La última noche en Tremore Beach, de Mikel Santiago

 
 



Autor: Mikel Santiago
Editorial y año: Ediciones B, 2014

Peter Harper es un prestigioso compositor de bandas sonoras que, tras un traumático divorcio, se refugia en un rincón perdido de la costa de Irlanda para recuperar la inspiración. La casa de Tremore Beach, aislada en una enorme y solitaria playa, parece el lugar indicado para lograrlo. Todo parece perfecto... hasta que llega la noche de la gran tormenta.


El año pasado, la publicación de La verdad sobre el caso Harry Quebert se convirtió en la sensación del género de misterio. La novela que está destinada a relevar la obra de Joël Dicker lleva por título La última noche en Tremore Beach, la apasionante y sorprendente ópera prima de Mikel Santiago. La bella y evocadora cubierta que acompaña la historia promete emoción e intriga; el hecho de ambientar la acción en un pueblo de la inolvidable costa irlandesa fue el empujón decisivo que necesitaba yo para lanzarme a leer el libro. Y ahora, terminada una de las lecturas más absorbentes de los últimos meses, no puedo más que aplaudir el debut del autor y animarlo a no abandonar Irlanda ni a Peter Harper, el protagonista.

El amargo divorcio que está aún asimilando Peter Harper lo lleva a recluirse en una casita solitaria en un minúsculo pueblo irlandés, Tremore Beach. Allí tiene la intención de abandonar el dolor que se ha asentado en su alma e intentar recuperar el don que lo convirtió en un célebre compositor de bandas sonoras. El clima irlandés, sin embargo, le tiene preparado un giro en los acontecimientos que irrumpirá en su vida súbitamente y que hará renacer los fantasmas que lo acechan. Una tormenta inesperada y estruendosa que no solo agitará la tierra, sino también los cimientos del mundo que Peter conocía hasta el momento.

No quiero alargar la sinopsis de la novela. A lo largo de la reseña voy a procurar convenceros para que deis una oportunidad a La última noche en Tremore Beach y creo que lo mejor es que sepáis muy poco de su argumento. Mikel Santiago nos presenta una novela que se desmarca del resto gracias a tres elementos: el perfil del protagonista, el ritmo de la acción y el control de la tensión de la trama. Antes de analizarlos, me gustaría destacar también el estilo cuidado y directo del autor, las preciosas descripciones que retratan los paisajes de Irlanda con detalle y maestría y el final apoteósico con el que cuenta la historia, un cierre brillante que no decepciona y que sabe cerrar todos los cabos que ha ido abriendo a lo largo del libro. 

Ahora sí, permitid que analice con precisión los tres factores que hacen de esta novela una lectura vibrante. En primer lugar, me ha encantado el propio protagonista, Peter Harper, un personaje real, humano y cercano que se aleja de los héroes inalcanzables y divinos que uno suele hallar en la literatura de misterio; un hombre que se gana la simpatía del lector desde la primera página gracias a su personalidad y a las dudas que él mismo comparte. En segundo lugar, el ritmo es trepidante, cinematográfico incluso, de manera que resulta difícil, y hasta traumático, abandonar la novela. Y por último, el autor hace gala de una destreza envidiable al controlar y desgranar la tensión que ha imprimido en cada página; una atmósfera de inquietud y suspense que atrapa sin remedio por el halo de intensidad que despliega. En suma, tres ingredientes fantásticos que cohabitan en un libro adictivo, emocionante y magnífico.

Estoy convencido de que La última noche en Tremore Beach se alzaría con numerosos y prestigiosos galardones, se llevaría a la gran pantalla en una superproducción y se habría convertido en un auténtico fenómeno de masas si el nombre del autor sonara a inglés o francés. En nuestro país seguimos con la absurda tozudez de preferir lo foráneo a lo propio, una actitud que me inspira lástima cuando aparece un verdadero talento como el de Mikel Santiago, un escritor que ha sabido aterrizar en el mundo de la literatura con una primera apuesta inolvidable y acertadísima. Desde aquí os animo a que conozcáis la trama fascinante que encierra esta novela. Aunque paséis noches sin dormir, seguro que al final me agradecéis la recomendación.

La librería, de Penelope Fitzgerald

 
 
Título: La librería
Autora: Penelope Fitzgerald
Traductora: Ana Bustelo
Editorial y año: Impedimenta, 2010

Florence decide abrir una pequeña librería, que será la primera del pueblo. Adquiere así un edificio que lleva años abandonado. Pero pronto se topará con la resistencia muda de las fuerzas vivas del pueblo que, de un modo cortés pero implacable, empezarán a acorralarla. Florence se verá obligada entonces a contratar como ayudante a una niña de diez años, de hecho la única que no sueña con sabotear su negocio. Cuando alguien le sugiere que ponga a la venta la polémica edición de Olympia Press de Lolita, de Nabokov, se desencadena en el pueblo un terremoto sutil pero devastador.


Impedimenta es, sin ninguna duda, una de las editoriales contemporáneas que mejor ha sabido expresar una filosofía y ser coherente con cada nueva publicación. A mí me llamó la atención por la estética que preserva en sus libros y por el detalle de incluir el nombre del traductor en la propia cubierta; qué menos, cuando es, al fin y al cabo, la persona que ha escrito lo que nos disponemos a leer. La librería, de Penelope Fitzgerald, es la novela que me redime de la vergüenza que sentía al no haberme acercado aún a las obras de dicha editorial, y aunque la lectura no haya sido del todo placentera, por una razón que explicaré más adelante, seguro que vuelvo a abordar nuevos libros de Impedimenta.

Florence es una mujer vital y valiente que decide abrir una librería en un pueblecito inglés en el que no había ninguna. Los vecinos pronto se dejan ver por el local para mostrar sus mejores deseos o la preocupación que los lleva a animar a la librera a ejercer en otro municipio. Mientras Florence lucha contra enemigos visibles e invisibles, la literatura misma se encargará de granjearle problemas con la irrupción de Lolita, la historia de un tal Nabokov que a nadie deja indiferente. Los habitantes de Harborough tampoco permanecerán impasibles ante el vendaval de ética y moral que traerá consigo la venta en la librería del libro del escritor ruso.

Creo que ningún lector puede sentir desinterés por una trama como la que nos presenta La librería: no solo habla de libros, sino también de aquellos lugares tan especiales en que un amante de la letra impresa pasa horas y horas sin ser consciente del reloj. Penelope Fitzgerald apuesta por lo seguro y se gana la atracción de todos nosotros. Por otro lado, la atmósfera que se respira en el pueblo donde se ubica la acción resulta embriagadora, y las fantásticas descripciones del lugar le permiten a uno formarse una imagen mental vívida y clara de la zona. Además, el ritmo constante, sin altibajos ni capítulos frenéticos ni pausados, envuelve la trama con el cálido y sincero abrazo que suele rodear las buenas historias.

Sin embargo, ya he anticipado que ha habido un elemento que me ha decepcionado y por el cual mi opinión final no es tan positiva como cabría esperar al leer cuanto he expuesto hasta el momento: los personajes. Se antojan lejanos, inverosímiles, como si ni siquiera ellos se creyeran a sí mismos. Perfiles desdibujados, y hasta borrosos en cierto modo, que impiden que se asimile todo lo que les ocurre sin cuestionarse sus reacciones, sus impulsos y pensamientos. En numerosas ocasiones me ha extrañado sobremanera la manera en que todos ellos se enfrentan a obstáculos o a personas. No sé si la autora lo pretendía y es un efecto pensado y logrado, pero no puedo evitar pensar que la lectura fluiría aún mejor y sería más evocadora si llegásemos a entender a los protagonistas y no abrigáramos la terrible sospecha de que unos se asemejan demasiado a los otros.

La librería sabe mostrar la pasión que cualquier lector de este blog siente para con la literatura. Un amor puro y eterno que se pone de manifiesto en el argumento y también en la evolución de este. Penelope Fitzgerald nos invita a conocer un pueblo ciertamente peculiar cuyos habitantes saben sorprender una y otra vez, para bien o para mal. En cuanto a la edición del libro, es imposible no notar el mimo y el cuidado con que se han confeccionado todos los elementos que conforman el ejemplar que uno termina por leer. Una dedicación sin igual que demuestra por qué Impedimenta es una de las editoriales con más seguidores. Si bien tengo claro que valoraré nuevas lecturas dentro de su abanico de publicaciones, creo que no repetiré con la autora a la que reseño hoy.

El corazón de la selva, de Elvira Menéndez

 
 
Autora: Elvira Menéndez
Editorial y año: Planeta, 2014

Nuevo Mundo, 1556. Acusado de asesinato, el capitán Salazar huye de Asunción con fray Juan sin saber que su fuga obligará a Mencía de Calderón y a Ana de Rojas a partir en su busca en un peligroso y emocionante viaje a través de la selva. Pero este es solo el principio de una nueva aventura para los protagonistas que conocimos en El corazón del océano: siguiendo el rastro del mítico El Dorado, desde los poblados indígenas hasta las profundidades de las minas de Potosí —entre tahúres, explotadores y corregidores corruptos llegados de las Españas—, todos ellos se verán atrapados en una intriga que cambiará sus destinos y los de sus descendientes para siempre.


No siempre se cumple el dicho de que segundas partes nunca fueron buenas. Si bien se me ocurren numerosos ejemplos literarios o cinematográficos que dan la razón a tal afirmación, hay casos en que las secuelas son tan brillantes como las entregas previas. Cuando supe que Elvira Menéndez iba a publicar la continuación de El corazón del océano, la ópera prima que nos sorprendió y maravilló a todos, no dudé de que fuera a repetir el éxito y mantener el listón de altísima calidad. El corazón de la selva recupera el hilo histórico de su predecesora y nos invita a un maravilloso viaje en el cual dejamos atrás las travesías oceánicas para recorrer varias sendas selváticas. Una aventura magnífica que no me ha decepcionado.

Manuela, la hija de Alonso de Lanzós y Ana de Rojas, está perdidamente enamorada de Mario, el joven con el que desea casarse. En cuanto Alonso e Isabel de Contreras, una amiga íntima de la familia, ven a Mario, no solo no permiten la boda, sino que instan a Manuela a olvidarse de él. La razón de tan extraño comportamiento procede de la odisea que protagonizó la propia Ana junto a Mencía de Calderón, la dama que se encargó del primer viaje de mujeres hacia el Nuevo Mundo, y a Juan de Salazar, a la sazón esposo de Isabel, en busca de El Dorado. Será la hija adoptiva de Mencía, Irupé, quien les relate cuanto aconteció durante los meses que vivieron en la selva, donde nació el secreto que ahora, treinta años después, amenaza con impedir que dos jóvenes que se aman se unan en santo matrimonio.

Todos los ingredientes que hicieron de El corazón del océano una experiencia sin igual vuelven a aparecer en esta segunda parte, de modo que El corazón de la selva repite la fórmula de excelencia que ya nos resulta tan familiar. Elvira Menéndez hace gala, una vez más, de una prosa exquisita y rica, que hará las delicias de los lectores que apreciamos las novelas bien escritas. Una pluma impecable que halla en las notas a pie de página el complemento perfecto para convertir la lectura en una fuente de conocimiento que todo amante de la Historia con mayúscula inicial sabrá apreciar y agradecer. Una novela histórica comme il faut debe verter luz sobre la época que trata, y la magnífica recreación de la vida del siglo XVI en el Nuevo Mundo no es sino la consecuencia del magno proceso que documentación que reside detrás de cada información sobre pueblos, costumbres y tradiciones de las tribus precoloniales.

Además del estilo excelso de la narración y la presencia constante de datos y curiosidades que dan fe del esfuerzo de la autora por ambientar la trama con verosimilitud, de nuevo el lector constata la fuerza que irradian los personajes. Ya sean estos reincidentes o nuevos protagonistas, todos ellos despiertan alguna emoción: unos, cariño y simpatía; otros, desprecio y desdén; y aún hay ciertos perfiles ambiguos, sin duda efecto de la maestría de la escritora, que en un momento agradan y, en otro, desconciertan y decepcionan. Por otro lado, las aventuras que se narran no están desprovistas de emoción, antes al contrario: atrapan por la sucesión de situaciones increíbles y bien halladas. Y no puedo terminar sin alabar la bonita edición de la novela, con una portada bellísima y un contenido de presentación cómoda, sencilla y bien dispuesta.

El corazón de la selva es una muy digna continuación de El corazón del océano. Si bien son dos argumentos totalmente distintos, qué duda cabe de que se disfrutan más si se leen en orden para experimentar los preciosos recuerdos que a uno le acuden a la mente cuando rememora un pasaje, una conversación o una descripción que se leyó con anterioridad. Elvira Menéndez resta verdad a la aseveración con la que he comenzado la reseña y nos presenta una segunda parte no buena, sino buenísima. Desconozco si la autora seguirá con la línea temporal y nos ofrecerá una tercera entrega. Yo, definitivamente, leeré con gusto cualquier obra que publique, aunque espero que no abandone el género histórico, que ha ganado un grandioso talento. ¡Ah!, y muchísimas gracias, Elvira, por la bonita dedicatoria. Tener mi ejemplar firmado lo convierte en una joya dentro de mi biblioteca personal.

Entrevista: Julia Stagg

 
 

Julia Stagg ha vivido en Japón, Australia, Reino Unido, Estados Unidos y, más recientemente, en Francia. Ha trabajado como camarera, librera, en una casa de empeños y como profesora de inglés como lengua extranjera. En 2004, llevada por su pasión por el ciclismo y las montañas, decidió mudarse a la región de Ariège-Pyrénées en los Pirineos franceses y montar un restaurante y hotelito, y así añadió los oficios de recepcionista, limpiadora y cocinera a su currículum. En la actualidad, divide su tiempo entre Ariège y Yorkshire, en el Reino Unido. Ha publicado en Roca Editorial:

               - L'auberge. Un hostal en los Pirineos
               - L'épicerie. La pequeña tienda de los Pirineos
               - Las cartas de Véronique 



Antes de nada, me gustaría agradecerte, Julia, que hayas aceptado mi propuesta de ser la primera invitada en esta nueva sección del blog. De hecho, quiero darte las gracias por estar siempre ahí, con tu amabilidad y generosidad. Eres una gran escritora y, por lo que he descubierto, también una gran persona.

Recuerdo tu primera novela con muchísimo cariño. Fue una de mis primeras reseñas. ¿Cómo llegaste a crear un lugar tan especial como Fogas? ¿Te inspiraste en el pueblo en el que viviste?

- La zona sobre la que escribo (el departamento de Ariège en los Pirineos franceses, y más concretamente la provincia de Couserans) inspira mucho cariño. Es de una belleza deslumbrante y me dio la idea principal para mis libros. Y también la ubicación de Fogas, que resulta crucial. Viví en la zona durante seis años y me gusta pensar que mi amor por ese lugar se palpa en todos los libros sobre Fogas.


Departamento de Ariège, donde se ubica el pueblo de Fogas.

En L'auberge vemos los obstáculos que una persona debe hacer frente al mudarse a otro país. Obstáculos culturales y también lingüísticos. ¿Fue muy difícil para ti? ¿Tuviste que enfrentarte, como la pareja inglesa del libro, a una mezcla de rechazo, curiosidad y fría cortesía?

- En realidad, mudarme a Francia no fue tan duro. Quizá porque ya había vivido en el extranjero antes (por ejemplo, pasé mucho tiempo en Japón), así que ¡al menos aprender el idioma me resultó más sencillo! Dicho lo cual, sí que hubo algunos problemas. ¡Descolgar el teléfono era un martirio! Y como teníamos un negocio, debimos acostumbrarnos pronto, pero siempre fue la situación lingüística más complicada. Nuestro francés mejoró rápido, ¡a la fuerza! En cuanto a las diferencias culturales, tuvimos suerte de vivir en un pueblo muy acogedor. Si te soy sincera, después de haber vivido un par de años en los Estados Unidos, me sorprendió ver que teníamos más en común con los franceses: una historia compartida, un sentido del humor similar, etc.
 
Si echamos un vistazo a tu biografía, es obvio que tu propia vida debe de ser una increíble fuente de anécdotas y situaciones. ¿Te cuesta alejarte de la realidad y echar a volar la imaginación? 

 - ¡Para nada! A veces es justo al contrario. Cuando mi marido llega a casa del trabajo, lo más normal es que yo necesite una pausa de cinco minutos para volver a la realidad y abandonar Fogas. De todos modos, tienes razón. Creo que cualquier experiencia que vives te alimenta, como autor, en tu trabajo; suele ser un trampolín a algo más, pero aun así acaba calando. Yo siempre veo fantasía en la realidad.

Cuando terminé de leer L'épicerie, comparé tus libros con un helado de vainilla: sabemos qué encontraremos y cómo saben, y esa es la razón de que estemos encantados de leerlos. De alguna forma, sin embargo, consigues sorprendernos con cada nueva trama. ¿Cuál es tu principal objetivo?

- Mi objetivo inicial con las crónicas de Fogas era hacer precisamente eso: presentar una crónica de la vida en un pueblecito francés. Al principio los libros iban a tener títulos en francés: L'auberge, L'épicerie, etc., lo cual refleja mi idea de basar cada entrega en los distintos corazones del municipio. Sigo teniendo esa idea, aunque los títulos en inglés han cambiado un poco. Supongo que el estilo de vida que muestran las novelas se puede aplicar a cualquier comunidad pequeña de cualquier parte del mundo, donde las noticias sobre ti llegan a casa ¡antes que tú!

Estás a punto de publicar la cuarta entrega de la saga de Fogas y la traducción española de The French Postmistress (Las cartas de Véronique) acaba de ver la luz. ¿Tienes pensado un final para la serie o será interminable —como todos queremos—?

- Tengo pensado un final para la serie de ahora, pero también más planes sobre Fogas. ¿Y si viajamos al pasado? ¿No te gustaría conocer a Jacques y a Serge cuando eran jóvenes? Pero también soy consciente de que todas las historias deben tener un final, o si no acaban degenerando sin sentido. No importa el éxito de los libros, un escritor debe ser valiente y saber cuándo parar.


Cubiertas de las ediciones inglesas, de Hodder & Stoughton.

Dado que todos tus libros están ambientados en el mismo pueblo y cuentan la historia de los personajes a los que ya conocemos, ¿tienes miedo de alejarte de Fogas? Si tuvieras que escribir un libro muy distinto, ¿cómo sería?

- Creo que nunca abandonaré Fogas, ¡aunque ya no escriba sobre el pueblo! Es un lugar muy especial para mí. Pero no, no tengo miedo de probar cosas nuevas. Ya tengo la idea de otra serie, ubicada en Japón, parecida en el sentido de que se basará en diferencias culturales y lingüísticas. Y también estoy preparando algo diferente, un thriller más bien..., pero si te cuento más ¡tendré que matarte! ¡Ja, ja!

Tus libros se han publicado en países como España, Alemania, Polonia o incluso Brasil. Es curioso que no se encuentren en las librerías francesas. ¿Por qué crees que no se han traducido al francés? ¿Se traducirán algún día?

- ¡Me encantaría que se tradujeran al francés! ¡Y a mis vecinos franceses también! Así que si alguien conoce a un editor francés... J Ya en serio, me pregunto si la falta de interés de los editores franceses se debe al hecho de que soy una anglosajona que escribe sobre Francia. Pero a veces depende del azar, como cuando tuve la gran suerte de que se interesara por mis novelas la magnífica editorial Roca, mis editores en español. ¡Cruzo los dedos para que esa misma suerte me encuentre a un editor francés!

Como escritora cuyas novelas están repartidas por todo el mundo, ¿te llegan críticas o reseñas en otros idiomas? ¿Cómo sabe un autor si sus libros tienen éxito y son bien recibidos en un país en el que nunca ha estado?

- Gracias a internet, recibo correos de todos los países donde se publican mis libros. Es una maravilla leer que a un lector de Argentina, por ejemplo, le encanta Fogas. Los medios sociales, como Goodreads o Lovereading, también ayudan un montón: permiten que los lectores expresen sus opiniones, algo que aprecio de verdad. Y en cuanto al éxito, si un editor de la otra punta del mundo vuelve a comprar el siguiente libro..., ¡digo yo que se mide así!

Hasta el momento tres de tus libros se han traducido a idiomas que no sé si hablas. ¿Has estado en contacto con tus traductores al español, polaco, portugués...? ¿Qué se siente al recibir ejemplares en diferentes lenguas y con diferentes portadas?

- ¡Me encanta recibir las ediciones extranjeras! Intento compartir las cubiertas en mi página de Facebook, porque creo que es fascinante ver las distintas maneras de abordar el mismo libro, y sé que a muchos de mis lectores les gusta echar un vistazo a las portadas «exóticas». Sí, hay parte de frustración al no entender esas ediciones, pero como lingüista también siento entusiasmo. ¡Leer las primeras frases en polaco o checo es muy emocionante! No tengo contacto directo con los traductores, pero sí con los editores que compran los libros, y me fío de ellos cuando llega el momento de traducir mi obra a su idioma. Como debe ser.


Cubiertas de las ediciones de Alemania, República Checa, Países Bajos, Italia y Polonia respectivamente.

Ahora hablemos de tu proceso de escritura. ¿Sigues alguna clase de ritual? ¿Tienes una silla especial, un enclave único o una libreta o bolígrafo perfectos?

- ¡Ni rutina especial ni herramientas especiales! Puedo escribir en cualquier parte, ¡y es lo que hago! Por ejemplo, ahora viajo en tren hacia York para que me entrevisten en la radio. Cuando haya respondido a todas tus fantásticas preguntas, seguiré escribiendo el próximo capítulo de la novela en la que estoy trabajando (¡la quinta en Fogas!). Cuando estoy en casa, escribo directamente en el ordenador, en el despacho, con mi gato tumbado y dormido a un lado. Cuando estoy en el tren o tomando el sol, escribo a lápiz en una libreta DIN A4. Suelo trabajar siempre el mismo número de horas, aunque hasta cuando no estoy «trabajando» se me ocurren ideas, ¡incluso durmiendo!

Sé que has trabajado como librera. ¿Qué concepción tienes de la literatura en español? ¿Hay alguna novela o autor que te guste y suelas recomendar?

- Por trabajo leo muchas traducciones francesas, y también japonesas, pero me da vergüenza admitir que todo lo que he leído traducido del castellano proviene de autores latinoamericanos: Isabel Allende, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Julia Álvarez... Así que pido ¡por favor! que alguien me facilite una lista de escritores españoles a los que debería leer. (Seguro que alguien nombra a Cervantes... J)

Si tuvieras que hablar de los autores que te han inspirado, ¿a quién nombrarías? Imagina que visito la librería en la que trabajaste. ¿Qué novela tengo que leer sí o sí? (Ya sea un clásico o muy reciente.)

- ¡No puedo contestar a eso! Es imposible. Como librera, siempre intenté recomendar libros que creía que gustarían al lector, no necesariamente los que leería yo. Y hay tantísimos autores que me han inspirado que ¡no sabría por cuál empezar! Pero si insistes, diré que Shakespeare. Me inspiró la pasión por la lengua y por las historias cuando yo era muy jovencita. Cómprate un volumen de sus obras completas y tendrás entretenimiento para toda la vida.

Hace unos días me enviaste una copia firmada de Las cartas de Véronique, un detalle que jamás te podré agradecer suficiente. Eres una escritora de éxito y una persona de lo más cabal. ¿Cómo consigues tener los pies en el suelo?

- ¡Ja! ¡No sé yo si mi familia estaría de acuerdo! Creo que ayuda haber trabajado en tantas cosas (desde camarera a librera o escritora, pasando por ser la propietaria de un auberge). En algunos trabajos que me encantaban cobraba más bien poco, por lo que aprendí a no ser muy exigente ni materialista. Todo eso me lleva a valorar lo que tengo. Además, me encanta la gente y siempre me interesa oír sus historias. ¡Y tener un marido muy sensato ayuda mucho!


Cubiertas de las ediciones españolas, de Roca Editorial.

No descubro nada si afirmo que vivimos tiempos muy difíciles. ¿Cómo ves el mercado editorial? ¿Cuesta más encontrar apoyos y ánimos? ¿Los escritores tenéis que luchar por ver vuestras novelas en una librería?

- Una pregunta brillante. No hay duda de que cuesta más que nunca que te publiquen un libro. Los editores son reacios a apostar por un nuevo talento, los libreros temen tener demasiado stock y la gente a pie de calle tiene facturas que pagar antes de pensar en el lujo que supone comprar un libro. Por eso es duro para los escritores. Y si logran publicar, se espera de ellos que echen el resto y se promocionen. Pero si tu trabajo es bueno, encontrarás apoyos y ánimos. Además, la autopublicación supone una alternativa para llegar a los lectores. Y una vez publicados, internet se ha convertido en una increíble fuente de apoyo (¡por parte de blogs como el tuyo!). En general, no creo que los autores se puedan quejar, porque ahora mismo son momentos difíciles para todo el mundo.

¿Qué le dirías a un bloguero como yo, que intenta reseñar libros de una forma sincera y humilde? ¿Crees que nuestro trabajo vale la pena?

- ¡Seguid así! Vuestro trabajo es vital. Un bloguero hace que los lectores consideren leer libros que jamás habrían leído. Y si tenemos en cuenta la situación económica, por la que los editores cuentan con poco presupuesto para marketing, esa publicidad añadida es valiosísima. Además, como lectora, antes me fiaré de una reseña de un bloguero independiente que de las críticas que aparecen en los medios. Y como autora es un placer hablar directamente con el reseñador. Así que ¡muchas gracias* a todos los blogueros! 
(* en español en la entrevista original)

No puedo terminar la entrevista sin volver a darte las gracias: por escribir la saga sobre Fogas, por ser tan amable y agradable y por haber aceptado ser la primera entrevistada de la nueva sección de Tras la lluvia literaria. Espero poder leer todos tus libros en español, y si alguna vez necesitas a un traductor, ¡llámame!

- ¡Palabra!

Página oficial de la autora: Julia Stagg


Los besos no se gastan, de Raquel Martos

 
 
Título: Los besos no se gastan
Autora: Raquel Martos
Editorial y año: Espasa, 2012

Esta historia, que no es de princesas, comienza en aquella España setentera con dos cadenas de televisión, casi siempre en blanco y negro. En aquel tiempo tan lejano y no siempre tan feliz, Lucía, con el pelo a trasquilones, y Eva, a la que le encanta comerse crudas las judías verdes, tienen siete años y están forjando una amistad inquebrantable. Más de treinta años después, Lucía es una implacable directora de recursos humanos que no sabe enamorarse. Eva, al borde de los cuarenta, es una actriz retirada que está hechizada por su hija Lola y atrapada en un matrimonio roto.


Hace unos cuantos años, los prejuicios que tenía yo como lector se dieron de bruces con la realidad: no importa tanto quién escribe una novela como qué y cómo escribe. Desde entonces no he dudado en abordar la lectura de los libros que me apetecen, aunque el autor sea un personaje mediático o televisivo. Confieso que a Raquel Martos no la conocía, pero no cuesta nada indagar un poco y ver que ha colaborado con varios programas de éxito en distintos medios. Los besos no se gastan fue su primera novela en solitario y, aunque recientemente ha publicado otra, era la que más me llamaba la atención. Tras leerla y emocionarme con ella, no puedo menos de recomendarla.

Eva es una niña tímida y soñadora; Lucía, valiente y realista. Aunque parece que tengan poco en común, rápidamente se hacen inseparables y viven juntas una amistad arrolladora que abarca casi dos décadas. Treinta años después, se reencuentran por sorpresa y deciden dejar atrás lo que las separó y volver a ser uña y carne. Ahora Eva es una actriz frustrada, madre de una niña encantadora y desea divorciarse de un hombre al que ya no ama; Lucía, por su parte, es una profesional reputada incapaz de enamorarse de verdad. Cuando la vida les da una segunda oportunidad, no dudan en aprovecharla, aunque el destino les tiene preparada una amarga sorpresa que las unirá o separará de forma irremediable.

Me había encontrado con numerosas reseñas positivas de esta novela y al verla en la biblioteca no me lo pensé. Y no me arrepiento en absoluto, porque Los besos no se gastan es una lectura deliciosa y emotiva. Raquel Martos despliega una indudable destreza narrativa al alternar capítulos en presente y recuerdos de cuando las protagonistas son pequeñas y van creciendo. Esos adictivos saltos en el tiempo mantienen al lector pegado a las páginas y le permiten llegar a conocer a las protagonistas más y mejor. En varias ocasiones he tenido que dejar a un lado la lectura, apenado, porque debía ir a trabajar, a comer o a dormir. Cuando un libro atrapa de este modo uno no puede sino alabar la habilidad del autor y la maravillosa historia que nos cuenta.

La escritora, por otro lado, desaparece como narradora y da la voz a Eva y a Lucía; en una novela de amistad y sentimientos como esta, es un auténtico acierto: nos identificamos con los personajes y empatizamos con ellos al máximo. Además, a lo largo de la novela hay un inmejorable equilibrio entre humor y tragedia, entre fantasía y realidad, que nos invita a proseguir hasta el final. Un final, por cierto, de infarto. (Y hasta aquí puedo leer o, mejor dicho, reseñar.) Por último, me gustaría ensalzar el estilo de la autora. La narración ágil y agradable del libro hace las veces del aderezo perfecto de los maravillosos ingredientes que ensambla la trama y os puedo asegurar que es uno de esos extraños y fantásticos casos en que la novela se lee completamente sola. 

Una vez más se impone el talento a la fama, la emoción a la frivolidad, el éxito al desencanto. En mi opinión, Raquel Martos ha entrado en el mundo editorial con muy buen pie. Presentar una ópera prima tan bien hilada y escrita como Los besos no se gastan no es solo muy difícil, sino casi imposible de encontrar en la actualidad. En los últimos tiempos he oído y leído hasta la saciedad la siguiente frase: «Hoy en día cualquiera publica un libro». A mí también me aborrecía ver cómo un presentador o locutor en cuestión sacaba novelas así como así. Ahora, sin embargo, he aprendido que hay que fijarse más en las historias y las escrituras, no tanto en el perfil del autor. Y si todos los libros que ven la luz en esas mismas circunstancias muestran tanta calidad como este, yo, como lector, seré la mar de feliz.

Obabakoak, de Bernardo Atxaga

   
   

Título: Obabakoak
Autor: Bernardo Atxaga
Traductor: Bernardo Atxaga
Editorial y año: Alfaguara, 2007 (1988)

Obabakoak reúne las apasionantes historias de los habitantes del territorio de Obaba: el profesor de geografía que recuerda su extraña relación amorosa con una chica que sólo conoce en sus cartas, la joven maestra que tiene que aprender a combatir la soledad a lo largo de un frío invierno, la relación de un canónigo con un niño perdido en el bosque, el escritor que da un giro a su vida cuando descubre un detalle asombroso en la ampliación de una vieja foto de la escuela...


La industria cinematográfica siempre ha bebido de la literatura. De un tiempo a esta parte, sin embargo, parece que ese vínculo sea mayor, puesto que cuesta encontrar un estreno interesante que no sea la adaptación de una novela. Cuando vi en el cine Obaba, quedé prendado del aura mágica y especial que envolvía la ficticia localidad, y supe que tarde o temprano abordaría la lectura de Obabakoak, la historia original de Bernardo Atxaga. A pesar de que el libro cuenta con un inicio apasionante y prometedor, la emoción que he sentido ha ido menguando a medida que avanzaba capítulos. Quizá esperaba demasiado o, cuando menos, algo distinto, pero los relatos sobre Obaba no me han absorbido tanto como la película en su día.

La vida en Obaba transcurre con la misma calma que abraza cualquier pueblo pequeño. La curiosidad ante un nuevo visitante, la férrea tradición anclada en las costumbres de las gentes del lugar o el rechazo a todo tipo de modernidad no diferencian al municipio. Los personajes que lo habitan, no obstante, sí se alejan de lo común y hacen las veces de cimientos que soportan la sociedad de Obaba y que son fuente de rumores que arraigan entre los vecinos. La maestra que vive con el corazón confuso o asustado, el hombre que se enamora a partir de unas cartas o el chiquillo que siente pasión para con los lagartos son protagonistas de no pocas habladurías y hacen del pueblo un lugar peculiar.

Obabakoak —«los de Obaba» en euskera— es un libro de cuentos acerca del pueblo y de sus habitantes. Ahí reside el primer factor que me impide disfrutar del todo del libro: yo no soy gran lector de relatos. Aun así, debo confesar que los primeros textos de Bernardo Atxaga son espectaculares. Tanto es así que tal vez el placer que me ha originado su lectura me ha llevado a pensar que el resto de la obra iba a ser parecido, y esa ha sido mi decepción. Penetrar en el ambiente de Obaba y conocer las anécdotas de los curiosos personajes que viven allá es una experiencia maravillosa, y por esa misma razón me he sentido engañado cuando la narración se aleja del pueblo y nos obliga a visitar otros enclaves menos atractivos para mí. Si el autor hubiera decidido permanecer exclusivamente en Obaba, mi opinión del libro hoy habría sido mejor.

Asimismo, en cierta ocasión el narrador relata unos cuentos que, en mi opinión, entorpecen la lectura y no añaden ningún rasgo de belleza al libro; relatos que, como si de Las mil y una noches se trataran, no pretenden más que hacernos partícipes de sucesos de parajes lejanos. Si bien en otra novela no me habrían molestado, aquí los he echado de más porque quitan espacio y tiempo a cuando acaece en el insólito lugar inventado al que el escritor ha tenido a bien trasladarnos. Me han faltado más historias de Obaba. Por último, lo que sí me ha convencido de principio a fin es la prosa de Atxaga. Un estilo impecable, rico, comedido, limpio y personal que he gozado sobremanera por el fino humor irónico que salpica las páginas y la magnífica selección léxica que describe los contornos del pueblo y las particularidades de los protagonistas.

Creo que el pueblo de Obaba y la atmósfera peculiar que se respira en él daban más de sí y podrían haberse aprovechado de otra forma. Quizá eran el escenario perfecto para ambientar una novela, quizá merecían una atención y un enfoque distintos. Como lector me queda la sensación de que no se han exprimido del todo y de que aún hay mucho por decir y por inventar sobre esta localidad. Aunque Obabakoak no me haya llenado tanto como pensé al empezar la lectura, me rindo ante la pluma de Bernardo Atxaga y afirmo, sin temor a equivocarme, que volveré a leer otra novela del autor vasco. Si alguno de vosotros tiene alguna sugerencia, ya sabéis que, como siempre, soy todo ojos.