Pequeñas infamias, de Carmen Posadas

 
 

Autora: Carmen Posadas
Editorial y año: Planeta, 1998

En la casa de veraneo de un acaudalado coleccionista de arte se reúne un variopinto grupo de personas. Juntas pasan unas cuantas horas y, a pesar de las frases agradables y los comentarios corteses, la relación acabará envenenada por lo que no se dicen. Cada una de ellas esconde un secreto; cada una de ellas esconde una infamia. La realidad adquiere de pronto el carácter de un rompecabezas cuyas piezas se acercan y amenazan con acoplarse. El destino es caprichoso y se divierte creando extrañas coincidencias.


El interés de un lector puede proceder de distintos elementos de una novela. A menudo suele ser por el final, por saber qué les ocurre a los protagonistas, o bien qué les ocurrió en el pasado. No es frecuente que uno sepa en las primeras páginas cuál es el desenlace, aunque es un recurso que a mí me parece muy interesante —como demostrara en su día Gabriel García Márquez en su célebre Crónica de una muerte anunciada—. Carmen Posadas echa mano de la misma estrategia en Pequeñas infamias, la novela con la que ganó el premio Planeta en 1998. Ya en la sinopsis misma descubrimos cómo termina la historia, pero ese detalle no le resta emoción, porque desconocemos de qué manera ha sucedido todo. A veces, por lo tanto, lo primordial no es el destino, sino el camino que se toma para llegar hasta él.

Néstor Chaffino es un gran cocinero. Se ha codeado con lo más granado de la sociedad hispanoargentina y conoce los oscuros secretos de muchos miembros de la clase alta. En la celebración de una fiesta especial, organizada por el coleccionista Ernesto Teldi y su mujer, Néstor muere congelado en una cámara frigorífica cuya puerta se ha cerrado sin querer, acompañado tan solo de la libretita en la que apuntaba recetas e infamias tanto gastronómicas como personales. Mientras los ayudantes de Néstor digieren el trágico suceso, algunos de los invitados a la fiesta se congratulan, pues tenían motivos para querer eliminar al cocinero. Desde un coleccionista con un turbio pasado de contrabandista hasta una mujer adúltera que provocó la muerte de su hermana, pasando por un viudo reciente que reprime los dedos homosexuales que experimenta, no son pocos quienes se alegran de la muerta de un cotilla e indeseable hostelero.

La primera página de Pequeñas infamias nos cuenta ya el fatal desenlace: la muerte ¿accidental? de uno de los protagonistas. Habrá quien piense que entonces la lectura es menos emocionante, y no acertarán en absoluto. Carmen Posadas saca mucho jugo al original punto de partida escogido y consigue que la revelación pase a un inteligente segundo plano para centrarse así en los personajes y en el devenir de la celebración en casa de los Teldi. El final termina convertido en un detalle casi nimio, una mera excusa para llegar a conocer a los protagonistas. Estos me han parecido bastante atípicos, a pesar de ser personas con secretos y oscuros pasados; me ha encantado que la autora haya logrado darles un perfil curioso y diferente a lo que suele ocurrir en títulos como este. Nombres como Adela o Karel se clavarán en la retina de los lectores gracias al buen hacer de la novelista uruguaya.

Asimismo, se trata del cuarto libro suyo que leo, así que ya venía acostumbrado a una prosa sólida. De nuevo me ha conquistado sobre todo por el poder de las descripciones, puesto que en todo momento uno se imagina perfectamente recorriendo los escenarios por los que deambulan los personajes, y por los diálogos con chispa y alguna que otra ironía. Soy consciente de que la coletilla que persigue a este libro —es decir, el hecho de que fuera galardonado con el Planeta— repelerá a cierta gente. Siempre intento despojarme de prejuicios y enfrentarme a una lectura con mirada blanca, y lo cierto es que he leído maravillosas historias que en su día se alzaron con este u otro premio similar. Y no quiero terminar sin romper una lanza a favor de las novelas que se publicaron hace ya unos cuantos años: hay tramas espléndidas que merecen una oportunidad, y considero injusto que el aluvión semanal de novedades las sepulte en el olvido. No sé vosotros, pero para mí el año en el que vieron la luz es menos importante que el interés que me susciten.

En mi modesta opinión, Carmen Posadas es una de las mejores escritoras de su generación. Me ha regalado grandes momentos con títulos como La cinta roja o Invitación a un asesinato. Esta vez he querido bucear en el tiempo y recuperar su segunda novela, con la que se dio a conocer en medio mundo. Pequeñas infamias es una apuesta muy atractiva que se aleja de la estructura típica y nos plantea una vuelta de tuerca que resulta refrescante. Recordemos, además, que en nuestras amadas librerías también podemos encontrar o encargar novelas de hace unos años. Está muy bien dejarse seducir por la novedad, que es muy sugestiva, pero me parece que salirse de los boletines de los últimos lanzamientos a veces puede ser un acierto, y una decisión muy recomendable. Así me ha ocurrido en tantas ocasiones y en la presente reseña, con cuya historia lo he pasado en grande.



3 comentarios:

  1. Lleva mucho tiempo este libro esperando en mi estantería y me acabas de dar un buen empujón para animarme a leerlo de una vez.
    Besotes!!!

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  2. ¡Hola!
    No he leído nada de Posadas todavía.
    Y lo que dices del Premio Planeta... ay, me has pillado. Justo cuando has dicho que había sido la premiada de 1998 me ha echado para atrás, qué horror de prejuicios, de verdad.
    Y sí, es un gustazo leer de otros años y no solo novedades, pues hay joyitas esperándonos^^
    ¡Un saludo!

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  3. Leí este libro hace muchísimo tiempo y lo cierto que guardo pocos detalles suyos, pero a groso modo, no recuerdo que fuera una lectura especialmente memorable y que me dejara huella. Ahora que leo tu reseña, creo que cometí el error de leerlo siendo demasiado joven y quizás debería hacer una relectura, para ver si mejora mi opinión sobre ella.
    Besos!

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