El último pasajero, de Manel Loureiro






Título: El último pasajero
Autor: Manel Loureiro
Editorial y año: Planeta, 2013

Agosto de 1939. Un enorme transatlántico llamado Valkirie aparece a la deriva en el océano Atlántico. Un viejo buque de transporte lo encuentra por azar y lo remolca a puerto, tras descubrir que en él tan sólo queda un bebé de pocos meses… y algo más que nadie es capaz de identificar. Setenta años después, un esquivo hombre de negocios decide reflotarlo y repetir, paso por paso, el último viaje del Valkirie. A bordo, atrapada en una realidad angustiosa y contrarreloj, la periodista Kate Kilroy descubrirá que sólo su inteligencia y su capacidad de amar podrán evitar que la nave se cobre de nuevo su siniestro precio en este viaje.


En los últimos años, hemos presenciado cómo ciertos autores cosechan un éxito arrollador con sus apuestas electrónicas, convirtiéndose en un fenómeno viral que acaba desembocando en la publicación de sus novelas por parte de una gran editorial. Manel Loureiro comenzó escribiendo en un blog, lo que luego se alzaría como una de las trilogías de zombis más vendidas y famosas de la década. Tiempo después de dar por finalizada su terrorífica andadura, el autor nos propone un apasionante viaje en El último pasajero, una novela que mezcla ingredientes de diferentes géneros con un resultado excelente. ¡Bienvenidos a bordo del Valkirie! No se podrán bajar, aunque quieran...

En pleno verano de 1939, un buque modesto encuentra, inmerso en una niebla inquietante y misteriosa, el Valkirie, un imponente transatlántico que va a la deriva. Cuando unos marineros suben a bordo para ver qué ha ocurrido, tan solo encuentran un bebé y una presencia extraña y maligna que no logran identificar. Ya en el siglo XXI, un exitoso hombre de negocios da todo cuanto tiene por recuperar el barco, restaurarlo y repetir el último viaje del Valkirie, para saber qué ocurrió realmente con el pasaje. Kate Kilroy, una periodista que por casualidad acaba embarcada en el transatlántico, será testigo de una carrera tenebrosa, enigmática y peligrosa para evitar que los nuevos pasajeros corran la misma suerte que los originales.

Hay novelas que seducen por las portadas; otras, por el resumen del argumento; unas últimas, en cambio, reúnen ambos factores. Ese es el caso de El último pasajero. La novela cuenta con suficiente atractivo para llamar la atención por sí sola y conseguir que un potencial lector sienta curiosidad y termine leyéndola, descubriendo así una magnífica historia de misterio que lo mantendrá en vilo en todo momento. Manel Loureiro propone una lectura absorbente y adictiva en la que mezcla realidad y fantasía, amor y terror, de forma magistral y natural, todo ello acompañado por una prosa cuidada y ágil que imprime un ritmo todavía más trepidante e imparable. Además, con Kate, la protagonista, es fácil empatizar, porque es un personaje de carne y hueso con sentimientos y sufrimientos muy humanos.

A pesar de todo lo que he destacado hasta ahora, me gustaría resaltar los dos elementos que, para mí, hacen de la novela una lectura impresionante: la atmósfera del Valkirie y el final con que se cierra el libro. El autor se las ingenia para presentarnos una atmósfera macabra, un tanto terrorífica y siniestra, que resulta una completa delicia. El ambiente que se respira en el barco contiene tanta tensión y acción que no da respiro alguno y que impide que dejemos de lado la lectura; es imposible parar hasta llegar al fin. Y en cuanto al final, es absolutamente maravilloso. Apoteósico, infernal, emocionante y pasional, el cierre es la guinda del viaje a bordo del transatlántico. Hace muchos meses que no leía las últimas páginas de una novela con tanto fervor. Qué lástima que sea un único viaje...

Si El último pasajero era la novela clave que iba a consagrar, o no, la carrera de Manel Loureiro, no me queda ninguna duda de que el escritor gallego ha sabido encontrar su voz y su género. La travesía ha subrayado la maestría con que el autor maneja la intriga y su capacidad de innovar con una historia que se aleja de cualquier libro que se haya leído. Necesitamos, y de qué manera, que nos sorprendan con planteamientos originales que lleven a una resolución impresionante, y estoy seguro de que el argumento de esta novela os atrapará. Dejad atrás todo lo que creíais hasta el momento, abrid los ojos y la mente y no dudéis en subir al Valkirie. No os arrepentiréis... o quizá sí.

El tiempo de los héroes, de Javier Reverte






Título: El tiempo de los héroes
Autor: Javier Reverte
Editorial y año: Plaza & Janés, 2013

Marzo de 1939. A punto de caer Madrid y tras las derrotas del río Ebro y Cataluña, el ejército republicano se desploma mientras las tropas franquistas avanzan hacia Levante, a la conquista de los últimos bastiones de la II República. En el pueblo de Pretel (Alicante), el gobierno de Juan Negrín y buena parte de los dirigentes del Partido Comunista preparan su salida de España. Y hasta allí llega el general Juan Modesto para organizar, junto con otros jefes militares republicanos, la evacuación del gobierno. Son los últimos días de la guerra y los recuerdos se agolpan en la mente de Modesto. Por su memoria desfilan los días de su infancia, las alegres jornadas del Madrid que resistía el avance del fascismo, sus amores, los combates del Quinto Regimiento y de las Brigadas Internacionales, todas las batallas que le convertirían en una leyenda: el Jarama, Brunete, Belchite, Teruel, el Ebro, Cataluña... 


Javier Reverte es el rey indiscutible de la literatura de viajes en nuestra lengua. Los libros en los cuales narra sus travesías han supuesto el renacimiento de un género un tanto olvidado hoy en día. Tras la maravillosa sorpresa que me llevé con Corazón de Ulises, me apetecía descubrir la faceta de narrador de ficción del autor. Al conocer la publicación de El tiempo de los héroes, dejé a un lado el reparo que siempre me embarga antes de valorar leer una novela sobre la Guerra Civil y, una vez terminada, no puedo sino agradecer que haya superado mis prejuicios en cuanto a la historia reciente de nuestro país. Hoy no os hablo de una novela recomendable, no, sino más bien imprescindible.

Pocos días faltan para que el frente franquista se proclame vencedor de la Guerra Civil que ha enfrentado a las dos Españas. Juan Modesto, el general que ha logrado una de las distinciones más elevadas, recuerda, en el mes de marzo de 1939, todo lo que ha vivido en los últimos años. Desde su juventud como un obrero gaditano hasta formar parte del alto mando del ejército republicano, Modesto repasa los acontecimientos más importantes que han tenido lugar durante la guerra fratricida. Los enfrentamientos del Jarama, Brunete, Belchite o del Ebro se unirán a las conversaciones con Negrín, Carrillo, la Pasionaria o el resto de generales de su bando.

El tiempo de los héroes es una obra maestra. En ella, Javier Reverte nos ofrece un ambicioso y excelente retrato de la Guerra Civil, vista desde los ojos de uno de los soldados que participó en ella y que más reconocimiento recibió en su momento. Se trata de un recorrido completo, vibrante y brillante por el período más oscuro de la España del siglo XX, en el que los principios éticos se enfrentaron a la fuerza del más poderoso. La novela se alza como una suerte de clase de historia con la que el lector se verá arrastrado por las pasiones que sienten el magnífico elenco de personajes. Una epopeya de carácter griego firmada por uno de los mejores escritores contemporáneos, quien demuestra por qué su nombre es siempre sinónimo de indiscutible calidad literaria. Yo, de nuevo, me rindo a su versatilidad narrativa.

En el libro, Reverte ha logrado una hazaña que roza lo imposible: conseguir que el lector se sienta casi obligado, por el ritmo y la acción de la trama, a continuar leyendo para descubrir qué sucederá a continuación. Es toda una proeza, porque ya sabemos de antemano cómo terminarán las batallas y quiénes serán los vencedores, pero parece que al adentrarnos en la lectura abandonamos cuanto conocemos de la guerra y asistimos, mudos y emocionados, al relato del autor. Por otro lado, la prosa hace gala de una absoluta perfección, rica en matices y metáforas, con la cual los amantes de la buena literatura sin duda disfrutarán. No puedo olvidar el magnetismo que irradian todos los personajes -sobre todo el general Modesto-, la belleza de las descripciones y la gran sensibilidad que impregna cada una de las escenas bélicas.

Ya he anunciado la pereza que me sobreviene siempre que me encuentro ante una novela ambientada en la Guerra Civil, como si nuestros autores no encontraran otros períodos que relatar en sus libros. A Javier Reverte, sin embargo, no me puedo resistir y no sabéis cuánto me alegro de haber leído El tiempo de los héroes. En una heroica odisea, Juan Modesto, como un Aquiles moderno, lucha contra el destino por sus ideales, dejando atrás su aura de divinidad y mimetizándose con sus compañeros de batalla. Una auténtica joya literaria que desprende maestría por los cuatro costados y que sitúa a su autor en el Olimpo de los escritores que se han lanzado a narrar la trágica contienda.

La soledad de los números primos, de Paolo Giordano


 





Título: La soledad de los números primos
Autor: Paolo Giordano
Traductor: Jesús Manuel Salmerón Arjona
Editorial y año: Salamandra, 2009

Existen entre los números primos algunos aún más especiales. Son aquellos que los matemáticos llaman primos gemelos, pues entre ellos se interpone siempre un número par. Así, números como el 11 y el 13, el 17 y el 19, o el 41 y el 43, permanecen próximos, pero sin llegar a tocarse nunca. Esta verdad matemática es la hermosa metáfora que el autor ha escogido para narrar la conmovedora historia de Alice y Mattia, dos seres cuyas vidas han quedado condicionadas por las consecuencias irreversibles de sendos episodios ocurridos en su niñez. Desde la adolescencia hasta bien entrada la edad adulta, y pese a la fuerte atracción que indudablemente los une, la vida erigirá entre ellos barreras invisibles que pondrán a prueba la solidez de su relación.



Creo que todavía no he hablado, en el blog, del inmenso favor que nos hace la red de bibliotecas. De un tiempo a esta parte, acudo a una para buscar aquellas novedades que me apetecen pero no lo suficiente como para arriesgarme a comprarlas. La ópera prima de Paolo Giordano, La soledad de los números primos, se encontraba en el grupo de decisiones por tomar, aunque debo confesar que la historia me llamaba mucho. Tras encontrarla en la biblioteca, secuestrarla y devorarla, no sabéis cuánto me alegra no haberla adquirido por impulso, porque es un libro que me ha decepcionado bastante.

La vida no está siendo nada fácil para Alice y Mattia. El destino está empeñado en separarlos a través de numerosas barreras que procuran alejarlos y anular la atracción que los une. Así como los números primos, que a priori están cerca unos de otros, una distancia insalvable separa a Alice y a Mattia a consecuencia de cuanto les ocurrió de pequeños. Para demostrar al mundo, y también a sí mismos, que lo que sienten va más allá de toda realidad, deberán encontrar las fuerzas necesarias para superar todos los obstáculos que les pondrán a prueba una y otra vez.

Ya sabéis que la novela romántica es uno de mis géneros preferidos; de ahí que no solo valorara la lectura de La soledad de los números primos, sino que la curiosa relación que parecía unir a los dos protagonistas llamara poderosamente mi atención. Una vez leída, en absoluto me ha parecido una novela romántica. La sinopsis que nos ofrecen desde la editorial es un tanto engañosa, ya que promete una bonita historia de amor que yo no he sabido ver. Paolo Giordano ha elegido a dos personajes muy extraños y atípicos -eso sí se lo reconozco y lo ensalzo-, pero en mi opinión no consigue centrarse en la relación que los une y elige unos derroteros que me han conducido a una gran desilusión.

Más allá del trabajo que aprecio en la construcción de los personajes principales, no puedo destacar ningún otro elemento que se me antoje positivo. La prosa es un tanto inestable y el ritmo trepidante de ciertos capítulos se opone a la lentitud que protagoniza otros; lo que en principio parece ser el argumento principal -esto es, la historia de Alice y Mattia- se diluye a través de numerosas escenas y anécdotas que nada tienen que ver con lo que sienten ni son; la emoción parcial con que seguimos la narración del autor nos lleva a un final incompleto que no da respuesta a todas las preguntas planteadas y que pretende, desde el aire, que sea el lector quien imagine cómo terminan ciertos aspectos de la trama. Por último, si bien ya he comentado la originalidad de los perfiles de los protagonistas, no puedo afirmar que siempre haya empatizado con ellos, puesto que algunos de sus actos son incomprensibles.

Estaréis de acuerdo conmigo en el hecho de que las ilusiones que abrigamos con respecto a las novelas a menudo son las culpables de nuestras decepciones. Este es, precisamente, el caso. La soledad de los números primos me ha dado lo que yo no andaba buscando y me ha ocultado lo que sí me interesaba. Por tanto, soy incapaz de recomendaros la primera novela de Paolo Giordano. Tampoco soy capaz de comentar que volveré a darle otra oportunidad como escritor, porque las desilusiones literarias necesitan muchísimo tiempo para desaparecer de mi alma de lector. No diré que no beberé del agua del autor por si después me entra sed, pero dudarlo sí lo dudo, y no poco.

Los hijos del mar, de Pedro Feijoo






Título: Los hijos del mar
Autor: Pedro Feijoo
Editorial y año: Espasa, 2013

Simón Varela, arquitecto, es un reputado especialista en construcción de gallineros, chiringuitos de playa y otras chapuzas por el estilo. Su fina ironía y su instinto para sobrevivir son sus dos puntos fuertes. Por eso, un encargo de restauración en la finca de una de las familias más poderosas –y turbias– de Vigo le resulta tan sorprendente como alarmante. Sin embargo, la revelación de un inesperado secreto familiar que le incumbe y la belleza adictiva de una mujer a la que no quiere renunciar le impulsan a quedarse y a afrontar la situación como lo haría un personaje de Raymond Chandler, pero en versión gallega y ciertamente poco glamurosa.


Si hay algo que tienen en común mis últimas lecturas, es la ubicación poco común de sus argumentos. De un tiempo a esta parte me dejo llevar por novelas ambientadas en lugares que no conozco pero que me encantaría visitar, y cuando el libro me gusta mucho anoto el destino para un futuro viaje. Los hijos del mar, el espectacular debut de Pedro Feijoo, transcurre en Galicia -tanto en Vigo como en la Costa da Morte y las islas y rías gallegas- y ofrece altísimas dosis de emoción que atrapan al lector sin remedio. Una estupenda ópera prima que encumbra el nombre de un autor novel que demuestra el savoir faire de los grandes maestros del género de misterio y aventuras.

Simón es un arquitecto que todavía no ha logrado dedicarse a lo que le gustaría. Sobrevive con chapucillas de medio pelo mientras espera que le llegue el trabajo soñado. Cuando la matriarca de una de las familias más importantes de Vigo le anuncia que quiere contar con él para restaurar una parte de una de sus numerosas casas, Simón no cabe en sí de alegría y sorpresa. La obra pronto dejará atrás cualquier trazo de sencillez y se revelará como el inicio de una carrera contrarreloj en la que el arquitecto deberá desvelar los secretos que esconden los miembros y pasados de la familia Llobet. Una carrera peligrosa en la que, aun sin saberlo, Simón desempeñará un papel protagonista.

Como ya he anticipado, uno de los mayores atractivos de la novela es, para mí, el enclave donde se sitúa. Pese a no haber tenido todavía el placer de visitar Galicia, he recorrido Vigo de la mano de los personajes, he visualizado en todo momento los límites de la costa y he corrido por la orografía gallega. Pedro Feijoo ha realizado un espléndido trabajo de ambientación. Por otro lado, Los hijos del mar es una novela que une misterio, aventura, historia... Es una mezcla explosiva que surte efecto y que consigue su objetivo: que el lector no sea capaz de abandonar la lectura ni para respirar siquiera. El ritmo trepidante que acompaña la trama es el aderezo perfecto para estimular e incitar, más si cabe, a continuar adelante hasta llegar a un apoteósico final.

Mi más absoluta admiración al autor por tejer una historia tan compleja sin cometer error alguno, sin dejar vacíos por explicar. Se trata de una trama muy pensada, hilvanada con maestría, en la que nada ni nadie es lo que parece. Además, la fina ironía del protagonista no hace sino aportar un sentido del humor inteligente y mordaz con el que esbozaremos alguna que otra sonrisa a lo largo del libro. En cuanto a los personajes, el aura de misterio que los envuelve resulta irresistible, y a pesar de esa intriga se nos antojan personas reales, bien perfiladas y descritas. Por último, no puedo obviar la prosa en sí, que hace gala de un gran dominio del lenguaje y de una redacción impecable.

Antes de comenzar a leer Los hijos del mar no sabía, exactamente, qué me iba a encontrar. Ese cóctel de ingredientes que augura la portada me llamaba la atención, aunque la unión de elementos de géneros tan dispares ya me ha decepcionado con anterioridad. Esta vez, no obstante, el resultado sí es magnífico, por lo que os recomiendo el libro si deseáis adentraros en una historia en la que repasaréis un poco de historia, viviréis una aventura estimulante y adictiva y pasearéis por una de las zonas de España más bellas y misteriosas. Recordad a Pedro Feijoo, porque seguro que sabrá sorprendernos de nuevo en el futuro.

Secretos en la Provenza, de Bridget Asher


  



Autora: Bridget Asher
Traductora: Victoria Morera
Editorial y año: Vergara, 2011

Heidi, con el corazón roto por la muerte de su marido, viaja con su hijo de siete años y su sobrina adolescente a un pueblecito en el sur de Francia, donde, según dicen, una ruinosa casa de piedra cura los corazones rotos desde antes de la Segunda Guerra Mundial. Una vez allí, acompañados de una vecina que parece conocer todos los secretos de la familia –la madre de Heidi había pasado un verano sola en la Provenza, cuando ella era una niña– y un enigmático francés, Heidi y los suyos viajarán a través del amor, la pérdida y la curación rodeados de viñedos, brisas cálidas y la deliciosa comida de la región.


La suerte me ha sonreído, en lo que a concursos y sorteos se refiere, en muy contadas ocasiones. De hecho, creo que las dos novelas que he ganado provenían de uno de mis blogs preferidos, Historias Susurradas. En la citada página la fortuna me señaló hace meses como uno de los afortunados y recibí un ejemplar de Secretos en la Provenza, una novela de Bridget Asher que me llamó la atención por la elegante sencillez de su cubierta y por la historia dura pero esperanzadora que prometía. Lo cierto es que el libro no me ha decepcionado en absoluto, así que agradezco desde aquí a Patri y Maribel que organizaran el concurso del que resulté uno de los ganadores.

Heidi quiere dejar atrás el dolor que la ha golpeado por la muerte de su marido y decide viajar, con su hijo y su sobrina, a un pueblecito de la Provenza, donde una casa que pertenece a su familia desde hace generaciones es famosa por sanar los corazones rotos. Ya en Francia, Heidi se enfrentará a la pérdida del amor junto a una vieja amiga de su madre, el enigmático hijo de esta y el entorno idílico de la región. La casa, sin embargo, guarda numerosas sorpresas y secretos que sacudirán el presente, pasado y futuro de Heidi y que la ayudarán a emprender el camino de regeneración sentimental que hasta el momento no se veía capaz de comenzar.

Secretos en la Provenza cuenta con todos los ingredientes que hacen de ella una lectura placentera, agradable y tierna. La historia parte de una desgracia, la muerte del marido de la protagonista, cuyas dimensiones nos impactan también a nosotros, pero el tono que imprime Bridget Asher está sabiamente despojado de dramatismos innecesarios y se centra en los sentimientos de Heidi. Ni que decir tiene que hay escenas tristes, dolorosas y lacrimosas, pero ¿acaso la vida no cuenta, también, con momentos de ese estilo?, ¿por qué iba el libro a omitirlos? La novela hace gala de un fantástico realismo que permite que empaticemos con los personajes principales y que compartamos parte de las emociones que ellos mismo sienten.

Los secretos que augura el título suponen un par de giros argumentales que a mí me han sorprendido y atrapado al mismo tiempo. Dada la previsibilidad que suele acompañar las novelas románticas, se agradece, y no poco, que los escritores del género sepan ofrecernos algunos elementos que nos conduzcan hacia ciertos sobresaltos que no hacen sino aumentar la atracción de la historia y asegurar que el lector no la abandonará hasta el final. Por otro lado, la narración ágil y sencilla de la autora consigue un ritmo constante que no se ve empañado por las numerosas y bellas descripciones de la zona donde transcurre la historia. La casa de la familia de Heidi, y la supuesta magia que contiene, se encuentra en la excepcional Provenza, una región que queda perfectamente dibujada a lo largo del libro.

La fuerza del amor y la oda a la vida y la superación que encontramos en Secretos en la Provenza hacen de la novela una lectura apasionante, totalmente recomendable y emotiva. Me gusta que los autores describan lugares que todavía no he visitado porque así, en cuanto esté en ellos, podré comparar la imagen que yo mismo me formé con las descripciones literarias y la realidad -y, a veces, el resultado es magníficamente sorprendente-. La bonita historia de Bridget Asher se ambienta en una región francesa famosa por sus paisajes y su gastronomía, por lo que no dudaré en emprender un viajecito tarde o temprano para comprobar que es una zona rica en tan diferentes aspectos.


El libro de Nobac, de Federico Fernández Giordano






Título: El libro de Nobac
Autor: Federico Fernández Giordano
Editorial y año: Minotauro, 2009

Un misterioso anciano contrata los servicios de la bella periodista Lisa Lynch y de Edgar Pym, escritor de encargo cuya vida profesional y sentimental va a la deriva, para que dejen constancia de una singular historia. Obra en su poder un objeto prodigioso: un extraño libro en el que de un modo enigmático, ajeno a todo postulado racional, se va narrando su propia vida, día tras día. Desentrañar las claves de ese libro supondrá asimismo seguir la pista del profesor Nobac, un excéntrico científico desaparecido años atrás en extrañas circunstancias. A ello se abocan Edgar y Lisa, sin imaginar que a partir de entonces se convertirán en actores principales de un peligroso puzle, una escurridiza galería de espejos que los atrapará poco a poco hasta extraviarlos en una siniestra trama urdida en torno a ellos y en la que nada es lo que parece ser.


Ay, los premios literarios. Es una cuestión que daría de sí para protagonizar numerosas entradas, pero este no es un blog de debate, sino de reseñas literarias, y ya he hablado de novelas que se han alzado con ciertos galardones (el Planeta y el Nadal, que ahora recuerde). En muy pocas ocasiones he leído libros ganadores del premio Minotauro, en el que se presentan novelas de fantasía y ciencia ficción, dado que son dos géneros a los que me acerco poco o nada -respectivamente-. Hoy quiero hablaros de El libro de Nobac, de Federico Fernández Giordano, una historia que me ha sorprendido por los numerosos fallos que he hallado y el poso de desconcierto y enojo que me ha dejado al acabarla.

La periodista Lisa Lynch y el escritor Edgar Pym aceptan llevar a cabo la misión que les encarga un misterioso anciano. El hombre tiene en su haber un libro muy extraño en el que día a día se narra su propia vida, de forma que puede leer en las páginas lo que le acontecerá en el futuro. El mágico ejemplar está íntimamente relacionado con el profesor Nobac, un científico que desapareció hace unos años. Edgar y Lisa emprenderán una investigación contrarreloj, peligrosa y llena de claroscuros para desentrañar el curioso enigma que rodea el libro y la vida del profesor Nobac.

La opinión que me merece la lectura de El libro de Nobac puede resumirse en dos sentimientos: decepción y enfado. Por un lado, el argumento atractivo y absorbente que precede a la novela promete una dosis de maestría literaria que no he sabido encontrar en el libro. Por otro, siempre soy preso de la rabia más intensa cuando me da la impresión de que un autor juega conmigo para luego dejarme apartado sin explicaciones. Federico Fernández Giordano ha querido mezclar ingredientes tan diferentes entre sí que el resultado, que podría haber sido espectacularmente brillante, no es sino una mezcla poco acertada en la que, al final, hay más cabos sueltos que unidos. Esta vez terminar el libro no implica llegar a conocer los entresijos de la trama, antes al contrario: quedan demasiadas incógnitas sin explicar.

El comienzo de la novela es bastante bueno, con una prosa cuidada y un ritmo trepidante, pero poco a poco el lector se ve conducido hacia una senda solitaria, oscura y deprimente en la que no se topará con las respuestas esperadas. Quizá se trate de la desmedida ambición del argumento, que verdaderamente llama la atención por sí mismo, pero hay algo en la trama que acaba cansando y hastiando. El autor parte de un relato enrevesado en exceso, que a mí me ha recordado a una imposible simbiosis entre La sombra del viento y Frankenstein. Además de la evolución floja de la historia, he sido incapaz de creerme a los personajes ni de empatizar por ellos, tan planos y sosos me han parecido.

No me gusta escribir reseñas negativas porque yo no soy quién para desaconsejar una novela. Es probable que todo cuanto a mí me ha desagradado de El libro de Nobac a vosotros os encante, así que tomad mi opinión como la de un simple lector al que la historia ha dejado más bien frío. Si bien no me gusta lanzar tomates hacia un libro, pecaría de mentiroso si ahora viniera a recomendaros el de Federico Fernández Giordano. No, no os lo recomiendo porque no soy capaz de resaltar elementos positivos en una trama en la que tal vez deposité demasiadas expectativas. Mea culpa.

Descalzas, de Elin Hilderbrand






Título: Descalzas
Autora: Elin Hilderbrand
Traductora: Victoria Gordo del Rey
Editorial y año: Martínez Roca, 2009

Cuando Brenda, Vicki y Melanie aterrizan en la isla de Nantucket para pasar el verano y dejar atrás sus problemas, un huracán de emociones y sentimientos se desata. A Vicki, madre de dos niños pequeños, se le ha diagnosticado un cáncer de pulmón, su hermana Brenda, una brillante profesora universitaria, ha sido expulsada de la Universidad por mantener un romance con un atractivo alumno y la mejor amiga de Vicki, Melanie, acaba de abandonar a su marido después de enterarse de que le es infiel. Pero no hay pena ni dolor que no pueda curarse con un poco de arena de playa bajo los pies... Sobre todo, si el destino pone en su camino un hombre que cambiará sus vidas para siempre.


De vez en cuando me gusta lanzarme a la aventura y leer una novela de la que no haya oído opinión alguna. Me parece interesante abordar una lectura sin expectativas, sin apenas conocer el argumento ni el nombre de la autora. Descalzas es un libro que llamó mi atención hace ya algunos meses por la elegante belleza de la portada y la dosis de emociones que prometía la sucinta sinopsis de la contraportada. Sin saber quién era Elin Hilderbrand, adquirí un ejemplar sin pensármelo dos veces y hoy, un tiempo después, no podría estar más satisfecho con mi decisión. Sí, una novela y una escritora para mí desconocidas que me han conquistado y que jamás olvidaré.

La vida no está siendo fácil para Vicki, Brenda y Melanie. Las tres mujeres deciden refugiarse durante todo el verano en una casita en la isla de Nantucket para dejar atrás, en la medida de lo posible, sus problemas. A Vicki le han diagnosticado cáncer de pulmón, a su hermana Brenda la han expulsado del trabajo por empezar una relación con un alumno suyo y su amiga Melanie acaba de descubrir que está embarazada de un marido que le ha sido infiel. Junto a los dos hijos pequeños de Vicki, las tres emprenden una especie de retiro personal para ganar fuerza con que encarar el futuro. Un futuro que se les antoja algo más esperanzador tras conocer a un joven dispuesto a ayudarlas en todo.

Creo que hasta ahora no había citado, en el blog, ninguna frase extraída de la novela de turno. Esta vez me gustaría destacar el inicio del libro, con el que la autora ya me ganó en medio segundo: «Tres mujeres se bajan de un avión. Parecía el principio de un chiste». Un comienzo para mí brillante que ya auguraba una lectura que no iba a dejarme indiferente. Descalzas nos ofrece una historia emotiva, contada con una gran sensibilidad sin ahondar en las desgracias ni presentar un tono excesivamente dramático ni trágico. Elin Hilderbrand es consciente del revés que ha deparado el destino a las tres protagonistas y en ningún momento pretende dulcificar la realidad, sin por ello dejarse arrastrar por la desesperación más extrema. Un equilibrio curioso que en la novela aparece natural, real, verosímil y necesario.

El estilo directo, sentido y pasional de la novela permite que el lector vaya más allá de la simple compasión para con las tres mujeres. Las situaciones que viven son duras, sí, pero la novela es un canto a la vida, a la esperanza, al amor y la amistad, de forma que los sentimientos que experimentará quien acompañe a Vicki, Brenda y Melanie serán tan vibrantes como fuertes y numerosos. Por otro lado, las descripciones de la casita en la que viven las protagonistas ayudan a que nos formemos una reproducción mental que cuadra, perfectamente, con la imagen de la cubierta de la novela. No quisiera terminar la reseña sin ensalzar la maestría de la autora en cuanto a la caracterización no solo de las tres mujeres, sino también de los dos hijos de Vicki, quienes resultan tiernos y adorables.

No solamente las novelas románticas arrancan emociones en los lectores. Historias como la que os presento hoy disponen de suficientes ingredientes para transmitir unos sentimientos difíciles de rechazar u obviar. Descalzas es una novela preciosa que cuenta con una fantástica ambientación y con un elenco protagonista fabuloso. Los impulsos que en ocasiones nos llevan a comprar tal o cual libro me han regalado una lectura apasionante gracias a la cual a partir de ahora no permaneceré impasible ante la mención del nombre de Elin Hilderbrand, una escritora magistral.