Las catedrales del cielo, de Michel Moutot

 
 
Autor: Michel Moutot
Traductoras: Elena Bernardo y Alicia Martorell
Editorial y año: Grijalbo, 2018

Nueva York, 11 de septiembre de 2001. John LaLiberté, un indio mohawk y trabajador del acero como sus antepasados, acaba de presenciar el derrumbe de las Torres Gemelas y penetra como voluntario cortando las vigas en búsqueda de supervivientes. Canadá, 1886. Un grupo de adolescentes mohawks, entre ellos Manish, aprende el oficio de montadores de estructuras metálicas. Pronto corre la leyenda de que los hombres de esa tribu no conocen el vértigo y que por eso son capaces de trabajar donde otros no se atreverían ni a subirse.  


La novela histórica es claramente mi debilidad. Cuando veo una nueva apuesta del género en el boletín de novedades de una de mis editoriales favoritas, es muy probable que el título en cuestión pronuncie mi nombre. Hoy quiero hablaros de uno de los descubrimientos más sorprendentes de este año, una obra que llega con mucha fuerza para arrollar a los amantes de la historia. Me refiero a Las catedrales del cielo, la primera obra de Michel Moutot en aterrizar en nuestro país, una saga familiar brillante. Si al gran poder de atracción que ya ejercía sobre mí le añadimos un elenco inolvidable y una narración que hace gala de una exquisita sensibilidad, no es de extrañar que haya terminado la lectura percatándome de que es una de las mejores que ha pasado por mis manos en los últimos meses.

Los LaLiberté son un clan de indios mohawk que llevan décadas dedicados a la construcción de auténticas moles de acero. Todo empezó a finales del siglo XIX en Canadá, donde el joven Manish se inicia como aprendiz de montador. Más de cien años después, el 11 de septiembre de 2001, John presencia el derrumbe de las Torres Gemelas, dos edificios que están ligados a sus seres queridos, ya que su padre participó en la construcción. Dispuesto a hacer lo imposible para ayudar en el rescate de supervivientes de la tragedia, John se embarcará asimismo en un viaje en el tiempo que le revelará cuanto ocurrió con Manish, uno de sus antepasados, quien inició la tradición familiar de ser ironworkers, los mejores trabajadores del acero que Canadá y los Estados Unidos han visto y verán jamás.

Me quito el sombrero ante Michel Moutot. Es la única manera justa que he encontrado para empezar a hablaros de Las catedrales del cielo, una auténtica joya que resplandece desde todos los ángulos. En ella conocemos a tres generaciones de la misma familia, los LaLiberté, y recorremos casi todo el siglo XX entre andamios y vigas de acero. Los tres caminos por los que transita la trama están repletos de acción y sobresaltos, de manera que ninguno de ellos eclipsa a los demás; todos resultan igualmente apasionantes. Es difícil que una novela a tres voces consiga que todos los capítulos despierten el mismo interés, y esta lo consigue. Sobre todo porque el argumento descansa sobre los hombros de unos personajes maravillosos que da gusto conocer, aunque sea literariamente hablando. Los saltos en el tiempo, por tanto, ni enfurecen ni aburren, porque no hay ningún momento en que los acontecimientos estén desprovistos de emoción.

Por otro lado, el autor ha tenido a bien presentarnos a una familia de indios mohawk, una población que a mí me resultaba ajena y sobre la cual no había leído nada. Como lector ávido de conocimientos que soy, me ha encantado descubrir algunas de sus costumbres, así como su supuesta falta de vértigo, que los convierte en magníficos ironworkers. Pero no es la época ni los protagonistas, ni tampoco el argumento lo que de verdad me ha robado el alma: es la narración. Con un estilo sobrio y absorbente, y espléndidamente traducido, el autor demuestra una delicadeza sin parangón a la hora de contarnos la historia. Con gran acierto, no decide echar mano de la tragedia de las Torres Gemelas para inserir un sentimentalismo que podría desentonar en la obra. Su gran destreza consiste en relatarlo todo con un respeto inaudito, huyendo así de trivialidades ni elementos superfluos que desvirtuarían la esencia de la novela. Estamos delante de un talento narrativo de los que no abundan, un escritor con una habilidad que enamora y atrapa, que impacta y conmueve. 

No suelo entregar a menudo mi corazón a un libro. Cuando ocurre tal milagro, no puedo más que dar gracias al autor, editor, traductor..., a todo aquel que ha tenido un papel en mi relación con ese título. Las catedrales del cielo llegó a mis manos tímidamente y, a medida que las páginas se iban sucediendo, ha ido perdiendo modestia para mostrarse como la bellísima gema que es en realidad. Michel Moutot ha echado mano de sus condecoradas aptitudes de periodista para construir un relato sólido e inigualable que da a los lectores lo que estos esperan y hasta más. Como siempre que escribo sobre una novela que me vuelve loco, me da la sensación de que no he sido capaz de transmitir todo lo que he sentido durante la lectura. Solo me queda añadir una palabra: leedla. Y, si me lo permitís, dos más: por favor.


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6 comentarios:

  1. Me gustan las novelas históricas y este tiene muy buena pinta. Me la llevo apuntada.
    Besos

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  2. Brutal! Muchas gracias por hacer eco de esta novela, quizás si no fuera por ti, no habría llegado a mis oídos y desde luego, creo que me merece la pena leerla (y no hace falta el por favor, jaja!).
    Mientras leía tu reseña me acordaba de la famosa foto de los trabajadores desayunando encima del Rockefeller Center, desde luego, hay que tener mucho arrojo para dedicarse a eso y precisamente es lo que más me llama la atención de esta novela, el querer descubrir cómo se las va a ingeniar el autor para describirnos esas escenas y subirnos a esos andamios...
    Me la llevo!
    Un saludo

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  3. Me encanta la novela histórica y leyéndote dan ganas de ir corriendo a la librería, desde luego que la leeré, me gusta mucho lo que nos comentas, había oído hablar de esta tribu, conocerlos más a fondo me resulta muy apetecible.

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  4. Lo tengo pendiente, tiene muy buena pinta =)

    Besotes

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  5. Me alegro mucho que te haya gustado tanto pero por el momento no entra en mis planes de lectura.

    Saludos

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  6. Gracias a tu reseña acaba de situarse en las primeras posiciones de mi lista de pendientes....

    Saludos

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