La carne, de Rosa Montero

 
 

Título: La carne
Autora: Rosa Montero
Editorial y año: Alfaguara, 2016

Una noche de ópera, Soledad contrata a un gigoló para que la acompañe a la función y así poder dar celos a un examante. Pero un suceso violento e imprevisto lo complica todo y marca el inicio de una relación inquietante, volcánica y tal vez peligrosa. Ella tiene sesenta años; el gigoló, treinta y dos. Desde el humor, pero también desde la rabia y la desesperación de quien se rebela contra los estragos del tiempo, el relato de la vida de Soledad se entreteje con las historias de los escritores malditos de la exposición que está organizando para la Biblioteca Nacional.


El amor se puede contar y vivir de mil maneras distintas. En literatura, el más socorrido suele ser el ideal romántico, esa aspiración universal y atemporal de encontrar a la persona con la que todo fluye y que lo complementa a uno a la perfección. Quizá sea el más novelado y, al mismo tiempo, el más de difícil de hallar; tal vez porque tantas historias de ficción lo han idealizado y han aumentado nuestras expectativas hasta límites que difícilmente se conquistan. La carne se centra en otro aspecto de una relación amorosa, en la naturaleza innata del ser humano de buscar cariño y hacer lo imposible por lograr los objetivos marcados. Rosa Montero se despoja de banalidades y florituras para regalarnos un relato crudo y descarnado que, como la vida misma, no está exento de cierto sentido del humor.

Soledad no lleva nada bien el paso del tiempo. A punto de cumplir sesenta años, recuerda con rencor a su examante, cuyo adiós sigue sin poder asimilar. Cuando se entera de que van a reencontrarse en la ópera, Soledad se niega a hacer honor a su nombre y decide contratar a Adam, un impresionante gigoló con el que dejar boquiabierto a todo el mundo. Esa misma noche, sin embargo, junto al joven presenciará un suceso espeluznante que los unirá más que la relación profesional que acaban de iniciar. Mientras Soledad va dando forma a la exposición que estrenará en la Biblioteca Nacional, dedicada a escritores malditos, se adentrará en el emocionante y a la vez aterrador territorio de una nueva pasión, un ardor que enciende su cuerpo y que amenaza con adueñarse de todo su ser.

La carne es una apuesta valiente, sin duda. No debe de resultar sencillo escoger el lado más amargo del amor y escribir con él una novela emocionante, a ratos descorazonadora y a ratos optimista, pero Rosa Montero lo consigue con una naturalidad apabullante. Nos encontramos ante una narración impecable, poética y musical, hilvanada por una novelista de dilatada y espléndida trayectoria que sabe en todo momento cuál es la palabra más precisa, en una demostración de riqueza de vocabulario y dominio de la lengua que poca gente sería capaz de llevar a cabo de principio a fin. No obstante el tono gris que predomina en la aventura de Soledad y Adam, los capítulos están salpicados de comentarios irónicos que arrancan sonrisas y suponen un bálsamo entre tanta desolación. Y un ejemplo perfecto de ello es la aparición de la autora como un personaje más, en un divertido y sanísimo ejercicio de autocrítica que no puede sino observarse con asombro y admiración.

Por otro lado, enseguida nos damos cuenta de que, para describir un amor tan puro, el perfil psicológico de los personajes debe ser milimétrico, y así es. Huyendo de rasgos perfectos e increíbles, en el peor sentido del término, los protagonistas hacen gala de una personalidad tan marcada como humana. Hay por tanto lugar para el rencor, el odio y los remordimientos, sentimientos que habitualmente los autores descartan para centrarse en la luz y no en las sombras. Creo que todos contamos con claroscuros y que un libro es mucho más interesante si logra retratar a hombres y mujeres como si existieran, como si se dejaran llevar por lo bueno y lo malo, que es lo que sucede más allá de las páginas impresas. Por último, como lector curioso e inquieto que soy, me ha encantado conocer anécdotas de célebres novelistas con vidas muy duras, como Guy de Maupassant, Anne Perry o la olvidada María Lejárraga, que escribió todas las obras por las que fue aclamado su marido. Son píldoras de cultura que a mí me ganan por completo.

Rosa Montero puede con todo. No hay ningún género que se le resista: novela histórica, ciencia ficción, ensayo, relatos..., y todos los aborda con el savoir faire de los grandes literatos. La carne es una certera descripción de un tipo de amor nada idealizado ni idealizable, y de ahí que antes haya comentado la osadía que implica su escritura y publicación. En el fondo, es un canto a la esperanza, así como un recorrido por los estragos del tiempo y un brillante análisis del dolor y de la necesidad de amar y ser amado. Cuando una novela se centra en emociones con las que cualquiera puede conectar, la experiencia literaria es aún mejor, porque se puede empatizar con los sentimientos ajenos y reflexionar sobre los propios. Me alegra ver que mis autores favoritos se embarcan en títulos personales, quizá incómodos pero bellos, que me llevan a pensar y a cuestionarme la vida misma. Los buenos libros son aquellos que te sacuden y no te dejan indiferente, y así es este que quiero recomendaros hoy.



2 comentarios:

  1. De Rosa Montero solo he leído su trilogia de Bruna Husky que me encantó... Igual debería probar este...
    Un besazo

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  2. Esta novela es impresionante. Una novela que me hizo sentir muchisimas cosas

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