La cocinera, de Coia Valls

 
 
Título: La cocinera
Autora: Coia Valls
Traductor: Juan Carlos Gentile Vitale
Editorial y año: Ediciones B, 2014

Barcelona, 1771. La joven Constança deja la ciudad de Lima tras la muerte de su padre, un diplomático al servicio del virrey, para iniciar un largo periplo hasta Barcelona y reunirse con sus abuelos. Lleva paisajes, gustos y texturas grabados en la memoria, y viaja con su única herencia: las recetas de su primer maestro. Constança sueña con convertirse en una gran cocinera, aunque su condición de mujer le cerrará muchas puertas. No obstante, se abrirá paso con coraje y pasión entre las calles de una ciudad convulsa, moviéndose entre los grupos revolucionarios y los que frecuentan salones refinados y exquisitos.


Cada vez me gusta más cocinar. Aunque mis recetas se hayan centrado más bien en la repostería, todo lo que tiene que ver con la cocina llama mi atención, desde programas de televisión hasta, cómo no, libros y novelas. Hoy quiero hablaros de La cocinera, de Coia Valls, una autora con cuyas historias ya he disfrutado mucho con anterioridad. En un momento en el que me planteo seriamente ahondar en mis conocimientos y habilidades entre fogones, este título empezó a gritar mi nombre desde la estantería para que le hiciera el caso que merece desde hace tanto tiempo. Dispuesto a viajar al pasado y a adentrarme en un rico universo de olores y colores, me he lanzado a los brazos de una protagonista muy peculiar a la que lamento no haber conocido antes.

La vida de Constança Clavé cambia para siempre cuando muere su padre y se embarca en La Imposible, la nave que la alejará de Lima, donde lleva años viviendo al amparo del cocinero del virrey, rumbo a Barcelona, tierra de su familia. Ya durante la travesía se da cuenta de que fuera de las paredes del palacio en el que vivía, y distanciada de la selva y el río que compartía con su querido Iskay, nada es tan fácil ni agradable como creía. Incapaz de darse por vencida, y acompañada del tesoro heredado de su querido chef Antoine, Constança llega al puerto de la capital catalana con sed y hambre de libertad y de triunfo. Para ello, sin embargo, deberá encontrar al cocinero francés al que la ha confiado su anterior valedor. La joven nunca habría imaginado que, en una ciudad sumida en los contrastes más absolutos, el único consuelo lo encontraría entre ingredientes, recetas y cazuelas.

Coia Valls tiene un don. Sus libros hacen las veces del relato que te cuenta un amigo en una noche de verano, bajo la luz de la luna. En ellos se imprime un vínculo directo entre novelista y lector, una cercanía que los convierten en una experiencia literaria inolvidable. La cocinera no es una excepción y se alza como una lectura apasionante que fluye con una naturalidad pasmosa. Nunca dejaré de admirar ni de aplaudir a los autores que consiguen construir una trama sin fisuras y desarrollarla de tal modo que uno mantenga el interés en todo momento. En un género tan exigente como el histórico, en el que se pide rigor y emoción a partes iguales, tal vez sea aún más complicado de lograr, pero la escritora catalana sabe muy bien qué se propone y cómo llegar hasta su objetivo. Todo ello respetando el contexto, por supuesto, que en este caso se ambienta en la segunda mitad del siglo XVIII, a caballo entre Perú y España. Qué placer sentimos cuando aceptamos un viaje, aunque sea literario, que sabemos que no nos va a decepcionar, ¿verdad?

Como no podía ser de otra manera, la cocina adquiere protagonismo en una novela que se paladea como el mejor guiso. Por las páginas desfilan sabores y aromas que traspasan el papel y despiertan unas ganas irrefrenables por degustar los platos que se describen con detalle; y con un lenguaje vasto y maravilloso, debo añadir. La autora ha nacido para contar historias y es dueña de un extenso vocabulario que hará las delicias de aquellos que estén cansados de leer siempre las mismas palabras y expresiones. Aunque quiero aclarar que he leído la versión en catalán, estoy seguro de que el traductor al castellano habrá sabido replicar la luz que irradia la original. Por último, no puedo terminar sin hablaros de Constança, el personaje principal, una suerte de heroína que se ve obligada a abrirse paso en un entorno difícil y hostil. Su voluntad de hierro la convierte en un ser asombroso que del que nunca querría despedirme. Leída la última línea de sus aventuras, me queda el consuelo de pasaros el testigo para que vosotros también la conozcáis y os enamoréis de ella; y, de paso, le dais recuerdos de mi parte, si no os importa.

La cocina y la literatura son dos artes que se complementan a la perfección. Ambas recurren al poder de los sentidos para transportarnos a lugares lejanos y jugar con nosotros y con nuestra mente, ya sea a través del olfato, el gusto, la vista o el oído. La cocinera aprovecha el delicioso maridaje entre las dos disciplinas y nos traslada a una época interesante y a una ciudad en la que se cuecen tanto viandas como revoluciones. Coia Valls hace gala una vez más de todo su talento y nos sorprende con una novela histórica irresistible, de esas que te hacen soñar y salivar, por numerosos motivos. Si bien es cierto que no me prodigo demasiado en la literatura catalana, cuando percibo la llamada de las raíces sé que con esta autora me sentiré como en casa, como si mi madre me hubiera preparado la que es, para mí, la mejor lasaña del mundo. Gràcies, estimada!



1 comentario:

  1. ¡Hola!
    Justo en el trabajo me han cambiado el horario de esta semana, así que he ido a comprar esta mañana y me he preparado un señor menú^^
    Me encanta cocinar, sobre todo repostería, como tú XD
    Aunque sí que es verdad que no me llama tanto el tema mezclado con la literatura..
    ¡Un saludo!

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