La dama de las camelias, de Alexandre Dumas (hijo)






Título: La dama de las camelias
Autor: Alexandre Dumas (hijo)
Traductora: Noemi Sobregués Arias
Editorial y año: Debolsillo, 2012 (1848)

La dama de las camelias es una de las novelas más populares de todos los tiempos. Adaptada al teatro y al cine innumerables veces, inspiró incluso una de las óperas más celebradas del XIX: La Traviata, de Giuseppe Verdi. La obra cuenta la imposible historia de amor entre Armand Duval, un apuesto joven de alta alcurnia, y Marguerite Gautier, una bella y angelical cortesana. Juntos tratan de desafiar las rígidas convenciones sociales de su tiempo, entre el esplendor y la hipocresía del París de 1840.


Una de las mayores razones que me lleva a la lectura de grandes clásicos de la literatura es la posibilidad de adentrarme en retratos de la sociedad del momento. Viajar en el tiempo supone un ejercicio enriquecedor, y más aún cuando quien nos guía es un autor que vivió en la época que retrata, por lo que la verosimilitud con la realidad está bastante asegurada. Alexandre Dumas, el escritor que ha logrado pasar a los anales de la literatura junto a su padre, nos invita a conocer, en La dama de las camelias, un amor imposible que encuentra muy firmes obstáculos en las gentes de bien. Una relación tan mítica ya como arrebatadora y pasional que ha sabido emocionarme.

Marguerite Gautier es una entretenida, nombre que reciben las mujeres mantenidas por amantes que les sufragan todos los gastos. Conocida, querida u odiada por la sociedad, la cortesana despierta el amor de Armand Duval, un joven cuya riqueza, nada desdeñable, parece no bastar para sostener el alto nivel de vida de Marguerite. Es entonces cuando empieza la batalla contra sus contemporáneos para hacer valer su amor e intentar llevarlo a buen puerto, más allá de las dificultades económicas que los esperan en el futuro y la oposición de sus allegados.

El mundo de la ópera siempre me ha llamado la atención por la fuerza de la música y el poderío vocal de sopranos y tenores. Una de las obras más célebres es La Traviata, cuyo autor, Giuseppe Verdi, se inspiró en una representación teatral de La dama de las camelias, de Alexandre Dumas (hijo). Una vez leída la novela, son evidentes los motivos que llevaron al compositor italiano a elegir la vida de Marguerite -Violetta en la ópera- para dar forma al melodrama. La historia emana un magnetismo difícil de lograr, a través de una historia de amor cautivadora e inolvidable. Los sentimientos de la joven y de Armand están descritos con una maestría envidiable y el lector no tiene más remedio que dejarse envolver por la magnitud de esas emociones y participar de ellas.

La trágica relación entre los dos protagonistas eclipsa el resto de elementos que componen el libro, pero aun así me gustaría explayarme con un ingrediente que me ha atrapado irremediablemente. Como ya he apuntado antes, el autor nos permite ver la sociedad del momento a través de sus ojos y nos transporta a un París hipócrita y rencoroso. Sí, el hecho de que un joven de posibles mantenga a una amante, o a más de una, está bien visto, pero ¡ay de la pobre mujer! Las entretenidas contaban con tal mala fama que al asistir al relato de la vida de Marguerite uno no puede sino indignarse por la falsedad que reinaba a mediados del siglo XIX en Francia. El escenario ideal sería aquel en el que para ser testigos de esa hipocresía uno tuviera que leer un gran clásico o una novela histórica; hoy en día, sin embargo, son numerosos los casos en que presenciamos esas injusticias. ¿Aprenderemos alguna vez de nuestros errores?

Si en Alexandre Dumas padre alabé la riqueza de los personajes y la destreza con que nos presentaba las aventuras de estos, de Alexandre Dumas hijo quiero destacar la sensibilidad con que nos relata una historia de amor absolutamente sobrecogedora. La narración de La dama de las camelias está colmada de tal delicadeza que la lectura resulta deliciosa. Gracias a esta novela han renacido en mí las ganas de profundizar en la ópera; ahora he resuelto una de las dudas que me acuciaba: ya sé de qué representación me gustaría disfrutar al iniciarme en uno de los grandes géneros teatrales.

Juego de niños, de Carmen Posadas






Título: Juego de niños
Autora: Carmen Posadas
Editorial y año: Planeta, 2006

La historia comienza con una escritora de thrillers que está escribiendo una novela en la que se investiga la muerte de un niño. Poco a poco, Luisa, que así se llama la protagonista, comienza a darse cuenta que lo que está escribiendo tiene mucho que ver, no sólo con un episodio oscuro que tuvo lugar en su pasado, sino que ese mismo episodio oscuro parece estarse repitiendo en la vida de su hija. La novela también puede leerse en otra clave completamente distinta: una explicación del modo en que se escribe una novela paso a paso y cuáles son las diferencias entre realidad y ficción. Novela de crímenes pues pero más allá de eso, una novela sobre los peligros de traspasar la siempre tenue frontera que separa la verdad de la mentira.


La Revolución francesa ha llamado, desde siempre, mi atención. No sabría decir por qué, pero es un período histórico que me fascina. Hace años, en una visita al mítico mercado barcelonés de Sant Antoni, encontré una novela ambientada en esa época, La cinta roja, lectura que me maravilló y de la que guardo un vívido recuerdo. Su autora es, precisamente, Carmen Posadas, la protagonista de mi recomendación de hoy. Y es que si con la citada novela me llevé una gratísima sorpresa, también positiva es mi opinión acerca de Juego de niños. Si bien nos hallamos ante un cambio de género y nos adentramos en el thriller más inquietante, la autora tiene madera literaria y deslumbra con una trama espléndida e inteligente.

Luisa Dávila es una escritora de éxito. Su consolidada carrera como novelista de libros de misterio le ha permitido realizar uno de sus mayores sueños y mudarse a una lujosa casa con privilegiadas vistas al parque del Retiro. Luisa está inmersa en la escritura de la nueva aventura de Carmen O'Inns, su célebre creación literaria, aunque esta vez se siente estancada. La trama gira en torno a un crimen que, poco a poco, va pareciéndose, cada vez más, a un suceso fatídico que presenció la propia Luisa cuarenta años atrás. Cuando en la vida de Elba, su hija adolescente, parecen repetirse las mismas horribles circunstancias que la novela ha despertado en la memoria de Luisa, esta deberá indagar en el pasado, y en el alma humana, para desentrañar lo que sucedió realmente.

Juego de niños nos ofrece una trama doble. Por un lado, la que protagonista Carmen, escrita por Luisa, y, por otro, la de esta. Así nos sumerge Carmen Posadas en un ingenioso escenario cuya última finalidad es desconcertar al lector a través de las distintas historias que pueblan la novela -o, mejor dicho, las novelas-. La autora nos conduce, con asombrosa naturalidad, por diversos lugares clave y nos presenta a varios personajes que jugarán con nosotros, y con nuestra intuición, desde el primer momento. Me parece una opción valiente, aunque un tanto arriesgada, el prescindir de la figura del policía o detective que saca a la luz toda la verdad del caso. Es la propia Luisa quien, gracias a la historia que escribe, reúne pistas y ata cabos hasta llegar a deducir conclusiones. Creo que es un detalle brillante que supone una vuelta de tuerca al thriller típico y que a mí me ha convencido del todo.

También considero interesante el retrato psicológico de la protagonista. Al asistir nosotros a sus ejercicios narrativos, el perfil que adquiere Luisa a nuestros ojos es completo y verosímil, de manera que compartimos sus inquietudes y comprendemos sus motivaciones. Es un personaje difícil de olvidar porque se nos permite conocer los entresijos de su personalidad. El estilo de la autora, no quisiera pasarlo por alto, me ha vuelto a seducir. Con un tono muy personal, la narración logra aúnar la voz más literaria, con citas a otros autores, con las más social, con referencias culturales que todos identificamos. Esta mezcla me ha parecido una brisa de aire fresco, porque es tan frecuente que los escritores se decanten por un punto de vista -que puede resultar pedante- o por el otro -que a menudo queda desnaturalizado- que recoger trazos de ambos es, en mi opinión, una decisión muy sabia.

Ya he comentado alguna vez la ingenuidad, o falta de perspicacia, que se apodera de mí ante la lectura de una novela de misterio. A menudo no soy capaz de adentrarme en la historia y al final la resolución del caso se me antoja lejana e irreal. Precisamente por ello Juego de niños me ha gustado tanto: Carmen Posadas nos invita a un relato diferente, de gran originalidad, cuyo planteamiento básico (las dos tramas) se despide de los argumentos hieráticos y herméticos del género. Esta nueva perspectiva es verdaderamente refrescante y hará las delicias tanto de los amantes de los buenos thrillers como de aquellos que, como yo, a veces no terminan de conectar con cierto tipo de historias detectivescas. Aceptad el juego que os propone la autora; es, cuando menos, algo distinto.

El secreto de Sofonisba, de Lorenzo de' Medici






Título: El secreto de Sofonisba
Autor: Lorenzo de' Medici
Traductor: Juan Carlos Gentile Vitale
Editorial y año: Ediciones B, 2007

Año 1564. Un documento de vital importancia para el papa Pío IV puede caer en manos de la persona equivocada con resultados catastróficos para el regidor del Vaticano. El documento se encuentra en la corte de Felipe II, adonde el Papa envía al nuncio con la misión de asegurarse de que continúa a salvo. La respuesta deberá transmitirse oculta en un cuadro de Sofonisba Anguissola, dama de la reina española y pintora reconocida en Italia. Pero las cosas no salen según lo planeado y el documento permanecerá perdido muchos años, antes de ser descubierto de manera fortuita. Año 1624. Anton van Dyck visita en su casa de Palermo a la propia Sofonisba, quien, anciana, casi ciega pero aún lúcida, le cuenta su historia y su experiencia en la corte española. Lo que nunca revelará es qué contenía aquel documento que cayó en sus manos por azar, una trampa mortal que puso en peligro su vida y el futuro de la Iglesia.


Alrededor de la novela histórica gira un complicado debate, en el cual se pone en duda el valor de dichas obras para difundir conocimientos del pasado. Hay quien opina que al tratarse de libros de ficción difícilmente pueden ser tomados como recreaciones fidedignas. Quizá una novela histórica no sea la mejor vía, pero creo que una narración intensa, amena y bien documentada sí puede suponer un punto de inflexión para el lector, en quien renacerá la sed de Historia. Acabo de describir lo que me ha sucedido al terminar El secreto de Sofonisba, de Lorenzo de' Medici, una lectura que me ha permitido acercarme a una figura, desconocida para mí, que me ha parecido muy interesante. No será la última vez que me disponga a leer -ficción o no- sobre Sofonisba Anguissola, la gran pintora del Renacimiento.

A mediados del siglo XVI, Sofonisba Anguissola, una brillante pintora italiana, viaja a España para entrar a formar parte del séquito de la nueva reina, Isabel de Valois, esposa de Felipe II. Durante una estancia de quince años, la joven artista se ve, sin querer y casi sin darse cuenta, en el centro de una intriga eclesiástica de gran altura, en la que participan insignes personajes, desde el propio Papa hasta el capitán general de la Inquisición o el arzobispo de Toledo. Varias décadas más tardes, Sofonisba, ya muy anciana, recibe la visita de Anton van Dyck, un prometedor pintor flamenco, quien arde en deseos de conocerla. Las reuniones entre los dos artistas supondrán un viaje en el pasado en el que Sofonisba recordará cuanto presenció en la corte de la familia real española.

Han pasado ya varios años desde mis últimas clases de Historia del Arte, lo cual propicia mi falta de conexión con el mundo de la pintura. La literatura, sin embargo, es la compañía perfecta tanto para recordar como para aprender, y en mi caso El secreto de Sofonisba me ha descubierto a un personaje tan importante en su tiempo como injustamente denostado por el simple hecho de ser mujer en un mundo creado y gobernado por y para los hombres. Lorenzo de' Medici, quien desciende de la emblemática familia italiana, ha retratado a Sofonisba de tal modo que resistirse al halo de atractivo que rodea a la artista es sencillamente imposible. La fuerza del personaje, duplicada por cuanto asistimos tanto a la juventud como a la senectud de la protagonista, se gana nuestra honda admiración y sincero respeto.

El periplo por la España de Felipe II, por otro lado, es una verdadera delicia. Soy un gran amante no solo de las novelas históricas, sino especialmente de aquellas en las que las intrigas palaciegas aparecen en primer plano, y este es el caso. El autor ha logrado urdir una espléndida trama de misterio alrededor de ciertas personalidades eclesiásticas, aunque lo cierto es que no importa tanto qué o quién es el objeto de la intriga como de qué manera los personajes se relacionan entre sí alrededor del enigma. El papel que desempeñan los interesados, además, es excepcional, y presenciar las estrategias que cada cual tiene a bien utilizar para llegar a su objetivo resulta un ejercicio refrescante y adictivo. El estilo del autor, por último, desprende agilidad y sencillez, por lo que la lectura se convierte en un agradable paseo.

A Lorenzo de' Medici debo darle las gracias por dos motivos: en primer lugar, por presentarme a Sofonisba Anguissola, una valerosa mujer cuya vida fue apasionante y jamás olvidaré; y, en segundo lugar, por invitarme a un precioso viaje por las geografías española e italiana de los siglos XVI y XVII. El secreto de Sofonisba es una novela histórica que aúna lo mejor del género y permite que el lector conforme una imagen de lo que debió de ser la España de la Inquisición, un período tan oscuro para nosotros ahora como difícil de soportar para los contemporáneos a la época. Si conocéis la figura de Sofonisba, os encantará reencontraros con la pintora; si no sabíais quién era, podréis ponerle remedio con la lectura de este libro.

Arroz de Palma, de Francisco Azevedo






Título: Arroz de Palma
Autor: Francisco Azevedo
Traductora: Ana Belén Costas
Editorial y año: Espasa, 2013

Había una vez un arroz que fue plantado en la tierra, caído del cielo y recogido de entre las piedras, un arroz que no se pasaba nunca que llegó de lejos de la mano de tres jóvenes llenos de ilusiones y sueños… Arroz de Palma es la historia de una familia, la de José Custódio y Maria Romana, emigrantes en Brasil a principios del siglo XX. Durante la preparación de la fiesta para celebrar el centenario de la boda de José y Maria, su hijo mayor, Antonio, ya un abuelo, repasa las vidas de sus padres, de su tía, de sus hermanos, de sus hijos y nietos y, por supuesto, la suya. Antonio sabe que la familia es un plato de compleja elaboración y que la felicidad se cocina día a día. Pero ellos tienen un ingrediente secreto: el arroz de la tía Palma, cuya magia se extiende más allá del fuego y del tiempo.


Brasil y Portugal son dos países con los que tengo cuentas pendientes. Literariamente hablando, claro. Son pocas las novelas que he leído ambientadas en esas regiones -quizá ninguna, más allá de algún viaje ocasional de ciertos protagonistas-, por lo que la asignatura pendiente, sumada a mi pasión por las sagas familiares, es el desencadenante de que me haya lanzado a la lectura de Arroz de Palma, una de las novedades de Espasa para este primer mes del año. Dado que la publicación es muy reciente, me acerqué a ella con pocas expectativas, y debo decir que el resultado me ha conquistado irremediablemente. Francisco Azevedo ha tejido la historia de una familia inolvidable que me ha recordado a las grandes obras del maravilloso realismo mágico. ¿Quién dijo que este movimiento había muerto?

José Custódio viaja, junto a su mujer Maria Romana y a su hermana Palma, a Brasil. Abandona, así, su Portugal natal y se instala en el país suramericano a principios del siglo XX. Cien años después, Antonio, el hijo mayor del matrimonio, rememora la historia de su familia a través de las diferentes generaciones que han ido alterando su vida. Todo comienza con José y Palma, dos hermanos muy diferentes entre sí unidos por el cariño que ambos sienten hacia Maria Romana, la esposa de él. Una vez en Brasil, la familia empieza a crecer y la pareja tiene cuatro hijos, cuyas personalidades son también muy alejadas unas de otras. Las aventuras que Antonio nos contará durante la preparación del centenario de boda de sus padres nos pintan el retrato de una familia que tuvo el amparo del mágico arroz de la tía Palma, el ingrediente indispensable para preparar la receta de su propia estirpe.

El primer aspecto que llama la atención en Arroz de Palma es el estilo del autor. Con una prosa directa, un tanto telegráfica y hasta intimista, Francisco Azevedo narra, con una voz impecablemente desprovista de accesorios innecesarios, la historia de una familia entrañable. La sinceridad y la cercanía de la narración nos permiten acceder a los entresijos de las diferentes generaciones y a asistir a un relato apasionante del que jamás querríamos despedirnos. Los diferentes saltos en el tiempo que aliñan la trama, por otro lado, suponen un simpático reto que no hace sino acrecentar la empatía que sentimos con los diferentes personajes; en especial con Antonio, el narrador, quien se convierte en nuestro brillante confidente literario y en el abuelo, padre o hijo que todos desearíamos tener.

La fuerza de los personajes, como debe ser en una novela de estas características, es absolutamente arrolladora. Los diferentes protagonistas desprenden un halo de magnetismo que nos acompaña durante toda la lectura y que permanece con nosotros una vez terminado el libro. Las relaciones que unen a los familiares, además, son de gran interés y ejemplifican los vínculos y las desavenencias que todos hemos experimentado alguna vez. A través de una novela plagada de metáforas culinarias -no en vano se nos dice que la familia es un plato de compleja elaboración-, renace el espíritu del realismo mágico, uno de los movimientos literarios que más me llena y complace como lector. El elemento que el autor ha elegido para ese toque sobrenatural me parece tan acertado como deliciosamente evocador.

Nos hallamos ante la receta para preparar una familia: una base de amor, una pizca de alegría, un par de cucharadas de ilusión, dos terrones de comprensión y una tacita de arroz mágico. Si no disponéis del arroz de la tía Palma, podéis cambiarlo por aquel ingrediente que os aporte fantasía y seducción. La ópera prima de Francisco Azevedo es un canto a la vida, a la familia, a las uniones, con un telón de fondo gastronómico. Arroz de Palma es, asimismo, una novela que hay que paladear, para disfrutar con las aventuras relatadas, degustar así toda su esencia y saborear su jugo. Un plato único que os saciará el apetito con buenas historias y que os dejará más que satisfechos. La cuenta, por favor.

Quédate a mi lado, de Noelia Amarillo






Título: Quédate a mi lado
Autora: Noelia Amarillo
Editorial y año: Terciopelo, 2012

Invisible para aquellos que lo rodean, Jared camina sin rumbo por las calles de una gran ciudad, buscando un futuro mejor que el presente en que está inmerso. Su deambular le lleva hasta una pequeña tienda regentada por Dolores y su nieta, Nuria. Allí, la afable anciana le dará la oportunidad de cambiar su presente, aun en contra de los deseos de su desconfiada nieta. Bajo la desamparada apariencia de Jared, Nuria descubrirá a un hombre valiente que conquistará su corazón, aun sin pretenderlo, y que, asustado por la pasión que siente por ella, intentará por todos los medios ocultársela. Al fin y al cabo, no tiene nada que ofrecer, él solo es un sin techo más.


La novela romántica es, sin duda alguna, uno de los géneros en los que es más difícil innovar, abandonar el corsé de las historias de amor y ofrecer una trama original. En los últimos años, hemos visto, con gran alegría, cómo un notable número de autoras españolas han irrumpido con fuerza y han sabido encontrar su lugar entre los nombres de las grandes damas del género para aportar, además, no solo un aire fresco y necesario, sino una perspectiva muy novedosa. Una de las escritoras que ha alzado su voz con menos disimulo es Noelia Amarillo. Con un estilo muy personal, el año pasado publicó Quédate a mi lado, un libro que da protagonismo a un personaje tan atípico como arrebatadoramente entrañable e inolvidable.

Dolores regenta, junto a su nieta Nuria, una mercería en un barrio madrileño en el que todos los tenderos se conocen. Un buen día, entra en el establecimiento un joven vestido con harapos, con un gorro entre las manos y la cabeza gacha. Ante la sorpresa de Nuria, el hombre pregunta a las propietarias si pueden ofrecerle algún trabajo, cualquier tarea con la que ganarse el sustento e intentar abandonar la calle, donde ha dormido hasta el momento. Dolores se apiada del joven y le ordena un par de trabajos, mientras Nuria frunce el ceño y desconfía del sin techo. Poco iba a imaginarse la muchacha que Jared, ese hombre que el destino ha llevado a su tienda, dista de cumplir los prejuicios que ella alberga, y poco a poco la verdad y el amor se abrirán paso en su corazón.

La primera escena de Quédate a mi lado es absolutamente impactante. Me costará olvidar -si algún día llega el caso- esa primera intervención de Jared, sus gestos tímidos y desesperados. Noelia Amarillo reescribe el género de la novela romántica y rompe con cualquier estereotipo para presentar a un protagonista masculino diferente, muy alejado de los perfiles casi divinos e intocables que suelen poblar los libros de este tipo. Jared es un personaje real, de carne y hueso, una persona abandonada por la buena suerte, y la autora sabe cómo describir sus pensamientos y acciones para que los lectores empaticemos, desde la página uno, con él. Es, con mucho, el protagonista romántico más especial cuya historia de amor he tenido el placer de leer. Una verdadera joya.

La relación entre Jared y Nuria está rodeada de un halo de ternura y sensibilidad por el cual resulta harto complicado no adentrarse en la novela con el corazón en un puño. A pesar de la sorprendente brevedad del libro, la esencia que exhala la trama es tan pura y está tan despojada de banalidades y florituras que deprende magia y sentimientos a partes iguales. Por otro lado, encontramos algunas escenas de alto voltaje que, pese a la aparente contradicción con el tono de la historia, están perfectamente ensambladas y suponen el contrapunto pasional. No puedo olvidar mencionar, por último, el estilo directo, natural y sincero de la autora, que me ha permitido olvidar las palabras para captar tan solo las fuertes emociones de los protagonistas.

Noelia Amarillo ha logrado, en mi opinión, dos hazañas asombrosas y elogiables: abandonar la concepción que tenemos los lectores -y también los autores- acerca de los personajes de la novela romántica y, lo que no es menos importante e interesante, regalarnos un libro conciso pero intenso en el que yo personalmente no añadiría ni quitaría nada. Quédate a mi lado ha significado mi primer contacto con la escritora y ni que decir tiene que no será el último. Recomiendo esta lectura a aquellos lectores reticentes que piensan que los libros de este género están cortados por el mismo patrón. Y también, cómo no, a los que ya disfrutan con las historias románticas. Os la recomiendo a todos, vaya.

El taller de los libros prohibidos, de Eduardo Roca






Título: El taller de los libros prohibidos
Autor: Eduardo Roca
Editorial y año: Martínez Roca, 2011

Colonia, albores del siglo XV. Aires de reforma y cambio azotan una Europa gobernada aún por las supercherías y las viejas creencias. La difusión del saber está en poder de unos pocos. Sin embargo, a un pequeño grupo de sabios y eruditos que se reúnen en la más absoluta clandestinidad les une una ambición común: la transmisión cultural entre el pueblo. ¿Cómo? A través de los libros. Pero antes habrán de salvar las reticencias de la Iglesia —que no desea que obras «peligrosas» como los Evangelios lleguen al vulgo— y la de los nobles —que no quieren perder sus privilegios—. Solo un hombre, un modesto orfebre llamado Lorenz, ayudado por su hija, será capaz de afrontar el desafío. Aunque el precio que podría pagar por semejante osadía es el más caro: su vida y la de todos aquellos que le rodean.


Es cierto que, habitualmente, las novelas históricas se centran en períodos convulsos, en épocas en las que reina el desconcierto social, político o económico. No en vano son los momentos del pasado más interesantes desde todos los aspectos. Si tenemos la literatura en mente, o más concretamente el libro como objeto físico, la revolución que hoy en día vivimos con los lectores electrónicos se asemeja, en parte, a la que sacudió el mundo durante el siglo XV con la invención de la imprenta. Eduardo Roca ha sabido elegir tan apasionante coyuntura para enmarcar El taller de los libros prohibidos, una magnífica novela que gira alrededor de la difícil difusión del conocimiento y de cómo la sociedad a la sazón se dividía entre quienes apostaban por el progreso y quienes intentaban frenarlo en pos de beneficios propios.

Lorenz es un orfebre tan brillante como humilde. Trabaja en un taller en Colonia a fin de sacar adelante a su familia, compuesta únicamente por él mismo y su hija. Un buen día una imagen lo lleva a albergar un proyecto tan complicado como utópico: crear un mecanismo capaz de realizar copias de los libros, las cuales hasta ese momento solo salían de las lentas y caras manos de los copistas. Cuando entra en contacto con un grupo de eruditos que lo anima a emprender tal desafío, Lorenz es consciente de que no todos los estratos de la población aprobarían el invento. La existencia de múltiples ejemplares provocaría el inevitable hecho de que cualquier libro estuviera disponible al gran público, y son muchas las fuerzas que no tolerarán el atropello que para ellos significaría dicha desgracia.

A una novela histórica le pido que me transporte a una época atractiva, a un pasado que cuente con sabios ingredientes que sepan llamar mi atención. El taller de los libros prohibidos recrea el momento clave para la evolución de la literatura; ¿cómo iba a alejarme de semejante historia? Eduardo Roca nos regala un maravilloso retrato de la Colonia del siglo XV. Tanto es así que yo, que no conozco la ciudad, he recorrido sus calles, he visitado su excelsa catedral y he atisbado muchos de los rincones que hacen de una localidad algo especial. La recreación física es tan precisa como fastuosa y ejerce de inteligente complemento para ayudarnos a ubicarnos en la época y el lugar adecuados. Por otro lado, el estilo cuidado del autor nos permite avanzar por las páginas del libro con un gusto exquisito y absoluto.

A pesar de la lograda ambientación, gracias a la cual uno se siente un habitante más de la ciudad, son los protagonistas quienes se llevan el peso de la trama y mi aplauso como lector. Destaco, sobre todo, el gran realismo que acompaña a sus perfiles: más allá de categorías sociales, o éticas, todos experimentan la evolución natural e innata que goza cualquier ser humano durante la vida. Si bien las personalidades permanecen inalterables, apreciamos cambios sutiles que vivifican a los personajes, que les dan color y textura, que los moldean hasta adquirir una forma que se nos antoja real, entrañable, singular. A dos protagonistas en particular, cuyo nombre no desvelaré, los recordaré siempre con una sonrisa y con cierto rubor en las mejillas; tanto he sufrido con ellos, tanto se han ganado mi afecto eterno...

La novela histórica es mi género preferido porque sacia mi sed de conocimiento y me permite vivir aventuras únicas. Asimismo, sabe sorprenderme con relaciones de amor intensas y tiernas, con intrigas políticas de altos representantes eclesiásticos, y también con el remordimiento social que me produce el adentrarme en el pasado y presenciar escenas dantescas e injustas. En El taller de los libros prohibidos he hallado todo lo anterior y mucho más. Como veis, pues, es fácil deducir que se trata de una novela que os recomiendo tener en cuenta si os atrae la sinopsis, porque cumple lo prometido y aún lo supera con creces. En el futuro, cualquier novela de Eduardo Roca entrará directamente en mi lista de deseos. ¿Y en la vuestra?

La velocidad de la luz, de Javier Cercas






Título: La velocidad de la luz
Autor: Javier Cercas
Editorial y año: Tusquets, 2005

Esta es la historia de una amistad, una amistad que empieza en 1987 cuando el narrador, un joven aspirante a novelista, viaja a una universidad del Medio Oeste estadounidense y conoce a Rodney Falk, su compañero de despacho, un ex combatiente de Vietnam huraño e inabordable, ferozmente lúcido y corroído en secreto por su pasado. Pero esta es también la historia de una experiencia radical en el abismo indescifrable del mal y la culpa, que el propio narrador sólo logrará entender y asumir años más tarde, como en una fulguración, cuando conozca el éxito y lo que éste tiene de corrupción insidiosa. Para entonces la figura imprecisa de Rodney y su historia devastadora acabarán imponiéndosele con la fuerza de lo necesario, como un emblema de su propia historia, y acaso de la condición humana.


Normalmente en una novela busco, como lector, dos aspectos básicos y esenciales para mí: una historia atractiva y una prosa cuidada. Cuando en un libro me gusta más el qué que el cómo -es decir, disfruto más del estilo narrativo que del argumento en sí-, dejo la puerta abierta a darle una nueva oportunidad al autor, ya que quizá no elegí la mejor obra para leer a ese escritor en cuestión. Acabo de describir la sensación que me ha dejado la lectura de La velocidad de la luz, de Javier Cercas. La calidad como narrador de este es indudable, pero la trama que centra el libro ha despertado en mí la desgana más absoluta y el aburrimiento más decepcionante. Y, lo siento, pero no puedo perdonarle al autor un ataque directo hacia mi profesión...

La novela cuenta la historia de un joven que, a finales de los ochenta, movido por su ilusión de ser escritor, viaja a los Estados Unidos para formarse como persona y también como futuro literato. En la universidad a la que asistirá conocerá a Rodney, un ex combatiente de Vietnam con una personalidad un tanto sorprendente y un pasado lleno de secretos. Ambos trabarán amistad de forma inmediata, y será entonces cuando empezará el relato de una relación protagonizada por la culpa, la literatura, el éxito y las consecuencias que cualquier experiencia deja en nosotros.

He leído este libro porque me lo han recomendado, pero cabe decir que la sinopsis no me desgradó. Pensé que la historia de un escritor podría ser agradable y emocionante, y nada más alejado de lo que he encontrado en La velocidad de la luz. La primera parte, en la que hay numerosas referencias literarias que no nos son ajenas, resulta bastante entretenida, pero cuando empezamos a ahondar en la amistad entre el protagonista y Rodney dejamos atrás la amenidad para llegar a una narración carente de interés, con un número excesivo de reflexiones sobre el mundo literario y el éxito de un novelista. Debo decir, en honor a la verdad, que la prosa de Javier Cercas me ha parecido impecable, aunque esa brillantez no basta para llevarme a aconsejar la lectura de esta novela.

Ya he comentado que la historia no me ha atrapado y que el estilo del autor es magnífico. Ahora quisiera hacer una mención especial a una frase que he localizado en un par de ocasiones en la novela, que constituye una falta de respeto para con mi profesión y que me ha llevado a sentir una profunda indignación. El protagonista quiere ser escritor, y en un momento dado -en varios, en realidad- dice él, y corrobora su interlocutor, que «cualquier cosa antes que ser traductor». Como bien sabéis, yo soy traductor, por lo cual no puedo permanecer impasible ante tal afirmación. He releído los fragmentos en los que aparece esa sentencia diversas veces para detectar en ellos algún tipo de malentendido, de confusión por mi parte, de corrección por parte del autor. Dado que no he hallado nada de lo anterior, expongo aquí mi irritación por lo que considero un ataque tan injusto como gratuito y lamentable.

Parte de la opinión negativa que me ha causado La velocidad de la luz se debe, y creo que de forma bastante legítima, a la frase crítica con los traductores, si bien no es que haya visto ningún elemento en la trama que haya supuesto un aliciente para avanzar en ella con alegría. Sí admito, y de buena gana, que el estilo de Javier Cercas es fantástico, una lograda mezcla entre riqueza léxica y naturalidad narrativa. De ahí que valore la posibilidad de volver a leer otra novela del autor, aunque para ello antes debo haber superado el enojo que reside en mí desde que aquella oración entró en mi campo visual. Mi rencor como lector es inmenso pero no inmortal... Tiempo al tiempo.

Nota: como apunta Tizire, es cierto que el propio Cercas es traductor, así que aún entiendo menos la frase que tanto me ha irritado. Juro que en ningún momento he detectado ironía alguna, pero entono el mea culpa si ha sido fallo mío.

El sonido de la vida, de Alex George






Título: El sonido de la vida
Autor: Alex George
Traductor: Álvaro Abella
Editorial y año: Maeva, 2012

Hanover, Alemania, 1904. Frederick y Jette son una pareja poco convencional cuyo destino se une al conocerse una cálida tarde de primavera en el parque de Grosse Garten. Frederick posee el don de la música, y, Jette, a pesar de su falta de gracia femenina, una sensibilidad especial para apreciar una delicada melodía. Al escuchar de boca de Frederick un aria de La Bohème de Puccini, reconoce en él al hombre de su vida. Poco después, Jette se queda embarazada, y ante la rotunda desaprobación de su madre, deciden huir juntos y embarcarse en el primer buque que zarpe hacia el Nuevo Mundo. El azar les lleva a Nueva Orleans. La pareja acabará instalándose en una pequeña ciudad de Misuri, donde da comienzo la gran historia de amor y supervivencia de cuatro generaciones de una misma familia.


Cualquiera puede deducir fácilmente, tras pasear un rato por mi blog, hasta qué punto me llenan, como lector, las sagas familiares. Asistir a la narración de varias generaciones que comparten el mismo apellido, las cuales normalmente protagonizan historias espectaculares, me produce un placer literario difícil de igualar o superar. Una vez más, una novela de este tipo ha logrado conquistarme, emocionarme, encandilarme, gracias a una familia de origen alemán que se instala en los Estados Unidos. El sonido de la vida es una saga familiar espléndida, llena de vitalidad y energía, con la que Alex George se ha ganado un lugar fijo en mi estantería por méritos propios.

El amor que une a Frederick y Jette es tan arrollador como incomprendido. La familia de ella no soporta esa relación, obstáculo que los lleva a abandonar su Alemania natal en busca de un futuro común. El destino los lleva a América, en concreto a Beatrice, la localidad que los acogerá desde el primer momento. Mientras Frederick se aclimata a la perfección a su nueva vida, a Jette le costará más dejar atrás todo cuanto tuvo, pensó y sintió en Hannover. Una vez establecidos, el matrimonio será el primer eslabón de una familia ya estadounidense cuyos derroteros nos narra James, uno de los nietos. Unas vidas que giran en torno a las diferencias entre ambos países, al amor por la música -que supera toda barrera generacional- y a la necesidad de los miembros de la familia por buscar su propio camino.

El sonido de la vida es una maravillosa saga familiar que reúne todos los ingredientes que son, para mí, fundamentales en esta clase de novelas. Por un lado, cuenta con la historia de una familia entrañable, cuyos miembros, cercanos y reales, nos roban el corazón desde el inicio. Empatizar con ellos no es una opción, sino un fácil aderezo para degustar, más si cabe, sus vivencias. Por otro lado, las aventuras que protagonizan presentan tal grado de verosimilitud que nos permiten imaginarlas en todo momento. Alex George, además, sazona la novela con un estilo sencillo y sosegado, a la par que intenso y pasional, que se desliza por cada una de las páginas con una elegancia natural y envidiable.

Como no podía ser de otra manera, los claros pilares de la novela son los personajes. Empezamos la travesía con la familia gracias a una pareja inolvidable que nos da la bienvenida a la historia con una cálida sonrisa. Aunque Frederick y Jette forman un matrimonio magnético, no menos mágicas son las uniones a las que se lanzan sus descendientes, quienes tampoco dudan en llegar hasta nuestros corazones. El autor logra, en un equilibrio muy poco frecuente, incluir descripciones muy precisas que en ningún momento ralentizan el ritmo del libro, antes al contrario: suponen el complemento perfecto que nos ayuda a visualizar los lugares que acaban cobrando importancia en la novela. Unos escenarios ya emblemáticos para la familia y también, quizá, para mí.

Si bien es cierto que siento cierta predisposición benévola ante este tipo de libros, no todos consiguen que la lectura sea agradable y apasionante, como sí ha sido esta vez. El sonido de la vida es una novela absorbente que derrocha música y sentimientos en cada párrafo. La prosa de Alex George me ha conmovido en varias ocasiones y me ha mantenido adicto a la historia de la familia, de manera que he llegado al final con alegría y tristeza a partes iguales: alegría por llegar a conocer, ya del todo, los devenires de todos los miembros y tristeza por despedirme, de forma definitiva, de ellos. Por último, me alegra inmensamente empezar el año con una recomendación como esta, con una novela que he disfrutado de principio a fin y con la que, estoy seguro, vosotros haréis otro tanto.