El caso del mago ruso, de José María Fernández-Luna






Autor: José María Fernández-Luna
Editorial y año: Ediciones B, 2013


Ramón Fernández-Luna, que goza de merecida fama en toda España por su inteligencia y perspicacia, está inmerso en la tarea de atrapar a un famoso ladrón de guante blanco, el Fantasma, cuando recibe la orden de investigar la desaparición de un preso de la cárcel Modelo, un mago, el Gran Kaspar, acusado de robo y asesinato. Un relato absorbente, original y magníficamente construido, que transcurre entre la realidad y la fantasía, con un escenario de fondo abundante en detalles costumbristas de la época y en el que se entremezclan la alta burguesía barcelonesa y los míseros pobladores de la ciudad, vedettes, prostitutas, criminales, delincuentes, anarquistas y espías alemanes.


José María Fernández-Luna, escritor que ha firmado numerosas novelas con el pseudónimo de Patrick Ericson, recupera su nombre real para novelar una aventura vivida por un antepasado suyo, Ramón Fernández-Luna, el jefe de la Brigada Criminal de Madrid. Considerado el Sherlock Holmes español, es un policía diferente: no duda en echar mano de curiosas maneras de encarar las investigaciones, algo que no se estilaba en aquel momento. A través de un personaje tan peculiar, nos adentramos en un maravilloso retrato de la Barcelona de la Primera Guerra Mundial. Una mezcla entre misterio e historia que, como sabéis los que me seguís, siempre me ha parecido brillante.

Europa se tambalea a consecuencia de la Gran Guerra, la primera importante contienda internacional. En un Madrid un tanto convulso por la declaración de neutralidad del país, Ramón Fernández-Luna, el jefe de la Brigada Criminal de la capital, investiga a un famoso ladrón al que buscan por todo el continente. No obstante, una llamada lo insta a abandonar el mando del caso para acudir a Barcelona e investigar la desaparición de un recluso de la Modelo. El Gran Kaspar, un mago acusado de asesinato, se ha volatilizado de la cárcel. Fernández-Luna no acaba de creer que se trate de un mero truco y sus arriesgadas pesquisas lo llevarán a introducirse en los bajos fondos de la sociedad barcelonesa, donde se enfrentará a personajes peligrosos a los que no gustará la presencia del policía madrileño.

La novela de misterio me gusta tanto como me desconcierta. Las más de las veces soy incapaz de seguir la senda que recorre la indagación del protagonista, aunque así y todo soy capaz de disfrutar de un argumento complejo y bien hilado. El caso del mago ruso es un claro ejemplo de calidad, donde José María Fernández-Luna tiene a bien introducir varias subtramas que poco a poco se cruzan y adquieren un sentido completo. No deja de maravillarme la capacidad de los autores del género al presentar una historia de tan complicada construcción sin cometer errores ni dejar cabos sin atar, y el caso que nos ocupa hoy no es ninguna excepción. Si bien el lector al principio quizá no entiende qué une unas escenas con otras, enseguida verá cómo cualquier situación forma parte de un todo sorprendente y espléndido.

A pesar de la absorbente trama de intriga, ya sabéis hacia dónde va siempre la cabra, por lo que un amante de la novela histórica como yo apreciará la recreación del ambiente que debió de respirarse en la Barcelona, o la España, del enfrentamiento internacional. La presencia de espías rusos o alemanes no hace sino añadir más emoción al libro y se aprecia claramente el trabajo de documentación al que se ha dedicado el autor antes de comenzar a describir la agitación social que sacudía la Península. El argumento y la atmósfera resultan magníficos, pero no menos elogiables son la prosa del autor y la construcción de los personajes. Mediante una narración ágil y atractiva, y unos protagonistas cuyos papeles son representados con gran naturalidad, llegamos al final, un cierre dorado e inesperado.

La mezcla entre historia y misterio, que tan sabiamente ha aprovechado Jerónimo Tristante con sus célebres libros sobre Víctor Ros, encuentra en José María Fernández-Luna un interesante añadido de realidad; no en vano el autor incluye en la novela escenas que de verdad protagonizó su antepasado. Asistimos, pues, a un relato en el que están presentes numerosos ingredientes y, de ahí la brillantez, ninguno eclipsa al resto. El caso del mago ruso es una fascinante novela en la que el lector se sumerge sin remedio ya al principio y no vuelve a la superficie hasta desentrañar qué sucedió con el ilusionista en la cárcel barcelonesa. Una lectura adictiva que no os dejará indiferentes.

La virgen del Sol, de Jordi Díez






Título: La virgen del Sol
Autor: Jordi Díez
Editorial y año: Ediciones B, 2007

Nemrac, una joven virgen inca, ha sido declarada virgen del Sol, un honor con el que se distingue a pocas personas. Junto con su padre Nuba y su madre Airún emprende el viaje hacia la ciudad de Qosqo. Pero al llegar, Nemrac y Nuba se separan y él comenzará entonces una búsqueda incansable para recuperarla. Corren tiempos turbulentos para el Imperio inca. El emperador ha iniciado la expansión territorial para evitar que se cumpla una profecía que vaticina la inminente desaparición de su pueblo. Tras un sangriento proceso, luchas entre sucesores, traiciones inesperadas y la aparición de héroes y mártires, se requiere un sacrificio final. Cuando Nemrac está a punto de ser inmolada, su padre llega por fin a su encuentro, dispuesto a morir en su lugar. Pero al final, el amor no necesita que Nuba entregue su vida, y otro sacrificio basta para salvar la de Nemrac.


A pesar de que el imperio inca fue una de las civilizaciones precolombinas más importantes y de mayor influencia en la cultura actual de numerosos países sudamericanos, no son tantas las novelas exclusivamente ambientadas en ese período. Acerca de la llegada de los primeros conquistadores españoles hay multitud de libros, pero ¿por qué tan poca gente se anima a novelar los años o siglos previos a la destrucción española? ¿Será que todavía nos sentimos avergonzados por cuanto hicieron nuestros antepasados y preferimos evitar echar la vista atrás? Abordé emocionado la lectura de La virgen del Sol, de Jordi Díez, que prometía un interesante viaje al corazón mismo del imperio -un lugar y una época de los que nada, o muy poco, había leído- y he hallado una aventura apasionante e inolvidable.

El imperio inca vive uno de sus momentos más críticos bajo el mando de Pachacutec, quien está decidido a acabar de una vez con los pueblos que cuestionan su liderazgo. Mientras varias comitivas de soldados acuden a los extremos del imperio a fin de sofocar las rebeliones y someter a quienes todavía resisten, la joven Nemrac es declarada virgen del Sol. Debe acudir junto a sus padres a la ciudad de Qosqo para formar parte del selecto grupo de vírgenes dedicadas al dios Inti, pero por el camino nada ocurre como habían planeado: su madre muere y ella es separada de su padre. Nuba, el padre de Nemrac, emprende un viaje para recuperar a su hija y encontrarse a sí mismo, aunque no sabe que desempeñará un papel esencial en la misión de conquista del soberano inca y del hijo de este, el príncipe que heredará el imperio.

La virgen del Sol es una emocionante novela dedicada a los incas. Dedicada tanto en la historia, que se centra en la expansión del imperio a manos del soberano, como en la narración, que cuenta con numerosas expresiones que dan color precolombino a la trama. Jordi Díez ha hilado una apuesta muy arriesgada, ya que la prosa puede resultar densa para un neófito en el género de la novela histórica, pero el resultado es justamente el esperado. Gracia a una narración altamente descriptiva, nos adentramos en las costumbres y creencias incas y asistimos a una espectacular reproducción de los enclaves principales en que se desarrolla la trama. Es un verdadero lujo asistir a un relato tan magníficamente documentado y aprender, de la mano del autor, cómo vivían y sentían los habitantes del imperio.

No solo en la construcción detallada entrevemos la maestría de Díez, no. La prosa, impecable, hace gala de un excelso dominio del lenguaje que encantará a quienes, como yo, disfrutan de un estilo cuidado, elaborado y mimado. Por otro lado, los personajes irradian fuerza y magnetismo a partes iguales y el autor sabe cómo jugar con el lector para que cambie, una y otra vez, la opinión que le merece alguno de los protagonistas. A lo largo de la novela, además, encontramos numerosas reflexiones que, si bien centradas en las creencias incas, no dejan de ser verdades universales que cantan al amor, a la amistad, a la vida. Es en estas cuestiones donde vemos claramente hasta qué punto cualquier religión o dogma está basado en las mismas premisas. ¿Por qué seguimos emperrados en separar las fes?

Mi primera incursión en el imperio inca ha arrojado un estupendo resultado. La virgen del Sol me deja con ganas de seguir ahondando en una civilización que no por lejana, tanto en la historia como en la geografía, deja de antojarse atractiva. Jordi Díez ha construido una novela que mezcla, con gran tino, numerosos ingredientes en los que el lector se abandonará para disfrutar de una trama de complicada elaboración que le transportará a un enclave mítico. Un libro destinado a satisfacer la sed de conocimiento de los amantes de la novela histórica de calidad.

Espía de Dios, de Juan Gómez-Jurado




 


Título: Espía de Dios
Autor: Juan Gómez-Jurado
Editorial y año: Roca, 2006

Roma, 2 de abril de 2005. El Papa Juan Pablo II acaba de morir y la plaza de San Pedro se llena de fieles dispuestos a darle el último adiós. Al mismo tiempo, se inician los preparativos para el cónclave del que ha de salir el nombre del nuevo Sumo Pontifice. Pero justo entonces los dos cardenales mejor situados del ala liberal de la Iglesia, Enrico Portini y Emilio Robayra, aparecen asesinados siguiendo un mismo y macabro ritual que incluye la mutilación de miembros y mensajes escritos con simbología religiosa. Un asesino en serie anda suelto por las calles de Roma, y la encargada de perseguirlo será la inspectora y psiquiatra criminalista Paola Dicanti.


Recuerdo el furor que causó El código Da Vinci y cómo, a raíz de su éxito, vio la luz multitud de novelas parecidas que protagonizaron la moda literaria del momento. Al asomarme a la sinopsis de Espía de Dios, que leí cuando se publicó y que recupero hoy por la reedición que ha llevado a cabo Planeta, pensé que sería una más, otra historia que involucraba el Vaticano, otra muestra de poca originalidad. Y no, ni por asomo. La primera novela de Juan Gómez-Jurado es un thriller trepidante, absorbente e inteligente que gira en torno a una serie de asesinatos durante el cónclave para elegir un nuevo Papa. Seguro que ahora entendéis por qué la novela ha vuelto, muy recientemente, a las librerías.

Con la muerte de Juan Pablo II comienza el cónclave que determinará el nombre del sucesor y nuevo Sumo Pontífice. Mientras finalizan los preparativos para empezar la cita, aparecen asesinados los dos cardenales liberales que más opciones tenían para aspirar a Papa. La similitud que une ambas muertes y los mensajes crípticos que se encuentran en las escenas de los crímenes eliminan toda posibilidad de casualidad. Hay que investigar quién ha perpetrado los asesinatos, y la encargada será Paola Dicanti, una inspectora y psiquiatra criminalista que hará lo posible por conocer la identidad de la persona que campa por Roma con sed de sangre de figuras eclesiásticas de primer orden.

Si al leer el resumen que he escrito del argumento juzgáis, como yo en su día, que la novela tiene alguna semejanza con las novelas de Dan Brown, podéis creerme cuando afirmo que Juan Gómez-Jurado está muy por encima. La calidad de Espía de Dios es superior por muchos factores que procederé a explicar. En primer lugar, destaca la prosa sobria y cuidada del autor, sin fisuras de ningún tipo. Una narración impecable que nos conduce al ritmo supersónico con el que se desarrolla la historia. No se trata tanto de que sea apresurado como de que los giros argumentales atrapan hasta límites insospechados y llegamos al final casi sin reparar en ello. Ya van dos elementos que muestran la grandeza de la obra: la prosa y el ritmo.

En la prosa, no quisiera olvidármelo, hallamos otro aspecto que vuelve diferente la novela: la composición de la misma. A lo largo del libro encontramos informes psicológicos, artículos de periódico o conversaciones entre los personajes..., un dechado de originalidad que ensalza, todavía más, la sabia apuesta del autor por alejarse de una moda literaria algo monótona. Las palabras en italiano que salpican la historia, además, dan color y sabor y nos ayudan a emprender el viaje a Roma con una gran naturalidad. Ya para terminar, el claro tono anticlerical de la novela, ideal para ateos como un servidor, y la cercanía con que percibimos a los personajes son los últimos ingredientes que forman parte de una trama frenética, adictiva y sorprendente que hará las delicias de cualquier lector en busca de una buena historia.

Lectores en quienes confío seriamente me han asegurado que Juan Gómez-Jurado se crece a medida que suma nuevos libros a su carrera literaria. Es cierto que he dejado abandonado a este escritor, ya que no he vuelto a leer nada de él, pero no es porque su ópera prima no me gustara. Como habéis podido comprobar, Espía de Dios es una lectura más que recomendable para adentrarse en una novela que no suelta ni deja respirar hasta el final. Un thriller de gran calidad que pone de manifiesto, una vez más, la gran capacidad de nuestros autores. ¿Por qué a menudo confiamos más en los que llegan de lejos que en nuestros paisanos? Será que, como dice el refrán, nadie es profeta en su tierra, y es una verdadera lástima cuando por ello dejamos escapar auténticas joyas como la que os presento hoy aquí.

El misterio de la cripta embrujada, de Eduardo Mendoza






Título: El misterio de la cripta embrujada
Autor: Eduardo Mendoza
Editorial y año: Seix Barral, 2001 (1979)

Las enigmáticas desapariciones de niñas del colegio de las madres lazaristas de San Gervasio son el punto de inicio de la aventura indagatoria que tiene como protagonista a un cliente del manicomio, quien, obligado a convertirse en investigador, se verá envuelto en toda clase de percances de los que logrará salir llevando a cabo su cometido y descubriendo una intrincada farsa de gente pudiente. Una farsa burlesca y una sátira moral y social que tiene sus raíces últimas en la picaresca y en el modelo cervantino.


Hay ocasiones en que, como lectores, nos dejamos arrastrar por una más que absoluta terquedad. El hecho de que un autor no logre convencernos con según qué novela no impide que, a veces, queramos darle una segunda, o incluso tercera, oportunidad. Tras el tedio que sentí con la historia de Sin noticias de Gurb y la decepción parcial que me llevé con La ciudad de los prodigios, me vi con ganas de probar de nuevo con un libro de Eduardo Mendoza. El afortunado -o no tanto- ha resultado ser El misterio de la cripta embrujada, que me ha gustado un poco más que mi anterior experiencia con el autor barcelonés. No era tan difícil, sin embargo. Quizá la próxima me deleite ya del todo.

En un colegio de monjas del pudiente barrio de Sant Gervasi ha desaparecido una de las alumnas, un suceso que guarda una extraña relación, y un asombroso parecido, con otro que ocurrió años atrás. Uno de los pacientes de un manicomio barcelonés será el encargado de llevar a cabo la investigación para ganarse, así, la anhelada libertad del centro. Al dar los primeros pasos por esclarecer el caso, el loco verá cómo detrás de las desapariciones reside una compleja trama que salpica a gente influyente y poderosa de la sociedad de la capital catalana. ¿Logrará un hombre que está supuestamente desequilibrado sacar a la luz toda la verdad o las enfermedades mentales que, dicen, lo aquejan le impedirán actuar con presteza e inteligencia?

Nos encontramos ante una sátira con todas las de la ley. El misterio de la cripta embrujada es a la novela de misterio lo que El Quijote era a los libros de caballerías: una burla irónica y aguda que ahonda en los puntos débiles del género. Eduardo Mendoza elabora una sabia crítica y, al lanzarse a la escritura de una novela de misterio, deja en un curioso segundo plano el caso en sí. Me ha dado la impresión de que la investigación de lo sucedido es menos importante que la aventura personal del protagonista. Se trata de una vuelta de tuerca que pone del revés este tipo de historias y que me ha parecido un acierto. El ritmo apresurado con el que se desarrolla la acción, además, es otro elemento que resalta la naturaleza misma de la denuncia que trama el autor. 

Más allá del perfil original y curioso del protagonista, el humor de la novela está presente en la narración misma y en el habla del personaje principal: un discurso enrevesado, rimbombante y culto que no casa, en absoluto, con la idea que a priori pudiéramos habernos hecho del loco. Pese a la simpatía que rodea el estilo culto y un tanto pedante, el tono de la novela es un arma de doble filo. Sí, porque habrá a quien le parezca que las expresiones eruditas constituyen una traba para el buen seguimiento de la historia. A mí el sentido del humor de la historia me ha agradado pero no lo suficiente para hacerme reír, como le ha sucedido a mucha gente, pero aprecio la riqueza lingüística presente en la obra.

La naturaleza subjetiva del humor impide que todos los lectores lo pasemos bien, o que incluso soltemos alguna que otra carcajada, con una novela en cuestión. Ya avanzo que ningún libro ha logrado hacerme reír, como mucho he esbozado alguna sonrisa, más o menos débil. El misterio de la cripta embrujada es una lectura agradable cuyo sentido del humor no me ha calado hondo. La tercera oportunidad que doy a Eduardo Mendoza me ha dejado un regusto un tanto agridulce pero sustancialmente mejor que mis anteriores experiencias con el escritor catalán. Desde aquí os agradecería, si sois seguidores de la obra del autor, que me recomendarais aquella novela que, por fin y según vuestro criterio, podría llevarse mi admiración más sincera y completa. ¿Os atrevéis a darme algún título? Sin miedo.

Bésame y vente conmigo, de Olivia Ardey






Título: Bésame y vente conmigo
Autora: Olivia Ardey
Editorial y año: Versátil, 2013

Álvaro, Celia y Nico, tres amigos que lo compartieron todo de niños, se reúnen en el funeral de un pariente millonario que, ¡oh, sorpresa!, les ha dejado en herencia su bodega centenaria y sus ricos viñedos. Sin embargo, el testamento contiene una trampa: heredará la fortuna aquel de los tres que primero se case. ¿Quién logrará hacerse con la herencia? Un loco viaje a Las Vegas en busca de una boda a la carrera, secretos, recuerdos del primer amor entre Celia y Álvaro, malentendidos y el hallazgo de un tesoro arqueológico inesperado que hará que cada uno de los protagonistas acabe encontrando lo que más desea…, aunque ni ellos mismos lo sepan.


Hace unos años contraje un vínculo íntimo con la novela romántica que aún hoy sigue intacto. Dado que no somos tantos los lectores masculinos que alzamos nuestra voz para dar a conocer las opiniones que nos merecen estas obras, al iniciar mi andadura en un blog personal quise no dejar de lado este tipo de libros y continuar recomendándolos. Una de las autoras que se ganó mi cariño desde el primer segundo, y cuya ópera prima me pareció soberbia, es Olivia Ardey. No sabéis la ilusión que me hace escribir de nuevo una reseña favorable, esta vez acerca de Bésame y vente conmigo, para así devolverle parte del afecto que me ha dirigido estos últimos meses.

Celia, Álvaro y Nico son tres amigos con muchos años de relación en sus espaldas. A pesar de que los dos primeros intentaron afianzar su amor, finalmente fue la amistad el sentimiento que pasó a unirlos. Cuando muere el padrino de los tres, un anciano malhumorado y millonario, los amigos descubren que se han convertido en herederos de una gran fortuna. Mejor dicho, el heredero será aquel que se case primero. Mientras Celia no duda en dar el paso para cambiar de vida, Álvaro no aceptará la derrota y Nico intentará recomponer el corazón que dejó añicos su último novio. ¿Quién acabará siendo el único heredero de unas vastas extensiones de viñedos?

Pese al cambio de registro con respecto a Dama de tréboles -esta vez nos encontramos ante una comedia romántica, no ante una novela de corte histórico-, Olivia Ardey se mantiene fiel a su estilo y a su maravillosa habilidad para empatizar con los lectores. En Bésame y vente conmigo demuestra, una vez más, su capacidad de innovación, de sorpresa, que añade un factor decisivo a un género a menudo tan previsible. A través de unos giros argumentales bien escogidos, la autora nos ofrece un sobresalto delicioso que nos conduce a terminar la novela sin apenas darnos cuenta. Un argumento sencillo pero indudablemente simpático y atractivo que no promete más de lo que cumple. Y lo cumple, vaya si lo cumple.

Los diálogos son, en mi opinión, el aspecto en que mejor se aprecian las innegables dotes narrativas de la escritora. Repletos de una extrema naturalidad, las conversaciones entre los protagonistas irradian frescura y alegría. Por otro lado, el perfil de los personajes está tan trabajado que la cercanía con que los sentimos es absoluta e inmediata. Además, el estilo ágil de la narración todavía nos permite avanzar la lectura con más velocidad. No quisiera terminar la reseña sin destacar la bonita relación homosexual que aparece en la novela. Creo que la autora hace gala de una necesaria valentía al introducir un romance gay en el libro. Espero que poco a poco los lectores nos concienciemos de que el amor es algo propio del ser humano, más allá de gustos ni condiciones, y nada mejor que la literatura para lograr tal fin.

Con sinceridad debo confesar que Bésame y vente contigo me ha durado tan solo dos asaltos. Son pocas las novelas que consiguen seducirme hasta el punto de no querer abandonarlas hasta finalizarlas, y este es uno de esos raros casos. Olivia Ardey ha hilado una divertida comedia en que el amor, en todas sus facetas y personificaciones, desempeña un papel esencial. Desde aquí aprovecho para dar las gracias a la autora por el cariño que siempre me ha demostrado y para informarle de que me hallo, otra vez, a su disposición, como lector, para abordar cualquier novela que decida escribir. Ojalá sean muchas las historias y no menos los éxitos.

Estaba en el aire, de Sergio Vila-Sanjuán






Título: Estaba en el aire
Autor: Sergio Vila-Sanjuán
Editorial y año: Destino, 2013

Una mujer de la alta sociedad, muy bella y muy desgraciada. Un publicitario embarcado en un programa radiofónico que busca a personas desaparecidas. Un magnate con buenos contactos políticos dispuestos a consolidar su imperio. Un joven del Norte que rastrea sus orígenes. En la Barcelona de 1960, un momento en el que España empezaba a salir de la negrura de posguerra para convertirse en una sociedad de consumo, animada por promociones televisivas y elegantes fiestas veraniegas a la luz de la luna, las trayectorias de todos ellos se cruzan iluminando ambientes contrapuestos.


La vida puede ser sencilla o complicada, en función de la actitud con que la encaremos y de la suerte que nos acompañe. Lo mismo sucede en literatura. Los autores a menudo procuran presentar un argumento imbrincado para demostrar hasta qué punto son capaces de hilvanar sus historias. Y no me parece mal, en absoluto, pero a veces se agradece que un escritor nos regale una novela que haga gala de una elegante sencillez. Estaba en el aire, de Sergio Vila-Sanjuán, me reconcilia con el premio Nadal a través de una prosa exquisita y natural que me ha adentrado en una trama tranquila y sumamente agradable. ¡Qué alegría que no se parezca en nada al ganador del año pasado...!

Los años sesenta suponen una década de cambios en la Barcelona franquista. El país se dirige a un auge económico que se plasma en una sociedad más dedicada a los lujos y al consumo y que intenta superar, y olvidar, las penurias pasadas. Un programa de radio que tiene como objetivo reunir a familias desmembradas cosecha un éxito inesperado, alrededor del cual girarán cuatro personas con vidas muy distintas: un publicista, un joven que busca sus orígenes, un magnate millonario y una joven «bien» de gran belleza y no tanta fortuna. Todos ellos verán cómo nada volverá a ser igual para ellos tras conocerse en una ciudad progresista, moderna y, por fin, esperanzadoramente optimista.

Estaba en el aire es una novela calma, clara, afable. Sergio Vila-Sanjuán logra transmitir una sensación de placidez a la que, a buen seguro, en literatura no es fácil llegar. Incluso diría que es menos difícil desprender un halo de opacidad que confunda a algunos lectores y sepa encandilar a otros. Detrás de la aparente sencillez del argumento resulta evidente el gran esfuerzo que ha hecho el autor por despojarse de giros absurdos e irreales que nos alejarían de la historia. La naturalidad con que evolucionan las vidas de los protagonistas permite que asistamos a los derroteros que toman sus días con gran interés, aunque la novela cuenta con más ingredientes que la convierten en una lectura fresca y altamente recomendable.

La prosa de Vila-Sanjuán, por ejemplo, es impecable. Un amante de las buenas narraciones y de los textos cuidados, como un servidor, agradecerá el estilo del autor, en el que no se aprecian fisuras ni fallos. Con un tono directo y sincero, el lenguaje de la novela nos conduce a una empatía completa para con los personajes. Este es otro de los elementos que me gustaría destacar del libro: su verosimilitud. Somos conscientes de que nos encontramos en los años sesenta y todos los personajes actuarán en consecuencia. Es algo que parece evidente pero que en no pocas ocasiones los escritores descuidan en aras de un objetivo mayor, como pueda ser una trama compleja. 

Contar con un excelso dominio del lenguaje puede derivar en la pedantería que encontré en El temblor del héroe o en la tranquilidad que emerge de Estaba en el aire. Sergio Vila-Sanjuán ha sabido, en mi opinión, consagrar su estilo en el buen camino y dirigir sus pasos a una acertadísima segunda novela que le ha valido el premio Nadal de este año. Un galardón cuyo fallo no me sorprende en absoluto y con el que estoy más que de acuerdo. Ojalá en todos los premios literarios hallara la justicia que me ha parecido entrever en el resultado de este; es la única manera de que los lectores recuperemos la fe -quizá perdida, quizá olvidada- en dichos certámenes.

La lista de mis deseos, de Grégoire Delacourt






Título: La lista de mis deseos
Autor: Grégoire Delacourt
Traductora: Teresa Clavel
Editorial y año: Maeva, 2013

La protagonista de esta historia es Jocelyne, quien regenta su propia mercería en Arras y escribe un blog sobre costura y manualidades. Sus mejores amigas son las gemelas propietarias del salón de belleza vecino. Su marido es de lo más normalito, y sus dos hijos ya no viven en casa. En este punto de su vida no puede evitar sentir cierta nostalgia al pensar en sus ya caducas ilusiones de juventud, cuando soñaba con ser modista en París. Cuando las gemelas la convencen para que juegue al Euromillón, se encuentra, de repente, con dieciocho millones de euros en las manos, y la posibilidad de tener todo lo que quiera. En ese momento es cuando Jo decide empezar a escribir una lista enumerando todos sus deseos, desde una lámpara para la mesa de la entrada hasta una nueva cortina para la ducha; porque, para su propia sorpresa, ya no está del todo segura de si el dinero realmente trae la felicidad…


En una coyuntura política, social y económica tan difícil como la que vivimos ahora mismo, no son pocas las novelas de denuncia y crítica que han ido apareciendo. En el otro lado del pesimismo, sin embargo, ha surgido una novela diferente y necesaria que aboga por una felicidad más allá del dinero. La lista de mis deseos, de Grégoire Delacourt, cuenta una historia que reflexiona sobre el poder de los millones de euros y cómo estos no siempre implican alegría. A pesar de que el punto de partida me parece interesante y bien hallado, creo que el autor podría haber aprovechado más el argumento, ya que la sorprendente brevedad del relato conduce a una predecible superficialidad.

Jocelyne es una mujer feliz. Ama a su marido, se siente cómoda en su mercería y gracias a su blog sobre costura llega a muchísima gente. Las dos mejores amigas de Jo, gemelas y propietarias de un salón de belleza, intentan convencerle para que juegue al Euromillón, lotería en la que ellas mismas llevan años buscando suerte. Rendida ante la insistencia de sus amigas, Jo termina aceptando y echa un boleto, sin ganas ni aspiraciones. Cuál será su sorpresa al saber que ha ganado algo más de dieciocho millones de euros. Es entonces cuando se le plantea qué hacer con tanto dinero, y para ello elabora una lista de necesidades y deseos. Lástima que no todo pueda comprarse con unos cuantos billetes...

La historia parte de una base atractiva y llamativa: el premio de dieciocho millones que gana la protagonista. La lista de mis deseos es una acertada reflexión sobre la naturaleza misma del dinero y de cómo a veces no basta con tener unos cuantos ceros en la cuenta bancaria. Grégoire Delacourt ha construido un relato sencillo y tierno que supone un punto de inflexión a nuestra vida social capitalista y derrochadora. Aplaudo desde aquí el esfuerzo del autor por proponer una historia distinta y esperanzadora en la que mucha gente podrá sentirse identificada; no tanto por los millones de la lotería como por la urgencia de valorar cuanto tenemos y deseamos. Gracias a una prosa ágil y amena, la novela se convierte en un simpático paseo por la vida de la protagonista, aunque el ritmo me ha parecido un poco apresurado.

Es el inconveniente de abordar lecturas tan breves: a menudo da la impresión de que falta profundidad, de que nos enfrentamos a una historia contada de forma precipitada y rápida. Creo que el argumento daba más de sí, que el autor podría haber sacado más partido de la idea original para construir un libro más contundente y mejor hilvanado. Yo habría disfrutado más de la historia y seguro que la experiencia de Jocelyne me habría calado más hondo. Por otro lado, he echado de menos la alegría y el optimismo con que la editorial publicita la historia. Pese al estilo directo de la narración, no he acabado de encontrar elementos que vayan más allá de la premisa de la trama -que el dinero no da la felicidad- y, de nuevo por lo escueto de la historia, no he logrado empatizar con la protagonista.

Una novela corta puede provocar dos sentimientos en los lectores: ya la sensación de que no sobra ni falta ni una sola coma y de que la narración hace gala de una excelente brevedad, ya la impresión de que se ha desperdiciado un filón que prometía mucho. Con La lista de mis deseos me encuentro en la segunda situación que he descrito, puesto que creo que Grégoire Delacourt propone una apuesta arriesgada y sabia pero un tanto borrosa y opaca. Es una novelita que recomiendo de todos modos, dado que nadie invertirá demasiado tiempo en ella como para sentirse estafado. Se trata de una lectura agradable, ideal para pasar un par de horitas entretenido, y poco más.