La artesana del vidrio, de Petra Durst-Benning

 
 
Autora: Petra Durst-Benning
Traductora: Rosa Pilar Blanco
Editorial y año: Maeva, 2014

Lauscha, un pueblo en el este de Alemania. Las hermanas Johanna, Ruth y Marie Steinmann se encuentran completamente desprotegidas tras la muerte de su padre, un soplador de vidrio, ya que el oficio está vetado a las mujeres y no se pueden ocupar del taller familiar. Para sobrevivir se tienen que poner a trabajar en talleres ajenos, pese a que la más joven, Marie, tiene un gran talento artístico y crea bellos adornos esféricos que nadie parece apreciar. Cuando sus relaciones laborales y personales se complican, las tres hermanas se ven en un callejón sin salida.


En la reseña de hoy aparecerán dos nombres y dos profesiones que suelen quedar al margen, y a menudo aisladas, tanto en los blogs literarios como, por desgracia, en las críticas y opiniones generales de los lectores. Me refiero a Rosa Pilar Blanco y Alejandro Colucci. Los dos han llevado a cabo un trabajo espléndido que ha convertido la edición de Maeva de La artesana del vidrio, de Petra Durst-Benning, en un libro fantástico y atractivo. Descubriréis más adelante quiénes son esas personas a las que he citado, si no las conocéis aún; en cuanto a la novela en sí, os adelanto que me ha parecido maravillosa y que, al término de la reseña, espero haberos convencido para que le deis una oportunidad. La merece.

A finales del siglo XIX, el pueblo alemán de Lauscha es famoso en el mundo entero gracias a las obras de arte que fabrican sus artesanos: objetos de cristal únicos y especiales. Es una profesión de hombres, sin embargo, y la muerte de Joost Steinmann deja a Johanna, Ruth y Marie, las tres hijas, en una situación más que delicada. A pesar de que han trabajado toda la vida con su padre y conocen los entresijos de la artesanía del vidrio, son mujeres y no se pueden dedicar a soplar cristal. Así pues, deben resignarse a trabajar para otros o a buscar ingresos en otros campos y ciudades, pero la desgracia más absoluta pronto se cierne sobre ellas y deberán recurrir a la destreza y el ingenio asombrosos de Marie, quien sueña con construir y comercializar bolas de adorno.

Quizá sea un tanto machista, pero el dicho está muy asentado ya, así que las damas van primero. Rosa Pilar Blanco es la traductora del libro y ha realizado una excelente labor de traducción —a pesar de ciertos errores de puntuación que quizá no los haya cometido ella—, en especial en los diálogos, donde brilla la naturalidad de la lengua y sorprenden las decisiones magníficas y acertadas que convierten la lectura en un placer exquisito. Alejandro Colucci, por otro lado, es el diseñador que ha imaginado y engendrado la bellísima imagen de la cubierta. Tal vez no os suene su nombre, pero estoy convencido de que habéis visto y leído muchos libros de cuyas portadas ha sido él el responsable. Y hay algo que está claro: el físico vende, y no poco, por lo que a mí me resulta difícil resistirme a la tentación de leer un libro cuando veo un diseño de Colucci en la cubierta.

Ahora ya sí, vamos con La artesana del vidrio. Petra Durst-Benning ha escrito una historia arrebatadora que describe con gran precisión cómo se debió de vivir a finales del siglo XIX en un pueblecito alemán. El retrato de la época y la sociedad es brillante. Además, en los perfiles de las protagonistas es imposible no atisbar la gran maestría de la autora, quien ha trazado tres personalidades perfectamente marcadas e identificables. Por otro lado, el ritmo sosegado, que es el que pide la trama, sabe acoger al lector en las primeras páginas y conducirlo a través de una historia que en ocasiones se descubre simpática y romántica y que, en otras, muestra un lado cruel y oscuro que nos encoge el corazón y el alma. Por último, el proceso de documentación por el que ha pasado la escritura del libro aparece desgranado con habilidad y no entorpece ni causa tenido, en absoluto.

A menudos los lectores nos centramos en los escritores y olvidamos que en una edición colaboran distintas personas. Traductores, diseñadores, maquetadores, correctores, impresores, distribuidores... Son tantos los oficios que se unen para que podamos disfrutar de un libro que me parece justo que de vez en cuando los recordemos y sepamos ensalzar el trabajo que desempeñan con suma profesionalidad. En La artesana del vidrio encontraréis una historia adictiva que os transportará a un lugar, un empleo y un momento histórico concretos que sabrán satisfaceros sin ninguna duda. Las grandes aptitudes de la traductora y el diseñador de la cubierta no maquillan el indudable savoir faire de Petra Durst-Benning, pero sí permiten que nos acerquemos a la obra con mayor predisposición. Si finalmente la leéis, no olvidéis a Rosa Pilar y a Alejandro.

Las cartas de Véronique, de Julia Stagg

 
 
Título: Las cartas de Véronique
Autora: Julia Stagg
Traductora: M.ª del Puerto Barruetabeña
Editorial y año: Roca, 2014

Cuando la oficina de correos se incendia, Véronique intenta influir entre sus contactos para recolocarse. Pero los habitantes de Fogas están demasiado ocupados para aliarse en su causa. El alcalde, Serge Papon, abrumado por el dolor de la muerte de su esposa, ha perdido su joi de vivre, así como su interés por la política (y los croissants) de Fogas, y parece que el infatigable diputado Christian, cuya tendresse por Véronique lo convierte en su habitual protector, muy pronto dirá au revoir al pueblo.


La literatura no solo nos permite viajar a lugares maravillosamente reales; también nos invita a conocer alguno que, a pesar de las similitudes que comparte con otros que de verdad existen, son fruto de la insondable imaginación de un autor. Uno de los pueblos que me encantaría recorrer se encuentra —supuestamente— en los Pirineos franceses y lleva por nombre Fogas. Julia Stagg ha construido una atmósfera única, deliciosa y singular para ubicar sus novelas. Su última publicación en español, Las cartas de Véronique, recupera la magia de las dos entregas previas y nos emplaza de nuevo en el municipio galo para conocer a nuevos habitantes y saber qué les ocurre a quienes ya hemos visto en los libros anteriores.

El ambiente en Fogas nunca había estado tan enrarecido. El alcalde, hundido tras la muerte de su esposa, parece haber dejado el pueblo en manos de la fortuna, quien no siempre sabe acertar. Mientras Christian procura hacerse cargo de la situación para no dar poder a Pascal, el otro teniente de alcalde, dos hechos complicarán, todavía más, la convivencia: la negativa de La Poste a reconstruir la oficina de correos que se quemó en un incendio, por lo que Véronique se quedó sin trabajo, y la decisión del consejo de reintroducir osos en la zona. Mientras unos ven a los animales como los principales responsables de todos los problemas, sobre Fogas se cierne una sombra cuyo objetivo es, nada menos, eliminar el municipio del mapa.

Regresar a Fogas es un inmenso placer. Julia Stagg ha trazado los contornos de una localidad y de una comunidad que se clavan en el corazón del lector de forma inmediata e irremediable. En Las cartas de Véronique asistimos a un nuevo y espléndido retrato de los habitantes a los que ya apreciamos y conocemos. Una vez más, la autora sorprende con nuevos ingredientes que convierten la novela en una historia tan tierna y agradable como las anteriores pero con importantes novedades. El asunto de la reintroducción de los osos imprime un ritmo vertiginoso a la obra y la vuelve más adictiva, si cabe. Por otro lado, se retoman las tramas personales que quedaron ligeramente en el aire en L'épicerie. La pequeña tienda de los Pirineos, los cuales encuentran en este libro el final que sin duda alguna merecen.

Uno de los aspectos que hacen de estas crónicas una lectura apasionante y placentera se materializa en la forma de los personajes. Los perfiles de los protagonistas resultan muy humanos y en apenas dos líneas recordamos los sentimientos que cada uno nos despertó en los dos primeros libros —ya sean sentimientos positivos o, por el contrario, profundamente negativos—. Me rindo una vez más ante Jacques, uno de los personajes más redondos que he leído en mi vida y con quien empatizo, sonrío y lloro como no me ha sucedido apenas con nadie antes. Por último, no puedo más que volver a destacar, como elogio, la narración misma. Con el pulso trepidante que ya he comentado y el ácido y certero sentido del humor que salpica las páginas, la autora hace gala, una vez más, de un estilo depurado y medido que, con su toque personal, da la forma perfecta a esta trama.

Todos los lectores necesitamos, de vez en cuando y tarde o temprano, un grupo de autores que suponen un valor seguro, una apuesta fiable a la que poder recurrir en las situaciones personales más extravagantes que se os puedan ocurrir. Julia Stagg se ha ganado a pulso formar parte de esa élite de escritores que siempre me dan lo que busco y pido y que, a pesar de ello, saben sorprenderme con algún giro que no me esperaba. Las cartas de Véronique nos traslada a uno de los momentos más importantes de la historia de Fogas, ya que el propio municipio debe afrontar una amenaza que pretende destruirlo por completo. Si os apetece reencontraros con la fuerza de Serge, la vitalidad de Véronique, la amabilidad de Christian o la sonrisa de Josette, no podéis perderos la aventura fogasiense más emocionante hasta la fecha.

La piel dorada, de Carla Montero

 
 
Título: La piel dorada
Autora: Carla Montero
Editorial y año: Plaza & Janés, 2014

En 1904 tienen lugar en Viena una serie de asesinatos que conmocionan a la inestable sociedad del imperio. Todas las víctimas son modelos de artistas, mujeres jóvenes y hermosas, de dudosa reputación, que pertenecen a La maison des manequins, una organización creada por la amante y musa de uno de los pintores más afamados de la ciudad: la bella y enigmática Inés. De la noche a la mañana, Inés se convertirá en la principal sospechosa de los asesinatos. Pero no es la única. El detective Karl Sehlackman se adentrará en la vida de lujo y arte de la Viena de Fin-de-Siècle y en los bajos fondos de un imperio decadente con la intención de desentrañar el caso más difícil de su carrera policial.


Ya he comentado varias veces que para mí nada resulta más atractivo que la mezcla que resultada al unir novela histórica e intriga. Los libros de tramas de misterio ambientados en épocas pasadas no solo nos mantienen pegados a sus páginas gracias al ritmo imparable y a la adicción del argumento, sino que arroban nuestras almas con bellas descripciones de lugares y acontecimientos pretéritos que nos invitan a un viaje placentero e inolvidable. Carla Montero se sirve de este planteamiento y nos ofrece, en La piel dorada, una historia absorbente que nos traslada a la ciudad de Viena a principios del siglo XX, un escenario de lujo para envolver la serie de asesinatos que ha sacudido la sociedad en general y el mundo del arte en particular.

Karl es un joven policía al que tal vez le sobre intuición y le falta sangre fría. Cuando un asesino en serie comienza a actuar y acabar con la vida de varias mujeres que se ganaban la vida como modelos de pintores de renombre, el camino de Karl se cruza con el de Hugo von Ebenthal, un antiguo amigo que parece encontrarse en el centro de los homicidios. Pronto aparece en escena la protectora de las muchachas, Inés, una mujer tan bella como inaccesible ante la que tanto hugo como el propio Karl parecen rendirse sin condiciones. Cuando todo parece indicar que habrá nuevos asesinatos, el cuerpo de policía deberá echar el resto para descubrir al brazo ejecutor y separar el oro que recubre la alta sociedad del metal oxidado que se oculta detrás.

Esta vez quiero empezar la reseña por el final; o, lo que es lo mismo, por el envoltorio físico de la obra. La edición de La piel dorada es preciosa y está cuidada hasta en el detalle más nimio: cubierta atractiva, maquetación impecable y una presentación del texto mimada y brillante que anima al lector a continuar la lectura. Ya en materia, uno repara de inmediato en el estilo pulcro de Carla Montero, una prosa limpia cuya riqueza léxica sin duda supone un añadido que nos permite disfrutar, todavía más, de la historia que nos cuenta. Los personajes que la protagonizan, por otro lado, están magníficamente perfilados con una ambigüedad deliciosa, de modo que no es fácil adivinar la identidad del asesino hasta que la autora tiene a bien terminar con nuestro sufrimiento y revelarnos el nombre. Debo decir que a mí me ha sorprendido, y cómo.

Contaba al principio que la ambientación histórica y la acción suelen transitar bien por el mismo camino, y el libro que hoy os recomiendo da fe de ello. Asistimos al retrato de la clara decadencia del Imperio austrohúngaro y la situación en Viena pone de manifiesto el momento crucial al que se enfrentaba la sociedad a la sazón. Príncipes y ricos conviven con mendigos y vagabundos en una ciudad que parece ir perdiendo el esplendor que un día tuvo. En lo que respecta al ritmo de la obra, se puede decir que crece a medida que el lector se adentra en el argumento. Cuenta con un buen arranque y el último tercio de la novela es una frenética carrera contrarreloj. Por último, no quisiera pasar por alto el maravilloso grado de originalidad que presenta el texto al centrarse en la figura de las modelos profesionales. Da gusto encontrar historias y escritores que saben narrar algo nuevo y distinto.

Mi primer contacto con Carla Montero ha sido fantástico y ni que decir tiene que no será la última vez que me acerque a sus letras. La piel dorada es un envidiable derroche de destreza narrativa en que pasado e intriga se dan la mano y nos regalan una trama bien pensada, ejecutada y contada. Una vez más, me hallo frente a una novelista de gran talento que se convertiría en un éxito internacional si no le hubiera visto nacer nuestro país, sino uno de habla inglesa o francesa. Los lectores que se atrevan a afirmar que en España no hay buenos autores deberían acercarse a una librería y descubrir nombres, como el que encabeza esta reseña, que están logrando ponerse al mismo nivel que los autores que tanto se reverencian. Y digo más: es probable que hasta superen ya a estos en calidad.