Los mares de la canela, de Pilar Méndez Jiménez

 
 
Título: Los mares de la canela
Autora: Pilar Méndez Jiménez
Editorial y año: La Esfera de los Libros, 2020

A finales del siglo XIX, la joven Elba y su hermano se ven obligados a huir de su aldea gallega y realizar una larguísima travesía hacia Filipinas. Allí su destino quedará inexorablemente enlazado con el de un rico negociante chino que ha hecho su fortuna con el comercio de la canela. Galicia, Filipinas y la isla de Kulangsu, tres mundos unidos por la determinación de una mujer dispuesta a conquistar su vida. En su periplo conocerá la cerrazón de una sociedad rural, pero también la generosidad de una silenciosa cadena de mujeres que extiende su solidaridad a través de los océanos entre Europa y Asia, en un viaje donde experimentará la incomprensión y la soledad tanto como el amor y la libertad.


La novela paisaje, el género que se popularizó hace unos años, de vez en cuando vuelve a ofrecernos nuevos títulos con los que viajar a lugares exóticos en épocas pasadas. Los mares de la canela es la ópera prima de Pilar Méndez Jiménez, una obra que nos invita a una travesía que parte de la Galicia más mágica hasta las Filipinas, la colonia española al sur de Taiwán. Tanto los escenarios como el punto de partida resultan atractivos, pero a lo largo de la lectura me he encontrado con algunos detalles que me han impedido disfrutarla por completo. A veces las odiseas no son tan apasionantes como parecen al principio, y me temo que no he conseguido conectar con una trama que por momentos me ha desconcertado un poco.

Los Varela-Novoa son la familia más poderosa de una zona rural de Galicia. Casilda, Romana y Miguel gozan de una buena posición y amasan una considerable fortuna. Cerca de ellos vive en un castro abandonado Aureana, una suerte de meiga a la que poca gente se atreve a acercarse. Un buen día, las habilidades de la mujer salvan a la familia rica, uno de cuyos miembros deberá emprender un viaje hasta las islas Filipinas. Allí su destino se unirá al de Hang, un joven ambicioso y capaz que ha logrado controlar un negocio que se basa, entre otras cosas, en la dulce canela que decidió plantar cuando no era más que un muchacho, en un momento muy convulso en el que se cuestionaba el dominio español del archipiélago asiático.

Empezaré por lo positivo: la ambientación de Los mares de la canela es una auténtica maravilla. Tanto las tierras gallegas como los paisajes filipinos están descritos con acierto para que uno pueda imaginarlos sin problemas. La narración de Pilar Méndez Jiménez también me ha gustado, aunque creo que a la edición no le iría nada mal una corrección para eliminar erratas. Y lamento tener que desgranar ya los aspectos que no han terminado de conquistarme. El principal ha sido el ritmo. Creo que la novela avanza muy lenta hasta poco más de la mitad, y a partir de ahí adopta una velocidad de crucero que me ha descolocado. Tras un relato más pausado, me sorprende que de pronto pasen varios años en un par de párrafos. Tal vez sea un impacto calculado y buscado por la autora, pero a mí personalmente me ha sacado un poco de contexto.

Por otro lado, la voz de la narradora me ha parecido cuando menos poco creíble. No quiero desvelar detalles importantes, pero digamos que se trata de un personaje que no está presente en la mayoría de las escenas y que, sin embargo, las cuenta como si estuviera allí. Cada vez que aparecía esa primera persona en según qué capítulos no he podido evitar arquear una ceja. Además, en la obra se juega con un cambio de narrador que provoca más confusión que emoción. Con los protagonistas tampoco he acabado de empatizar: algunos secundarios se me han antojado incluso más interesantes que quienes soportan el peso de la trama. Y el final, en el que esperaba una explosión de sentimientos, me ha dejado bastante indiferente.

A veces basta con fijarse en la longitud de mis reseñas para descubrir si los libros de los que os hablo en ellas me han enamorado o no. Como veis, Los mares de la canela es una novela que me cuesta recomendar, si bien es cierto que las piezas que a mí no me han encajado quizá con vosotros se acoplan a la perfección. No me importaría volver a leer a Pilar Méndez Jiménez, porque seguro que en futuras ocasiones sabré conectar más y mejor con sus historias. Así pues, os traigo una travesía que, por desgracia, no me ha sido tan grata como auguraba. Siento mucho trasladar una opinión más bien negativa, pero siempre me he propuesto ser sincero y contar mis impresiones tal como son. Aunque las de hoy no sean entusiastas, sin duda en breve recuperaré mi alegría habitual.



2 comentarios:

  1. Hola Xavier, la verdad es que a mí últimamente no me llaman las novelas de paisaje, como las llamas tú (me gusta más el termino español que el ingles), así que si encima no te ha llegado a cuadrar la dejo pasar...
    Un besazo

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  2. No la conocía, pero tampoco es un género que suela frecuentar, así que esta vez la dejo pasar.
    Besotes!!! Y mejor suerte con la próxima lectura!

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