la música a una capital gris.


La literatura hispanoamericana goza, en la actualidad, de la merecida celebridad que le aportó el buen número de autores y novelas brillantes cuyo nacimiento vio la luz a mediados y finales del siglo XX. Son numerosas las voces literarias que merecen nuestra atención y aplauso, ya que saben dirigirnos allende los mares, en busca de tierras tan «exóticas» como interesantes para nosotros. Uno de los autores más influyentes es Antonio Skármeta; desde su éxito El cartero de Neruda, cualquier libro que tiene a bien publicar suscita bastante repercusión. Con Los días del arcoíris ganó el premio Planeta - Casamérica, un galardón que sin duda supo fijarse en el optimismo que derrocha la historia.

A finales de la década de los 80, Pinochet está al mando de Chile. Tras quince años de gobierno, el dictador decide dar un paso hacia la democracia y convoca un plebiscito para conocer la opinión de la población sobre el régimen. Mientras quienes intentan derrocar al régimen hacen campaña por el «No a Pinochet», detienen a un profesor de filosofía. Nico, su hijo, debe hacer todo lo que esté en su mano para lograr el regreso de su padre, y para ello contará con Patricia Bettini, su querida, la hija del encargado de defender el movimiento contrario al dictador. Música, literatura y esperanza se unen a través de un camino difícil, pero necesario, en pos de un futuro democrático.

Siempre que un autor decide ambientar una novela en un período en el que reinaron el horror y la injusticia social, el resultado tiende a ser tan descriptivo como trágico. Antonio Skármeta se ha alejado, con gran acierto, de la perspectiva pesimista que dominaba su país y nos regala un fantástico canto a la libertad, a la prosperidad, con cierta dosis de humor incluida. Sería inverosímil, claro, que en Los días del arcoíris todo fuera del color de rosa, y en la novela también hay momentos duros y cruentos, pero el tono de la historia es diferente y hace gala de una energía y una vitalidad encomiables.

La narración, por otro lado, es impecable, si bien debo mencionar el gran número de chilenismos que figuran -naturalmente- en el texto. Todos esos giros propios del país del autor nos ayudan a situarnos allá en compañía de los protagonistas, pero también es cierto que pueden provocar cierta dificultad de lectura. Los personajes, sin embargo, son el aderezo perfecto que necesitaba la historia. Ejemplifican un modelo de ilusión y optimismo que tiene como objetivo dar por finalizada la etapa que vivía la sociedad chilena y conducir los pasos hacia un mañana más luminoso y feliz. El autor, por supuesto, ha sabido plasmar esos sueños en la novela con gran maestría.

La historia de Chile, en especial la época que protagoniza Los días del arcoíris, cuenta con momentos de gran crueldad que aún hoy requieren de resoluciones jurídicas. Agradezco a Antonio Skármeta que nos acerque a ese período sin dejarse llevar por el camino fácil, sin incluir en el libro situaciones excesivamente dramáticas -aunque verídicas- que habrían destruido la esencia de la novela. Echar la vista atrás y destacar tan solo los actos más perversos no es tan difícil; abandonar la tristeza y desesperación de una década complicada y oscura para, así, ofrecernos un relato de ilusión y color es, en mi opinión, elogiable, fresco y digno de ejemplo.
  

La última canción, de Nicholas Sparks






Título: La última canción
Autor: Nicholas Sparks
Traductora: Iolanda Rabascall
Editorial y año: Roca, 2010

Cuando su madre la obliga a pasar las vacaciones con su padre en un pueblo de Carolina del Norte, Ronnie Miller una adolescente de 17 años, no puede imaginarse una tortura peor. Hace tres años que sus padres se separaron, pero ella nunca lo superó. Su padre, concertista y profesor de piano, vive alejado de todo en una casita cerca de la playa, donde Ronnie y su hermano pequeño irán a pasar las vacaciones. En este entorno idílico, Ronnie descubrirá la importancia de los diferentes tipos de amor que pueden poblar la vida de una persona: el que existe entre padres e hijos, el amor por la música y el más importante para ella, el primer amor por un chico.


Hay autores capaces de construir historias memorables y emotivas. Otros nos trasladan a un romance único y espectacular que todos querríamos vivir. Aún hay un último grupo que nos regala libros que siempre recordaremos. Y, después, está Nicholas Sparks, uno de los mejores escritores contemporáneos. Sus novelas son un disparo directo y certero al corazón de los lectores, quienes no pueden sino albergar los mismos sentimientos que los personajes de los libros; tal es el magnetismo y la grandeza de estos. En La última canción el autor vuelve a ponernos las emociones a flor de piel a través de un romance especial que lleva, cómo no, su propio sello personal, tan fastuoso como siempre.

Ronnie es una joven de 17 años que vive con su madre y su hermano en Nueva York. Cuando debe pasar las vacaciones con su padre en un pequeño pueblo, todo su mundo se viene abajo. Presa de una ira y una impotencia sin parangón, Ronnie está dispuesta a aislarse de todos los que la rodean para intentar que el verano pase cuanto antes. En el pueblo de su padre, sin embargo, la aguardan numerosas sorpresas: el poder de la amistad, el enorme vínculo que une a padres y a hijos y la fuerza del primer amor. Acompañada por su hermano Jonah, Ronnie emprenderá un largo camino tras el cual volverá distinta y con un sinfín de nuevos sentimientos que jamás habría imaginado experimentar.

Nicholas Sparks es uno de mis autores preferidos. Todas las novelas que he leído de él han sabido conmoverme gracias a las maravillosas tramas que nos ofrece y a las cascadas de emociones que desprenden sus historias. La última canción es una novela que empieza con un ritmo tranquilo y sencillo, pero que poco a poco revela el toque mágico del autor en un romance tierno, real y arrebatador. El amor que protagonizan Ronnie y Will estremece y asombra por la naturalidad con que está descrita la evolución de la pareja y la frescura de unas emociones jóvenes pero no por ello menos embrujadoras. Creo que cualquier lector puede llegar a sentirse identificado con ellos porque todos hemos sentido, sentimos o sentiremos lo mismo.

Los personajes que pueblan las novelas de Sparks son siempre cercanos y están descritos con una precisión reservada a los mejores escritores. El libro que os presento hoy vuelve a contar con unos perfiles maravillosos que harán las delicias de los lectores más exigentes en ese aspecto. No quisiera terminar la reseña sin añadir un pequeño apunte: a este autor le encantan los argumentos dramáticos, así que debéis tener en cuenta, si decidís leer alguna de sus novelas, que a lo largo de las páginas, y en especial en los finales, cuanto sucede en ellas os impactará hasta el punto de derramar lágrimas. Y no un par o tres, no: llantos notables por los cuales jamás olvidaréis las obras de este buen hombre.

Ardía en deseos de traer a Nicholas Sparks al blog y difícilmente habría podido encontrar una novela mejor. Me gusta recomendároslo porque así rompemos, de golpe, dos tópicos absurdos y arcaicos: que las novelas románticas solo las escriben las mujeres y que solo las leen las mujeres. Él es uno de los grandes del género y yo, uno de sus mayores seguidores. La última canción es una elección excelente para iniciarse en la bibliografía de este escritor. Se trata de una novela apasionante y muy emocionante que sabrá tocaros la fibra y que os transportará a un rincón idílico para presenciar un romance singular y emotivo. No olvidéis los pañuelos, eso sí... Los necesitaréis, vaya si los necesitaréis.

La sonrisa etrusca, de José Luis Sampedro






Título: La sonrisa etrusca
Autor: José Luis Sampedro
Editorial y año: Destino, 2002 (1985)

Un viejo campesino calabrés se instala en casa de uno de sus hijos, en la ciudad de Milán, para tratar la enfermedad que está acabando con él. Allí descubre su último amor, su nieto, un niño de trece meses llamado Bruno en el que volcará toda su ternura. En Milán vive también su última pasión: la que siente por una mujer, Hortensia, que cubre con su luz los últimos momentos de una vida que, en su acabamiento, puede también sentir su propia plenitud.


No todas las novelas envejecen bien. Hay unas cuantas, sin embargo, que con los años se vuelven más y más grandes, de manera que cautivan a lectores a lo largo de varias décadas a un ritmo tranquilo pero sin interrupciones. Medio lustro falta para celebrar el trigésimo aniversario de la primera publicación de La sonrisa etrusca, de José Luis Sampedro, una novela que, cual botella de vino, se ha crecido con el paso del tiempo. Es de los pocos libros del cual casi todo el mundo guarda un buen recuerdo con cariño; y no es para menos, porque es una novela adorable.

Cuando una enfermedad lleva a nuestro anciano protagonista a instalarse con su familia, poco se iba a imaginar él que allí encontraría un buen motivo para luchar y seguir adelante: Bruno, su nieto. El afecto que gradualmente se va apoderando del corazón del viejo hará que los días sean menos grises; la vida, menos prescindible; y la familia, un nexo más fuerte. Gracias a Bruno, el abuelo de este afrontará el final de su camino de otra manera, una manera que hasta lo conducirá a conocer de nuevo el amor. Nadie se esperaba que el anciano se encariñara de ese modo con su nieto, y el pequeño sacará lo mejor de una persona que ya se había resignado a permanecer impasible ante su propio fin.

Ni que decir tiene que ternura es el sentimiento que despierta la lectura de La sonrisa etrusca. Una ternura sencilla pero absoluta, natural pero sorprendente, que no hace sino despertar nuestro lado más sensible. La relación que une a nieto y abuelo es maravillosa. José Luis Sampedro ha escrito la historia de una superación, de una vertiginosa evolución que tiene lugar en el último trayecto en la vida del protagonista. Presenciar el cambio que modifica el carácter del viejo gracias a la feliz e inocente influencia del pequeñín es una experiencia única y entrañable. Un acto de amor tan profundo como insondable que nos recuerda la fuerza que desprenden los sentimientos llevados al extremo.

La novela, por otro lado, también encandila con los contrastes que la forman. Hombre y mujer, viejo y niño, ciudad y campo..., todas esas contraposiciones ayudan, más si cabe, a comprender la esencia de la historia, a viajar al entorno que protagoniza el libro y a empatizar con el anciano. Debo citar, además, la magistral prosa del autor. Sampedro es un narrador excepcional y sabe llegar a los lectores a través de un lenguaje simple pero a la vez preciso y unos diálogos espontáneos y frescos. El autor demuestra su gran habilidad de plasmar emociones reales y vívidas y de perfilar a unos personajes inolvidables con los que cualquiera de nosotros querría entablar una buena amistad.

Cuando valoraba leer La sonrisa etrusca, emprendí una búsqueda para ver qué pensaba la gente de esta novela. Cuál fue mi asombro al constatar que había unanimidad entre todas aquellas personas que ya la habían degustado. A pesar de albergar las expectativas de encontrar una historia maravillosa, José Luis Sampedro me ha emocionado con su sensibilidad y con la relación entre abuelo y nieto. Así pues, me sumo al grupo de quienes opinan que este libro es totalmente imprescindible y que cualquier lector que disfrute con las buenas obras debe, tarde o temprano, adentrarse en esta. Estadísticamente hablando, es muy poco probable que os defraude.

Una familia feliz, de David Safier






Título: Una familia feliz
Autor: David Safier
Traductora: Lidia Álvarez Grifoll
Editorial y año: Seix Barral, 2012

La familia Van Kieren está al borde del caos. La librería de la madre, Emma, está en la bancarrota; el padre trabaja demasiado; la hija adolescente no aprueba ni una asignatura, y al hijo pequeño la chica que le gusta lo humilla. Para colmo, después de una fiesta, una bruja hechiza a los Van Kieren y los condena a convertirse en el personaje del que van disfrazados: de repente son una vampira, Frankenstein, la momia y el hombre lobo. Para romper el hechizo, este singular cuarteto partirá en busca de la bruja por medio mundo. Y en el camino se encontrará con un montón de monstruos auténticos: vampiros, lagartos gigantes y turistas alemanes en viaje organizado. Pero por mucho que busquen, los Van Kieren no podrán dejar de ser monstruos hasta que vuelvan a creer en la felicidad familiar.


Una buena amiga te deja un libro. Lo lees. Te encanta. Se lo devuelves y vas a una librería a comprarlo; tanto te ha gustado. Seguro que habéis vivido la situación que acabo de describir. La última vez que me sucedió fue con una novela para mí desconocida de un autor cuyo nombre también ignoraba por aquel entonces: Maldito karma, de David Safier. El autor me ganó con su ópera prima, y después de esta llegó el turno a Jesús me quiere y a Yo, mi, me... contigo, libros de los que también obtuve una opinión muy positiva. Su última apuesta, Una familia feliz, es una novela tan divertida como las anteriores que revela la espectacular evolución que ha experimentado Safier como escritor.

Si hay alguna familia cuyos miembros estén a años luz unos de otros, esa es la Von Kieren. Emma, la madre, regenta una librería que tiene los días contados; Frank, el padre, dedica sus días exclusivamente al trabajo; Ada, la hija, no sabe qué hacer con su vida; y Max, el hijo, quiere a una chica que lo ridiculiza a menudo. Los cuatro acuden a una fiesta vestidos de monstruos (vampiresa, Frankenstein, momia egipcia y hombre lobo respectivamente) para salvar el negocio de Emma. A la salida, sin embargo, una bruja los hechiza y los convierte en los monstruos de quienes van disfrazados. Así se quedarán hasta que todos sepan encontrar, de nuevo, la felicidad familiar.

La originalidad de los argumentos de David Safier no tiene igual. Las cuatro novelas que hasta ahora han visto la luz en español ponen de manifiesto la destreza tanto imaginativa como narrativa del autor, quien sabe aprovechar las tramas diferentes y atractivas que nos propone. Una familia feliz vuelve a encumbrarlo como un escritor ingenioso, inteligente y cómico que sabe divertirnos a través de escenas hilarantes, surrealistas e irreverentes que no hacen más que ganarse nuestra admiración y nuestras sonrisas. La historia, como no podía ser de otra manera, se aleja de cualquier planteamiento previsible y se dirige hacia unos derroteros inmejorables e inolvidablemente graciosos.

Uno de los aspectos en que mejor se aprecia la habilidad del autor es el elenco de personajes que protagoniza sus obras. Esta vez, la familia Von Kieren le permite dar voz a cuatro protagonistas diferentes que, a pesar de cuanto les sucede, ejemplifican un modelo de personas reales y cercanas con cuyos problemas rápidamente nos sentimos identificados. En la historia, Safier ha tenido el brillante detalle, una vez más, de incluir a personalidades -tanto humanas como literarias- que todos conocemos y que todavía añaden un mayor grado de humor a la novela. Por último, el libro cuenta con una interesante y acertada reflexión acerca de la familia; una crítica incisiva que construye un mensaje final brillante y necesario.

David Safier es un autor que, claramente, va a más en sus novelas. Con cada nuevo libro que nos presenta corrige y mejora los elementos que, en los anteriores, quizá nos pudieron haber chirriado -a mí no tanto, los cuatro me han encantado-. Una familia feliz es una lectura simpática y agradable que nos recuerda que la vida se vive mejor con humor. ¡Olvidemos primas de riesgo, rescates a la banca y sepamos dedicarnos tiempo a nosotros! Me atrevo a afirmar que Safier es un escritor imprescidible en los tiempos que corren. Nadie mejor que él para dejar a un lado las absurdidades que nos rodean a todos y afrontar los días con una sonrisa tan amplia como esperanzadora.

El invierno del mundo, de Ken Follett






Título: El invierno del mundo
Autor: Ken Follett
Traductores: Anuvela
Editorial y año: Plaza & Janés, 2012

Esta vez son los hijos de las familias protagonistas del primer libro, los Williams, los Fitzherbert, los Kostin, los Dewar y los Ulrich, quienes nos cautivarán, a través de sus historias personales, sus luchas políticas y militares, para adentrarnos en los años que marcaron el siglo XX profundamente y para siempre. Con El invierno del mundo daremos un paseo por la historia desde 1933, momento del auge del Partido Nazi en Alemania hasta 1949, el momento más duro de la guerra fría, pasando por la Segunda Guerra Mundial.


La primera entrega de la trilogía, La caída de los gigantes, me sorprendió al tratar uno de los períodos más interesantes pero menos explotados en literatura: la Primera Guerra Mundial. En la segunda parte, Ken Follett nos invita a recorrer los entresijos de las causas y consecuencias del auge de los nazis en Alemania y el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. Dado que se trata de un momento tan ampliamente trabajado, el factor sorpresa no me ha llegado como con la otra novela, pero aun así el autor sabe cómo captar mi interés con su asombrosa habilidad con los personajes.

A principios de los años 30, en Alemania empieza a ganar fuerza el fascismo. Será esta la ideología que amenazará con dominar Europa, sembrar el caos y suponer un ataque directo a la democracia. Las cinco familias que ya conocemos, así como sus hijos, verán cómo su mundo cambia irremediablemente con el ascenso al poder de Adolf Hitler. Tanto si son nazis como comunistas, laboristas o republicanos, el gran elenco de protagonistas deberá luchar contra sus enemigos políticos y con el paso del tiempo y el destino, el cual parece abocado al desastre más absoluto.

La Segunda Guerra Mundial nunca me ha llamado especialmente la atención. Desconozco la razón, aunque quizá sea una suerte de rebeldía ante la fascinación que despierta en tanta gente -soy así de raro-. En El invierno del mundo, sin embargo, Ken Follett no decepciona y me regala ingredientes que me convencen y atrapan. Uno de ellos es, sin duda alguna, los personajes. Todos ellos mantienen la esencia que los hizo especiales en La caída de los gigantes; el autor ha logrado ser fiel a los protagonistas y a los lectores, a quienes nos robaron el corazón desde la primera página del anterior libro. Es, pues, una alegría y un honor reencontrarnos con Ethel, Maud o Grigori, por nombrar los que más me impactaron.    

Hay un aspecto que temía al comenzar a leer la novela y que me ha sorprendido, muy gratamente, por el trato que le ha dado el autor. Me refiero a los campos de concentración. Las barbaridades que en ellos se cometieron son por todos conocidas y albergaba cierto miedo acerca de su participación en la obra, dada la crudeza que a veces habita los libros de Follett. Por suerte para mí, ya que soy incapaz de avanzar con lecturas muy duras, ha huido de las atrocidades que debieron soportar los prisioneros. Además, la segunda parte de la trilogía «The Century» vuelve a demostrar la capacidad del escritor por mezclar realidad y ficción tanto en cuanto a personajes como en hechos. Una nueva lección de historia que convencerá incluso a los más exigentes.

Cuando tuve noticia de la publicación de la nueva apuesta de Ken Follett, no sabía hasta qué punto el autor sería capaz de unir, con un resultado satisfactorio, documentación y creación narrativa. Tras ganarme como lector en la primera entrega, El invierno del mundo me demuestra, una vez más, que nos encontramos ante un escritor imprescindible. Ya solo queda esperar a la tercera y última parte de la trilogía, que versará sobre la guerra fría, otro período del que he leído poco y del que tengo ganas de aprender. Tanto si os gustó Los pilares de la tierra como si no, yo de vosotros daría una oportunidad a esta tríada literaria, porque revela un dechado de destreza literaria al que resulta difícil resistirse.

Gamberradas divinas, de Marie Phillips






Título: Gamberradas divinas
Autora: Marie Phillips
Traductor: Jesús de la Torre Olid
Editorial y año: Espasa, 2009

Ser inmortal no es tan divertido como parece. La vida puede ser muy dura para un dios de la antigua Grecia en pleno siglo XXI: nadie cree en ti, tu familia no te respeta, y estás atrapado en una casucha cochambrosa que tienes que compartir con un montón de hermanos que, en cuanto te descuidas, te dejan sin agua caliente. Artemisa (diosa de la caza y paseante de perros en sus ratos libres) y Apolo (dios del sol y vidente ocasional en un programa de televisión) quisieran cambiar su situación, pero no saben cómo hacerlo. Hasta que un día una humilde asistenta y su tímido pretendiente entran en sus vidas y las ponen patas arriba.


La mitología griega siempre me ha llamado la atención por la gran cantidad de deidades que la forman y por las asombrosas y simpáticas aventuras que protagonizan. Nombres como Zeus, Apolo o Afrodita nos resultan familiares a todos; de ahí que Gamberradas divinas, una novela en la que aparecen los dioses citados, y muchos más, sea irresistible e imposible de ignorar. Marie Phillips nos ofrece una historia fresca e hilarante que destaca por la alegría que irradia y por la frescura que la envuelve; una trama que enfrenta el halo de antigüedad que acompaña al elenco divino y el entorno moderno y tecnológico del siglo XXI. No me negaréis que ya os está apeteciendo leerla, ¿verdad?

El monte Olimpo ya no es lo que era. De hecho, ni siquiera alberga la residencia oficial de los dioses griegos: estos conviven en una casa pequeña que no se adecúa a su grado de divinidad. Como ya nadie cree en ellos, su poder ha ido menguando hasta quedar reducido casi a cenizas. Artemisa y Apolo trabajan como paseadora de perros y vidente en la televisión respectivamente; no soportan más la situación y desean dar un giro radical a sus vidas, y para ello encuentran el punto de partida el día que empieza a trabajar en su casa una asistenta. La vida amorosa de la joven pasará a ser el centro de las estratagemas de los antiguos moradores de la montaña más alta de Grecia.

Una vez hayáis leído la sinopsis poco tendré que añadir para despertar vuestra curiosidad, creo. Gamberradas divinas es una novela divertidísima y original que sabe combinar diferentes ingredientes para presentar escenas que aseguran risas y sonrisas por doquier. Marie Phillips ha escrito una sátira muy irónica acerca de las religiones en general y de la mitología griega en particular; una versión cómica y deliciosa que merece nuestro aplauso por su buen desarrollo y por la fuerza que desprende. El libro, además, cuenta con grandes dosis de ingenio y desparpajo en los diálogos que ayudan, más si cabe, a que la lectura sea ágil, amena e inesperadamente adictiva.

Los personajes, tanto los seres sobrenaturales como mortales, se alzan como un buen reflejo de la sociedad. Pese a que la autora se haya tomado ciertas licencias con los atributos o poderes de los dioses, estos son en todo momento coherentes con la esencia que los caracteriza y por la cual han persistido desde los tiempos de Homero y Hesíodo. Encantadoramente envidiosos y perversos, desempeñan un papel en esta trama tan curiosa como inteligente y sorprendente y figuran en ella como personajes bien descritos -todos ellos- y entrañables -solo algunos-, de manera que leer las luchas y enfrentamientos que protagonizan, con traiciones y pactos incluidos, es un maravilloso placer.

Marie Phillips ha sabido echar mano del atractivo que nos despiertan las aventuras de los numerosos dioses griegos con sencillez y candidez. Gamberradas divinas es una novela graciosa y afable que demuestra la capacidad de la autora para ensamblar componentes diferentes e hilvanarlos mediante una historia bien contada. Todo aquel que desee encontrar un libro interesante y distinto, con un toque humorístico especial y único, puede zambullirse en este sin temor alguno, ya que es más que probable que cumpla con las expectativas que os hayamos despertado la autora con el argumento y yo con la reseña. Creedme si os digo que la diversión está más que garantizada.