Lo mejor (para mí) de 2014



Termina otro año y toca hacer balance literario, como ya hice hace justo 365 días. 2014 ha sido un año muy bueno para mí en lo profesional, porque he emprendido proyectos interesantísimos que darán unos frutos sin duda maravillosos, y tanto trabajo ha tenido su repercusión en mis lecturas: he leído menos que nunca, poco más de 50 libros. El ritmo de reseñas también se ha visto alterado y no he logrado recomendaros novelas tan a menudo como me habría gustado. Lo importante para mí, no obstante, es seguir ahí, aunque tarde más en ofreceros una crítica.

Como hice el año pasado, solamente quiero recoger en esta entrada las que han sido mis mejores lecturas de 2014. Dejo a un lado las peores porque son fechas para la alegría y la esperanza, y a nadie ayudará que recupere las opiniones menos positivas. Al haber leído menos, esta vez son solo cuatro los libros que se han merecido la puntuación más alta, las cinco gotas que tan pocas veces suelen aparecer por aquí. Os enlazo las reseñas en los títulos, por si queréis recordar qué dije de cada una.



No es tan habitual que un autor sorprenda, en su ópera prima, con una historia brillante que se convierte en una lectura apasionante e imprescindible. Publicitaron este libro como una mezcla de Los pilares de la tierra y El médico, una comparación osada a priori y muy acertada cuando uno lee la novela:

«Después de leer un libro redondo como este, que no puedo sino recomendaros muy viva y encarecidamente, me apenan las pocas posibilidades que tiene el próximo que empiece de llegar al mismo nivel de deleite literario. Lo siento por la novela que se vea en tal desgracia, pero este libro ha dejado el listón muy alto. Altísimo, casi inalcanzable.»





Aún hoy Palmeras en la nieve es uno de los libros que más recomiendo y con el que más acierto. Este año Luz Gabás nos ha regalado su segunda historia, la más difícil de escribir, creo yo, tras el éxito de la predecesora. La autora ha salido airosa con una novela espléndida, compuesta con originalidad y maestría, que debía figurar entre mis mejores lecturas del año por esta razón:

«Sin que yo le dé permiso, mi cuerpo responde a una lectura que me atrapa y me emociona a través de las lágrimas. [...] Tomad, pues, las cinco gotas que merece la novela como si fueran cinco lágrimas de gratitud y sabed que hay cinco porque no puede haber más.»




28 días, de David Safier

Cuando supe que uno de mis escritores preferidos publicaba un nuevo libro, sentí una felicidad que se congeló en cuanto me enteré de que no iba a ser una historia de humor. ¿David Safier ha escrito una novela sobre el gueto de Varsovia en plena Segunda Guerra Mundial? Dejé a un lado miedos y prejuicios y, así, he llegado a una conclusión muy sencilla: la habilidad del autor no conoce barreras.

«Después de la maravilla que he encontrado, sin esperarla, en este libro, estoy convencido de que el autor alemán saldría bien parado si se atreviera a escribir una novela negra. O hasta una erótica. Donde hay una destreza literaria de este calibre que se quiten todas las etiquetas del mundo.»






Segundo año consecutivo en el que Javier Reverte aparece en mi recuento de mejores lecturas. Esta vez, con un excelente recorrido por Irlanda, el país más bonito que he tenido la suerte de visitar. Un lugar que se clavó para siempre en mi corazón y que he reencontrado gracias a los viajes que el autor ha sabido retratar con sabiduría e ironía.

«Gracias a él he regresado a mi Ítaca particular, al lugar donde quedó parte de mi alma, y esa emoción que me ha embargado y embriagado a lo largo de la lectura es la que me lleva a darle la mayor puntuación posible.»



Una novela histórica, una romántica, una contemporánea y un libro de viajes. Cuatro lecturas bien distintas que, por razones bien diversas, han sabido ganarse mis mayores simpatías. Eso no quiere decir que el resto haya sido un desastre absoluto, para nada. He vuelto a leer a autores que tienen un lugar fijo en mis estanterías (como Isabel Allende, Kate Morton, Marta Rivera de la Cruz, Paulo Coelho o Julia Stagg) y descubierto a talentos que han sabido brillar con sus primeras apuestas (como Petra Durst-Benning, Fernando Méndez, Raquel Martos o Mikel Santiago).

Seguro que el año 2015 nos deparará sorpresas agradables e inesperadas, tanto en la literatura como en la vida, y aquí estaré yo para contaros las alegrías, y también las decepciones, que en forma de libro caigan en mis manos. Muchas gracias por seguir ahí un año más y nos vemos en unos días con fuerzas renovadas.

¡Feliz 2015!



De todo corazón.


Canta Irlanda, de Javier Reverte


 
Título: Canta Irlanda
Autor: Javier Reverte
Editorial y año: Plaza & Janés, 2014

Irlanda es un país crecido sobre la leyenda, sobre el sufrimiento histórico y sobre las canciones populares. Y su literatura es tan rica -el país que proporcionalmente da más escritores en el mundo- como su folclore, representado por innumerables baladas que todos los irlandeses conocen. A lo largo de este recorrido por Irlanda, Javier Reverte traza, con su habitual maestría narrativa, con su tierno humor y su mirada cálida, el retrato del ayer y el ahora de este pueblo que no tiene dibujadas ni águilas ni leones en sus escudos y banderas, sino sencillamente una lira gaélica.



Javier Reverte entró como un vendaval en mi biblioteca personal con Corazón de Ulises, el magnífico relato de su viaje por Grecia, Turquía y Egipto. Como novelista también me ha dejado sin palabras con espléndidas obras como El tiempo de los héroes. La última reseña del año en el blog está dedicada a su último libro, el que consigue adentrarse en el grupo de mis cuatro mejores lecturas de 2014. Canta Irlanda es un homenaje brillante, lleno de matices, a una isla de la que siempre guardaré gratísimos recuerdos. Leer es vivir, y también recordar, y gracias a este libro he vivido y recordado lugares y gentes que ya jamás olvidaré.

El periplo del autor comienza en un Dublín que, año tras año, se postra ante el legado de James Joyce y celebra el famoso Bloomsday, el día en que la capital irlandesa se viste de gala para homenajear a uno de sus escritores más universales y su magna obra Ulises. Galway, Waterford, Derry o Belfast son algunas de las ciudades que visita el narrador y que retrata con su peculiar visión y su agudo sentido del humor. Reverte no se limita, además, a contar sus viajes con todo lujo de detalles, sino que los adereza con píldoras de la historia irlandesa que dejarán boquiabiertos a quienes apenas nada sabían del pasado de la isla esmeralda.

Corría el año 2007 cuando el destino quiso que mis pasos se encaminaran a Irlanda. Como estudiante de Erasmus, pasé algo más de tres meses en uno de los pueblos más pequeños y encantadores de la geografía irlandesa. Cuando vi que Javier Reverte, uno de mis escritores preferidos, y a quien en un encuentro yo había preguntado si había visitado Irlanda y por qué no nos lo contaba, se decidía a hacernos partícipes de cuanto le sucedió en sus dos viajes al país, podéis imaginar la alegría inmediata que sentí. Canta Irlanda se ha convertido en una lectura que me ha acompañado desde su publicación hasta hace un par de días. Es uno de esos libros que hay que leer con calma para degustarlo como es debido; si no, uno se ve sobrepasado por la ingente cantidad de sentimientos que despierta el ayer y hoy de una de las naciones más bellas del planeta.

Acompañar al autor a lugares a los cuales yo mismo fui, como las legendarias islas Aran, los impresionantes acantilados de Moher o la asombrosa Calzada de los Gigantes, ha sido una auténtica maravilla. He paladeado todas las descripciones que aparecen en el libro y logrado echar la vista atrás para verme en aquellos enclaves que tanto me marcaron en su día. Por otro lado, la fina ironía de la narración acerca aún más las anécdotas al lector. Además, el escritor madrileño es fiel a su estilo y no se limita a contar sus experiencias, no: adereza los capítulos con fantásticas lecciones de historia que permiten entender el comportamiento y las costumbres de los irlandeses. Y, cómo no, la literatura y la música se funden en la prosa y la dotan de una riqueza que traspasa las páginas físicas y que derrocha una maestría inigualable.

Irlanda es un país que bebe, que no se rinde, que canta; un país amable que acoge a los visitantes con los brazos abiertos; que siempre muestra una sonrisa a pesar de un clima malicioso e inestable. Canta Irlanda es el libro perfecto para quienes ya tienen en su corazón un trébol y un arpa y para quienes han pensado, o ya tal vez planeado, pasar unos días en tierras irlandesas. Javier Reverte ha sabido aunar a la perfección tradición y realidad, mitología e historia, con su delicioso toque personal y el amor que solo una nación como esta es capaz de provocar. Gracias a él he regresado a mi Ítaca particular, al lugar donde quedó parte de mi alma, y esa emoción que me ha embargado y embriagado a lo largo de la lectura es la que me lleva a darle la mayor puntuación posible. Una experiencia literaria imprescindible e inolvidable, como la propia Irlanda.

Me llaman Alice, de Marisa Grey

 
 


Título: Me llaman Alice
Autora: Marisa Grey
Editorial y año: Vergara, 2014

Jackson se siente satisfecho con su apacible vida en el campo junto a sus tres hijos. Dirige el negocio familiar, un pequeño rancho donde cría caballos. Un día aparece una mujer que sacude todas sus convicciones. Se enamorará de sus contrastes: de su fragilidad y su fuerza, de sus sonrisas y sus silencios; sin embargo, cuanto más trata de acercarse, más se aleja ella. ¿Qué oculta Alice tras esa mirada que tanto le atrae?



Cuando me pongo en la piel de un escritor, la segunda novela es la que, para mí, resulta más difícil de escribir. Puede ser porque entra en juego la presión no solo personal que siente ese autor, ya que si la ópera prima tiene éxito habrá un buen plantel de lectores ardiendo en deseos de leer su nueva apuesta. Aún recuerdo la inesperada y maravillosa sorpresa que me supuso la lectura de Cadena de favores, de Marisa Grey, una de mis blogueras preferidas. En Me llaman Alice, su segundo libro, cambia de tercio y nos propone un thriller romántico trepidante que recoge la maestría de la obra anterior y añade ingredientes novedosos y adictivos. ¿Quién dijo que este es un género plano, sin sobresaltos, en el que todo es más de lo mismo?

Alice es la mujer de los mil secretos. Cuando por fin encuentra a un hombre decente, con una familia tan numerosa como agradable y un trabajo tranquilo en un rancho, el pasado la persigue y no le permite disfrutar de la felicidad presente. El amor parece la clave para superar cuanto ocurrió años atrás, pero Alice no quiere ceder a lo que siente por Jackson porque teme perderlo para siempre. La situación se vuelve insostenible cuando alguien del pasado empieza a acecharla y tanto contar la verdad como mantenerse en silencio la llevará a alejarse del hombre de su vida. El deseo de permanecer a su lado tal vez no baste para darle fuerzas y enfrentarse a un peligro insospechado que no parece dispuesto a dejarla marchar.

Como he comentado alguna vez y vuelvo a afirmar ahora, el suspense romántico es quizá el subgénero más apasionante de las historias de amor. Esa mezcla entre romance y misterio da buenísimos resultados y siempre que cae en mis manos una obra de este estilo soy el hombre más feliz del mundo. Me llaman Alice es un libro absorbente que despliega un ritmo trepidante que no da tregua en ningún momento. Marisa Grey vuelve a demostrar que es una narradora espléndida y valiente, ya que son pocas las autoras que se atreven a adentrarse en una trama que aúne misterio y amor. A veces vale la pena arriesgarse y dejar atrás la comodidad de lo conocido e ir en busca de lo diferente y, por qué no, difícil.

Por otro lado, me he reencontrado con la prosa pulcra y directa de la autora, que ayuda, sin duda, a que uno se sienta incapaz de detener la lectura; una narración clara e impecable que hará las delicias de los amantes de la literatura bien contada. Además, la caracterización de los personajes, como ya percibí con la obra anterior, es fantástica y todos los protagonistas convencen y enamoran. También cabe mencionar el esfuerzo de documentación que precede a la escritura de la novela y que gira en torno a cuestiones tan desconocidas como la ley estadounidense o el papeleo burocrático y administrativo. Se agradece constatar que no hay cabos sueltos y que todos los elementos que conforman el libro están encajados a la perfección.

Marisa Grey ya ha alzado su voz en el género romántico en nuestro idioma y no sabéis cuánto me alegra haber sido testigo de su consagración como una de las escritoras más prometedoras del panorama actual. Me llaman Alice es la prueba de que nos enfrentamos a un talento indiscutible que no conoce barreras y que no duda en cambiar de registro para ofrecer un argumento distinto. Si, como decía, la segunda apuesta de una autora es la más complicada, Marisa ha sabido salir airosa de la situación con una historia arrolladora y vibrante con la que he llegado a experimentar varias emociones. Os animo a conocer a Alice y a Jackson.