Un hipster en la España vacía, de Daniel Gascón

 
 
Autor: Daniel Gascón
Editorial y año: Literatura Random House, 2020

Enrique se instala en una casa familiar en La Cañada, un pueblo de Teruel, para alejarse del ritmo de la vida en la ciudad, montar un huerto colaborativo y olvidar a su exnovia. Hace yoga en el corral por las mañanas, busca quinoa en la tienda, intenta encontrar cobertura en las eras para alimentar su Instagram y monta un taller con sobre nuevas masculinidades. Es —aunque él no estaría a favor de la comparación especista— un pulpo en un garaje, pero se comporta como una especie de extraterrestre en el Maestrazgo o de Quijote moderno. Para sorpresa de todos, encuentra su sitio, se enamora y se convierte en alcalde del pueblo, dispuesto a resolver algunos conflictos que sacuden a la comunidad.


La vida no sería la misma sin humor. Curiosamente, no es un género en el que suelan prodigarse los novelistas contemporáneos, más seducidos por la historia, el misterio o el romance. De vez en cuando, sin embargo, aparece un título dispuesto a arrancar sonrisas y carcajadas, como ha ocurrido con la publicación de Un hipster en la España vacía. En él, Daniel Gascón esboza un relato crítico e irónico sobre el imperecedero contraste entre ciudad y campo. Aunque no se trate de un argumento sorprendente, lo cierto es que está contado con bastante gracia y con la férrea voluntad de no dejar títere con cabeza, en una suerte de denuncia social que no por divertida deja de ser certera.

Enrique está harto de vivir en Madrid y huye a un pueblo aragonés de poquísimos habitantes para encontrar sentido a su existencia. Allí, rodeado de ganado y sin cobertura, descubre con asombro que encaja a la perfección en el reducido y pintoresco universo que forman los nativos de La Cañada. Mientras introduce en la comunidad conceptos como el feminismo, el ecologismo y el heteropatriarcado, le surge la oportunidad de presentarse a las elecciones y ser el alcalde del municipio. Desde el poder, intentará modernizar un pueblo anclado en la tradición y en las costumbres, si bien hay quien no se lo pondrá tan fácil e intentará amenazar el cambio de aires que pretende trasladar La Cañada al siglo XXI.

La lectura de Un hipster en la España vacía me ha entretenido mucho. No se va a convertir en uno de mis libros favoritos ni en uno que vaya a recomendar a diestro y siniestro, pero es una muy buena opción para desconectar y mirar la vida con unos ojos tan críticos como graciosos. Daniel Gascón nos presenta un pueblo encantador, con sus típicos personajes estrambóticos y tiernos al mismo tiempo, en el que el lector pasea como si lo conociera desde siempre: con una sonrisa y con tranquilidad de espíritu. A pesar del claro tono simpático, la novela está salpicada de comentarios que deberían hacernos reflexionar sobre la acelerada velocidad con que transcurre todo y la falta de humanidad y empatía que a menudo lastran las sociedades supuestamente más avanzadas. La mezcla entre situaciones hilarantes y mensajes de calado está bien lograda.

Al ser una obra tan breve menos de doscientas páginas, no obstante, en ocasiones me he llevado la sensación de asistir a una sucesión de anécdotas que rozan la superficialidad y que apenas si se recuerdan una vez leídas. El autor no ha querido disponer de más espacio para ahondar y se despoja de accesorios innecesarios, dando así la impresión de correr demasiado; he percibido cierta prisa por avanzar en el relato, y me habría gustado que algunas partes fueran más extensas y se hubieran desarrollado con calma. Lo que sí he disfrutado de principio a fin es la narración, una prosa impecable que enseguida nos transporta a un enclave placentero, gracias al buen hacer de la mente que está detrás de las palabras escogidas. Y ese estilo tan cuidado, como es obvio, lleva consigo un ritmo estupendo con el que uno devora el libro en una o dos sentadas.

Entre tanta saga, volúmenes de considerable extensión y proliferación de novelas que se parecen demasiado, Un hipster en la España vacía es una brisa refrescante, igual que la llegada de su protagonista a La Cañada. Daniel Gascón nos invita a ir más allá de las pésimas y pesimistas noticias que copan los informativos, pero sin dejar de observarlas de reojo, porque cualquier elemento sirve para provocar diversión y para entretener a los lectores. Pese a que no he terminado de enamorarme del todo de esta curiosa apuesta, me alegro de haberla leído, porque me ha regalado un par de sonrisas y me ha amenizado un par de sesiones de lectura. Y como siempre procuro quedarme con lo positivo, termino la reseña rememorando el ambiente cálido y el buen rollo que envuelven a los habitantes de este simpático pueblo.



2 comentarios:

  1. Hola Xavier, pues esta obra me recuerda mucho a una serie española que vi hace poco El pueblo en que un grupo de urbanitas muy variopinto van a vivir a un pueblo casi deshabitado (ellos en principio pensaban que estaba deshabitado y pensaban crear una ecoaldea) y el choque cultural entre vecinos y urbanitas. Era realmente genial.
    Un besazo

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  2. Hola! Me lo apunto porque justamente soy de la zona del Maestrazgo y La Cañada existe. Pero no sabía que este libro, del que había oído hablar,estaba ambientado en la zona. Además lo anotaré a la recopilación que estoy haciendo poco a poco de libros por provincias en mi blog. Gracias por la reseña.

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