Melocotones helados, de Espido Freire







Título: Melocotones helados
Autora: Espido Freire
Editorial y año: Booket, 2001 (1999)

Elsa, una joven pintora, se ha visto obligada a abandonar su casa ante unas amenazas de muerte de las que desconoce la razón, y marcha a otra ciudad a vivir con su abuelo. En esa suerte de exilio que nadie desea tomar en serio, Elsa se adentra en las intrincadas relaciones humanas, que había descuidado para dedicarse a la pintura, y se mueve entre la propia historia de su familia y, sobre todo, la de una prima con la que comparte nombre y apellidos. De ese modo se enfrenta a su fragilidad, a los errores, a la mezcla de identidades, a vivir una vida equivocada sin saberlo. ¿Es posible que incluso al morir se produzcan confusiones?


Tengo una curiosa relación de amor/odio con los premios Planeta. Mientras que algunas de las novelas que se han alzado con el galardón me han parecido brillantes, o cuando menos muy dignas, otras me han sorprendido muy poco gratamente al dejarme más bien indiferente. Melocotones helados, de Espido Freire, ganó el premio en 1999 y su lectura me ha dejado bastante frío. Creo que la autora peca de ambición y pretende abarcar demasiado historias en un único libro; como resultado, pues, las tramas quedan algo diluidas, con una superficialidad que impide que el lector sea capaz de disfrutar de la novela. Una verdadera lástima, porque el punto de partida prometía bastante.

Elsa es una joven pintura cuya vida no pasa por los mejores momentos. Cuando recibe amenazas de muerte de extraña procedencia, decide abandonar su ciudad para ir a vivir con su abuelo. Una vez alejada del peligro, Elsa deja a un lado su profesión para dedicarse a entender las relaciones humanas, a entenderse a sí misma y a cuanto la rodea. En esa fase de asimilación recorrerá la historia de su familia, y en especial de una prima con quien comparte nombre y apellidos. ¿Y si las amenazas no fueran más que la consecuencia de un grave error?

A pesar de la impresión inicial, Melocotones helados no es ninguna novela negra. El asunto de las amenazas de muerte queda en un segundo, o tercer plano, y Espido Freire se centra en la vida de la protagonista y de los miembros de su familia. Antes de desgranar mi opinión, me gustaría dejar claro que me ha gustado, y mucho, la prosa agradable, natural y amena de la autora. He leído críticas feroces que dejan temblando el estilo de Freire, y a mí me ha convencido del todo. Sin embargo, el libro en sí ya no puedo defenderlo con tanta fuerza, porque también yo me he llevado una impresión un tanto desfavorable por culpa de la superficialidad que ya he comentado antes. Creo que es erróneo querer contar varias historias sin ahondar en ninguna; el lector se siente en parte estafado y el regusto amargo es difícil de eliminar.

Por otro lado, hay una decisión de la autora que me parece sumamente desacertada. Cuando comienza a relatar el pasado de los personajes, ubica parte de la narración en plena Guerra Civil y, para mi asombro, se inventa el nombre de las ciudades. Dado que ha elegido un acontecimiento que todos tenemos en mente, el hecho de no situar el lugar donde transcurre la historia desconcierta y, en mi opinión, aleja al lector de lo que está leyendo. A lo largo del libro, además, asistimos al relato de personas y situaciones que nada tienen que ver con las tramas principales. Pasajes irrelevantes y claramente innecesarios que todavía provocan más extrañeza. El final, por último, resulta precipitado y me he quedado con ganas de leer otro modo de cerrar la vida de la principal protagonista.

Como veis, no soy capaz de recomendar Melocotones helados. La novela me ha sugerido demasiado y luego me ha contado lo que no quería y me ha omitido lo que sí me interesaba. Otra perspectiva, y otra forma de desarrollo, habría ayudado a mejorar una historia que parte de unos cimientos curiosos y atractivos. Pese a la decepción que me he llevado con esta primera incursión en la obra de Espido Freire, no tacho el nombre de la escritora de la lista de futuras lecturas, porque me ha gustado cómo narra. Quizá he tomado una mala decisión al comenzar con este libro. Cuando le dé una nueva oportunidad -cosa que haré, pero no sé cuándo-, vendré raudo a contároslo.

La edad de la ira, de Fernando J. López






Título: La edad de la ira
Autor: Fernando J. López
Editorial y año: Espasa, 2011

Marcos, un adolescente de clase media, asesina a su padre y deja malherido a uno de sus cuatro hermanos. Amigos, familiares, profesores de Marcos: nadie se explica lo sucedido. Nadie pudo preverlo. Las imágenes del crimen acaparan los medios. La violencia adolescente se adueña, de nuevo, de la actualidad. El crimen de Marcos no es un suceso aislado. Demasiados casos en los últimos años de menores envueltos en situaciones de extrema violencia. Bullying. Acoso cibernético. Ataques racistas. Trapicheos con drogas. Vídeos en YouTube con humillaciones a profesores. Docentes deprimidos. Fracaso escolar... ¿La culpa es de los adolescentes? ¿De sus profesores? ¿De sus padres? ¿Hay en verdad culpables o somos todos víctimas?



La literatura sirve, a veces, de trampolín para lanzarnos hacia un mundo de fantasía, de irrealidad y ficción, en el que procuramos encontrar elementos que echamos de menos en nuestras vidas, o que simplemente no existen. Hay otras ocasiones, sin embargo, en que es la mejor vía para plasmar una denuncia social. La edad de la ira, de Fernando J. López, plantea, en forma de novela negra, una importante crítica hacia el sistema educativo de nuestro país. Un mensaje brillante encerrado en una trama tan adictiva como sorprendente que nadie debería dejar escapar.

Santiago, un periodista que de adolescente estudió en el instituto Rubén Darío, se da de bruces con el suceso que ha sacudido la opinión pública de Madrid: un joven estudiante de ese mismo centro ha asesinado a su padre y dejado gravemente herido a uno de sus tres hermanos. La naturaleza atroz del hecho anima a Santiago a investigar cuanto sucedió y pronto se encuentra ante un paisaje de lo más extraño: nadie del entorno de Marcos, el supuesto asesino, es capaz de explicar, ni de entender, que el chico hiciera lo que hizo. Las pesquisas del periodista lo llevarán a entrevistarse con profesores, alumnos y familias, quienes poco a poco irán desmontando la versión oficial que se ha dado del crimen.

Si hay algo que querría destacar en primer lugar, es el estilo impecable, inteligente y cuidado de Fernando J. López. Da gusto leer novelas tan bien escritas, tan perfectamente hiladas, pensadas y narradas. El segundo aspecto que para mí hace de La edad de la ira una lectura apasionante y más que recomendable es el lugar donde transcurre la acción: un instituto. Las paredes del centro albergan a jóvenes con inquietudes, a jóvenes conflictivos; a profesores entregados, a profesores impasibles. El autor ha sabido retratar con gran fidelidad el ambiente que se respira en un instituto y que él, que también ejerce de profesor, sin duda vive día a día. Una atmósfera a un tiempo esperanzadora y desgarradora que deja claro cuáles son los puntos débiles de una educación cuyos medios resultan insuficientes.

Ahí reside, para mí, la grandeza de la novela: la crítica hacia nuestro sistema educativo, un plan al que la crisis económica ha hecho mucho daño con sus recortes. Me llevo las manos a la cabeza al leer algunas de las situaciones a las que deben hacer frente los profesores por culpa de la falta de recursos. Después nos sorprendemos de que muchos jóvenes anden por la vida desganados, sin motivaciones ni ilusiones. El autor lanza un dardo certero e hiriente y le da más contundencia al envolverlo de un argumento de homicidio. Una trama con un ritmo trepidante que sabe jugar con el lector, conducirlo hacia unos derroteros para, luego, avisarle de que por ahí está equivocado. Un argumento apasionante que estalla en un final apoteósico, inolvidable y tan perturbador como asombroso.

No puedo dejar de agradecer a Fernando J. López, además, que haya mostrado la valentía de tratar temas tabú en un instituto, como el racismo, el trato de la homosexualidad o el acoso escolar. La novela hace gala de una gran verosimilitud al no aparcar tan espinosas cuestiones, antes al contrario: las trata con el respeto, el rigor y el sentido con que hay que afrontarlas. La edad de la ira sabe meter el dedo en la llaga y pone de manifiesto las deficiencias que rodean al sistema educativo actual. Unos recursos claramente irrisorios que tarde o temprano darán un resultado -si no lo dan ya- tan desalentador como indignante. Ciertos políticos y ministros debería leer, sin duda, este libro.

El lector, de Bernhard Schlink






Título: El lector
Autor: Bernhard Schlink
Traductor: Joan Parra Contreras
Editorial y año: Anagrama, 2008 (1995)

Michael Berg tiene quince años. Un día, regresando a casa del colegio, empieza a encontrarse mal y una mujer acude en su ayuda. La mujer se llama Hanna y tiene treinta y seis años. Éste será el principio de una relación erótica en la que, antes de amarse, ella siempre le pide a Michael que le lea en voz alta fragmentos de Schiller, Goethe, Tolstói, Dickens... El ritual se repite durante varios meses, hasta que un día Hanna desaparece sin dejar rastro. Siete años después, Michael acude al juicio contra cinco mujeres acusadas de criminales de guerra nazis y de ser las responsables de la muerte de varias personas en el campo de concentración del que eran guardianas. Una de las acusadas es Hanna. Y Michael se debate entre los gratos recuerdos y la sed de justicia, trata de comprender qué llevó a Hanna a cometer esas atrocidades, trata de descubrir quién es en realidad la mujer a la que amó...


Siempre he preferido la literatura al cine. De hecho, suelo huir de aquellas películas que adaptan los argumentos de libros de éxito o culto por las numerosas desilusiones que me llevé en mis primeros encuentros con esta clase de híbridos. Cuando salió a la venta El lector, y más adelante llegó la adaptación cinematográfica, me debatí en un mar de dudas. Finalmente, decidí leer la novela de Bernhard Schlink y, meses después, vi la película. Por primera y única vez desde que soy lector me sorprendí a mí mismo prefiriendo la versión del cine. El libro no me desagradó, pero eché de menos algunos ingredientes que luego encontré reflejados en el guión de la película. Yo fui el primero que se asombró.

Michael tiene tan solo quince años cuando conoce a Hanna, una mujer que le lleva poco más de veinte años. Entre ellos nace una relación especial que rápidamente desemboca en un desenfreno erótico-sexual y literario. Justo antes de acostarse, Hanna le pide que le lea fragmentos de grandes clásicos de la literatura. Al cabo de unos meses, cuando Michael ya está perdidamente enamorado, la mujer desaparece. Varios años más tarde, el joven asistirá al pleito en el que se juzgará a cinco mujeres acusadas de criminales de guerra nazis, y Hanna es una de ellas. Michel deberá enfrentar los recuerdos de cuanto vivió con ella antes de decidir comprender lo que hizo.

La trama de El lector es mucho más compleja de lo que pueda parecer a simple vista. Más allá de la historia de amor entre los protagonistas, Bernhard Schlink ha construido una novela acerca del sentimiento de culpa, de los entresijos de cualquier relación y de cómo resulta difícil juzgar a alguien -no en vano él mismo es juez-. La relación que une a Michael y Hanna tiene un principio apoteósico y leer los capítulos dedicados a la pareja es una auténtica delicia. Mi parte preferida, sin duda. Cuando comienza el juicio en el que se decidirá si Hanna es culpable, empieza en mi opinión la parte más floja del libro. Ahí hallo el punto débil que la película soluciona: el ritmo inestable e irregular del argumento. Mientras que en la novela he apreciado importantes diferencias en cuanto a la emoción que despiertan los capítulos, la versión cinematográfica sabe atrapar al espectador en todo momento.

Otro de los elementos más interesantes de la historia es el personaje de Hanna, cuyo perfil elaborado en forma de tapiz resulta magnífico. El autor sabe cómo presentarla para que el lector se sienta confundido y experimente emociones de amor u odio hacia ella. De nuevo, la brillante interpretación de Kate Winslet deslumbra a la propia Hanna y dota a la protagonista de una verdad y una fuerza que he echado de menos en la novela. Creo que la película va un poco más allá en la trama y da el paso necesario para ofrecer una mayor dosis de sentimiento. No deja de ser curioso cómo una adaptación es capaz de sacar todo el jugo que el libro había en parte desperdiciado.

Con todo, la lectura de El lector es bastante recomendable. Se trata de una novela muy entretenida que ahonda en una parte oscura del ser humano y propone una aguda reflexión. Bernhard Schlink ha sabido retratar la personalidad de los dos protagonistas y jugar con los lectores para que estos formen parte del argumento. No puedo terminar la reseña sin recomendar, más aún que esta obra, la película de Stephen Daldry. Una adaptación que sabe aprovechar bien la base de la historia y que hasta mejora la estructura global, el ritmo, la intimidad entre los personajes y el mensaje final. Por esta vez, y sin que sirva de precedente, doy más puntuación a la obra cinematográfica que a la literaria.

Paula, de Isabel Allende






Título: Paula
Autora: Isabel Allende
Editorial y año: Plaza & Janés, 2012 (1994)

Cualquier libro de Isabel Allende es un acontecimiento. Paula lo es especialmente porque se trata del más conmovedor, personal e íntimo de todos los libros que ha publicado hasta la fecha. Cuando la gran autora chilena se encontraba en España con ocasión de la presentación de El plan infinito, su hija Paula entró en estado de coma. Junto al lecho de Paula, mientras seguía con angustia la evolución de su enfermedad, Isabel Allende comenzó a redactar en un cuaderno la historia de su familia y de sí misma con el propósito de regalársela a su hija una vez superara el dramático trance. Sin embargo, éste se prolongó durante meses y los apuntes de la autora acabaron convirtiéndose en un libro apasionante y revelador. Isabel Allende ejerce aquí su prodigioso talento narrativo para recuperar y asumir sus propias vivencias como mujer y como escritora, así como las de su familia y las de la historia reciente de su país.


Todavía recuerdo el día en que, allá por mi adolescencia, entré en una librería con ganas de satisfacer mi recién descubierta curiosidad por la literatura. Me apetecía abandonarme, por primera vez y por decisión propia, a los brazos de una novela. Encontré un ejemplar de bolsillo de La casa de los espíritus y fue un flechazo: el libro me sonrió, yo le devolví la sonrisa, y lo compré. Cuál iba a ser mi sorpresa al descubrir, entre sus páginas, la que aún hoy se alza como la mejor novela que he leído. El nombre de Isabel Allende quedó marcado a fuego en mi alma y desde entonces proclamo, con orgullo, que es mi escritora favorita. Gracias a ella soy lector, y probablemente por la pasión que siento hacia la literatura me haya convertido en traductor y librero. Por tanto, no es poco lo que debo agradecerle.

Hoy rompo la estructura de reseña que llevo utilizando desde hace casi dos años para hablaros de Paula. Ya era hora de que citara en mi blog a mi novelista preferida -vergüenza me da haber esperado tanto-, y difícilmente podría elegir una mejor ocasión. Con lágrimas en los ojos y el corazón en un puño he terminado la mejor lectura del año, y quizá también de la década, y me dispongo a dar palabras a los sentimientos que me embargan ahora mismo. Unas emociones que me han sacudido, conmovido, arrastrado a un halo de magia y realidad que nadie plasma como Isabel Allende. No en vano es el realismo mágico el movimiento en que se encuadra su obra; la grandeza de la autora, sin embargo, le permite ser fiel a la citada corriente literaria hasta en una autobiografía. Un indudable derroche de maestría.

En Paula asistimos al retrato de la vida de la escritora hasta 1992. Una vida increíble y apasionante que se mezcla con la historia de Chile, su país, y con la de las numerosas personas que cruzaron su camino. Postrada en cama, sumida en un coma a todas luces terminal, Paula es la destinataria de la narración, en una íntima y maravillosa conversación madre-hija. La bondad de la escritora autoriza que el lector forme parte del público silencioso y atento. Me he sentido emocionado al enfrentarme directamente a los sentimientos de la autora y honrado al constatar que me hacía partícipe de ellos. La autora construye el libro de tal manera que parece tener forma y fondo de novela, por lo que hasta un auténtico extranjero en el mundo de las biografías como un servidor puede, sabe y debe gozar de la historia.

Hablar de Allende significa hablar de Chile, cuya historia actual impregna las páginas de Paula. Pero hablar de Allende también significa hablar de una novelista brillante, de una prosa impecable, de unos personajes magníficos, de unas historias fantásticas. Al leer lo que la propia autora vivió nos damos cuenta de que su existencia tiene la apariencia clara de una novela de ficción, tal es la fuerza y el magnetismo que irradian la gran mayoría de sus aventuras en la senda de la vida. El amor, no obstante, es el gran ingrediente de casi todas sus obras y esta no es ninguna excepción. Aquí se trata del amor materno, de la veneración de una madre por su hija, de la desazón que siente Isabel cuando ve a Paula en el estado en que está. Hay momentos ciertamente amargos que suponen un desgarro en el corazón tanto de la autora como del propio lector, pues tal como están narrados es imposible no compartir su dolor. 

No quiero convencer a nadie de lo contrario: Paula es un libro duro, sí. Un libro que se lee con nudos en el estómago, en la garganta y en todo el cuerpo. Me imagino cuánto sufriría Isabel Allende al redactar esas páginas junto a su hija y vuelvo a estremecerme. A pesar del tono crudo y desolador del libro, en varias ocasiones he atisbado el sentido del humor de la autora y la fina ironía que impregna sus escritos. Una tímida sonrisa en medio de tanta desdicha. El nombre de Paula jamás volverá a ser ajeno a mí, puesto que protagoniza uno de los libros más bonitos que he tenido la suerte de leer. Envuelto de una tristeza inmortal y feroz, de acuerdo, pero precioso al fin y al cabo.

La conjura de Cortés, de Matilde Asensi






Título: La conjura de Cortés
Autora: Matilde Asensi
Editorial y año: Planeta, 2012

Catalina se ve obligada a desenmascarar una gran conjura ideada por sus enemigos para derrocar al rey de España. De nuevo la protagonista tendrá que enfrentarse a nobles sevillanos y a enemigos que creía ya vencidos. La aparición de un mapa que desvela dónde encontrar el tesoro de Hernán Cortés jugará un papel clave en el plan de Catalina para descubrir a los traidores y cumplir su palabra de acabar con los Curvo. La doble personalidad de Catalina Solís/Martín Nevares se enfrentará, además de a sus contrarios, a un grave peligro para su equilibrio: el amor.


¡Qué ganas tenía de terminar la trilogía sobre el Siglo de Oro! No tanto por impaciencia como por curiosidad, por deseos de saber cómo iba a terminar la trama. Matilde Asensi nos dejó con la miel en los labios en las dos anteriores entregas, Tierra Firme y Venganza en Sevilla, y culmina la historia en La conjura de Cortés, el último volumen, con una aventura apoteósica que supone la guinda con que se cierra la narración de la vida de Martín Ojo de Plata. La autora echa mano de toda su maestría narrativa, que no es poca, para llevarnos, una vez más, a una lectura trepidante, emocionante y llena de acción. No en vano se trata de una de mis escritoras favoritas.

Catalina está a punto de iniciar la última fase de su venganza: acabar con los dos Curvos que siguen vivos para finalizar, así, la promesa que hizo a su padre antes de que este muriera. La empresa la llevará de nuevo a Tierra Firme, a Nueva España en particular, donde topará con una conjura aristocrática cuyo objetivo es derribar la autoridad de Felipe III y coronar a un nuevo rey en el continente americano. Catalina, convertida de nuevo en Martín Nevares, hará todo lo posible por terminar con sus enemigos y, al mismo tiempo, desbaratar la conspiración real. En su nuevo reto, no obstante, se cruzará el amor, sentimiento que quizá, y solo quizá, es capaz de arrebatar a Catalina.

Matilde Asensi es una de las mejores autoras contemporáneas, y vuelve a demostrarlo en La conjura de Cortés, la esperada tercera parte de la trilogía de Catalina Solís -también conocida como Martín Ojo de Plata-. De hecho, logra lo que parecía imposible: mantener el listón tan alto que ella misma se había alzado con las aventuras previas y ofrecer una resolución maravillosa que no decepcionará a ningún lector. El nivel de excelencia de la trama, además, repite el desafío lingüístico que emprendió la escritora con tanto tino al arcaizar el lenguaje y así transportarnos más fácilmente a nuestro pasado. Por otro lado, aumenta la emoción de las hazañas de Catalina, que en este libro alcanzan el clímax de acción, con un ritmo imparable que desembocará en la consumación del ardid que había planeado la joven.

Así pues, en cuanto a la prosa y a la fuerza de la trama, esta tercera entrega mantiene y supera a las anteriores. La doble personalidad de Catalina y Martín añade un factor de originalidad y sorpresa que no deja de parecerme excepcional. Por otro lado, en esta aventura conocemos nuevos trazos de la personalidad de la protagonista gracias a la bonita historia de amor a la que se lanzará. No puedo terminar la reseña sin antes elogiar el increíble trabajo de documentación que se esconde detrás de la estructura final de la trilogía. Asensi destaca siempre por la facilidad con que introduce en sus historias todos los elementos que ha estudiado largamente antes de comenzar el proceso de escritura, y a lo largo de las tres novelas se pone de manifiesto la envidiable habilidad histórica y narrativa que la han convertido en una de las escritoras de más éxito hoy en día.

A nadie sorprenden, a estas alturas, las numerosas alabanzas que pueda dedicar a Matilde Asensi. Con todas y cada una de las novelas que he leído de la novelista alicantina (¡y ya van siete!) he disfrutado una barbaridad gracias a la mezcla entre aventuras, historia y personajes bien definidos que siempre encuentro en sus libros. La conjura de Cortés pone punto y final a una trilogía dedicada a un período apasionante de nuestro pasado y a una protagonista entrañable que ya permanecerá, para siempre, en mi memoria como lector. Si deseáis adentraros en una fantástica odisea ambientada en el insuperable Siglo de Oro español, ya sabéis qué tres novelas satisfarán vuestra necesidad literaria.

Tu mentira más dulce, de Maria Goodin






Título: Tu mentira más dulce
Autora: Maria Goodin
Traductora: María del Puerto Barruetabeña Díez
Editorial y año: Roca, 2013

Meg creció en un mundo donde la comida y la fantasía se mezclaban, donde su madre la dejó reposar en la despensa, como si fuera un pan, porque era un bebé muy menudo y tenía que crecer; y utilizaba sus dientes de leche como abrelatas, de lo afilados que eran. Esto es, hasta que Meg cumplió los cinco años y sus compañeros del cole se empezaron a burlar de ella por todas las mentiras que su madre le contaba y que ella se creía… Ahora, con veintitantos, Meg es una científica que le ha dado la espalda a la ficción y la fantasía y que deja que la lógica pura dirija su vida, sin concesiones. Sin embargo, cuando la madre de Meg enferma y ella intenta aplicar su forma de hacer las cosas, la madre sigue con sus cuentos, su obsesión por la cocina y rechazando enfrentarse a su enfermedad. Poco a poco, Meg consigue ir descubriendo la realidad sobre su infancia y se tendrá que enfrentar a una decisión: o bien asumir la dura realidad o rodearse de un mundo maravilloso de mentiras.


Ya en el primer momento en que empecé a escribir este blog de reseñas me encontré rodeado de otras páginas parecidas con cuyas opiniones a menudo coincidía. Tal comunión de pareceres me ha llevado, a lo largo de casi dos años, a guardar los títulos y los autores que recomendaban mis compañeros blogueros y que yo no conocía. En Lo que quiera leer hoy, uno de mis lugares de referencia, encontré una reseña estupenda de Tu mentira más dulce, una novedad que había pasado desapercibido a mis ojos. La emoción que desprendían las impresiones de la administradora del blog me caló hondo y gracias a ella me he animado a leer la novela de Maria Goodin. Desde aquí quiero dar las gracias a Ssil por sus acertados comentarios y por haberme dado a conocer una historia tan bonita.

Meg es una joven científica decidida a observar y analizar todo cuanto la rodea. Tal determinación es consecuencia de la infancia que vivió, una época feliz pero sumida en historias fantásticas y mentiras. Cuando a su madre, la principal responsable de su actual aversión a cualquier argumento de ficción, le diagnostican una grave enfermedad, Meg no dudará en acudir a su lado para ayudarla en lo que pueda. La actitud con que se enfrentará a la convivencia con su madre, sin embargo, chocará con la forma en que esta niega enfrentarse a la enfermedad y en que se aferra a las historias dulces y amables que disfrazan su realidad. Meg se zambullirá, de nuevo, en las leyendas de su madre y deberá decidir si las suprime de su mente o si, finalmente, tras mucho batallar, las acaba aceptando.

Poco nos cuesta destacar el estilo elaborado de un autor, lleno de recovecos gramaticales, desafíos narrativos y dominio del lenguaje. Cuando un escritor, en cambio, consigue imprimir un tono agradable, sencillo y claro -que quizá sea más difícil de lograr, porque hay que dotar la historia de una gran naturalidad-, parece que no es tan interesante de resaltar, y no creo que sea justo. Maria Goodin consigue narrar la historia de forma tranquila, sin sorpresas ni giros innecesarios y desconcertantes, con un ritmo deliciosamente apacible y cálido. Tu mentira más dulce cuenta con un elenco de personajes elaborados, bien descritos, que representan, cada uno a su manera, los dos lados de la misma moneda que es la vida: la realidad y la ficción.

Es precisamente la dicotomía entre verdad y mentira, historia y leyenda, pasado y fantasía, la que aporta una atractiva originalidad a la trama. La protagonista se enfrenta, de adulta, a las invenciones de su madre, que siempre ha oído y asimilado, con una madurez que le impide creerse tales relatos. Por otro lado, la enfermedad de la madre asegura momentos de gran emoción que arrancarán sentimientos en el lector y la sensibilidad con que están expresados le parecerá irresistible. En novelas como esta, además, incluso se agradece que el argumento transcurra por donde imaginamos, que sea en parte previsible, para evitar que nos quedemos con ganas de más. Sabemos qué nos puede ofrecer la historia y, cuando vemos que nos lo da todo, la sensación de satisfacción que nos embarga es maravillosa. Por último, el halo de magia y ternura que desprende la novela en sí me ha conquistado desde la página número uno.

No todos los escritores aciertan con sus historias. Con «acertar» me refiero a cumplir las expectativas, respetar la ambición con que tramaron el argumento y ser consecuentes con su particular objetivo. Maria Goodin presenta una novela franca y afable que esconde un importante mensaje de amor y respeto. Tu mentira más dulce es un canto a la vida, a las fábulas que a todos nos permiten soñar y echar a volar la imaginación. Puesto que no hay nada como abandonar momentáneamente el mundo real, a veces duro y cruel, para viajar a un lugar más acogedor, en el que las mentiras nos aportan una alegría que no hemos encontrado en otra parte. Porque son mentiras..., ¿o quizá no?

La verdad sobre el caso Harry Quebert, Joël Dicker






Título: La verdad sobre el caso Harry Quebert
Autor: Joël Dicker
Traductor: Juan Carlos Durán Romero
Editorial y año: Alfaguara, 2013

Quién mató a Nola Kellergan es la gran incógnita a desvelar en este thriller incomparable cuya experiencia de lectura escapa a cualquier tentativa de descripción. Intentémoslo: una gran novela policiaca y romántica a tres tiempos 1975, 1998 y 2008 acerca del asesinato de una joven de quince años en la pequeña ciudad de Aurora, en New Hampshire. En 2008, Marcus Goldman, un joven escritor, visita a su mentor Harry Quebert, autor de una aclamada novela, y descubre que éste tuvo una relación secreta con Nola Kellergan. Poco después, Harry es arrestado, acusado de asesinato, al encontrarse el cadáver de Nola enterrado en su jardín. Marcus comienza a investigar y a escribir un libro sobre el caso. Mientras intenta demostrar la inocencia de Harry, una trama de secretos sale a la luz. La verdad sólo llega al final de un largo, intrincado y apasionante recorrido.

En verano, los lectores solemos decantarnos por lecturas ágiles y simpáticas que sean compatibles con el calor bochornoso que nos acecha. La novela negra es un género ideal para el estío ya que, bien desarrollada y con un ritmo adecuado, es capaz de mantenernos pegados a sus páginas hasta el final. Una de las grandes apuestas de la temporada es La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker, una historia que viene acompañada de una formidable campaña de publicidad. Me animé a leer el libro curiosidad, al ver que eran tantos los lectores que le daban una oportunidad, y debo decir que me ha sorprendido muy gratamente. Era una novela de la que no esperaba demasiado -quizá porque la veo en todas partes, no sé- y que me dejado un buenísimo sabor de boca.

Marcus Goldman es un escritor de éxito que se enfrenta a la crisis de la página en blanco. Tras haber debutado con una novela elogiada por público y crítica, no es capaz de hallar la inspiración para su segunda obra. Por eso se pone en contacto con su antiguo profesor y mentor, Harry Quebert, quien acepta acogerlo en su casa del modesto pueblo de Aurora. Una vez allí, Marcus será testigo del renacimiento de una investigación llevada a cabo treinta años antes. El 30 de agosto de 1975 desapareció Nola Kellergan, una chica del pueblo, y ahora, tres décadas después, han encontrado su cuerpo en el jardín de Quebert. ¿Fue él el culpable de la muerte de la joven de quince años?

El aspecto más destacable de La verdad sobre el caso Harry Quebert es un elemento doble: el ritmo y el lenguaje. Dado que Joël Dicker echa mano de una redacción sencilla, en ocasiones quizá demasiado plana y simple, la lectura se convierte en un ejercicio fácil y ameno; además, como cualquier novela negra que se precie, la historia cuenta con un ritmo imparable que atrapa al lector desde el principio. Me gusta mucho el término que leí en una crítica de La Vanguardia: «vuelapáginas». Si hay alguna novela que responda a la definición de tal vocablo, es esta, sin duda. A pesar de la considerable extensión, es un libro agradable de leer, fresco y entretenido, que en ningún momento resulta pesado, denso ni lento. Creo que el autor ha imprimido la cadencia perfecta para impedir que quien le lea se sienta decepcionado o aburrido; yo, por lo menos, no me he llevado esa impresión, en absoluto.

El otro factor que ayuda a mantener el ritmo trepidante es la evolución de la investigación. Cada pocas páginas aparecen elementos nuevos que rompen las hipótesis planteadas con anterioridad, tras lo cual el lector no tiene más remedio que seguir leyendo. Esa sucesión de giros argumentales y sorpresas me ha parecido deliciosa. En cuanto a los personajes, sí es cierto que algunos adolecen de una falta de profundidad, pero no nos encontramos ante una novela cuyo mayor objetivo sea el de transmitir emociones; por tanto, la ligera superficialidad de los perfiles de algunos protagonistas no impide que lleguemos a disfrutar de la historia con todas las de la ley. Por último, debo confesar que he arribado al final con el corazón en un puño, en vilo y ardiendo en deseos de conocer cuanto sucedió aquel fatídico día de verano. Como veis, el autor logra, sin duda alguna, la meta que se había propuesto.

No me gusta que la gente cuelgue la etiqueta de «best seller» a un libro para restar mérito al éxito cosechado o menospreciar la historia que cuenta y el gusto de sus lectores. Joël Dicker ha hilvanado una trama compleja, llena de claroscuros y matices, y es justo que se lo reconozcamos. La verdad sobre el caso Harry Quebert quizá no pase a los anales de la literatura como la mejor novela del año, lo acepto, pero hay que ser conscientes de la intención de los autores y tenerla en cuenta mínimamente para juzgar sus obras. Quien ande tras una novela adictiva, atractiva e intrigante verá cómo la que os presento hoy es una gran elección. De hecho, es probable que sea la mejor elección, puesto que no se me ocurre ninguna novela actual con tanto poder de absorción. Una gran novedad del verano que he devorado de principio a fin.

La joven de la perla, de Tracy Chevalier






Título: La joven de la perla
Autora: Tracy Chevalier
Traductor: Ignacio Gómez Calvo
Editorial: Debolsillo, 2008 (1999)

Griet, una muchacha holandesa de dieciséis años, entra a formar parte del servicio del afamado pintor Johannes Vermeer. Allí, seis niños malcriados campan por sus respetos bajo la volátil mirada de Catharina, ­la mujer del pintor­, Maria Thins, su madre, y ­Tanneke­, un ama de llaves leal a las dos mujeres que regentan la casa. Griet tiene una manera particular, llena de devoción, de mirar lo que la rodea. Una sensibilidad que, a pesar de la distancia que marca la educación y la clase social, coincide con la de Vermeer. Algo que él ha percibido y que le ha llevado a introducirla en su mundo de artista.


Una novela no se convierte en histórica tan solo por narrar acontecimientos que tuvieron lugar en el pasado. Cuando un autor elige narrar el día a día de un artista del siglo XVII, sin aspirar a proponer una biografía novelada, sino más bien la recreación pausada y elegante de la vida de un pintor, el libro final es una novela histórica sencilla pero al mismo tiempo profunda y elaborada. Tracy Chevalier eligió a Johannes Vermeer, el pintor holandés del Barroco, y el misterioso cuadro que legó al arte para poner los cimientos de La joven de la perla, novela que comparte título con el de la pintura que hizo famoso al artista. Una historia que desprende belleza y magia en cada párrafo.

Griet es una muchacha que muestra una gran sensibilidad para con el mundo que la rodea. Cuando comienza a trabajar como doncella en el servicio de Johannes Vermeer, el célebre pintor, todo el potencial que guarda en su interior saldrá al exterior. A pesar de los problemas que encontrará Griet con la mujer, la madre y los hijos de Vermeer, se sentirá cómoda en una casa que a todas luces debería resultarle extraña y ajena. Un día, el artista captará la inevitable luz que transmite Griet y la relación que los unirá mezclará respeto, admiración, amor y amistad en un complicado mosaico de sentimientos que no quedará exento de malentendidos, rumores y extrañezas de todo tipo.

Creo que La joven de la perla gustará tanto a los amantes de las novelas históricas como a los lectores que no acaban de sentirse cómodos en el género: a los primeros, por proponer una perspectiva distinta, más intimista y privada, de un personaje tan conocido; y a los segundos, por hacer gala de un estilo placentero que los introducirá, sin siquiera darse cuenta, en la ciudad de Delft. Tracy Chevalier ha logrado un equilibrio inaudito y consigue seducir a un amplio porcentaje de lectores gracias al savoir faire con el que traza el argumento de la novela y con el que fantasea acerca de la identidad de la joven que protagoniza el cuadro de Vermeer. El elenco de personajes, por otro lado, es una maravilla. Desde la propia Griet hasta el pintor, pasando por todo el personal que sirve en la casa del artista, irradian tal magnetismo que el lector siente y sufre con ellos, con la bonita la ciudad holandesa como un magnífico telón de fondo.

Si la literatura ya es arte de por sí, cuando se une a la pintura nos hallamos ante un retrato que resalta las cualidades más interesantes de ambos campos. La autora se sirve del esplendor del cuadro y del estilo pictórico del autor para añadir hermosura y sentimiento a la novela; en especial, a través de unas descripciones tan bellas como asombrosamente visuales y metafóricas. El punto de vista de la joven protagonista y de Vermeer es tan íntimo, tan natural y sincero, que va más allá de las meras páginas y envuelve al lector de una magnificencia única y esplendorosa. Resulta difícil, si no imposible, resistirse a la fuerza cromática y artística que acompaña a los personajes. Por último, el ritmo sosegado y amable de la novela nos invita a disfrutar de la lectura con calma, sin prisa, con deleite y pasión.

La joven de la perla es una novela que cumple con su comedida ambición. Pretende dibujar la vida diaria de un famoso pintor centrándose en los detalles, en los trazos, sin por ello dejar a un lado un tono agradable que anima a continuar la lectura. Tracy Chevalier ha aunado la fuerza de las imágenes de la pintura con la fuerza de las palabras de la literatura para formar una trama sencilla detrás de la cual se aprecia un gran trabajo de documentación. Numerosas personas, en numerosas ocasiones, me habían recomendado esta novela. Como siempre, me enfrento a una lectura tan bien aclamada con el temor de que no me convenza tanto; un temor que ha desaparecido en cuanto me he adentrado en una de las delicadas descripciones que aderezan el libro con tanta gracia.