Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom

 
 
Título: Martes con mi viejo profesor
Autor: Mitch Albom
Traductor: Alejandro Pareja
Editorial y año: Maeva, 2008 (1995)

Este es el emocionante relato de los encuentros del periodista Mitch Albom con su antiguo profesor Morrie Schwartz, gravemente enfermo, todos los martes. Durante estos encuentros Albom tiene la oportunidad de hacer a su profesor las grandes preguntas que siguen inquietándole y hallar consejo, aliento y energías para empezar de nuevo. A pesar de que a Morrie le queda poco tiempo y de que la enfermedad le impone un doloroso calvario, el viejo profesor no ha perdido su ironía, ni tampoco las ganas y la capacidad de enseñar, escuchar y comprender.



Hay todo una serie de libros de hace apenas un par de décadas que se han convertido en una suerte de clásicos que todo el mundo conoce. Martes con mi viejo profesor es una de aquellas obras de la que siempre he oído hablar pero a la que jamás me había acercado. Al ver en la biblioteca una edición de bolsillo, no me lo pensé y me llevé a casa el libro de Mitch Albom. A pesar de que la gente me decía que era un texto lleno de esperanza, me echaba para atrás el tono doloroso y amargo que podía hallar en las páginas. Lo cierto es que no ha sido así, aunque los encuentros de Mitch y Morrie Schwartz no me han llenado tanto como esperaba. 

Mitch se ha convertido en un célebre periodista deportivo. Un día, por casualidad, le llega el nombre de un viejo profesor de la universidad con el que ha perdido el contacto pero al que siempre quiso y admiró. Morrie Schwartz padece una enfermedad terminal que acabará con su vida en los próximos meses, pero eso no le impide despertarse con una sonrisa y con ganas de enseñar. Mitch decide visitar a Morrie un martes y la conversación lo satisface tanto que establece una rutina: irá a ver a su viejo profesor una vez a la semana y le planteará las preguntas que aún turban su alma y para las que el anciano tiene unas respuestas increíblemente certeras y reveladoras. 

Martes con mi viejo profesor es el emotivo legado que dejó Morrie Schwatz a Mitch Albom, su viejo alumno universitario, una sucesión de charlas en torno a cuestiones universales como la vida, el amor, la familia y, cómo no, la muerte. El tono de los citas, pese al inexorable sufrimiento de Morrie, es claramente optimista e invita a reflexionar sobre esos asuntos con la cabeza fría y con positivismo al mismo tiempo. Se trata de una lectura muy agradable, un bonito canto a la fuerza de vivir y a cómo todos, en cualquier momento, somos capaces de sumirnos en un refrescante proceso de meditación del que, a buen seguro, solamente sacaremos conclusiones interesantes.

Ha habido algo en el libro, sin embargo, que no me ha permitido disfrutarlo del todo. No sé exactamente el qué, pero al terminarlo no me he sentido tan impactado como muchas personas, de quienes he oído y leído que esta es una obra que incluso les ha cambiado la vida. Tal vez se deba a que no he sido capaz de empatizar en ningún momento con el autor. O a que resulta un poco complicado asimilar todas las «enseñanzas» de Morrie cuando este salta de un tema a otro y parece pretender sentar cátedra con unas opiniones con las que es fácil estar de acuerdo, sí, aunque no han supuesto un cambio en mi manera de ver ni de exprimir la vida.

Es curioso cómo a veces nos damos cuenta de que un libro no está hecho para nosotros; de que no entramos en el grupo de lectores a quienes está claramente dirigido. Aun así, nos gusta aproximarnos a una obra con la que dudamos para ver si se cumplen nuestras expectativas o si nos encontramos ante una gran sorpresa. Martes con mi viejo profesor ha cumplido lo que ya creía antes de adentrarme en él: si bien es una obra ágil y positiva y no me arrepiento de haberla leído, no he podido sacarle todo el jugo. No sé si volveré a leer a Mitch Albom; lo que sí sé es que, de hacerlo, elegiré una novela, no un libro de testimonios que casi se encuadra mejor en la autoayuda que en la ficción.

10 comentarios:

  1. Es cierto que, a veces, nos acercamos a una novela que tiene buenas críticas para descubrir si de verdad nos estamos perdiendo "algo muy bueno" por no hacerlo... solo para darte cuenta de que no cumple con nuestras expectativas o gustos. Pero yo opto por arriesgar. Lo leí hace tiempo y reconozco que me gustó, pero no tanto como para que me cambiara la vida. Gracias por la reseña.

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  2. No era un libro que me llamara especialmente la atención y por lo que cuentas, sigo igual. Un alivio para mi lista de pendientes.
    Besotes!!!

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  3. En esta ocasion no me llevo el libro que este no me llama la atencion.

    Saludos

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  4. Lo tengo esperando en casa. Por ahora no lo he leído porque tengo miedo de que me pase lo que te ha pasado a ti al leerlo. Esperaré un poco más hasta que me llame a gritos desde la estanteria. Seguro que tendrá su momento.

    Besos!

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  5. Lo leí hace tiempo y coincido contigo. Ni me impactó ni me cambió la vida ni nada de nada. Se deja leer bien pero le falta chispa. O será que lo que Mitch plantea no son nuestras inquietudes sino las suyas.

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  6. A mi me gustó cuando lo leí, aunque tampoco supuso un cambio en mi vida... Es un libro tierno, sensible que se lee de forma fácil. Pero poco más. Besos

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  7. Pues lo leí hace tiempo y me encantó. Uno de esos libros que dejan poso. Siento que no lo hayas disfrutado como esperabas

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  8. La recuerdo como una lectura que no estuvo mal, aunque no iba más allá para mi. Un poco... sobrevalorada, quizá.

    Besos.

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  9. Me encantó conocer a Morrie!
    Conocí también la enfermedad en condiciones, fue una lectura interesante y muy enriquecedora =)

    Besotes

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  10. Con tanto por leer, y con lo que cuentas, no me termina de convencer. En este caso no me la llevo. Besos.

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