Lo mejor (para mí) de 2014



Termina otro año y toca hacer balance literario, como ya hice hace justo 365 días. 2014 ha sido un año muy bueno para mí en lo profesional, porque he emprendido proyectos interesantísimos que darán unos frutos sin duda maravillosos, y tanto trabajo ha tenido su repercusión en mis lecturas: he leído menos que nunca, poco más de 50 libros. El ritmo de reseñas también se ha visto alterado y no he logrado recomendaros novelas tan a menudo como me habría gustado. Lo importante para mí, no obstante, es seguir ahí, aunque tarde más en ofreceros una crítica.

Como hice el año pasado, solamente quiero recoger en esta entrada las que han sido mis mejores lecturas de 2014. Dejo a un lado las peores porque son fechas para la alegría y la esperanza, y a nadie ayudará que recupere las opiniones menos positivas. Al haber leído menos, esta vez son solo cuatro los libros que se han merecido la puntuación más alta, las cinco gotas que tan pocas veces suelen aparecer por aquí. Os enlazo las reseñas en los títulos, por si queréis recordar qué dije de cada una.



No es tan habitual que un autor sorprenda, en su ópera prima, con una historia brillante que se convierte en una lectura apasionante e imprescindible. Publicitaron este libro como una mezcla de Los pilares de la tierra y El médico, una comparación osada a priori y muy acertada cuando uno lee la novela:

«Después de leer un libro redondo como este, que no puedo sino recomendaros muy viva y encarecidamente, me apenan las pocas posibilidades que tiene el próximo que empiece de llegar al mismo nivel de deleite literario. Lo siento por la novela que se vea en tal desgracia, pero este libro ha dejado el listón muy alto. Altísimo, casi inalcanzable.»





Aún hoy Palmeras en la nieve es uno de los libros que más recomiendo y con el que más acierto. Este año Luz Gabás nos ha regalado su segunda historia, la más difícil de escribir, creo yo, tras el éxito de la predecesora. La autora ha salido airosa con una novela espléndida, compuesta con originalidad y maestría, que debía figurar entre mis mejores lecturas del año por esta razón:

«Sin que yo le dé permiso, mi cuerpo responde a una lectura que me atrapa y me emociona a través de las lágrimas. [...] Tomad, pues, las cinco gotas que merece la novela como si fueran cinco lágrimas de gratitud y sabed que hay cinco porque no puede haber más.»




28 días, de David Safier

Cuando supe que uno de mis escritores preferidos publicaba un nuevo libro, sentí una felicidad que se congeló en cuanto me enteré de que no iba a ser una historia de humor. ¿David Safier ha escrito una novela sobre el gueto de Varsovia en plena Segunda Guerra Mundial? Dejé a un lado miedos y prejuicios y, así, he llegado a una conclusión muy sencilla: la habilidad del autor no conoce barreras.

«Después de la maravilla que he encontrado, sin esperarla, en este libro, estoy convencido de que el autor alemán saldría bien parado si se atreviera a escribir una novela negra. O hasta una erótica. Donde hay una destreza literaria de este calibre que se quiten todas las etiquetas del mundo.»






Segundo año consecutivo en el que Javier Reverte aparece en mi recuento de mejores lecturas. Esta vez, con un excelente recorrido por Irlanda, el país más bonito que he tenido la suerte de visitar. Un lugar que se clavó para siempre en mi corazón y que he reencontrado gracias a los viajes que el autor ha sabido retratar con sabiduría e ironía.

«Gracias a él he regresado a mi Ítaca particular, al lugar donde quedó parte de mi alma, y esa emoción que me ha embargado y embriagado a lo largo de la lectura es la que me lleva a darle la mayor puntuación posible.»



Una novela histórica, una romántica, una contemporánea y un libro de viajes. Cuatro lecturas bien distintas que, por razones bien diversas, han sabido ganarse mis mayores simpatías. Eso no quiere decir que el resto haya sido un desastre absoluto, para nada. He vuelto a leer a autores que tienen un lugar fijo en mis estanterías (como Isabel Allende, Kate Morton, Marta Rivera de la Cruz, Paulo Coelho o Julia Stagg) y descubierto a talentos que han sabido brillar con sus primeras apuestas (como Petra Durst-Benning, Fernando Méndez, Raquel Martos o Mikel Santiago).

Seguro que el año 2015 nos deparará sorpresas agradables e inesperadas, tanto en la literatura como en la vida, y aquí estaré yo para contaros las alegrías, y también las decepciones, que en forma de libro caigan en mis manos. Muchas gracias por seguir ahí un año más y nos vemos en unos días con fuerzas renovadas.

¡Feliz 2015!



De todo corazón.


Canta Irlanda, de Javier Reverte


 
Título: Canta Irlanda
Autor: Javier Reverte
Editorial y año: Plaza & Janés, 2014

Irlanda es un país crecido sobre la leyenda, sobre el sufrimiento histórico y sobre las canciones populares. Y su literatura es tan rica -el país que proporcionalmente da más escritores en el mundo- como su folclore, representado por innumerables baladas que todos los irlandeses conocen. A lo largo de este recorrido por Irlanda, Javier Reverte traza, con su habitual maestría narrativa, con su tierno humor y su mirada cálida, el retrato del ayer y el ahora de este pueblo que no tiene dibujadas ni águilas ni leones en sus escudos y banderas, sino sencillamente una lira gaélica.



Javier Reverte entró como un vendaval en mi biblioteca personal con Corazón de Ulises, el magnífico relato de su viaje por Grecia, Turquía y Egipto. Como novelista también me ha dejado sin palabras con espléndidas obras como El tiempo de los héroes. La última reseña del año en el blog está dedicada a su último libro, el que consigue adentrarse en el grupo de mis cuatro mejores lecturas de 2014. Canta Irlanda es un homenaje brillante, lleno de matices, a una isla de la que siempre guardaré gratísimos recuerdos. Leer es vivir, y también recordar, y gracias a este libro he vivido y recordado lugares y gentes que ya jamás olvidaré.

El periplo del autor comienza en un Dublín que, año tras año, se postra ante el legado de James Joyce y celebra el famoso Bloomsday, el día en que la capital irlandesa se viste de gala para homenajear a uno de sus escritores más universales y su magna obra Ulises. Galway, Waterford, Derry o Belfast son algunas de las ciudades que visita el narrador y que retrata con su peculiar visión y su agudo sentido del humor. Reverte no se limita, además, a contar sus viajes con todo lujo de detalles, sino que los adereza con píldoras de la historia irlandesa que dejarán boquiabiertos a quienes apenas nada sabían del pasado de la isla esmeralda.

Corría el año 2007 cuando el destino quiso que mis pasos se encaminaran a Irlanda. Como estudiante de Erasmus, pasé algo más de tres meses en uno de los pueblos más pequeños y encantadores de la geografía irlandesa. Cuando vi que Javier Reverte, uno de mis escritores preferidos, y a quien en un encuentro yo había preguntado si había visitado Irlanda y por qué no nos lo contaba, se decidía a hacernos partícipes de cuanto le sucedió en sus dos viajes al país, podéis imaginar la alegría inmediata que sentí. Canta Irlanda se ha convertido en una lectura que me ha acompañado desde su publicación hasta hace un par de días. Es uno de esos libros que hay que leer con calma para degustarlo como es debido; si no, uno se ve sobrepasado por la ingente cantidad de sentimientos que despierta el ayer y hoy de una de las naciones más bellas del planeta.

Acompañar al autor a lugares a los cuales yo mismo fui, como las legendarias islas Aran, los impresionantes acantilados de Moher o la asombrosa Calzada de los Gigantes, ha sido una auténtica maravilla. He paladeado todas las descripciones que aparecen en el libro y logrado echar la vista atrás para verme en aquellos enclaves que tanto me marcaron en su día. Por otro lado, la fina ironía de la narración acerca aún más las anécdotas al lector. Además, el escritor madrileño es fiel a su estilo y no se limita a contar sus experiencias, no: adereza los capítulos con fantásticas lecciones de historia que permiten entender el comportamiento y las costumbres de los irlandeses. Y, cómo no, la literatura y la música se funden en la prosa y la dotan de una riqueza que traspasa las páginas físicas y que derrocha una maestría inigualable.

Irlanda es un país que bebe, que no se rinde, que canta; un país amable que acoge a los visitantes con los brazos abiertos; que siempre muestra una sonrisa a pesar de un clima malicioso e inestable. Canta Irlanda es el libro perfecto para quienes ya tienen en su corazón un trébol y un arpa y para quienes han pensado, o ya tal vez planeado, pasar unos días en tierras irlandesas. Javier Reverte ha sabido aunar a la perfección tradición y realidad, mitología e historia, con su delicioso toque personal y el amor que solo una nación como esta es capaz de provocar. Gracias a él he regresado a mi Ítaca particular, al lugar donde quedó parte de mi alma, y esa emoción que me ha embargado y embriagado a lo largo de la lectura es la que me lleva a darle la mayor puntuación posible. Una experiencia literaria imprescindible e inolvidable, como la propia Irlanda.

Me llaman Alice, de Marisa Grey

 
 


Título: Me llaman Alice
Autora: Marisa Grey
Editorial y año: Vergara, 2014

Jackson se siente satisfecho con su apacible vida en el campo junto a sus tres hijos. Dirige el negocio familiar, un pequeño rancho donde cría caballos. Un día aparece una mujer que sacude todas sus convicciones. Se enamorará de sus contrastes: de su fragilidad y su fuerza, de sus sonrisas y sus silencios; sin embargo, cuanto más trata de acercarse, más se aleja ella. ¿Qué oculta Alice tras esa mirada que tanto le atrae?



Cuando me pongo en la piel de un escritor, la segunda novela es la que, para mí, resulta más difícil de escribir. Puede ser porque entra en juego la presión no solo personal que siente ese autor, ya que si la ópera prima tiene éxito habrá un buen plantel de lectores ardiendo en deseos de leer su nueva apuesta. Aún recuerdo la inesperada y maravillosa sorpresa que me supuso la lectura de Cadena de favores, de Marisa Grey, una de mis blogueras preferidas. En Me llaman Alice, su segundo libro, cambia de tercio y nos propone un thriller romántico trepidante que recoge la maestría de la obra anterior y añade ingredientes novedosos y adictivos. ¿Quién dijo que este es un género plano, sin sobresaltos, en el que todo es más de lo mismo?

Alice es la mujer de los mil secretos. Cuando por fin encuentra a un hombre decente, con una familia tan numerosa como agradable y un trabajo tranquilo en un rancho, el pasado la persigue y no le permite disfrutar de la felicidad presente. El amor parece la clave para superar cuanto ocurrió años atrás, pero Alice no quiere ceder a lo que siente por Jackson porque teme perderlo para siempre. La situación se vuelve insostenible cuando alguien del pasado empieza a acecharla y tanto contar la verdad como mantenerse en silencio la llevará a alejarse del hombre de su vida. El deseo de permanecer a su lado tal vez no baste para darle fuerzas y enfrentarse a un peligro insospechado que no parece dispuesto a dejarla marchar.

Como he comentado alguna vez y vuelvo a afirmar ahora, el suspense romántico es quizá el subgénero más apasionante de las historias de amor. Esa mezcla entre romance y misterio da buenísimos resultados y siempre que cae en mis manos una obra de este estilo soy el hombre más feliz del mundo. Me llaman Alice es un libro absorbente que despliega un ritmo trepidante que no da tregua en ningún momento. Marisa Grey vuelve a demostrar que es una narradora espléndida y valiente, ya que son pocas las autoras que se atreven a adentrarse en una trama que aúne misterio y amor. A veces vale la pena arriesgarse y dejar atrás la comodidad de lo conocido e ir en busca de lo diferente y, por qué no, difícil.

Por otro lado, me he reencontrado con la prosa pulcra y directa de la autora, que ayuda, sin duda, a que uno se sienta incapaz de detener la lectura; una narración clara e impecable que hará las delicias de los amantes de la literatura bien contada. Además, la caracterización de los personajes, como ya percibí con la obra anterior, es fantástica y todos los protagonistas convencen y enamoran. También cabe mencionar el esfuerzo de documentación que precede a la escritura de la novela y que gira en torno a cuestiones tan desconocidas como la ley estadounidense o el papeleo burocrático y administrativo. Se agradece constatar que no hay cabos sueltos y que todos los elementos que conforman el libro están encajados a la perfección.

Marisa Grey ya ha alzado su voz en el género romántico en nuestro idioma y no sabéis cuánto me alegra haber sido testigo de su consagración como una de las escritoras más prometedoras del panorama actual. Me llaman Alice es la prueba de que nos enfrentamos a un talento indiscutible que no conoce barreras y que no duda en cambiar de registro para ofrecer un argumento distinto. Si, como decía, la segunda apuesta de una autora es la más complicada, Marisa ha sabido salir airosa de la situación con una historia arrolladora y vibrante con la que he llegado a experimentar varias emociones. Os animo a conocer a Alice y a Jackson.

28 días, de David Safier

 
 


Título: 28 días
Autor: David Safier
Traductora: María José Díez Pérez
Editorial y año: Seix Barral, 2014

Varsovia 1943: Mira, una chica de 16 años, sobrevive como puede en el gueto de Varsovia dedicándose al contrabando de alimentos. Su único objetivo es proteger a su hermana pequeña, Hannah. Cuando empiezan a deportar a los habitantes del gueto a los campos de concentración, Mira se une a la Resistencia. Juntos consiguen hacer frente a las SS mucho más tiempo de lo imaginado. 28 días. 28 días en los que Mira experimentará la traición, el sufrimiento y la felicidad.


Un escritor, cuando encuentra un filón, una fórmula exitosa con la que ha cautivado a numerosos lectores, difícilmente se apartará de la senda trazada; las posibilidades de fracaso son demasiado elevadas. David Safier, el hilarante autor alemán con el que millones de personas han reído a carcajadas, se aleja de su zona de comodidad en su última novela y deja a un lado el humor para retratar la vida de los judíos en el gueto de Varsovia, en plena Segunda Guerra Mundial. 28 días es una apuesta arriesgada y valiente que se alza como mi mejor lectura en lo que va de año, una novela brillante y espléndida que conmueve y enamora. Y conquistarme a mí con un período histórico que me repele tanto no es tarea fácil.

Mira es una joven judía de dieciséis años que vive en el gueto de Varsovia con su madre y su hermana Hannah. En 1943, la situación de los judíos en las áreas de dominio alemán es dura y su supervivencia se ve amenazada, cada vez más férreamente, por el odio que sienten los nazis para con ellos. Cuando el ambiente en el gueto se vuelve insoportable y los habitantes toman consciencia de que lo más probable es que no salgan de ahí con vida, Mira entra en contacto con la resistencia judía, una organización clandestina que pretende utilizar la desesperación como arma arrojadiza para plantar cara a los alemanes, quienes día tras día mandan gente a los campos de concentración o a las cámaras de gas. Comienzan entonces veintiocho días de lucha, de enfrentamiento encarnizado cuyo premio no es sino la posibilidad de vivir un nuevo día.

Si en las tramas alocadas e ingeniosas de Maldito karma, Jesús me quiere o ¡Muuu! David Safier echa mano de una gran originalidad y una narración llena de gracia y simpatía, en 28 días destaca, ante todo, la extrema sensibilidad con que está descrita la historia y construidos los personajes. Mira, la protagonista indiscutible, irradia un aura de carisma y magia que recuerda a Liesel, de La ladrona de libros. El lector empatiza con ella desde la primera página y comparte la desolación y el miedo que siente la muchacha hacia su incierto futuro. Un terror que aumenta y horroriza con cada nueva brutalidad que no dudan en llevar a cabo los nazis, para lograr tanto el sufrimiento ajeno como el deleite propio. A nadie le extrañará encontrar, en un libro como este, pasajes espantosos hasta decir basta que encogen el corazón y emocionan hasta las lágrimas. Es la primera vez que este autor me hace llorar, y no precisamente de la risa.

Por otro lado, en la prosa ágil y magnética sí he reconocido la huella de Safier, quien sabe cómo atraer la atención de los lectores y lanzar dardos directos y sentidos que se clavarán en las almas de aquellos. Además, la recreación de la atmósfera que debió de reinar en el gueto de Varsovia durante los meses más complicados está tan lograda que uno se ve a sí mismo rodeado de soldados alemanes sin escrúpulos que ya no necesitan excusa ni justificación algunas para actuar como les viene en gana. Quizá el ingrediente que más me ha impactado sean las distintas historias de amor que pueblan la novela. Y no me refiero solo a las que protagoniza Mira con un joven amable y tierno y con otro chico con sed de venganza, sino también a la gama de los sentimientos de amor que anida en el ser humano: amor a uno mismo, a la familia, a la libertad y, el más importante tal vez, a la vida.

Creo que fue Javier Reverte quien dijo, al filo de publicar El tiempo de los héroes, que un autor siente casi la obligación de recurrir a una tragedia o guerra vivida en su país, tanto por justicia como por homenaje históricos. Todos sabemos cuál es el episodio más oscuro y cruel del siglo XX y no me sorprende que un escritor de éxito como David Safier haya querido echar la vista atrás para recordar a sus antepasados. 28 días es la confirmación de que el talento no entiende de géneros y de que la auténtica maestría no está al servicio de un tipo de historias. Después de la maravilla que he encontrado, sin esperarla, en este libro, estoy convencido de que el autor alemán saldría bien parado si se atreviera a escribir una novela negra. O hasta una erótica. Donde hay una destreza literaria de este calibre que se quiten todas las etiquetas del mundo.

La Hermandad, de Marcos Chicot

 
 
Título: La Hermandad
Autor: Marcos Chicot
Editorial y año: Duomo, 2014

España, siglo XXI: Daniel y Elena desarrollan proyectos punteros que exploran las capacidades y los límites del cerebro y los ordenadores. Cuando se conocen a través de Mensa, la mayor organización de superdotados del mundo, descubrirán que nada es lo que parece y que ellos son las piezas decisivas de una guerra que comenzó hace 2.500 años. Cartago, siglo VI a. C.: Ariadna, hija del filósofo Pitágoras, recibe junto a su esposo Akenón un pergamino con una noticia que encarna la peor de sus pesadillas. El terrible mensaje incluye un pentáculo invertido, el símbolo abominable que representa todo lo opuesto a las elevadas enseñanzas de su padre.


Siempre he creído que el talento es como un río: por más que encuentre obstáculos en el camino, de una forma u otra consigue llegar con éxito a su objetivo. Aún recuerdo el correo que recibí, hace muchos meses, de un autor que me animaba a leer su novela en formato digital. Como no disponía, ni dispongo, de un lector electrónico, tuve que declinar la oferta, no sin antes enviar ánimos al escritor y asegurarle que valoraría leerle si sus obras veían la luz en papel. Marcos Chicot, quien se volvió a poner en contacto conmigo a raíz de la publicación de El asesinato de Pitágoras, es un claro ejemplo de la metáfora con que he iniciado la reseña. Hemos asistido al nacimiento literario de un autor más que prometedor que demuestra, en La Hermandad, que no solo crece, sino que se supera con cada nueva apuesta.

Elena y Daniel son dos jóvenes cuyas vidas se cruzan al participar en las reuniones de Mensa, una organización que alberga a las personas con el cociente intelectual más elevado. Cuando el antiguo amante de Elena aparece asesinado en su cama con un pentáculo invertido en la frente, emprenden una carrera contrarreloj para descubrir la identidad del asesino. Cada uno por su lado, la pareja conocerá la existencia de la Hermandad, una sociedad que fundó Pitágoras en el siglo VI a. C. para detener el ascenso al poder y la barbarie de un grupo de radicales que pretendía echar mano de las enseñanzas del filósofo y matemático para doblegar la voluntad de la gente. Elena y Daniel sabrán de la historia de Ariadna y Akenón, hija y yerno de Pitágoras, quienes lucharon contra un enemigo intemporal y sumamente influyente y peligroso.

Si El asesinato de Pitágoras me conquistó, entre otras cosas, por la maravilloas ambientación de la época del mítico matemático, La Hermandad ha supuesto una lectura condenadamente adictiva y absorbente. Marcos Chicot no da respiro al lector y juega con este una y otra vez; lo pone a prueba y lo convida a cuestionarse todas y cada una de las afirmaciones y de los sucesos que aparecen en el libro. Admito que soy bastante ingenuo y fácil de persuadir —al menos en lo que a literatura se refiere— y que quizá por ello me he sentido inmerso en una vorágine de sentimientos encontrados que tan solo se han asentado en el último tercio de la novela. Me parece sin duda encomiable la maestría que reside detrás del baile de identidades y de personalidades que deambulan por las páginas y que en ningún momento despiertan apatía ni tedio.

Por otro lado, esta vez el autor no solo ubica la historia en el pasado, sino que opta por el espléndido recurso de tejer dos tramas que se alimentan entre sí y en las cuales hay tantas semejanzas como diferencias. Los saltos en el tiempo, sin embargo, son un tanto frustrantes, porque el escritor madrileño, como buen narrador que es, elige los momentos álgidos para detener un argumento y dar paso al otro. A pesar de que he experimentado varias olas de rabia a lo largo de la lectura, admiro su savoir faire y aplaudo la estructura que ha elegido. No quiero terminar sin elogiar a los personajes, uno de los puntos fuertes de la obra de Chicot, y la prosa del libro, que hace gala de un estilo impoluto con el que grandes novelistas, con miles o millones de ejemplares vendidos a las espaldas, tan solo se atreven a soñar.

La Hermandad se alza como la novela que más me ha atrapado este año. Creedme si os digo que todas las ocasiones en que me he visto obligado a detener la lectura he maldecido el reloj, el horario de trabajo o la rapidez con que el tren arribaba a mi destino. En el caso de que no hayáis leído todavía este libro o El asesinato de Pitágoras, no os lanzo un consejo; es más bien un aviso: si no aceptáis dar una oportunidad a Marcos Chicot os perderéis uno de los escritores contemporáneos con una carrera futura más brillante en el panorama literario en nuestro idioma. Y que conste que no soy amante de las aseveraciones categóricas, pero esta vez lo suscribo sin resquicios de duda algunos.

Corazón tan blanco, de Javier Marías

 
 

Autor: Javier Marías
Editorial y año: Debolsillo, 2014 (1992)

Pocos meses después de su viaje de novios y sin aún haber podido, o querido, adaptarse a su cambio de estado, Juan Ranz se entera casi sin querer de que Teresa, la primera mujer de su padre, se quitó la vida al regreso de su propia luna de miel. Sólo una persona conoce el porqué y ha guardado durante años ese oscuro secreto. A partir de ese momento, el narrador sentirá un creciente malestar, «presentimiento de desastre» respecto a su recién inaugurado matrimonio. 


Pasan los años y los libros y sigo rehuyendo el concepto de «alta literatura», la expresión que parece habitar en la boca misma de cualquier crítico que se precie y que pretende ensalzar unas obras para menospreciar otras. Me parece mucho más acertado hablar de «literatura comercial», sin que por ello el adjetivo sea peyorativo, sino simplemente ilustrador: son esas novelas que pretenden llegar al común de los mortales. Uno de los novelistas más alabados, de cuyo estilo uno solo oye elogios, es Javier Marías, y aunque hace años leí con poca fortuna uno de sus libros le he dado una nueva oportunidad. Me recomendaron Corazón tan blanco, y a por él fui; os avanzo que la lectura ha sido mejor que mi anterior contacto con el autor madrileño.

A Juan no solo le cuesta aceptar que se ha casado, sino que lo persigue el mal augurio que le hace pensar que su matrimonio está destinado a llegar a mal término. Unas semanas después de la ceremonia descubre un secreto familiar que le había estado vetado hasta entonces: la primera esposa de su padre se suicidó al volver del viaje de novios. Si bien al principio Juan siente rechazo hacia la historia, su mujer lo anima a querer saber más. El principal problema al que se enfrenta es el siguiente: la única persona que sabe qué sucedió es la misma que ha sumido el asunto en el secreto más absoluto.

La prosa de Javier Marías es, para muchos, de lo mejor que ha dado la literatura en nuestro idioma en las últimas décadas. Y no solo no me sorprende esa afirmación, sino que la comparto: su estilo narrativo es una auténtica delicia. Más allá del evidente dominio del lenguaje del que hace gala el autor, el lector se adentra, en Corazón tan blanco y, creo, en cualquier otra obra suya, en un universo particular que fluye a la perfección y que es rico en pluma y matices. A pesar de que apenas si hay diálogos, en ningún momento la narración se descubre lenta y tediosa; es tal el derroche lingüístico al que asistimos que no podemos sino seguir leyendo. Por otro lado, el protagonista es traductor e intérprete, como un servidor, por lo que todavía me he sentido más atraído por cómo y qué narra.

La destreza literaria de un autor, sin embargo, a menudo se convierte en un arma de doble filo, ya que a la postre parece que en el libro se da más importancia a la forma que al contenido. Es lo que he sentido yo al terminar la historia de Juan: lo que le acontece puede resumirse en pocas líneas. He echado de menos más profundidad de trama, más elaboración en los elementos que escapan a la calidad estilística. A lo largo de los capítulos hay numerosas reflexiones que, si bien son interesantes, y algunas sin duda merecen ser citadas en el futuro, rompen el ritmo de la novela y alejan al lector del protagonista, de quien querría saber más. Hay veces en que escribir como los ángeles no basta, y este es uno de aquellos curiosos casos en que la prosa eclipsa el argumento.

En la universidad leí Vidas escritas, un libro especial en el que Javier Marías nos ofrece la biografía de distintos escritores de la historia de la literatura. Es probable que no fuera el momento adecuado, pero guardo un recuerdo poco grato de esa lectura. En Corazón tan blanco, en cambio, he encontrado más de lo que esperaba. Tal vez iba predispuesto a repetir la experiencia anterior, y lo cierto es que he hallado una prosa sin igual que me ha reconciliado con uno de los autores mejor valorados del momento. Ahora ya solo me queda encontrar en su bibliografía esa novela que me conquiste por completo; estoy seguro de que existe y de que acabaré dando con ella.

Sócrates, de Benigno Morilla

 
 


Título: Sócrates
Autor: Benigno Morilla
Editorial y año: Martínez Roca, 2008

El joven Cleofonte tendrá que enfrentarse a verdades que se le habían mantenido ocultas y a la hipocresía de su familia. A pesar de ello, sacará fuerzas de flaqueza y, ayudado por su fiel amigo Dexileo, despejará las dudas que oscurecen su alma y conocerá el amor verdadero. Para todo ello, contará con un maestro espiritual de excepción: el gran filósofo Sócrates. 



La Grecia clásica es mi período histórico preferido. Es el lugar y momento en que nacen y se asientan las disciplinas esenciales que atañen la vida de un ser humano, como la medicina, las matemáticas o la filosofía. El hecho de que un libro me permita recorrer la Atenas de Alcibíades y conocer las costumbres diarias de los helenos a la sazón me parece no solo atractivo, sino irresistible y magnético. Benigno Morilla nos invita a un espléndido viaje en Sócrates, una novela histórica que gira en torno al filósofo griego y que ofrece un retrato brillante que atrapará al lector por la precisión con que se desgranan las tradiciones, las supersticiones y las creencias del pueblo más inspirador que ha habitado nunca nuestro planeta.

Cleofonte es un joven soldado de la armada naval ateniense que se siente confundido por la vida y que necesita consejo y guía espiritual. Cuando una especie de oráculo le informa de que su gran amor será un anciano filósofo que vaga por Atenas preguntando por doquier y poniendo en tela de juicio la sabiduría de las gentes de bien, Cleofonte se siente atraído por la figura carismática de ese hombre, que no es otro sino Sócrates. Será entonces cuando Cleofonte será testigo, sin quererlo, de una conjura que traman ciudadanos poderosos con el fin de encarcelar y eliminar al filósofo, en la que incluso participan personas más cercanas a él de lo que habría esperado.

Como comenté un día en una reseña que ahora mismo no recuerdo, hay novelas que atrapan por el ritmo trepidante de sus páginas y otras que saben captar el interés absoluto del lector por la imagen que trazan y que reproduce cómo se debió vivir en una época. Sócrates, de Benigno Morilla, se encuadra en este segundo grupo. En el libro no hallaréis una trama frenética, pero sí apreciaréis la maestría con que el autor ha sabido describir el día a día de los atenienses del siglo V antes de Cristo. Aunque uno sepa perfectamente cuanto sucederá a Sócrates, no en vano es una de las personalidades más conocidas y estudiadas, asistirá a la historia de Cleofonte, que se teje junto a la del filósofo, con interés por profundizar en las enseñanzas del ateniense y saber por qué razones lo juzgaron y lograron apartar de la sociedad.

Uno de los aspectos que me ha ganado de la novela es la naturalidad con que se mezclan mitología, filosofía y realidad, como sin duda acontecía en la Grecia clásica. A lo largo de los capítulos del libro encontraremos a dioses y ninfas, a soldados y filósofos, leeremos leyendas y mitos, odiseas fantásticas y travesías históricas, en una magnífica comunión que es el resultado del arduo trabajo de documentación que precede a la escritura de esta obra. La narración, por otro lado, no decae en ningún momento; a pesar de que ya he comentado que no se trata de una historia adictiva en cuanto al ritmo, el lector no pierde interés por el futuro de Cleofonte y de Sócrates. Por último, me ha gustado especialmente la mención de conceptos como el amor, la amistad, el bien o la muerte, cuatro de los temas que solían protagonizar las conversaciones en el ágora y a los que se referían las dudas, eternas e irresolubles, de un filósofo que pasó a la posteridad afirmando que nada sabía.

Creo que, tarde o temprano, cualquier amante de la lectura debe recurrir a una historia ambientada en la Grecia clásica, ya que es allí donde se sembraron las semillas del conocimiento que hemos tardado numerosos siglos en aprehender. No es fácil encontrar una novela que sepa plasmar, con relajada calma, el ambiente y la atmósfera propios de la Atenas de Platón, y Sócrates cumple a la perfección con lo que acabo de mencionar. Ni que decir tiene que todo se debe a la destreza narrativa y literaria de Benigno Morilla, un escritor al que he descubierto en este libro y al que no me importaría volver a leer, ya sea en forma de ficción o de ensayo. Os recomiendo fervientemente esta lectura si os gusta viajar al pasado y sentiros rodeados de la fuerza que irradia el momento clave en que se ambienta la historia de Cleofonte.

La artesana del vidrio, de Petra Durst-Benning

 
 
Autora: Petra Durst-Benning
Traductora: Rosa Pilar Blanco
Editorial y año: Maeva, 2014

Lauscha, un pueblo en el este de Alemania. Las hermanas Johanna, Ruth y Marie Steinmann se encuentran completamente desprotegidas tras la muerte de su padre, un soplador de vidrio, ya que el oficio está vetado a las mujeres y no se pueden ocupar del taller familiar. Para sobrevivir se tienen que poner a trabajar en talleres ajenos, pese a que la más joven, Marie, tiene un gran talento artístico y crea bellos adornos esféricos que nadie parece apreciar. Cuando sus relaciones laborales y personales se complican, las tres hermanas se ven en un callejón sin salida.


En la reseña de hoy aparecerán dos nombres y dos profesiones que suelen quedar al margen, y a menudo aisladas, tanto en los blogs literarios como, por desgracia, en las críticas y opiniones generales de los lectores. Me refiero a Rosa Pilar Blanco y Alejandro Colucci. Los dos han llevado a cabo un trabajo espléndido que ha convertido la edición de Maeva de La artesana del vidrio, de Petra Durst-Benning, en un libro fantástico y atractivo. Descubriréis más adelante quiénes son esas personas a las que he citado, si no las conocéis aún; en cuanto a la novela en sí, os adelanto que me ha parecido maravillosa y que, al término de la reseña, espero haberos convencido para que le deis una oportunidad. La merece.

A finales del siglo XIX, el pueblo alemán de Lauscha es famoso en el mundo entero gracias a las obras de arte que fabrican sus artesanos: objetos de cristal únicos y especiales. Es una profesión de hombres, sin embargo, y la muerte de Joost Steinmann deja a Johanna, Ruth y Marie, las tres hijas, en una situación más que delicada. A pesar de que han trabajado toda la vida con su padre y conocen los entresijos de la artesanía del vidrio, son mujeres y no se pueden dedicar a soplar cristal. Así pues, deben resignarse a trabajar para otros o a buscar ingresos en otros campos y ciudades, pero la desgracia más absoluta pronto se cierne sobre ellas y deberán recurrir a la destreza y el ingenio asombrosos de Marie, quien sueña con construir y comercializar bolas de adorno.

Quizá sea un tanto machista, pero el dicho está muy asentado ya, así que las damas van primero. Rosa Pilar Blanco es la traductora del libro y ha realizado una excelente labor de traducción —a pesar de ciertos errores de puntuación que quizá no los haya cometido ella—, en especial en los diálogos, donde brilla la naturalidad de la lengua y sorprenden las decisiones magníficas y acertadas que convierten la lectura en un placer exquisito. Alejandro Colucci, por otro lado, es el diseñador que ha imaginado y engendrado la bellísima imagen de la cubierta. Tal vez no os suene su nombre, pero estoy convencido de que habéis visto y leído muchos libros de cuyas portadas ha sido él el responsable. Y hay algo que está claro: el físico vende, y no poco, por lo que a mí me resulta difícil resistirme a la tentación de leer un libro cuando veo un diseño de Colucci en la cubierta.

Ahora ya sí, vamos con La artesana del vidrio. Petra Durst-Benning ha escrito una historia arrebatadora que describe con gran precisión cómo se debió de vivir a finales del siglo XIX en un pueblecito alemán. El retrato de la época y la sociedad es brillante. Además, en los perfiles de las protagonistas es imposible no atisbar la gran maestría de la autora, quien ha trazado tres personalidades perfectamente marcadas e identificables. Por otro lado, el ritmo sosegado, que es el que pide la trama, sabe acoger al lector en las primeras páginas y conducirlo a través de una historia que en ocasiones se descubre simpática y romántica y que, en otras, muestra un lado cruel y oscuro que nos encoge el corazón y el alma. Por último, el proceso de documentación por el que ha pasado la escritura del libro aparece desgranado con habilidad y no entorpece ni causa tenido, en absoluto.

A menudos los lectores nos centramos en los escritores y olvidamos que en una edición colaboran distintas personas. Traductores, diseñadores, maquetadores, correctores, impresores, distribuidores... Son tantos los oficios que se unen para que podamos disfrutar de un libro que me parece justo que de vez en cuando los recordemos y sepamos ensalzar el trabajo que desempeñan con suma profesionalidad. En La artesana del vidrio encontraréis una historia adictiva que os transportará a un lugar, un empleo y un momento histórico concretos que sabrán satisfaceros sin ninguna duda. Las grandes aptitudes de la traductora y el diseñador de la cubierta no maquillan el indudable savoir faire de Petra Durst-Benning, pero sí permiten que nos acerquemos a la obra con mayor predisposición. Si finalmente la leéis, no olvidéis a Rosa Pilar y a Alejandro.

Las cartas de Véronique, de Julia Stagg

 
 
Título: Las cartas de Véronique
Autora: Julia Stagg
Traductora: M.ª del Puerto Barruetabeña
Editorial y año: Roca, 2014

Cuando la oficina de correos se incendia, Véronique intenta influir entre sus contactos para recolocarse. Pero los habitantes de Fogas están demasiado ocupados para aliarse en su causa. El alcalde, Serge Papon, abrumado por el dolor de la muerte de su esposa, ha perdido su joi de vivre, así como su interés por la política (y los croissants) de Fogas, y parece que el infatigable diputado Christian, cuya tendresse por Véronique lo convierte en su habitual protector, muy pronto dirá au revoir al pueblo.


La literatura no solo nos permite viajar a lugares maravillosamente reales; también nos invita a conocer alguno que, a pesar de las similitudes que comparte con otros que de verdad existen, son fruto de la insondable imaginación de un autor. Uno de los pueblos que me encantaría recorrer se encuentra —supuestamente— en los Pirineos franceses y lleva por nombre Fogas. Julia Stagg ha construido una atmósfera única, deliciosa y singular para ubicar sus novelas. Su última publicación en español, Las cartas de Véronique, recupera la magia de las dos entregas previas y nos emplaza de nuevo en el municipio galo para conocer a nuevos habitantes y saber qué les ocurre a quienes ya hemos visto en los libros anteriores.

El ambiente en Fogas nunca había estado tan enrarecido. El alcalde, hundido tras la muerte de su esposa, parece haber dejado el pueblo en manos de la fortuna, quien no siempre sabe acertar. Mientras Christian procura hacerse cargo de la situación para no dar poder a Pascal, el otro teniente de alcalde, dos hechos complicarán, todavía más, la convivencia: la negativa de La Poste a reconstruir la oficina de correos que se quemó en un incendio, por lo que Véronique se quedó sin trabajo, y la decisión del consejo de reintroducir osos en la zona. Mientras unos ven a los animales como los principales responsables de todos los problemas, sobre Fogas se cierne una sombra cuyo objetivo es, nada menos, eliminar el municipio del mapa.

Regresar a Fogas es un inmenso placer. Julia Stagg ha trazado los contornos de una localidad y de una comunidad que se clavan en el corazón del lector de forma inmediata e irremediable. En Las cartas de Véronique asistimos a un nuevo y espléndido retrato de los habitantes a los que ya apreciamos y conocemos. Una vez más, la autora sorprende con nuevos ingredientes que convierten la novela en una historia tan tierna y agradable como las anteriores pero con importantes novedades. El asunto de la reintroducción de los osos imprime un ritmo vertiginoso a la obra y la vuelve más adictiva, si cabe. Por otro lado, se retoman las tramas personales que quedaron ligeramente en el aire en L'épicerie. La pequeña tienda de los Pirineos, los cuales encuentran en este libro el final que sin duda alguna merecen.

Uno de los aspectos que hacen de estas crónicas una lectura apasionante y placentera se materializa en la forma de los personajes. Los perfiles de los protagonistas resultan muy humanos y en apenas dos líneas recordamos los sentimientos que cada uno nos despertó en los dos primeros libros —ya sean sentimientos positivos o, por el contrario, profundamente negativos—. Me rindo una vez más ante Jacques, uno de los personajes más redondos que he leído en mi vida y con quien empatizo, sonrío y lloro como no me ha sucedido apenas con nadie antes. Por último, no puedo más que volver a destacar, como elogio, la narración misma. Con el pulso trepidante que ya he comentado y el ácido y certero sentido del humor que salpica las páginas, la autora hace gala, una vez más, de un estilo depurado y medido que, con su toque personal, da la forma perfecta a esta trama.

Todos los lectores necesitamos, de vez en cuando y tarde o temprano, un grupo de autores que suponen un valor seguro, una apuesta fiable a la que poder recurrir en las situaciones personales más extravagantes que se os puedan ocurrir. Julia Stagg se ha ganado a pulso formar parte de esa élite de escritores que siempre me dan lo que busco y pido y que, a pesar de ello, saben sorprenderme con algún giro que no me esperaba. Las cartas de Véronique nos traslada a uno de los momentos más importantes de la historia de Fogas, ya que el propio municipio debe afrontar una amenaza que pretende destruirlo por completo. Si os apetece reencontraros con la fuerza de Serge, la vitalidad de Véronique, la amabilidad de Christian o la sonrisa de Josette, no podéis perderos la aventura fogasiense más emocionante hasta la fecha.

La piel dorada, de Carla Montero

 
 
Título: La piel dorada
Autora: Carla Montero
Editorial y año: Plaza & Janés, 2014

En 1904 tienen lugar en Viena una serie de asesinatos que conmocionan a la inestable sociedad del imperio. Todas las víctimas son modelos de artistas, mujeres jóvenes y hermosas, de dudosa reputación, que pertenecen a La maison des manequins, una organización creada por la amante y musa de uno de los pintores más afamados de la ciudad: la bella y enigmática Inés. De la noche a la mañana, Inés se convertirá en la principal sospechosa de los asesinatos. Pero no es la única. El detective Karl Sehlackman se adentrará en la vida de lujo y arte de la Viena de Fin-de-Siècle y en los bajos fondos de un imperio decadente con la intención de desentrañar el caso más difícil de su carrera policial.


Ya he comentado varias veces que para mí nada resulta más atractivo que la mezcla que resultada al unir novela histórica e intriga. Los libros de tramas de misterio ambientados en épocas pasadas no solo nos mantienen pegados a sus páginas gracias al ritmo imparable y a la adicción del argumento, sino que arroban nuestras almas con bellas descripciones de lugares y acontecimientos pretéritos que nos invitan a un viaje placentero e inolvidable. Carla Montero se sirve de este planteamiento y nos ofrece, en La piel dorada, una historia absorbente que nos traslada a la ciudad de Viena a principios del siglo XX, un escenario de lujo para envolver la serie de asesinatos que ha sacudido la sociedad en general y el mundo del arte en particular.

Karl es un joven policía al que tal vez le sobre intuición y le falta sangre fría. Cuando un asesino en serie comienza a actuar y acabar con la vida de varias mujeres que se ganaban la vida como modelos de pintores de renombre, el camino de Karl se cruza con el de Hugo von Ebenthal, un antiguo amigo que parece encontrarse en el centro de los homicidios. Pronto aparece en escena la protectora de las muchachas, Inés, una mujer tan bella como inaccesible ante la que tanto hugo como el propio Karl parecen rendirse sin condiciones. Cuando todo parece indicar que habrá nuevos asesinatos, el cuerpo de policía deberá echar el resto para descubrir al brazo ejecutor y separar el oro que recubre la alta sociedad del metal oxidado que se oculta detrás.

Esta vez quiero empezar la reseña por el final; o, lo que es lo mismo, por el envoltorio físico de la obra. La edición de La piel dorada es preciosa y está cuidada hasta en el detalle más nimio: cubierta atractiva, maquetación impecable y una presentación del texto mimada y brillante que anima al lector a continuar la lectura. Ya en materia, uno repara de inmediato en el estilo pulcro de Carla Montero, una prosa limpia cuya riqueza léxica sin duda supone un añadido que nos permite disfrutar, todavía más, de la historia que nos cuenta. Los personajes que la protagonizan, por otro lado, están magníficamente perfilados con una ambigüedad deliciosa, de modo que no es fácil adivinar la identidad del asesino hasta que la autora tiene a bien terminar con nuestro sufrimiento y revelarnos el nombre. Debo decir que a mí me ha sorprendido, y cómo.

Contaba al principio que la ambientación histórica y la acción suelen transitar bien por el mismo camino, y el libro que hoy os recomiendo da fe de ello. Asistimos al retrato de la clara decadencia del Imperio austrohúngaro y la situación en Viena pone de manifiesto el momento crucial al que se enfrentaba la sociedad a la sazón. Príncipes y ricos conviven con mendigos y vagabundos en una ciudad que parece ir perdiendo el esplendor que un día tuvo. En lo que respecta al ritmo de la obra, se puede decir que crece a medida que el lector se adentra en el argumento. Cuenta con un buen arranque y el último tercio de la novela es una frenética carrera contrarreloj. Por último, no quisiera pasar por alto el maravilloso grado de originalidad que presenta el texto al centrarse en la figura de las modelos profesionales. Da gusto encontrar historias y escritores que saben narrar algo nuevo y distinto.

Mi primer contacto con Carla Montero ha sido fantástico y ni que decir tiene que no será la última vez que me acerque a sus letras. La piel dorada es un envidiable derroche de destreza narrativa en que pasado e intriga se dan la mano y nos regalan una trama bien pensada, ejecutada y contada. Una vez más, me hallo frente a una novelista de gran talento que se convertiría en un éxito internacional si no le hubiera visto nacer nuestro país, sino uno de habla inglesa o francesa. Los lectores que se atrevan a afirmar que en España no hay buenos autores deberían acercarse a una librería y descubrir nombres, como el que encabeza esta reseña, que están logrando ponerse al mismo nivel que los autores que tanto se reverencian. Y digo más: es probable que hasta superen ya a estos en calidad.

Adulterio, de Paulo Coelho

 
 
Título: Adulterio
Autor: Paulo Coelho
Traductora: Ana Belén Costas
Editorial y año: Planeta, 2014

Linda está casada con un hombre rico, tiene dos hijos y vive en una hermosa casa en Ginebra. Trabaja en el periódico más importante del país, es guapa y tiene todo lo que se pueda desear. A ojos de todos, su vida es perfecta. Sin embargo, no es feliz; una gran insatisfacción la corroe y se siente culpable por no ser capaz de disfrutar de lo que tiene. Un día, debe entrevistar a Jacob König, un antiguo novio que ahora es un político de cierta relevancia. Este encuentro es suficiente para que ella se sienta capaz de dar rienda suelta a sus fantasías.  


Han debido transcurrir casi tres años para que en el blog aparezca la reseña de uno de mis escritores favoritos. Paulo Coelho es un autor que no pasa desapercibido y que levanta tanto pasiones como odios. A mí sus novelas me suelen gustar mucho, si bien tengo que confesar que huyo de sus libros más metafísicos y religiosos. En Adulterio vuelvo a encontrar una trama de las que me convencen: una historia peculiar que invita a reflexionar a través de un mensaje precioso. El escritor brasileño retoma la fórmula que hizo de El alquimista o El zahir dos de mis novelas preferidas de todos los tiempos.

La vida de Linda parece perfecta: tiene un trabajo interesante, un marido perfecto, unos hijos maravillosos y vive en la preciosa ciudad de Ginebra. En lo más hondo de su alma, sin embargo, empieza a crecer un agujero oscuro e insondable del que surgen la apatía y la desolación que comienza a sentir. Cuando ya creía que jamás iba a salir de esa situación, se reencuentra con un antiguo novio del instituto, quien despierta en Linda unos sentimientos que ella creía olvidados. El dilema está sobre la mesa: ¿merece la pena echar por la borda una vida cómoda por una mera aventura o será su infidelidad la que la ayudará a dar sentido a su existencia?

Adulterio es una apuesta muy valiente. Paulo Coelho elige un tema espinoso y difícil de enfocar sin emitir juicios de valores y lo consigue con una naturalidad pasmosa. El lector pasa a sentir distintas emociones para con la protagonista: de la rabia inicial al presenciar un comportamiento absurdo a la compasión y empatía absolutas cuando se da cuenta de las razones que mueven a Linda a actuar de ese modo. El autor ha logrado plasmar la esencia inestable del ser humano, por lo cual cualquiera es capaz de hallar en la novela algún pensamiento que le dará que pensar en su propia vida. Aprovecho la reseña para criticar la actitud de quienes se mofan de Coelho: si un escritor nos regala reflexiones interesantes, es un gran autor; si se apellida Coelho, sin embargo, es autoayuda. No: las novelas de Coelho no son autoayuda, sino fábulas para adultos.

En el libro, por otro lado, pasean numerosas descripciones, precisas y vívidas, de la ciudad de Ginebra, de modo que al leerlas uno se forma una imagen mental muy completa del lugar donde viven los personajes. Estos, por otra parte, se ven eclipsados por la fuerza que irradia la protagonista, aunque no por ello desempeñan un papel menos importante en la obra. El marido y el amante, sobre todo, son los dos pilares de la trama y se nos antojan cercanos y muy humanos. Por último, el estilo del autor, que muchos consideran plano y simple, hace gala de lo que para mí es un ritmo ágil y constante, gracias al cual nos enfrentamos a una novela que se lee prácticamente sola.

Adulterio es un canto al amor y a la familia muy atípico, pero interesantísimo. Hacía mucho tiempo que esperaba un libro de Paulo Coelho que recuperara la magia y la huella que tan bien definen las obras de ficción del escritor brasileño, y por fin se ha decidido a abandonar ese yo que menos me atrae y a recuperar la mente imaginativa que tan buenos resultados dio en su momento con historias como Veronika decide morir u Once minutos. Nunca dejará de sorprenderme la disposición de muchas personas a menospreciar a este autor sin haber leído nada de él. Con la reseña de hoy quiero romper una lanza a favor de las historias de Coelho y alzar mi voz para aplaudir a un escritor que ha sabido tocarme la fibra en distintos libros. Ahora, con su última apuesta, me ha emocionado y sorprendido una vez más.

El faro de Alejandría, de Gillian Bradshaw

 
 

Autora: Gillian Bradshaw
Traductora: María José Gassó
Editorial y año: Salamandra, 2010

Obligada por su origen noble a contraer matrimonio con el cruel gobernador Festino, la joven Caris de Éfeso huye en dirección a Alejandría disfrazada de eunuco. Su sueño es estudiar el arte de Hipócrates y dedicarse a la medicina, un sueño imposible para una mujer en el año 371 d. C. No obstante las dificultades, Caris logra convertirse en médico y, gracias a sus conocimientos, acercarse a las más altas esferas del poder en pleno ocaso del Imperio romano.


Se ha escrito tanto sobre el Imperio romano que siempre me da cierto reparo comenzar una novela ambientada en esa época —que, por otra parte, es uno de los períodos más interesantes de la historia—. Y no tanto por el ingente número de novelas publicadas como por no saber exactamente qué momento de Roma elegir. Hace ya unos años, mis estanterías dieron la bienvenida a El faro de Alejandría, de Gillian Bradshaw, uno de los clásicos contemporáneos del género con mejores críticas. Ahora, cuando por fin ha pasado por mis manos, coincido con quienes afirman que se trata de una historia única y verdaderamente apasionante.

La vida de Caris, la joven hija de una acaudalada familia de Éfeso, se hace añicos al irrumpir en escena Festino, el nuevo gobernador, un hombre sin escrúpulos ni modales que no duda en tomar por la fuerza cuanto le viene en gana. Cuando el padre de Caris se ve incapaz de rechazar el matrimonio de Festino con su hija, esta planea una huida. Escapar de su casa y de su ciudad parece la única solución, y con la ayuda de su hermano viajará a Alejandría, la ciudad dorada y sabia, lugar en el que Caris se hará pasar por eunuco a fin de hacer lo que más desea en el mundo: estudiar medicina y convertirse en un médico devoto de Hipócrates.

Los cambios de sexo, o de identidad más bien, dan mucho juego en literatura. Permiten al autor construir una doble trama en la que, además de contar la vida del o de la protagonista, añade una denuncia social de lo que él considera una injusticia. Gillian Bradshaw reivindica el papel de las mujeres en el Imperio romano y critica el estatus de mera comparsa al que quedaban reducidas las esposas. En El faro de Alejandría conocemos a Caris, una joven valiente y decidida que lucha por seguir la estela de sus sueños, aunque por ello deba disfrazarse de eunuco. Como veis, el argumento parte de una premisa fabulosa y la escritora saca partido de la situación para invitar al lector a una aventura magnífica en la que se adentrará en el convulso siglo IV, momento crucial en el que empezó la inevitable decadencia del Imperio romano, tras siglos de esplendor.

La ambientación, además, está muy lograda y da fe del importante trabajo de estudio y documentación que precede la escritura de cualquier escena de la novela. Se trata de una recreación brillante, gracias a la cual llegamos al corazón mismo del comienzo de la caída del imperio que ha imprimido sus huellas con más fuerza en la historia. El personaje de Caris, por otra parte, se alza como el pilar indestructible de la obra y llegamos a conocer a la muchacha como si de verdad perteneciera a nuestro círculo de amistades. El estilo sosegado y directo de la autora, por último, y las numerosas y geniales informaciones acerca de la medicina hipocrática son el camino por el que transitamos con paso firme y ágil y que, una vez más, destierran el estúpido tópico de que las novelas románticas son lentas, densas y aburridas.

Aunque pueda acercarse al peligroso umbral de la demagogia o del sensacionalismo, la literatura a menudo echa mano de injusticias para levantar la voz y clamar por defender derechos. Gillian Bradshaw ha hilvanado con maestría todos los ingredientes que conforman El faro de Alejandría y aprovecha para retratar y denunciar, el mismo tiempo, la figura de la mujer romana, a quien jamás se le habría permitido adquirir conocimientos de medicina. Más de mil seiscientos años después, me gustaría pensar que ya hemos superado las barreras y los obstáculos que entorpecen el avance de la sociedad. Y sí, utilizo el condicional porque no estoy seguro de que lo hayamos conseguido. Quienes deseen profundizar en el papel de la mujer en la historia romana a través de una lectura brillante ya saben a qué novela recurrir.

Pasaje a Tahití, de Eva García Sáenz

 
 

Autora: Eva García Sáenz
Editorial y año: Espasa, 2014

1890. Bastian y Hugo Fortuny parten a Tahití en busca de una oportunidad después de perder su trabajo como sopladores de vidrio en su Mallorca natal. Durante la travesía conocen a Laia Kane, la hija de un cónsul inglés corrupto en Menorca al que han desterrado a la isla de la Polinesia. Este encuentro marcará la vida de los hermanos Fortuny y de Laia para siempre. 1930. Denis Fortuny, el heredero del imperio de las perlas de lujo en Manacor, decide viajar a Tahití para averiguar el misterio que se oculta tras sus primeros años de vida.


Las comparaciones no siempre tienen por qué ser odiosas. Cuando echamos mano de una de ellas para describir una obra, y ponerla, así, junto a otra que nos ha encantado, la comparación pierde todo matiz negativo. Empiezo de este modo la reseña de Pasaje a Tahití, de Eva García Sáenz, para dejar claro que, si su lectura me ha recordado a Palmeras en la nieve, no solo no es una afirmación que desmerece el libro, sino que permite que os hagáis a la idea de cuánto he disfrutado con él. Se trata de una novela paisaje espléndida, llena de riqueza y aventura, que no os podéis ni debéis perder si gustáis de las tramas vibrantes y bien escritas y construidas.

La muerte de Hugo, el padre de Denis, lleva a este a una situación un tanto complicada: aunque se ve sin duda capacitado para tomar el relevo de la empresa de imitación de perlas que ha enriquecido a su familia, sus hermanos le hacen cuestionarse su pasado y sus orígenes. Un secreto que se remonta unas décadas atrás, cuando su padre y su tío Bastian abandonaron Manacor para establecerse en Tahití, una colonia francesa que ofrecía muchas posibilidades a quienes deseaban hurgar entre tanta belleza. Fue allí donde los dos hermanos conocieron a Laia Kane y donde sus caminos se separaron irremediablemente. Denis deberá regresar a la tierra donde nació para arrojar luz a un misterio que amenaza con destruir todo lo que ha conseguido en los últimos años.

Eva García Sáenz fue una de las primeras autoras que se consagró gracias al éxito de una novela autopublicada por la que, más tarde, apostó una gran editorial. Ahora nos presenta Pasaje a Tahití, la maravillosa aventura de dos hermanos cuyas vidas transcurrieron por claros y oscuros. La autora demuestra por qué su ópera prima sedujo a tantos lectores y se descubre como una magnífica narradora que sabe desgranar, con maestría, una historia conmovedora a través de numerosos saltos en el tiempo; unos altibajos temporales que no desconciertan, ya que el lector los asimila con total naturalidad, y que aportan la dosis justa de adicción y ansiedad literarias. Cuando me enfrento a una novela tejida y ambientada en distintos períodos no puedo más que alabar a su escritor y reconocer la destreza con que ha unido todas las piezas.

Por otro lado, la ambientación en Tahití, el pasado del archipiélago del Pacífico y el asunto de la industria de imitación de perlas son pruebas fehacientes de que la autora ha transitado por un largo y arduo camino de documentación que le ha permitido dotar el argumento de verosimilitud física, histórica y profesional. Además, todas y cada una de las palabras presentes en las páginas parecen haber sido escogidas con mimo y tino en un ejercicio literario verdaderamente inspirador y brillante. El perfil creíble y bien trazado de los personajes, por último, nos envuelve de un halo de magia y amor imparable y nos conduce hacia un final apoteósico al que he asistido con el corazón en un puño gracias a la sorpresa inesperada que ahí me aguardaba. Uno de los desenlaces más perfectos y emotivos que he leído en los últimos meses.

Como decía al principio, permitidme que recurra a la comparación para resumir lo que he llegado a sentir con Pasaje a Tahití. Eva García Sáenz me ha sorprendido con una prosa impoluta, un viaje apasionante y unos protagonistas arrolladores que permanecerán en mi retina de lector durante mucho tiempo. Quienes hayáis disfrutado con libros como Palmeras en la nieve os embarcaréis en una travesía parecida pero distinta: mismo género, distinto destino. En una época en que es harto complicado hacer las maletas y perdernos en un enclave paradisíaco, la literatura nos brinda la solución. Como dijo Emily Dickinson, «no hay mejor nave que un libro», y este que os recomiendo hoy es, creedme, un crucero de los mejores. 

La princesa de hielo, de Camilla Läckberg

 
 
Autora: Camilla Läckberg
Traductora: Carmen Montes Cano
Editorial y año: Maeva, 2007

Cuando la joven escritora Erica vuelve a su pueblo natal tras el fallecimiento de sus padres, no se puede ni imaginar que se verá envuelta en la truculenta historia de un crimen cuyos protagonistas no son otros que sus propios amigos de la infancia. Cuando aparece el cadáver de su amiga Alex, todo lleva a sospechar que se ha suicidado, pero la autopsia revela que estaba embarazada, lo que dispara las conjeturas de Erica. La novelista empieza a investigar y con la ayuda de Patrik, policía en la comisaría local, descubre un oscuro secreto largamente guardado.


Hace ya unos años asistimos al aterrizaje en nuestro país de numerosos autores escandinavos de novela negra. Suecia, Noruega o Finlandia dejaban atrás la imagen de lugares heladamente exóticos para hacer las veces de escenarios de cuantiosos y sangrientos crímenes. Una de las principales «culpables» del éxito de este tipo de libros fue Camilla Läckberg, cuya ópera prima, La princesa de hielo, se convirtió en superventas de inmediato y supuso la primera parte de una serie que cuenta ya con ocho entregas. Se trata de una historia trepidante que he leído en apenas un par de días; no sabéis cuán difícil me resultaba dejar a un lado la lectura de esta interesantísima investigación.

En un pueblecito sueco donde todos se conocen y cualquier acción no pasa inadvertida, el hallazgo de un cadáver supone un seísmo que sacude a los vecinos. Alex, la joven que parece haberse suicidado, era una mujer a cuyo interior no tenía acceso ni siquiera su marido. Cuando un agente de la policía y una amiga de la infancia de Alex empiezan a indagar y descubren que se trata de un caso de asesinato, la localidad entera da de bruces con un secreto familiar, silenciado décadas atrás, que varias personas hicieron lo imposible por ocultar. En un pueblo en el que valen más las apariencias y el qué dirán, Patrik y Erica se verán obligados a remover una tragedia de insondable trascendencia.

La verdad es que llevaba tiempo queriendo leer La princesa de hielo, y verla disponible en la biblioteca me ha permitido saciar mi curiosidad literaria. No sé por qué mi mente ya se había formado una idea del estilo de Camilla Läckberg, una imagen no demasiado positiva —debo añadir—, así que la novela me ha hecho cambiar de opinión al encontrar una serie de ingredientes que me han llevado a una lectura muy placentera. En primer lugar, la trama cuenta con un ritmo frenético gracias al cual el lector se ve incapaz de respirar y hacer un alto en el camino; una acción imparable que la convierte en una novela negra condenadamente adictiva. Además, las descripciones de Fjällbacka son lo bastante precisas como para que uno visualice el entorno y los lugares y hasta compadezca a los protagonistas si a estos se les estropea la calefacción.

Por otro lado, los personajes del libro, en especial Erica y Patrik, aparecen despojados de cualquier trazo irreal y los percibimos muy bien construidos. Son personas de carne y hueso que bostezan, muerden los lápices por los nervios y friegan los platos. Quizá otro lector no le dé importancia alguna, pero yo considero un acierto incluir comentarios y sucesos que humanizan a quienes emprenden una investigación de homicidio. Ya que el caso en sí se me antoja lejano, tan geográfica como personalmente, los detalles que acabo de citar me convencen de que es algo que podría haber ocurrido sin problemas. Para terminar, me gustaría destacar la fina ironía y el delicioso humo que salpican la historia. En un argumento duro y oscuro como este, se agradece que la autora se haya tomado la molestia de incluir frases que nos invitan a sonreír.

Después de leer La princesa de hielo no solo no me extraña el éxito que han cosechado y siguen cosechando las obras de Camilla Läckberg dondequiera que se publiquen. Son ejemplos claros de que los libros más vendidos, y los que cuentan con mayor número de seguidores, no siempre están exentos de calidad literaria. La escritora sueca demuestra poseer un indudable talento narrativo y despliega sus habilidades al construir una trama negra en la que también tienen cabida el amor, la amistad y la familia. Ahora ya sé otro título que puedo recomendar en la librería cuando un cliente me pida consejo y busque una historia absorbente de las que roban el tiempo y dejan huella.

La vida era eso, de Carmen Amoraga

 
 

Título: La vida era eso
Autora: Carmen Amoraga
Editorial y año: Destino, 2014

La muerte fulminante de su marido deja a Giuliana devastada y sola con dos hijas pequeñas. Superar un día tras otro está poniendo a prueba su resistencia y su imaginación, mientras pasa de la incredulidad al enfado, y de ahí a la idealización de su relación con William. Descubre entonces, además de irrepetibles momentos que su memoria convoca una y otra vez, el legado más hermoso de William: una intensa red de relaciones que le traerán una nueva forma de estar en el mundo y le enseñarán, gracias al apoyo de los demás, que aprender a perder es aprender a vivir.


Emocionar a los lectores es uno de los objetivos más deseados y perseguidos por cualquier escritor; no en vano la literatura es un arte en que los sentimientos desempeñan un papel esencial y vital. En El tiempo mientras tanto me sorprendió la exquisita sensibilidad de Carmen Amoraga, una autora que sabe apelar a las emociones más puras del corazón con sus tramas y su maravillosa prosa. Mi experiencia con la citada novela fue tan satisfactoria que no albergué duda alguna de que repetiría con otra obra de la escritora valenciana. La vida era eso, el premio Nadal de este año, ha sido la elegida, y debo confesar que difícilmente podría haber escogido mejor.

El mundo de Giulana se parte en dos cuando a su marido le diagnostican un cáncer en un estado avanzado. A pesar de la fuerza y la lucha, la muerte gana la batalla y se lo lleva. Será entonces cuando Giulana se dé cuenta de lo que ha perdido y de cuánto la necesitan sus dos hijas. El día a día pasará a ser una cuenta adelante, que no atrás, en que cada hora le recordará que debe hacer acopio de toda su entereza para no rendirse. Los recuerdos que guarda de su matrimonio, los bonitos y los menos bonitos, y la inesperada mano amiga de unos desconocidos la ayudarán a caminar hacia el futuro con el mismo dolor pero con más energía y optimismo.

La muerte de un ser querido, de la pareja en este caso, es una situación dramática cuya trascendencia la vuelve atractiva para los autores. Es una tragedia que, por desgracia, todos sufrimos tarde o temprano, pero precisamente por esa naturaleza universal y cercana es muy importante el enfoque que se le dé a la historia. Carmen Amoraga recurre a una perspectiva elegante que hace de La vida era eso una lectura deliciosa y emotiva a la que es imposible resistirse. La descripción de los sentimientos de los protagonistas es tan pura, tan certera, que uno acaba emocionándose con ellos y derramando numerosas lágrimas de empatía y compasión para con Giulana. A través de un trato respetuoso y sumamente cuidado, la evolución de la trama apela a la grandeza de la vida y del amor y nos invita a una aventura literaria dura y hermosa al mismo tiempo.

Una de las grandes bazas de la novela es el perfil de la principal protagonista. Una mujer fuerte y débil, serena y obsesa, tranquila e histérica; una mujer, en fin, real, en cuyo interior se encuentran los extremos que convierten en verosímiles sus actitudes, pensamientos y sentimientos. La autora ha logrado dar con un personaje de luz y sombras con el que nos identificamos en todo momento. Las sorpresas que depara la historia, por otro lado, hacen gala de la ternura y la injusticia presentes en la existencia de cualquier ser humano. No se trata de una lectura fácil, pero ¿acaso la vida misma lo es? Por último, quiero destacar la narración impecable y brillante del libro, la cual nos permite adentrarnos en la trama de forma inmediata e inevitable.

No me asombra en absoluto que esta maravillosa novela se alzara con el premio Nadal de este año. De hecho, agradezco al jurado que seleccionara este espléndido canto al amor y a la muerte y lo acercara, así, a un gran número de lectores, quienes sin duda alguna sabrán apreciar la belleza que encierra esta obra y la emoción que contiene en cada párrafo. Carmen Amoraga me conquista, una vez más, con La vida era eso gracias a una historia inolvidable y delicada en la que demuestra ser una de las escritoras contemporáneas que con más puntería lanza dardos de calidad literaria a las almas de quienes abordan uno de sus libros. Si todavía no habéis disfrutado de la narración de esta autora única, no sé qué hacéis leyendo esta reseña y no una de sus novelas.

La última noche de Víctor Ros, de Jerónimo Tristante

 
 


Autor: Jerónimo Tristante
Editorial y año: Plaza & Janés, 2013

El detective privado Víctor Ros es contratado para descubrir al culpable del asesinato de Ramón Férez, primogénito de un acaudalado industrial de Oviedo. Pero el caso no se lo pondrá fácil al detective: tendrá que evitar las trampas que le colocarán en su camino las personas que menos esperaría, y se encontrará con un amor del pasado al que traicionó en su juventud. Con la ayuda de su hijo adoptivo Eduardo y de su mujer, Clara, ¿podrá salir airoso del caso más peligroso de su vida?


En mi biblioteca particular hay un buen plantel de autores fijos que jamás la abandonarán y cuyas novedades poco tardan en aterrizar en ella. Uno de los escritores que se ha merecido a pulso un lugar es Jerónimo Tristante, gracias a las aventuras de su célebre detective, Víctor Ros. En la que es la cuarta (¿y quizá la definitiva?) trama protagonizada por el ya expolicía, La última noche de Víctor Ros, me he encontrado de nuevo con la maravillosa mezcla de intriga e historia, dos géneros que se funden a la perfección en una de las sagas detectivescas más interesantes y mejor escritas de los últimos tiempos.

El asesinato del joven heredero de una acaudalada familia trastorna la sociedad ovetense del momento. Cuando el juez que sigue la investigación se da cuenta de que el caso presenta numerosos detalles a duras penas descifrables, no duda en llamar a su fiel amigo Víctor Ros, el mejor detective que ha dado jamás este país. A pesar de las reticencias iniciales, el antiguo policía acaba aceptando y se traslada a Oviedo, una ciudad que le trae buenos y malos recuerdos. En una carrera contrarreloj para desentrañar la maraña de datos y confusiones que rodea el caso, Víctor deberá enfrentarse a algo más que peligroso que el escurridizo asesino: a su propio pasado.

Víctor Ros es, sin duda alguna, mi personaje preferido de novela negra o de misterio. Audaz como Sherlock Holmes, perspicaz como Hercule Poirot e irónico como Philip Marlowe, se trata de un perfil mucho más cercano que recuerda a los grandes del género de nuestro país. La lista ya inolvidable que encabezan Carvalho, Méndez o Bevilacqua ha fichado ya para siempre al protagonista de La última noche de Víctor Ros, una novela apasionante y adictiva en la que Jerónimo Tristante vuelve a destacarse como uno de los mejores novelistas de su generación. El perfil de Ros reaparece en su apogeo, nos rememora cuanto vivió en las tres entregas anteriores —aunque sean aventuras independientes, recomiendo seguir el orden— y nos invita a la que es la batalla más difícil que ha debido librar hasta ahora.

El ritmo ágil y trepidante impreso en toda la novela bebe de los maravillosos y constante diálogos que habitan sus páginas, de forma que el lector conoce las novedades y los avances del caso casi al mismo tiempo que los personajes principales. Es un recurso muy inteligente y el autor lo utiliza con maestría, ya que consigue que a uno le resulte verdaderamente complicado abandonar la lectura y, al mismo tiempo, que se adentre en la trama y la viva en primera persona. El escenario y la época en que se ambienta la investigación, por otro lado, ponen de manifiesto el arduo proceso de documentación que se esconde detrás del argumento y que Tristante ha sabido aprovechar como nadie. El final, por último, me ha parecido fantástico y ha traído a mi mente la resolución de casos de escritores clásicos, referidos anteriormente a través de los nombres de sus protagonistas.

Si bien en ocasiones cualquier lector debe arriesgarse para descubrir nuevos talentos y obras que le sorprendan, ni que decir tiene que todos agradecemos contar con valores seguros que nos darán, a ciencia cierta, lo que andamos buscando en cada momento. Cuando me apetece una novela emotiva o divertida, sé a qué autores recurrir; cuando lo que deseo es vivir una investigación de asesinato desde dentro, con un ritmo de infarto, bien escrita y con un personaje al que ya aprecio más que a muchos conocidos, opto por leer a Jerónimo Tristante y a su Víctor Ros. La última noche de Víctor Ros me ha atrapado como el resto de la serie y por una vez espero que el título de un libro esté equivocado. Queremos más entregas de este magnífico detective, muchas más.

Son de Mar, de Manuel Vicent

 
 



Título: Son de Mar
Autor: Manuel Vicent
Editorial y año: Alfaguara, 1999

Un hombre desaparece en el mar. Su mujer, después de años de espera, rehace su vida con un poderoso constructor. Un día recibe la misteriosa llamada de alguien que dice ser su marido. Y desde ese momento ambos volverán a sentir el amor y la pasión que creyeron perdidos y que, como en un mito clásico, superará a la muerte.



La relación que mantengo con los galardones literarios es un tanto extraña: mientras unos premios me parecen sospechosos (el Planeta, el Nadal), otros se sitúan en la orilla opuesta de mis gustos (el Nobel, el Pulitzer); hay ganadores, de todos ellos, que me han encantado o aburrido. Nunca había leído una novela que se alzara con el Alfaguara de novela, por lo que me enfrenté a la lectura de Son de Mar sin expectativas ni esperanzas. Cuál es mi sorpresa al descubrir una historia maravillosa que hace de Manuel Vicent uno de los autores premiados que sin duda merece la distinción que un día un jurado le otorgó. No solo de novedades vive el lector, así que hoy permitidme recomendaros un libro que vio la luz a finales del siglo pasado.

Cuando Ulises acude a una pequeña localidad mediterránea para dar clases de literatura en una escuela, se enamora perdidamente de Martina, la chica que trabaja en la pensión donde se ha alojado. La atracción que sienten es instantánea y desembocará en una boca esperada de todo punto y en el nacimiento de un hijo. Un buen día Ulises desaparece al salir a pescar; nadie sabe qué ha sucedido con él, como si el mar se lo hubiera tragado. Martina, al cabo de los años, rehace su vida y vuelve a casarse, pero su universo se resquebrajará cuando al pueblo llegue del mar un hombre que asegura ser su primer marido.

Son de Mar es una novela romántica diferente que gustará a los amantes del género y a los que se adentren en sus páginas sin saber qué encontraran en ellas. Manuel Vicent ha construido una historia de amor sólida, de profundas raíces, que emociona por el halo de tragedia que la envuelve y que arroba por el giro dramático y drástico que toman los acontecimientos. La relación entre los dos protagonistas hace gala de una sensibilidad extrema, de un sentimiento puro y arrebatador con el que no cuesta nada identificarse. La sensación que le queda a uno al terminar la lectura es de una calidez entrañable al haber conocido a dos personas cuyo amor es capaz de sobreponerse a la distancia de la muerte, a la pérdida y el perdón.

Por otro lado, uno de los elementos que destaca del libro es, sin duda, la prosa del autor. Rica en matices y en detalle, la narración atrapa gracias a los saltos en el tiempo por los que transcurre la trama principal y al estilo tan personal del escritor. Vicent está decidido a omitir cualquier trazo innecesario que se interponga entre la historia y el lector, e incluso se atreve a proponer una escritura que muestra un peculiar uso de la puntuación, en especial de las comas; una osadía que permanece, por suerte, dentro del terreno de la gramaticalidad. Siempre resulta gratificante encontrar una voz propia en literatura que sepa elegir la mejor forma de expresarse, y este es uno de esos curiosos casos. No será la única vez que lea algo del autor, en absoluto.

Habrá quien decline la recomendación que hoy os propongo por el mero hecho de verse acompañada por la publicidad, no siempre positiva, de un galardón literario. Y es una actitud más que comprensible a tenor de los resultados y las críticas que en algunas ocasiones han acarreado dichas publicaciones. Me apetece, una vez más, nadar a contracorriente y continuar indagando entre los premios si con ellos descubro gemas de gran valor como Son de Mar, una novela que sabe aprovechar los ingredientes que ofrece con tino y sabiduría. Manuel Vicent se presenta como un escritor experimentado que se atreve con el complicado reto de conmocionarnos con una historia tan tierna como magnética. Y vaya si lo consigue.