Los vigilantes de los días, de Alberto Granados






Título: Los vigilantes de los días
Autor: Alberto Granados
Editorial y año: Espasa, 2011

Cuando el periodista de la CNN Richard Cappa llega a México para preparar unos reportajes de carácter cultural, se ve inmerso en una tenebrosa trama manejada por un millonario que ha hecho negocio satisfaciendo los más bajos instintos de los poderosos del mundo..., hombres sin escrúpulos dispuestos a todo para dar rienda suelta a sus perversiones. Desde Ciudad Juárez al D. F., pasando por Teotihuacán, Alberto Granados consigue en su primera novela que el lector palpe y saboree México: un país bellísimo y salvaje, lleno de contrastes, en el que las sangrientas tradiciones y leyendas prehispánicas son el telón de fondo de una siniestra intriga.


Si hay una cultura que este año, en 2012, ha renacido y visto cómo vuelve a captar la atención de la gente, esa es la maya. Más allá de ciertas predicciones apocalípticas cuya veracidad escapa a nuestro poder, lo cierto es que el pueblo maya ha dejado una impronta imborrable en México y servido como inspiración para un gran número de obras literarias. Los vigilantes de los días, la ópera prima de Alberto Granados, echa mano de la antigua civilización para formar los cimientos de una apasionante novela de intriga que me ha tenido en vilo durante toda la lectura. La mezcla entre pasado y misterio difícilmente podría dar un mejor resultado.

Richard Cappa es un periodista de la CNN propenso a meterse en problemas. Cuando Barack Obama viaja a México de visita oficial, Richard y sus compañeros preceden al presidente para organizar una serie de reportajes que muestren la naturaleza del país a sus compatriotas estadounidenses. Lo que en principio debía ser una escapada tranquila a un país conocido por Richard se convierte en una carrera contrarreloj para desentrañar un misterio relacionado con las antiguas tradiciones mayas y una macabra reunión a la que el reportero asistirá sin querer. El plan que destapa, sin embargo, está tramado por un empresario multimillonario que no permitirá que un simple «gringo» le arruine el negocio y hará todo lo posible por alejar a Richard de sus intereses, al precio que sea.

De Los vigilantes de los días me llamó la atención la ambientación en México; y no tanto por adentrarse en la cultura maya como por la descripción del país en la actualidad. Ni que decir tiene que la inclusión de datos y explicaciones sobre la antigua civilización añade un valor de atractivo a la novela, pero la verdadera belleza reside en México en sí como escenario del argumento. Alberto Granados demuestra un gran conocimiento de la nación y desgrana, con total maestría, parte de su pasado. Las descripciones, así como los dibujos que encontramos a lo largo de la novela, son el vehículo perfecto para ayudarnos a imaginar que estamos junto a Richard. Yo, como lector, me he sentido transportado a un país que no conozco, lo cual no es sino una prueba fehaciente de la destreza narrativa del autor.

En cualquier novela de intriga que se precie, la acción debe ser intensa, absorbente y adictiva, y así es en el libro que os recomiendo hoy. Con un ritmo trepidante que atrapa desde la primera página, la narración ofrece altas dosis de emoción y entretenimiento que sabrán satisfacer al lector más exigente. Los personajes, por otro lado, se alzan como personas reales con problemas e inquietudes que los devuelven a un plano más terrenal y accesible y que los despojan del halo de divinidad que suele acompañar a los protagonistas de la gran mayoría de las novelas del género. Por último, quiero referirme al estilo del autor. Limpio y directo, el tono de la obra recoge, sobre todo en los diálogos, expresiones mexicanas que aún nos facilitarán más, si cabe, nuestro viaje al país.

Una buena novela de misterio está formada por un argumento atractivo e inquietante que consiga mantener la atención del lector en todo momento, por un desarrollo bien expresado que suponga la evolución natural de la trama y por un final que haga las veces de clímax literario en el que veamos cómo se atan todos los cabos. Los vigilantes de los días reúne las cualidades anteriores y, además, propone una inteligente recreación del México maya y del México actual. Alberto Granados se ha ganado mi admiración con su primera obra de ficción y no puedo más que recomendárosla abiertamente e invitaros a recorrer el país para que os adentréis en una intriga que os dejará con la boca abierta. Ya lo veréis.

La viola de Tyneford House, de Natasha Solomons






Título: La viola de Tyneford House
Autora: Natasha Solomons
Traductor: Mariano Antolín Rato
Editorial y año: Alianza, 2012

Primavera de 1938, Viena ha dejado de ser un lugar apacible tras la llegada al poder de los nazis. La única salida es marcharse, pero no es fácil. Elise Landau lo consigue por medio de un anuncio de trabajo: en la mansión isabelina de Tyneford, en la lejana Inglaterra. Hija de un escritor y de una cantante de ópera, mimada desde su infancia, Elise tendrá que trabajar de camarera. Ella, que siempre tuvo servicio en casa, no sabe cocinar, ni dar brillo a la plata, ni cera a los suelos, ni servir el té. Tampoco se maneja bien en inglés. En Tyneford se enfrentará a los celos y las envidias, a las humillaciones clasistas, pero también descubrirá el amor. Sus únicos lazos con su hogar son las cartas de su hermana y una viola en la que su padre escondió un manuscrito antes de partir. La guerra se acerca, el mundo está cambiando y Elise también.


En contra de la fascinación que despierta la Segunda Guerra Mundial en muchos lectores, a mí esta contienda me suscita tan solo pavor. Es uno de los pocos períodos históricos que no me interesan, y esa es la razón por la cual no suelo adentrarme en novelas ambientadas en esta época. En la sinopsis de La viola de Tyneford House, sin embargo, encontré un ingrediente que me llamó la atención: Natasha Solomons traza un dibujo vívido y diáfano que busca, simplemente, retratar la vida social inglesa, con la guerra como mero telón de fondo. La distinción entre clases y los lazos que unen a los personajes me han embebido de tal manera que hoy os invito a recorrer los parajes británicos.

Con el ascenso político de los nazis, no solo los judíos alemanes están en el punto de mira: en Austria también son foco de humillaciones y vejaciones de todo tipo. A fin de huir de una situación cada vez más delicada, el matrimonio Landau decide enviar a Elise, la hija menor, a Inglaterra como sirvienta de una acomodada familia. La joven no solo no sabe inglés, sino que, además, en Viena ha estado siempre rodeada de lujo y bienestar, por lo que le costará asimilar el cambio de estatus social. Elise deberá aprender a ser una buena doncella, aunque al principio en su nuevo hogar nada será fácil. En Tyneford, no obstante, también hay lugar para la familia, la amistad, el recuerdo y, cómo no, el amor.

Ya he señalado el aspecto que, en mi opinión, es más loable de La viola de Tyneford House: la elegancia con que la autora deja a un lado el conflicto bélico para, así, describir, con naturalidad y calma, la vida en una mansión inglesa. Sería inverosímil, claro, que en ningún momento se citara el principio del conflicto, pero Natasha Solomons ha sabido dar más importancia al día a día de Elise, lo cual me parece más que acertado; ya contamos con un amplio abanico de opciones, dentro de la novela histórica, para conocer todos los detalles del auge de Hitler, de las decisiones de Churchill y del infierno que vivieron los judíos. Me ha complacido leer por una vez, pues, una obra que da prioridad a las personas.

Los personajes, como digo, son el centro absoluto de la novela. La voz de la historia es la propia Elise, una mujer fuerte que sabe afrontar los reveses del destino. A su alrededor gira un excelente número de secundarios que la acompaña en su existencia, pero el peso del argumento recae en sus hombros. Las descripciones de la casa en la que sirve, por otro lado, son minuciosas y ayudan a formarse una imagen precisa del entorno que ya no abandonaremos hasta el final. No puedo terminar la reseña sin comentar que el libro se basa en la historia de la tía abuela de la autora, quien tuvo que escapar de Viena y fue a parar a Inglaterra. El hecho de no ser capaces de identificar el umbral a partir del cual lo que leemos sucedió tal como está narrado ha originado, durante mi lectura, un irresistible halo de magia y emoción.

Cuando uno lee La viola de Tyneford House, la visita de una familia aristocrática o la organización de un baile en el salón de la casa resultan más apasionantes que la invasión de Polonia o el mismísimo desembarco de Normandía. Ese es, para mí, el mayor acierto de la novela. Natasha Solomons nos regala una recreación íntima y sincera que hará las delicias de quienes buscan una reproducción fiel de la situación que vivieron tantas familias. No debemos olvidar que millones de personas, alejadas de los combates, sufrieron la ansiedad de ignorar qué sucedía con los suyos. Esta vez resulta más enriquecedor ponerse al otro lado y abandonar el campo de batalla para acceder a la vertiente más humana y dura de cualquier guerra.

Drácula, de Bram Stoker






Título: Drácula
Autor: Bram Stoker
Traductor: Mario Montalbán
Editorial y año: Debolsillo, 2011 (1897)

Jonathan Harker viaja a Transilvania para cerrar un negocio inmobiliario con un misterioso conde que acaba de comprar varias propiedades en Londres. Después de un viaje preñado de ominosas señales, Harker es recogido en el Paso de Borgo por un siniestro carruaje que le lleva, acunado por el canto de los lobos, a un castillo en ruinas. Tal es el inquietante principio de una novela magistral que alumbró uno de los mitos más populares y poderosos de todos los tiempos: Drácula. La fuerza del personaje ha eclipsado a lo largo de los años la calidad, la originalidad y la rareza de la obra de Bram Stoker, sin duda una de las últimas y más estremecedoras aportaciones a la literatura gótica anglosajona.


Hace 165 años nació Bram Stoker, uno de los autores más influyentes de todos los tiempos. A pesar de haber publicado una docena de novelas y decenas de cuentos, su nombre ha pasado a la historia de la literatura por ser el creador de uno de los personajes más célebres. En Drácula aparece por primera vez el famoso conde, una de las figuras más explotadas en todas las disciplinas artísticas. La lectura del libro original me parece obligada para todos aquellos a quienes fascina el mito de Drácula. Ya os anticipo que a mí la historia me ha gustado pero también decepcionado en algún aspecto. Si bien no me arrepiento en absoluto de haberla leído, creo que la novela tiene puntos bastante débiles.

Cuando Jonathan Harker recibe un aviso que lo urge para visitar Transilvania y así cerrar un trato con un conde muy misterioso, quien ha comprado inmuebles en la capital inglesa, poco se imagina que ha dado el paso que lo llevará a una aventura tan terrorífica como peligrosa. El castillo del conde Drácula hará las veces de una inquietante prisión en la que Harker empezará a inquietarse. Al darse cuenta, por fin, de la naturaleza y carácter de su anfitrión, Jonathan recurrirá a quien haga falta para poner fin a la amenaza que se cierne sobre su propia vida y sobre la de las personas a quienes más quiere.

A estas alturas no descubro nada nuevo si hablo de Drácula. La novela de Bram Stoker ha sabido permanecer en un estado de actualidad para conquistar a lectores a lo largo de más de cien años. El propio personaje de Drácula se alza como un ejemplo en el que muy claramente percibimos la destreza del autor. La ambigüedad que reina en la primera parte de la obra es esencial y maravillosa, y envidio a los que vivieron en la época en la que se publicó, porque llegar a conocer quién era el conde debió de causarles una emoción tan palpitante como inefable. Los personajes de Jonathan Harker y Mina, además, suponen el contrapunto de realidad y humanidad que necesita la historia, así que agradezco a Stoker que no se dejara llevar en todo momento por el halo de fantasía que envuelve el argumento de la novela.

Me ha sorprendido, por otra parte, la escasa trama romántica, y veo que las diferentes adaptaciones cinematográficas han sacado partido de un elemento que no aparece en el libro. También quisiera mencionar el ritmo del libro. Al tratarse de una novela escrita a modo epistolar, esperaba encontrar en ella una amenidad y una agilidad que verdaderamente he echado de menos. La lectura se me ha antojado tediosa y aburrida en numerosas ocasiones, y mentiría si dijera que no he hecho amago de abandonarla. Una vez superado el tramo más farragoso, nos adentramos en la parte más emocionante para llegar a un final que a mí me ha parecido apresurado y, por qué no decirlo, hasta risible. Quizá albergaba unas expectativas demasiado altas y la culpa es solo mía, quizá...

A pesar de los de las carencias que he encontrado, recomiendo leer Drácula por varios motivos. En primer lugar, para acercarse al texto original de Bram Stoker que supone el comienzo de un mito fascinante e inmortal -nunca mejor dicho-. En segundo lugar, para dejarse rodear del ambiente gótico y lúgubre que protagoniza la novela. Y en tercer lugar, para realizar un viaje curioso e inolvidable a una región que debe mucho al escritor irlandés. Qué sería de Transilvania sin la sensación de que tras cualquier seto puede aparecer un personaje tan tétrico y alarmante. Ahora que lo pienso, no sé si me apetece ir...

Juegos de letras, de Elizabeth Noble






Título: Juegos de letras
Autora: Elizabeth Noble
Traductora: Mar Vidal
Editorial y año: Roca, 2007

Natalie y Tom son dos amigos desde que eran apenas unos niños, pero sólo amigos. Ahora a sus treinta y tantos años, Nat ve cómo su vida se desmorona: después de una larga relación ha roto con su novio; desprecia su trabajo; siente que las distancias con los suyos se van haciendo más y más grandes. En tales circunstancias, Tom reaparece para invitarla a probar un juego diferente, un divertimento para olvidarse de todos sus males. Le propone redescubrirse pasando los siguientes veintiséis fines de semana con él: cada uno diferente, cada uno con un tema original a partir de una letra del alfabeto: A de alpinismo, B de ballet, C de canoa...


La novela romántica es uno de mis géneros preferidos porque me lleva a protagonizar historias de amor únicas e inolvidables que fuera de la literatura difícilmente podría vivir. Es, además, el género perfecto para arrancar emociones gracias a la fuerza que transmiten las pasiones de sus personajes. El libro que os traigo hoy ha sabido conquistarme a través de una de las relaciones más bonitas que he leído hasta la fecha. Hablo de Juego de letras, de Elizabeth Noble, una verdadera declaración que baila al son de la amistad y del amor verdadero.

Nathalie y Tom son grandes amigos. Hace tantos años que se conocen que bien podría decirse que son casi hermanos. Cuando el novio de Nathalie la abandona de pronto, Tom le propone un juego tan curioso como divertido: hacer, juntos, planes que respeten el orden alfabético; esto es, veintiséis citas en las que llegarán a conocerse más y mejor. Es, por supuesto, un juego peligroso, porque no está solo en riesgo su amistad, sino también la posibilidad de que ocurra algo entre ellos. ¿Y si todos quienes los rodean tienen razón y están hechos el uno para el otro? Para lograr la victoria habrá que apostar sin miedo, aunque en el juego tiene cabida todo tipo de situaciones que, quizá, no surtan el efecto esperado.

En novela romántica resulta harto complicado innovar y salirse del corsé que perfila las historias de «chico conoce a chica», o viceversa. Elizabeth Noble ha sabido dar una vuelta de tuerca a la típica relación partiendo de la gran amistad que une a Nathalie y Tom. Juegos de letras propone, gracias a la originalidad del argumento, una forma diferente de presentar la evolución que experimenta una historia de amor. El juego alfabético me ha parecido delicioso y, como lector, ansiaba, una y otra vez, conocer qué plan los esperaba en la siguiente letra. El planteamiento, por tanto, responde con éxito a la ansiedad con que uno desea descubrir el siguiente paso que dará la pareja.

Como requiere cualquier obra del género, los sentimientos de los protagonistas están narrados con gran detalle. Además, los dilemas que provoca el paso de la amistad al posible amor son reales como la vida misma, y es imposible no llegar a empatizar con los dos personajes. Por otro lado, en la novela he encontrado también un par de tramas secundarias no menos interesantes y emocionantes que me han llamado la atención porque tratan temas muy poco comunes con una sensibilidad extrema. El ritmo del libro es en todo momento el adecuado y la autora ha logrado que el lector no pierda la emoción, antes al contrario: cuanto más avanzamos, más queremos seguir adelante hasta llegar al final, brillante y emotivo.

Juegos de letras me ha parecido una novela magnífica a consecuencia de la realidad que emana de sus páginas. A menudo resulta difícil creerse ciertos argumentos, y Elizabeth Noble ha sabido desarrollar la historia con un gusto exquisito que la colma de verosimilitud. La obra no es sino un canto a la amistad, al amor, a las cosas más importantes que tenemos a nuestro alrededor. En un mundo cada vez más insensible, creo que es necesario que nos detengamos a reflexionar sobre las emociones más puras del corazón humano; para ello, no hay camino mejor que el que nos invitan a recorrer las novelas románticas bien tejidas, como la que ha inspirado esta entrada.

El lejano país de los estanques, de Lorenzo Silva






Título: El lejano país de los estanques
Autor: Lorenzo Silva
Editorial y año: Destino, 2001 (1998)

El cuerpo desnudo de una joven austriaca pende atado de las manos en un chalet mallorquín. Ni los signos de violencia, ni la pestilencia de una muerte estival ocultan su inquietante belleza. En Madrid, la Guardia Civil confía el caso al experimentado sargento Rubén Bevilacqua, o «Vila» para sus compañeros, ex-psicólogo desempleado para quien Jung era sólo un aficionado, y a la inexperta agente Virginia Chamorro, cuya eficacia policiaca será puesta a prueba por primera vez. De incógnito entre nudistas teutones, turistas desenfrenados y mafiosos locales, Bevilacqua y Chamorro se adentrarán en el reverso oscuro de una apacible urbanización mallorquina tratando de desentrañar los últimos días de la joven asesinada.


El premio Planeta de este año ha caído en las manos de unos de los grandes escritores contemporáneos de novela negra. De este modo, la pareja protagonista de su famosa serie policiaca, Bevilacqua y Chamorro, pasa a formar parte de un selecto grupo de encumbrados investigadores. Dado que yo todavía no había leído a Lorenzo Silva, me ha parecido más acertado adentrarme en el primer libro en el que aparecieron los célebres agentes; de ahí ha surgido mi lectura de El lejano país de los estanques, una novela que atrapa tanto por la trama como por el estilo del autor.

En el chalet de una lujosa urbanización mallorquina aparece, colgado de un travesaño, el cadáver de una joven turista austriaca. La policía local se ve incapaz de esclarecer los hechos que llevaron al crimen, así que recurren a Madrid. De allí saldrán Bevilacqua, un sargento de la Guardia Civil, y Chamorro, una agente aún inexperta. Esta curiosa pareja se internará en el ambiente nocturno de Mallorca para lograr comprender quién y cómo llevó a cabo el homicidio. Lo que a priori podría parecer un caso claro y sencillo acaba convirtiéndose en un complicado engranaje que gira alrededor de la figura de la muerta, cuyos turbio carácter y excepcional belleza a nadie dejaban indiferente.

No deja de asombrarme, cuando leo una novela de misterio, la maestría con que los autores son capaces de hilvanar una investigación policial. No solo ofrecen un relato pormenorizado sobre los pasos que los investigadores van siguiendo, sino que juegan al despiste con el lector a base de giros argumentales y pistas falsas. Todo lo anterior sucede en El lejano país de los estanques, libro en el que Lorenzo Silva deja claras sus innatas habilidades como narrador de novela negra. Ya comenté una vez que a menudo me confunden las historias de este tipo, porque soy incapaz de obtener conclusiones por mí mismo ni de ver venir la resolución final, pero esta vez el autor lo ha suplido con unos ingredientes magníficos que me han conquistado sin remedio.

El estilo del autor, en primer lugar, me parece extraordinario. La prosa, rica e impecable, y los diálogos, frescos y naturales, favorecen en todo momento a la agilidad de la novela y al ritmo de acción, el cual no decae en ningún momento. No puedo obviar, por otro lado, el magnetismo que irradia la pareja protagonista; no en vano se han convertido ya en personajes de culto. Tanto Bevilacqua como Chamorro entrañan, en sendas formas de ser y de ver su profesión de militares, un factor de originalidad que los aleja de los moldes con que suelen estar tallados la mayoría de policías o detectives. El escenario del caso, por último, es un enclave novedoso que aporta un toque muy especial.

Una vez he terminado El lejano país de los estanques, comprendo a la perfección el buen número de críticas favorables que rodea la saga policiaca de Lorenzo Silva. No me sorprende, pues, que la séptima entrega de la serie se haya alzado con el famoso galardón. Estoy convencido de que desde Planeta han tenido a bien reconocer tanto la influencia del escritor madrileño como los elementos tan interesantes que forman parte de sus libros. No me parecería inverosímil verme leyendo La marca del meridiano cuando le llegue el turno, aunque entonces hayan pasado unos cuantos años.

El reino del azahar, de Linda Belago






Título: El reino del azahar
Autora: Linda Belago
Traductora: María Alonso Gómez
Editorial y año: Temas de Hoy, 2012

Róterdam, 1850: la pequeña Julie Vanderberg pierde a sus padres en un trágico accidente y su tío se convierte en su tutor legal, pero lo hace con el único propósito de quedarse con la sustanciosa herencia. Cuando Julie cumple los dieciocho años, este, asediado por las deudas, concierta un matrimonio con un colega de negocios, Karl Leevken, al que pretende pagar con la dote de su sobrina. Así, Julie se encuentra atada a un hombre al que casi no conoce, pero que le resulta encantador y carismático. Solo unos días después de la apresurada boda, ella le sigue rumbo a la colonia holandesa de Surinam, en Sudamérica, donde Karl regenta una próspera plantación de caña de azúcar y donde descubrirá su verdadero carácter.


En los últimos meses hemos asistido al renacimiento de un género. No es tanto un nuevo género como una nueva etiqueta con la que clasificar aquel grupo de novelas, a caballo entre las históricas, las de aventuras y las sagas familiares, en que los protagonistas emprenden un viaje a un país desconocido y exótico en busca de una vida mejor o, cuando menos, diferente. Son las llamadas «novelas paisaje» -me niego a mantener el anglicismo-. Una de las últimas apuestas de este tipo de libros es El reino del azahar, de Linda Belago, que nos propone una magnífica descripción de Surinam en plena época colonial; un brillante retrato que nos traslada a un país cuya existencia muchos desconocían.

La tragedia se cierne sobre Julie. Tras perder a sus padres, la joven pasa a depender de su tío, quien la ingresa en un internado para deshacerse de ella. Años más tarde, cuando Julie cumple dieciocho, no sabe qué camino tomar en la vida, y su tío aprovecha la ocasión para urdir un magnífico plan: casarla con un socio a quien le debe una buena suma de dinero. Así, la herencia de la joven se convierte en la moneda de cambio. Tras convertirse en la esposa de Karl, Julie viajará a Surinam, donde su marido posee una plantación de azúcar. Cuál será la sorpresa cuando descubrirá que su esposo no solo no es quien ella pensaba, sino que no tiene intención alguna de facilitarle las cosas a su mujer.

Creo que la expresión «novelas paisaje» es un auténtico acierto, porque resume a la perfección la esencia de esas historias: en estas nos encontraremos con un entorno alejado de nosotros y maravillosamente descrito, de manera que es muy fácil visualizarse en cualquier rincón del mundo con gran facilidad. Linda Belago lo ha logrado, con creces, en su ópera prima, El reino del azahar, en la que el propio país de Surinam se alza como un personaje más, tan bien perfilado como el resto. Tanto las plantaciones como la frondosidad de la selva o Paramaribo, la capital, son unos escenarios únicos y bellísimos que no dudaríamos en visitar. De hecho, la admiración que siente la autora por el país suramericano traspasa la historia y nos invita a perdernos por unas tierras que se nos antojan majestuosas y dignas de ver.

En la novela también encontramos, cómo no, ingredientes históricos, que en este caso se centran, sobre todo, en la esclavitud. Las consecuencias que se desprenden de este hecho, legal a la sazón, son parte fundamental del argumento y nos ayudan a realizar el viaje en el tiempo. Las relaciones personales, por otro lado, son otro de los aspectos más apasionantes de la historia y nos llevan a avanzar la lectura con mucho interés. El estilo ágil de la autora y la edición cuidada y elegante de Temas de Hoy nos lanzan a un final trepidante y muy emocionante que sin duda supone el reluciente broche de oro con que se termina la narración del periplo de Julie.

El reino del azahar es una novela recomendable por un buen número de razones. Ya he expuesto algunas de ellas, las que me parecen más destacables; no quiero continuar enumerándolas para no extenderme demasiado y para, así, dejaros algún elemento de sorpresa si finalmente os animáis a leer el libro. Tan solo me queda añadir que a partir de ahora el nombre de Linda Belago no solo me será familiar, sino que pasará a ocupar un lugar de honor en mi biblioteca con su primera novela y con las nuevas con que nos deleitará en un futuro. Se lo ha ganado a pulso.

Dublinesca, de Enrique Vila-Matas






Título: Dublinesca
Autor: Enrique Vila-Matas
Editorial y año: Seix Barral, 2010

Samuel Riba se considera el último editor literario y se siente hundido desde que se retiró. Un día, tiene un sueño premonitorio que le indica claramente que el sentido de su vida pasa por Dublín. Convence entonces a unos amigos para acudir al Bloomsday y recorrer juntos el corazón mismo del Ulises de James Joyce. Riba oculta a sus compañeros dos cuestiones que le obsesionan: saber si existe el escritor genial que no supo descubrir cuando era editor y celebrar un extraño funeral por la era de la imprenta, agonizante ya por la inminencia de un mundo seducido por la locura de la era digital. Dublín parece tener la llave para la resolución de sus inquietudes.


No sorprendo a nadie si afirmo que Enrique Vila-Matas es uno de los escritores españoles contemporáneos más influyentes. Tanto en narrativa como en ensayo, todas sus obras cuentan con una legión de seguidores nada desdeñable. Su pasión por el Ulises de James Joyce -no en vano es miembro de la Orden del Finnegans, una organización dedicada a venerar el citado libro- lo llevó a publicar Dublinesca, una novela que hace las veces de un homenaje personal al autor irlandés. La primera vez que leo a Vila-Matas ha desembocado en un éxito relativo.

El mundo de la edición literaria ya no es lo que era. Samuel Riba se acaba de retirar y ve cómo el tedio y la monotonía dominan sus días. Cuando un sueño le induce a pensar que la ciudad de Dublín debe centrar su vida en el futuro, Riba emprende un viaje a la capital irlandesa para huir de una existencia vacía y deprimente y esclarecer los motivos por los cuales ha tomado esa decisión. Una vez allí, tiene en mente celebrar un funeral por la era de la imprenta y reflexionar, largo y tendido, acerca de la relación que une a editores y escritores. Una reflexión profunda y muy sorprendente.

Llevaba tiempo queriendo abordar alguna novela de Enrique Vila-Matas. El hecho de que Dublín, ciudad que me tiene enamorado, sea uno de los escenarios principales de Dublinesca me ha lanzado a las páginas del libro. Este primer contacto con el autor ha sido muy satisfactorio en cuanto a su prosa. He descubierto una narración irónica, muy crítica, que une descripción y meditación de una manera impecable y muy ágil. Los personajes, por otra parte, están bien descritos, y no puedo obviar las reflexiones que nos regala el autor sobre el paso a la edición digital, que me han parecido acertadísimas. Nunca está de más cuestionarse el futuro de la literatura echando la vista atrás.

No obstante, ni que decir tiene que habría disfrutado mucho más de la novela si hubiera leído el Ulises. He pasado por alto un buen número de referencias porque aún no me he atrevido con Joyce, y ese sentimiento de frustración por desconocimiento me origina una rabia inmensa. A lo largo del libro, además, el autor echa mano, para mí desmesuradamente, de nombres y citas de autores que entorpecen la lectura y que suponen un alto en el camino que nos desconecta de la historia de Riba. Así, cuesta llegar a empatizar con los personajes, ya que muy a menudo nos alejamos de ellos en momentos muy interesantes por culpa de las menciones a otras obras.

Creo, me culpa, que no es una buena elección para empezar con la bibliografía de Enrique Vila-Matas. Si bien me ha conquistado la prosa del autor, la devoción que este siente por Joyce, y que -todavía- no comparto, ha imposibilitado que degustara la novela como se merecía. Quienes ya sean fieles a las obras del escritor barcelonés encontrarán en Dublinesca una suerte de lección para aprender historia de la literatura de la mano de un devoto «joyceano». Quienes aún no hayan leído a Vila-Matas hallarán un bonito paseo por las bellísimas calles de Dublín que, quizá, no les acabe de llenar del todo. Tengo claro, eso sí, que no será la última vez que recurra a él, porque su estilo me ha encantado.