Los tres secretos del samurái, de Blanca Álvarez






Título: Los tres secretos del samurái
Autora: Blanca Álvarez
Editorial y año: Espasa, 2013

Ambientada en el Japón del siglo XVIII, Los tres secretos del samurái cuenta la historia de Tomiko, quien, siendo apenas una adolescente, marcha de su casa con el propósito de librar a su hermana pequeña de un matrimonio de conveniencia con un hombre aborrecible. En su camino, la muchacha encuentra a seres mágicos que se ofrecen a ayudarla, aunque a cambio de un alto precio. Para salvar a su hermana, la joven decide ponerse a su merced, renunciar a su identidad y convertirse en Susanô, el samurái del dragón. Como guerrero, Tomiko vivirá innumerables aventuras y conocerá a dos hombres que marcarán su destino: el valiente Shuzai y Hanzaburo, el hijo del zorro.


La catalogación por géneros literarios es, a veces, un tanto complicada, ya que hay novelas que ofrecen una mezcla de dos corrientes argumentales y que destacan por esa especie de híbrido literario que plantean. Si bien no son pocas las ocasiones en que he leído thrillers históricos, novelas históricas de aventuras o biografías noveladas, hasta ahora no me había encontrado ante un libro que uniera fantasía e historia. Los tres secretos del samurái, de Blanca Álvarez, cuenta con una rigurosa ambientación en el Japón del siglo XVIII y, a lo largo de la historia, aparecen numerosos ingredientes propios de la fantasía y la magia. Una combinación inusual para mí que me ha llevado a una lectura sorprendente y apasionante.

Tomiko es una joven campesina, de familia pobre, muy poco agraciada. La fealdad de su rostro la lleva a ganarse la antipatía, y hasta el odio, de sus progenitores. Tan solo encuentra amor y comprensión en Chikako, su hermana pequeña. Cuando a esta la prometen en matrimonio con un indeseable mercader, Tomiko decide ayudarla y hacer cuanto esté en sus manos para romper el compromiso. Para ello, la joven huirá de su casa y, con la ayuda de unos seres mágicos, se convertirá en Susanô, uno de los mejores samuráis de todo Japón. El cambio de identidad, sin embargo, le acarreará unas consecuencias imprevisibles que la propia Tomiko había despreciado pero que finalmente se alzan como una pared insalvable y desesperante.

La única vez que había hallado un componente de fantasía en una novela histórica (en El puente de los judíos), la unión de géneros me pareció desacertada. Los tres secretos del samurái, no obstante, me ha convencido dada la naturalidad con que convive la ambientación histórica y la fantasía. Blanca Álvarez ha realizado un espectacular trabajo de documentación para trasladarnos al Japón de los samuráis y del shogun, sin por ello descuidar el halo de deliciosa irrealidad que envuelve la trama. Los momentos en que aparecen seres mágicos resultan irresistiblemente adictivos y uno constata cómo ambos géneros se funden a la perfección en una historia que va más allá de las barreras entre clases de novelas.

La autora ha logrado, asimismo, añadir al libro elementos que suponen el acompañamiento ideal al argumento. Por un lado, demuestra una prosa rica, elaborada y sobria; una narración que hay que paladear y degustar para disfrutar de su calidad con calma, sin prisas ni presiones. Un estilo magnífico que nos conduce a unos brillantes perfiles de los protagonistas. Tanto la persona formada por Tomiko y Susanô como los secundarios que la acompañan a lo largo de la historia hacen gala de una realidad vívida, consecuencia del esfuerzo de la autora por presentar unos personajes complejos pero bien delineados. La lucha interna que debe emprender Tomiko una vez convertida en Susanô, por último, nos regala una espléndida historia de amor que asombra por la fuerza y el magnetismo que irradia.

Pocas veces me he enfrentado a una novela tan ambiciosa y que, a su vez, destile espontaneidad y franqueza. Creo que Blanca Álvarez ha cumplido con su objetivo con creces y ha sabido abandonar el género infantil y juvenil, en el que se ha ganado un nombre tras muchos años y no menos novelas, para dar el salto al público adulto con una apuesta inteligente y arrebatadora. Los tres secretos del samurái es una muestra de que innovar en literatura es posible; y no solo posible, sino que los lectores agradecemos esa dosis de originalidad que cuesta tanto ver hoy en día por las librerías. Desde aquí animo a la autora a continuar por el camino trazado y os invito a todos a apuntar su nombre y la novela que protagoniza esta entrada.

El halcón maltés, de Dashiell Hammett






Título: El halcón maltés
Autor: Dashiell Hammett
Traductor: Fernando Calleja Gutiérrez
Editorial y año: Alianza, 2000 (1930)

Una estatuilla con figura de halcón que los caballeros de la Orden de Malta regalaron al emperador Carlos V en 1530 ha sido objeto, durante más de cuatro siglos, de robos y extravíos. Cuando, tras mil peripecias, llega a la ciudad de San Francisco, un grupo de delincuentes trata de apoderarse de ella, lo que da lugar a conflictos, asesinatos y pasiones exacerbadas. A ello contribuye el detective Sam Spade mediante el empleo de la violencia más cruda y la creación de situaciones arriesgadas e imprevisibles, aunque siempre esclarecedoras.


Hace no mucho tomé una decisión en relación a la novela negra. Dado que, como lector, no acabo de sentirme cómodo con este tipo de historias, determiné que las incursiones que fuera a llevar a cabo en el género se deberían, solamente, a dos factores: bien porque la novela llama irremediable y poderosamente mi atención, bien porque se trate de un clásico. Es este segundo motivo el que me ha llevado a emprender la lectura de El halcón maltés, de Dashiell Hammett, una novela que cuenta con una no menos famosa adaptación cinematográfica. Solo la terquedad me impide abandonar el género, pese a que los resultados no sean del todo de mi agrado.

Una mujer nerviosa y visiblemente alterada acude al despacho de los detectives Archer y Spade, a quienes pide que investiguen la desaparición de su hermana. El propio Spade alberga ciertas dudas acerca de la veracidad de tan disparatada historia, pero accede, junto a su socio, a comenzar las pesquisas. Poco tardarán en darse cuenta de que detrás de las palabras de aquella mujer se esconde un complicado plan que cuenta con numerosas personas implicadas y que rodea una estatuilla de halcón de oro. El robo y la recuperación de la figura es el centro de la investigación de Spade, quien pronto constatará que el asunto es más serio y difícil de lo que parecía a simple vista.

Ha vuelto a sucederme, como ya casi esperaba. Me dispongo a leer una de las obras cumbre de la novela negra, de uno de los padres del género, y la lectura me deja frío. Como me ocurrió con El sueño eterno, El halcón maltés me abre las puertas a una clase de historias que no encuentra en mí a un lector fiel y entregado. El libro de Dashiell Hammett me ha parecido una sucesión de escenas que no he sabido encajar debidamente y que me han alejado, más si cabe, del entretenimiento que aspiraba hallar. No me han ayudado el gran número de personajes ni los constantes giros argumentales. Como comprenderéis, así no es fácil disfrutar de una novela.

Mientras que vi en Philip Marlowe a uno de los mejores personajes de novela negra que he tenido la ocasión de conocer, Sam Spade no se ha ganado ni mi simpatía ni mi empatía. En ningún momento me he sentido cercano al protagonista, hecho que conlleva, como es normal, a una falta de conexión con la historia. Por otro lado, las descripciones que salpican el argumento son, en mi opinión, uno de los puntos débiles, porque pecan de precisas; y los diálogos, en los que podría haberse apoyado el autor para lograr un ritmo más ágil y ligero, se vuelven irreales y desnaturalizados, por lo que la prosa de Hammett pierde uno de los factores que de más ayuda me habría servido para digerir el libro.

No creo que sea necesario que ahonde en mis impresiones: ha quedado claro que El halcón maltés no me ha gustado. Le agradezco, eso sí, la posibilidad de acercarme al estilo de Dashiell Hammett. Aunque dudo seriamente de que vuelva a repetir con el autor, me he aproximado a uno de los clásicos de la novela negra. Dado que ni siquiera aquellas obras que conforman los cimientos del género me conducen a un éxtasis literario, me replanteo la decisión que he citado al comienzo de esta entrada. Entono, eso sí, el mea culpa, ya que no se trata tanto de que no seleccione bien mis lecturas como de que me enfrento a un estilo de libros que, simple y llanamente, no casa con mis gustos. Qué se le va a hacer...

La tropa del arcoíris, de Andrea Hirata






Título: La tropa del arcoíris
Autor: Andrea Hirata
Traductores: Angie Kilbane al inglés, Julio Hermoso al español
Editorial y año: Temas de Hoy, 2013

El pulso que diez chavales inolvidables y dos profesores echaron al gobierno indonesio al obstinarse en mantener abierta la escuela que les permitiría abandonar el estado de semiesclavitud en el que vivían se convirtió en un relato estimulante que conquistó el ánimo de más de cinco millones de lectores. Esta es la tropa del arcoíris: Ikal, aspirante a escritor; el forzudo Sansón; Harun, un síndrome de Down obsesionado con el número tres; el crédulo A Kiong; la batalladora Sahara; Trapani, guapo y precoz; el pequeño Syahdan; Kucai, presuntuoso y pomposo; Mahar, un artista atraído por lo oculto; y el increíble Lintang, un genio matemático. Un grupo de alumnos que, a través de sus aventuras, de sus historias de amor y de sus esfuerzos en un país apasionante y hostil, es capaz de hacernos reír, llorar, soñar, viajar y reflexionar.


No suelo leer novelas con claro tono reivindicativo porque a menudo tratan cuestiones peliagudas y crudas que mi aprensión, como lector y como persona, no es capaz de soportar. La belleza del mensaje que encierra La tropa del arcoíris, sin embargo, me conmovió hasta el punto de rendirme al argumento. Una vez leída, la primera novela de Andrea Hirata se alza como un descubrimiento tierno y sorprendente en el que no falta una buena dosis de esperanza. La educación, esa necesidad que a veces ni siquiera valoramos por su sempiterna presencia en nuestro país, encuentra serios obstáculos en otras naciones. Me descubro ante el arrojo de los protagonistas, quienes lograron superar las dificultades para llevar adelante una escuela pobre en recursos pero rica en humanidad y saber.

La isla de Belitung es uno de los parajes indonesios de más pobreza. Las excavaciones en busca de estaño campan a sus anchas y amenazan con derribar una modesta escuela que se mantiene en pie gracias a los pilares que son los propios alumnos y profesores. Diez chavales con una increíble sed de conocimiento y dos maestros con amor por su profesión y por la transmisión de enseñanzas se enfrentan a la pobreza, a la intemperie y, lo que es más complicado de vencer, al propio gobierno, quien amenaza con cerrar la escuela por la falta de bienes básicos. Doce personas humildes intentarán doblegar el destino y permanecerán junto a una choza en ruinas, símbolo del derecho a la educación.

La tropa del arcoíris es una novela deliciosa y entrañable con una historia no menos asombrosa. Andrea Hirata, su autor, narra en primera persona las aventuras que vivió de niño, ya que él fue uno de los diez alumnos de la pobre escuela indonesia. Basada en hechos reales, la novela fue traducida al inglés, sin encargo previo, por Angie Kilbane, una traductora que quiso hacerse eco de la historia para denunciar la situación. No pude escapar a la emoción que envuelve el libro, aunque debo afirmar que entre sus páginas he encontrado elementos que eclipsan el pasado de la obra y que la convierten en una lectura maravillosa e inolvidable. La conmovedora trama viene acompañada de uno de los aspectos que más me ha ganado: los doce personajes, todos ellos dignos de mención y alabanza.

La perseverancia con que asisten a clase a pesar de los impedimentos físicos, sociales y económicos; la ilusión con que aprenden cada nueva lección; la fuerza del vínculo que establecen entre sí; la magnitud de su empresa y de un objetivo casi imposible de lograr... Bravo por los personajes de la historia. Con sus experiencias me he emocionado y he vislumbrado un claro rayo de esperanza que, como un arcoíris, rodea toda la escuela. Como novela, además, cuenta con un estilo claro y absorbente con el que el autor atrapa al lector y no lo suelta hasta llegar al final de la historia. La narración ágil e intensa de la novela ha conseguido mantenerme inmerso en esta y he empatizado con los personajes hasta sentir la misma indignación. Es cierto que no valoramos lo que tenemos.

Leer La tropa del arcoíris ha sido una experiencia embriagadora y sumamente placentera. He viajado hasta la isla de Belitung, en Indonesia; he compartido un edificio destartalado; he reído y llorado con las vivencias de los protagonistas. A todo ello debo añadir el sincero mensaje de denuncia que empapa la narración, con el que Andrea Hirata pone de manifiesto la tambaleante educación que reciben, si tienen la suerte, los habitantes de un lugar tan pobre como inhóspito y desamparado. No es sino un toque de atención y de reprobación a nuestra mentalidad conformista. Una buena parte de nuestros jóvenes deberían ser conscientes de la fortuna que les ha sonreído al darles la posibilidad de asistir a una escuela, a un instituto, a una universidad. Cuánto tenemos que aprender aún.

El circo de la noche, de Erin Morgenstern






Título: El circo de la noche
Autora: Erin Morgenstern
Traductora: Montse Triviño
Editorial y año: Planeta, 2012

El circo llega sin avisar. No viene precedido de ningún anuncio, no se cuelga cartel alguno las vallas publicitarias del centro. Sencillamente está ahí, en un sitio en el que ayer no había nada. Abre sólo de noche y no es un circo cualquiera… Le Cirque des Rêves es en realidad el escenario de una feroz competición: un terrible duelo entre dos jóvenes magos, Celia y Marco, entrenados desde pequeños para este propósito; un desafío que sus entrenadores llevan años preparando. Lo que no saben, y pronto descubrirán, es que éste es un juego mortal en el que sólo puede haber un vencedor. Un precio muy alto para dos jóvenes que acaban de descubrir el amor, un amor mágico y profundo que ilumina todo lo que tocan. Pero la partida debe continuar, y Marco y Celia sólo podrán confiar en el destino…


La fantasía es tan necesaria en la vida como atractiva en la literatura. A pesar de ser un género del que no leo tanto como querría, las veces que me adentro en una historia de este tipo suelo rodearme de un maravilloso halo de irrealidad que me anima a apuntar más libros de fantasía en mi lista de futuras lecturas. Es precisamente lo que he experimentado al terminar El circo de la noche, de Erin Morgenstern, una novela preciosa en la que tiene cabida cualquier deseo, cualquier ilusión, cualquier truco mágico; una novela irresistible que invita a soñar, a imaginar, a sentir.

El circo llega sin avisar. Amanece un nuevo día en alguna ciudad con los rumores de que se ha instalado, en las afueras, un extraño circo. Y no es solo extraño; también es mágico. En «Le Circe des Rêves» deambulan acróbatas y contorsionistas, domadores de fieras e ilusionistas. No es tanto el elenco del circo lo que lo hace especial como la asombrosa batalla que en él se lleva a cabo. Celia y Marco son los dos contrincantes que se enfrentan para demostrar cuál de los dos es más fuerte. Entre la magia que reina en el ambiente, sin embargo, se cuela un inesperado amor que puede llegar a sacrificar la partida. Un amor que dejará el futuro del circo, y de ambos rivales, en manos del destino.

El mundo de la magia y del ilusionismo siempre me ha atraído sin remedio. La posibilidad de dejar volar la imaginación y romper toda barrera real y natural se me antoja deliciosa y refrescante. En un momento en que me apetecía una lectura de fantasía, he hallado en El circo de la noche al acompañante perfecto. Erin Morgenstern construye un universo muy especial en el que el lector se zambulle desde la primera página. A lo largo del circo, y de la novela, desfila un acertadísimo equipo de personajes que encaja con el curioso entorno. No en vano la gran baza de la novela es, precisamente, la fantasía que derrocha, y desde aquí aplaudo el esfuerzo de la autora por procurar dotar de verosimilitud y naturalidad un escenario tan magníficamente imaginado.

La atmósfera de ensueño que domina el circo no impide que disfrutemos de otros aspectos que también forman parte de la novela, antes al contrario. Si algo no esperaba al comenzar la lectura fue encontrarme ante la profunda e inolvidable historia de amor que sazona la historia. Con la pasión y la entrega que envuelve los grandes romances, he sentido parte de las emociones que transmiten los personajes y me he dejado llevar por la dulzura y el calor. Por otro lado, la autora resuelve el principal problema al que debe enfrentarse una novela de fantasía -presentar un mundo coherente, bien estructurado y sin fisuras- gracias, en parte, al estilo sencillo y directo, despojado de innecesarios, con el que desarrolla la narración.

Cuando valoro leer una novela de fantasía me desespera el ingente número de sagas que pueblan el género; debe de ser esa la razón por la cual tardo meses en dar una oportunidad a un argumento de este estilo. Al descubrir El circo de la noche, de Erin Morgenstern, no pude sino apuntar el título y esperar leerla cuanto antes. La experiencia no podría haber sido más positiva, y me ha incitado, de nuevo, a buscar libros de fantasía que, como este o La princesa prometida, sean autoconclusivos. Esta vez rompo con mi modelo de reseña al terminar esta con una petición a ti, lector de mi blog: si conoces alguna novela del género que quieras recomendarme, no dudes en decírmelo, y contarás con mi eterna gratitud.

La reina descalza, de Ildefonso Falcones






Título: La reina descalza
Autor: Ildefonso Falcones
Editorial y año: Grijalbo, 2013

En enero de 1748, una mujer negra deambula por las calles de Sevilla. Atrás ha dejado un pasado esclavo en la lejana Cuba. Caridad ya no tiene un amo que le dé órdenes, pero tampoco un lugar donde cobijarse cuando se cruza en su camino Milagros Carmona, una joven gitana de Triana. Las dos mujeres se convierten en inseparables y la gitana confiesa a su nueva amiga el amor que siente por un enemigo de su familia. Pero cuando un mandato real convierte a todos los gitanos en proscritos, la vida de Milagros y Caridad da un trágico vuelco. Aunque sus caminos se separan, el destino volverá a unirlas en un Madrid donde confluyen contrabandistas y cómicos, nobles y villanos; un Madrid que se rinde a la pasión que emana de las voces y bailes de esa raza de príncipes descalzos.


El mundo de la novela histórica en español se transformó gracias al sorprendente éxito de La catedral del mar, la ópera prima de un autor todavía desconocido. Tres años después, la segunda novela de Ildefonso Falcones, La mano de Fátima, repitió la fórmula mágica que llevó a su antecesora al primer lugar de ventas y críticas. Ahora, la última apuesta del escritor catalán, que lleva por título La reina descalza, ha ganado un puesto de honor tanto en la lista de los más vendido como en la de los mejor valorados. No es para menos, pues encierra una historia brillante, llena de luz y fuerza, tras la cual me rindo, una vez más, ante la maestría de un autor que es ya uno de mis favoritos.

A mediados del siglo XVIII, una antigua esclava cubana llega a la ciudad de Sevilla con la libertad bajo el brazo. Una libertad para la que no está preparada y con la cual no sabe qué hacer. Perdida en la capital andaluza, el destino la lleva a encontrarse con Milagros, una joven gitana de Triana, cuya familia la amparará. A pesar de las quejas de algunos gitanos, Caridad acaba formando parte del círculo de Milagros y de Melchor, el abuelo de esta. Cuando la vida les regala, por fin, la tranquilidad que tanto habían deseado, una orden real prohíbe la convivencia de los gitanos en las ciudades y la gran mayoría de esta raza son detenidos. Madrid será el escenario donde se reunirán, muchos años después, Milagros y Caridad, aunque la vida no les haya deparado un camino apacible ni sencillo.

La reina descalza cuenta con una espléndida gama de ingredientes que la convierten en la mejor novela que he leído en lo que va de año. Como novela histórica, no puede faltar una gran ambientación, en la que Ildefonso Falcones demuestra el magno trabajo de documentación que se esconde detrás de cada paseo por Triana, de cada correría por Madrid, de cada viaje por Andalucía. Por otro lado, la mejor baza de la novela son los tres inolvidables protagonistas, cuyas vidas irradian tal magnetismo y estrella y deben enfrentar tantos obstáculos que cualquier lector sentirá una completa empatía para con ellos. Tras todo lo que he vivido con este magnífico trío no me resultará fácil adentrarme en las páginas de un nuevo libro sabiendo que en él no los encontraré.

Uno de los aspectos por el que quizá habrá quien tenga miedo de la novela es su considerable extensión. Si eres tú una de esas personas y me estás leyendo, puedes dejar a un lado ese temor: créeme si te digo que la novela se lee sola. El estilo del autor es impecable y nos conduce a través de un ritmo constante, trepidante y adictivo por el que es imposible abandonar la lectura. Como ya hiciera en sus otras novelas, el autor imprime una evolución imparable por la cual es fácil encaminarse hacia el final sin casi reparar en ello. Un final, por otra parte, apoteósico al que uno llega con el corazón en un puño y que supone el cierre perfecto y necesario que pedía la historia. Y es entonces cuando asistimos a la despedida, un adiós doloroso y triste que nos aleja de tres personas cuyas aventuras nos han complacido enormemente.

Cuatro años han pasado desde la publicación de la anterior novela del autor. Cuatro años durante los cuales no he olvidado las aventuras de Arnau -de La catedral del mar- ni de Hernando -de La mano de Fátima-, los protagonistas de los dos primeros libros de Ildefonso Falcones. A la citada pareja añado ahora una tríada espectacular, formada por Melchor, Caridad y Milagros, los pilares de La reina descalza, quienes han entrado directamente en mi Olimpo de personajes literarios. Tantas emociones me ha despertado la lectura de esta novela que esperaré estoicamente la próxima apuesta del autor. Pasen los años que pasen, sean tres, cuatro o trece, le juro mi total fidelidad como lector.

El club de los viernes, de Kate Jacobs






Título: El club de los viernes
Autora: Kate Jacobs
Traductora: Montse Batista
Editorial y año: Maeva, 2008

Georgia Walker es ahora una mujer feliz. Pero las cosas no siempre han sido fáciles para ella. Doce años atrás, cuando estaba embarazada, su novio James la abandonó para irse a vivir a Francia. Pero ahora James ha regresado de Francia para conquistar de nuevo a Georgia y ejercer de padre de su hija ya adolescente... Gracias a los consejos de una buena amiga, Georgia es dueña de una bonita tienda de lanas en Nueva York, donde da también clases de punto en su tienda y ha creado un curioso club. En efecto, cada viernes, se reúne en el local de Georgia un variopinto grupo de mujeres que, a través de su pasión común por el punto, han desarrollado una fuerte amistad. La laboriosa actividad da pie a que cada mujer dé rienda suelta a sus anhelos, sus pasiones y sus angustias.



A raíz del éxito de El club de los viernes se han publicado numerosas novelas que tienen como argumento un club de reunión de mujeres, ya sea de lectura, de punto o natación. La ópera prima de Kate Jacobs se alza como el origen de una especie de moda literaria, la cual también ha influido en la estética de las portadas. Cubiertas elegantes que hacen gala de una maravillosa sencillez al servirse de elementos diarios y huir de diseños ambiciosos y retorcidos. El que desde su propia editorial anunciaron como el libro de aquel año me ha parecido una lectura entretenida que cuenta, sin embargo, con elementos que no han acabado de convencerme. Más adelante los expongo.

Georgia es una mujer luchadora. Su novio la abandonó cuando estaba embarazada y ha debido criar sola a su hija. Tras muchos esfuerzos ha logrado su sueño: ha abierto una suerte de mercería, negocio al que se dedica con amor e ilusión. La tienda, al cabo de los años, ha atraído a un curioso grupo de mujeres, todas aficionadas a la costura, quienes se reúnen los viernes para tejer y compartir dudas, experiencias, consejos. La tranquila vida de Georgia se viene abajo cuando vuelve James, el padre de su hija, para hacerse cargo de esta. La propietaria de la mercería encontrará en sus amigas el apoyo que tanto necesita en un momento personal muy delicado.

¡Cuánto daño causan las expectativas que uno alberga acerca de una novela...! Varias personas me recomendaron El club de los viernes, cuya sinopsis me llamó la atención por el tono esperanzador y agradable de la historia. Tras terminar el libro de Kate Jacobs me ha parecido que este va de más a menos. El comienzo resulta espectacular y, una vez superada la confusión que provoca el baile de nombres y personajes, uno se adentra sin remedio en las vivencias de las mujeres del club de punto. La prosa ágil y tranquila de la autora acompaña el numeroso elenco protagonista y permite que el lector avance la lectura con un ritmo constante y, en momentos, adictivo.

Pasada la primera parte de la novela, para mí la mejor, nos acercamos a la resolución de cuanto acontece a las protagonistas, una resolución en la que he echado de menos intensidad y verosimilitud. Me ha dado la impresión de que alguna de las tramas muestra una evolución precipitada, mientras que otras se recrean en ciertos detalles que no acaban de ser de vital importancia. No puedo obviar el enfado que ha despertado en mí el final de la novela; no profundizaré en los porqués, tan solo comento que no me ha gustado el cierre de la historia. Por último, ni que decir tiene que, como persona ajena al mundo de la costura y del punto, las referencias al proceso de tejer y las explicaciones que salpican la trama me han alejado un poco de esta.

Esperaba más de El club de los viernes. Bien es cierto que se trata de una novela fresca, simpática y bien hilada, pero la notoriedad que ha ganado en los últimos años me ha llevado a una decepción parcial. Dado el arrebato de ira que he sentido para con el final, me costará dar una nueva oportunidad a Kate Jacobs. Si dentro de un tiempo me aproximo de nuevo a las obras de esta autora será con alguna novela que nada tenga que ver con este club de punto. Por ahora no tengo intención de leer la segunda y tercera parte de esta inusual trilogía, pese a que me han comentado que son aún mejores que esta primera entrega. No diré, eso sí, que no beberé de ese agua, porque nunca se sabe...

Diario de una sumisa, de Sophie Morgan






Título: Diario de una sumisa
Autora: Sophie Morgan
Traductora: Matuca Fernández de Villavicencio
Editorial y año: Grijalbo, 2013

Sophie es una joven periodista, atractiva, inteligente, independiente y divertida. Una mujer como muchas otras si no fuera porque, en la intimidad, se siente atrapada por las emociones intensas y el placer que le provoca ser sometida sexualmente. Pero cuando James, un atractivo y exitoso agente de Bolsa del que se enamora perdidamente, aparece en su vida, Sophie se adentra poco a poco en las zonas más oscuras del placer, empujada a extremos insospechados por el hombre a quien ama.


A nadie extraña, llegados a este punto, la proliferación de novelas eróticas que saturan el mercado editorial actual. Me alegra ver que un género antes denostado ahora llega a más gente, y me consta que gracias a este tipo de libros hay quien ha dado una oportunidad a la lectura. Es algo que siempre agradeceré; lo importante no es qué lee una persona, sino el hecho mismo de leer. Diario de una sumisa es una de las últimas novedades eróticas y su autora, Sophie Morgan, narra sus propias experiencias. Me pareció curioso adentrarme en el mundo de la dominación de la mano de una persona que es sumisa ella misma. Lástima que el resultado haya sido tan poco satisfactorio.

Sophie es una mujer normal, trabajadora y divertida. Un buen día descubre hasta qué punto la motivan las prácticas de sumisión y no duda en llevarlas a cabo con compañeros que se prestan a ello. Tras haber experimentado numerosos actos como sumisa, la sorpresa le llega cuando se enamora de James, un hombre que en principio no acaba de encajar con sus gustos sexuales. Será entonces cuando ambos descubrirán cuál es el límite físico y mental de una persona y hasta qué punto uno se puede entregar al juego del sadomasoquismo.

Ya advierto que me costará reseñar Diario de una sumisa. Y no porque no sepa qué decir de la novela de Sophie Morgan, sino porque pretendo contar mis impresiones de una forma objetiva y respetuosa. Empecemos por la trama erótica: un argumento poco original que se asemeja demasiado a otros libros que han surgido recientemente. No entiendo por qué todas las novelas eróticas que han visto la luz en los últimos meses están cortadas bajo el mismo patrón. Creo que es un género en el que aún se puede innovar y parece que los autores no saben salirse del camino ya trazado. El argumento adolece, pues, de una falta de sorpresa. Con los personajes, por otro lado, me ha resultado imposible empatizar por la forma irracional en que actúan a veces. No me los he creído.

Analizados ya la trama y el elenco, paso a explicar por qué la lectura de este libro me ha disgustado tanto. La novela es, en mi opinión, una correlación de escenas sexuales, algunas de las cuales son muy desagradables. Elijo bien el adjetivo para calificarlas: desagradable. Esa es la impresión que me he llevado al leerlas. Tal es el punto de repulsión que he sentido con algunas prácticas que me he saltado varios párrafos. Lo siento, pero hay descripciones que no están hechas para mí. También es cierto que yo no encuentro ningún aliciente a los comportamientos exagerados de dominación, por lo que me cuesta comprender cómo puede una persona encontrar excitantes según qué actos. Lo respeto, pero no lo comparto. Todo lo anterior no hace sino alejarme más de la protagonista; de ahí mi falta de empatía.

Por último, accedí a leer Diario de una sumisa porque creí que, por una vez, me encontraba ante una novela erótica autoconclusiva, que no formaba parte de ninguna saga. Me equivoqué. El final abrupto y precipitado deja claro que es el inicio de una posible trilogía, y aquí no puedo más que mostrar mi indignación. ¿Por qué últimamente nos bombardean con tantas sagas? Da la impresión de que los autores ya no saben terminar sus historias en volúmenes únicos. O, quizá, sean las editoriales quienes deseen aprovechar el éxito de estos libros ofreciendo varias entregas. En fin, siento no haber disfrutado de la novela de Sophie Morgan; veréis, por la puntuación, que no os la recomiendo.

La lucha por Britania, de John James






Título: La lucha por Britania
Autor: John James
Traductor: Daniel Meléndez
Editorial y año: Pàmies, 2011

Hace ya más de cien años que las legiones romanas abandonaron Britania. Sus descendientes están divididos en pequeños reinos, gobernados por figuras legendarias como Uther Pendragon de Camelot o Mark, rey de Cornwall y padre del más tarde inmortalizado Tristán. Pero estos reinos no sólo luchan entre sí, sino que ahora tienen que hacer frente a una amenaza mucho mayor: una horda de salvajes, los sajones, llegados del otro lado del ancho y profundo mar, que queman los grandes bosques y están destruyendo los últimos vestigios de la civilización romana en la isla.


La novela histórica es, como he comentado ya en numerosas ocasiones, mi género preferido. La posibilidad de viajar al pasado me parece irresistible y soy incapaz de negar una oportunidad a cualquier libro que llame mi atención por el período en el que se ambienta. La lucha por Britania retrata la situación preartúrica, cuando los diferentes reinos britanos se enfrentaron a los sajones. John James elige un marco histórico novedoso para mí que me sedujo de forma inmediata y que no me ha decepcionado. Ha sido la primera vez que me adentro en cuanto pasó en Britania tras la marcha de los romanos y muy probablemente no sea la última.

Un siglo después de que los romanos salieran de Britania, la isla se encuentra dividida en numerosos reinos independientes, cuyos gobernantes son personajes míticos como Mark, rey de Cornwall y hermano de Tristán, o Uther Pendragon, rey de Camelot y padre de Arturo. A todos sin distinción les acecha una invasión proveniente del lejano mar: los sajones, un pueblo de salvajes que pretende erradicar el legado romano que aún perdura en la zona. Mynydog, rey de Eiddin, reúne a un nutrido ejército para hacer frente a las tropas bárbaras con la intención de detener su avance. La batalla, sin embargo, será difícil como no imaginaron y sus consecuencias, aún más inesperadas.

Hay novelas históricas que hacen gala de un ritmo ágil y constante, así como de una narración fluida, que las vuelve recomendables para cualquier tipo de lector, ya sea fiel seguidor del género o un neófito en él. Si bien La lucha por Britania resulta una lectura apasionante y original, debo admitir que quizá no es apta para todos los públicos, ya que habrá a quien le parezca un tanto densa. La prosa de John James se centra en los detalles, es muy descriptiva, y precisamente por ello gustará a los amantes de la novela histórica, como yo. La recreación del caos originado por la partida de las legiones romanas es excepcional y permite que tracemos un suave esbozo de cuanto debió de acontecer en la isla británica. Pese a que el autor avisa de que quizá no fuera así, la novela ofrece una hipótesis más que posible.

Es la propuesta que nos regala el escritor el aspecto sin duda más interesante de la obra. No debemos olvidar que el momento en el que se ambienta el libro está rodeado de un halo de misterio y negrura; no se sabe qué sucedió realmente, por lo que valoro, y no poco, el magno esfuerzo de James al presentarnos una probabilidad que cuadra con el contexto. La labor de documentación es espléndida y a lo largo de las páginas uno siente el aire que llega del mar del Norte y parece degustar el hidromiel que ingerían los habitantes de la isla. El único elemento negativo que he encontrado es una ligera necesidad de corrección. He tropezado con algún que otro error ortotipográfico, de fácil detección, que ha supuesto un jarro de agua fría a la emoción que me estaba transmitiendo la historia.

La figura del rey Arturo es mítica y legendaria en el sentido exacto de ambas palabras, ya que aún no se ha podido demostrar la existencia de tan insigne personaje. La lucha por Britania bebe de la fuerza que irradia el monarca para explicar cuáles son los motivos que, quizá, propiciaron el ascenso de un rey necesario y querido por su pueblo. De hecho, tras leer la novela de John James, me apetece ir en busca de algún libro que me transporte directamente a Camelot. Mi primer coqueteo con la Britania postromana ha sido excelente pero en parte insuficiente: ahora quiero más.